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ECLECTICISMO Y RACIONALISMO EN VÍAS DE
EXTINCIÓN
(Desarrollo I: EL CASO DE LA CUESTA).
David Martín López
La disciplina urbanística es una tarea arduamente
complicada en un siglo XXI, donde la destrucción masiva de nuestro
pasado patrimonial, se hace cada vez de manera más indiscriminada.
Las trazas urbanas de una localidad o sector poblacional, siempre se
han adecuado a los problemas geográficos y sociales que demanda
el ciudadano; pero es -sin duda- cuando se producen los choques entre
los intereses políticos y económicos con los patrimoniales
y culturales donde se debe actuar en la medida de lo posible, para ser
respetuosos con nuestro legado. Atrás quedan aspectos de la nostalgia,
y de otras cuestiones que no deben ser planteadas en esta disertación,
pero bien es verdad, que un patrimonio se conserva y se valora sólo
si desde nuestro ámbito se difunde y se conciencia.
En este caso se trata de las últimas actuaciones del Plan Urban
La Cuesta-Taco, desarrollado en los meses de este verano, donde la urdimbre
urbana e histórica del entramado compositivo de las calles del
barrio de La Cuesta de Arguijón han sido totalmente alteradas
en pro de una vía más amplia y ancha, que dificulte en
menor medida el problema del intenso tráfico que sufre la zona.
El grupo de asesores de este proyecto Urban no ha sabido valorar -en
su justa medida- una trama urbana histórica, consolidada tras
algo más de una centuria, como elemento y eje representativo
del lugar. La unión entre Santa Cruz y La Laguna, por esta cuesta,
calzada empinada e histórica, como otras cuestas de la toponimia
tinerfeña -La Cuesta la Villa, La Cuesta en el Sur, etc.- hizo
que se formara un conjunto singular entorno a la vieja carretera. El
s. XIX y, principalmente las primeras décadas del siglo XX hizo
de La Cuesta, el lugar de paso habitual y obligado entre la ciudad añeja
y aristocrática de La Laguna y una nueva capital de la isla,
más alegre y burguesa, pero al mismo tiempo un referente experimental
para nuevas soluciones arquitectónicas. El tranvía instalado
desde 1900, los caballos, los coches posteriormente, han sido testigos
directos del urbanismo de esta área suburbana a medio camino
entre la nueva capital y la sede episcopal. Este sector poblacional
giró entorno a un viejo mesón, construido probablemente
a comienzos del s. XIX, y al que todos los viajeros señalaban
en sus diarios (1).
Entre 1869 y 1936, el paulatino crecimiento que experimenta la zona,
hace que sea uno de los sectores más dinámicos en el proceso
urbanizativo de la isla, expandiéndose el caserío y generando
diversos nombres, en función de algún hito arquitectónico
o un área concreta, encontrándose nombres como el Mesón
de La Cuesta, la Cuesta Vieja, el barrio del Arguijón, La Cuesta
de Arguijón, el castillo de La Cuesta, entre otros. El proceso
de parcelación de La Cuesta se realizó de manera particular,
donde cada finca de suelo rústico se construía sin un
plan previo, generándose así “[...] un viario espontáneo,
de simple acceso, desarticulado interiormente y sólo jerarquizado
por la carretera principal.”(2) A principios del s. XX, las familias
burguesas de Santa Cruz y La Laguna buscaban un clima más benigno
que el de sus ciudades. Los calores de la capital en verano, y los grandes
fríos a los que Aguere era proclive en invierno. Esto provocó
un cambio en la mentalidad de la sociedad insular, que se evadía
de la urbe, para construir su residencia a modo de villa suburbana.
Familias importantes tuvieron así una segunda residencia en La
Cuesta, con rejas traídas de Londres y otros lugares iban creando
un estilo entre modernista y ecléctico, pero principalmente de
influencia inglesa. Tejados con maderas recortadas, al estilo chippendale,
estilo muy prolijo en las islas, como lo señala la viajera victoriana
Florence du Cane en su libro Las lslas Canarias, editado en Londres
en 1911 (3).
Este eclecticismo floreciente de casas y chalets ingleses, de casas
modernistas, surgido en la época de los años 20, contrasta
con una nueva valoración de la arquitectura popular hecha a través
del racionalismo. Arquitectura popular como fuente de modernidad, puesto
que “[...] La belleza estética de este racionalismo y purismo
de la arquitectura rural se asienta sobre la eliminación de todos
los recursos decorativos, ya que sus soluciones no son efecto de la
genialidad pasajera, sino fruto del poso de lo permanente en un fenómeno
colectivo [...]”(4). Por eso en estas zonas, las casas racionalistas
de La Cuesta tienen una especial importancia pues no siguen los dictámenes
estrictos de las tendencias teóricas del racionalismo constructivo,
sino que los propios albañiles y maestros de estas obras imprimen
un carácter diferente y más personal por la escasez de
recursos y por ser viviendas de bajo presupuesto para la clase obrera
de Santa Cruz. Así en el barrio de La Cuesta, tanto en el eclecticismo,
en el neocanario, como en el racionalismo se verá una extraordinaria
“impureza” de estilo, que recrea un nuevo eclecticismo casi
propio de esta zona, que hace encontrarnos ejemplos singulares, como
una casa seudo-racionalista con elementos neocanarios, en la línea
marcada por Marrero Regalado, adoptando ventanas de esquinera como las
casas tradicionales del s. XVIII de los hijos-dalgo (5).
En la actualidad, con las viles actuaciones de remodelación del
entramado urbano y del eje representativo de La Cuesta, muchas casas
históricas de la clase trabajadora lagunera han sido demolidas.
Muros con espléndidas yeserías han desaparecido también,
en esta “intervención” urbanística de 2003,
junto con rejas y cerramientos traídos de Londres -en las importaciones
de los propietarios-, etc. Casas y concepciones espaciales de porches
cóncavos, se han desvirtualizado para “anchar” una
carretera con unas dimensiones históricas, a las que nadie se
había atrevido a desconfigurar, y que sin duda era uno de los
ejemplos más relevantes del crecimiento urbano de las islas Canarias,
a finales del s. XIX. Proyectos parecidos al de Ciudad Jardín
de Las Palmas, y con otras ideas, fueron plasmados aunque sin tanta
aceptación por parte de grandes arquitectos como Manuel de Cámara,
Mariano Estanga, Domingo Pisaca,... en La Cuesta, barrio emblemático
que hasta hace pocos meses tenía unas ruinas neogóticas
como paso testimonial de los distintos estilos que eran visibles en
esta zona, en peligro de extinción por la llegada de una nueva
modernidad, que no cuenta entre sus planes, el respeto y el valor patrimonial
como fuente -incluso- explotadora de sus recursos, como hubiera sido
factible. |
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NOTAS
1- Carmen Gloria Calero Martín, La Laguna (1800-1936),
desarrollo urbano y organización del espacio, Ediciones del Excmo.
Ayto. de La Laguna. Tenerife, 2001, pp. 272-273
2- Idem, Ibidem, pp. 274-275
3- Cfr. Florence Du Cane, Las Islas Canarias (trad. Ángel Hernández),
Viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias,
Madrid, 1993
4- Mª Ángeles Hermosilla, Federico Castro, Mª Luisa
Calero, Elisa Povedano (eds.), Actas del Congreso Visiones del Paisaje,
Priego de Córdoba 1997, Universidad de Córdoba, 1999,
p. 353
5- David Martín López, El neocanario como lenguaje subversivo,
las pintaderas en la arquitectura, artículo dentro de la revista
El Museo Canario (2ª época, nº 4), El Museo Canario,
Gran Canaria, 2003. p. 24

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