Relación de José Musso Valiente con pintores andaluces en el bienio 1836-1837

 

 

 

 

 

http://www.alonsocano.tk        ISSN: 1697-2899                   D.L:GR2134/2004

RELACIÓN DE JOSÉ MUSSO VALIENTE CON PINTORES ANDALUCES EN EL BIENIO 1836-1837.
POSIBLE ATRIBUCIÓN DE UN RETRATO SUYO A JOSÉ GUTIÉRREZ DE LA VEGA


José Luís Molina Martínez
Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia

 

José  Musso Valiente.  Por José de la Revilla. Palacio de Guevara.El origen de la admisión de José Musso Valiente (1) como académico de la de Bellas Artes de San Fernando bien puede estar en la colaboración estrecha, además de la amistad personal, que mantuvo con José de Madrazo. Participó con él, a la muerte de Ceán Bermúdez, en la publicación de la colección de litografías del Real Museo de Pintura (2), a partir del cuaderno once, y, por mandato del duque de Híjar, realizaron el catálogo del Museo del Prado, encargándose Musso de las salas de las escuelas flamenca y holandesa, y de la sala reservada (3), catálogo que más tarde publicó Pedro de Madrazo (4). Por ello se le propone como académico el 29 de julio de 1830. Poco pudo participar en la misma porque se le elige después de regresar a Lorca el 30 de junio de dicho año (5). Cuando vuelve a Madrid, en diciembre de 1833, asiste por ver primera a una Junta (6). No era muy pujante entonces la vida de esta institución (7), pero, aun así, trabaja para ella como puede. No es muy pródigo Musso en anotar en su Diario (8), principal fuente de información de la que nos nutrimos, su participación en la vida de esta institución.

Musso fue un amante y buen conocedor de la pintura (9), como lo demuestra su trabajo De la escuela moderna española de pintura (Liceo Artístico y Literario, 1838) (10) y la actividad entusiasta que sobre esta faceta artística mantuvo en el Liceo (11). Su predilección por el arte le llevó a mantener una estrecha relación con diversos pintores de su entorno, en su mayoría y paradójicamente románticos, como Gutiérrez de la Vega (12), Villamil (13), Federico Madrazo (14), Bejarano (15) Elbo (16) y Esquivel (17).

En el Diario correspondiente a 1837, Musso hace algunas anotaciones sobre las actividades del Liceo madrileño, algunas de las cuales, sobre todo las relacionadas con la pintura, damos a conocer como muestra (18):

Agosto. Día 17. Liceo. Han tocado en el fortepiano Blanco, Espina y Gallego y cantado Arigotti acompañándose él mismo. Han pintado Gutiérrez un retrato ideal de una joven y Villa Amil una perspectiva semejante al patio del palacio de Duque del Infantado en Guadalajara. Otros se han entretenido en hacer dibujos.

Septiembre. Día 3. Exposición del Liceo. Habiéndose fundado el Liceo para que los artistas se entretuviesen en ejercer su arte, trabajando todos ellos con noble emulación, justo era que, al cabo de cierto tiempo, expusiesen al público los frutos de su ingenio, para que en los elogios que éste le tributase recibiesen el premio más grato a las almas que se distinguen del común, el aprecio de sus semejantes. Así se ha abierto hoy y seguirá mañana y pasado mañana la exposición, para que de ella disfruten cuantos obtengan billete para entrar a las horas designadas. Hasta ahora se han reunido 49 cuadros, al frente de los cuales se ve en pequeño una copia del cuadro de las lanzas, como si se reconociese que el príncipe de los pintores españoles, cabeza de la escuela sevillana, por medio de la representación de su más sobresaliente cuadro debía presidir a las obras de sus imitadores y admiradores. Y como si la escuela sevillana reclamase de nosotros el primer lugar aun en la decadencia campea en la exposición Gutiérrez con su Venus, los retratos de Vega y la Lema (19) y otros retratos ideales; Esquivel con otra Venus, Psiquis y Cupido en el acto de huir de ella, el retrato de su mujer y el de F. de la Vega (20) y Bejarano con 4 países. Luce también Villa Amil con sus perspectivas, Ortega con unos pobres, Elbo con una cabeza copiada del natural, Van Halen con países, etc. etc. Hay también 3 dibujos arquitectónicos de Mario Artú con el proyecto del monumento que se acordó erigir en la plaza formada a consecuencia de haberse demolido el convento de capuchinos de la Paciencia, y está también a la vista de todo el álbum con muy buenos dibujos de varios.

Día 4. Exposición del Liceo. Se han añadido 2 retratos de Elbo, unos cuadritos y un dibujo de lápiz, primorosamente hecho, copia de un cuadro de Murillo de Dª Petronila Menchaca, y un grupito de yeso de Psiquis y Cupido, copia del antiguo.

Día 5. Exposición del Liceo. Se ha aumentado un paisito gracioso de Elbo con unas ninfas bañándose y dos preciosos dibujos a lápiz hechos por una señora, copias el uno de una Santa María Magdalena de Murillo y el otro de la casa de Torcuato Tasso en Sorrento.

José Musso. Retraro tal vez realizado por José Gutierrez de la Vega. Real Academia  EspañolaExisten otras anotaciones en el Diario de Musso relacionadas con José Gutiérrez de la Vega que nos interesan por si la autoría del retrato de Musso que se conserva en la R. A. E. se le puede atribuir a dicho pintor amigo suyo, al que conoció en Sevilla cuando era gobernador civil de la provincia (1835), siempre que los expertos dictaminen la misma. Obviamente, se trata de llamar la atención sobre esta cuestión por si alguien se dedica a este tema.

1836. Mayo. Día 30. Visita. A Don José Gutiérrez, pintor, Director de la Escuela de Sevilla, que ha tomado empeño en sacar mi retrato. Este digno profesor está casado y tiene siete hijos, uno de los cuales tiene ya regular pincel y el chiquitín hace figurillas procurando imitar los cuadros de su padre y en ellas descubre mucha disposición para ejercer el arte. Cosa clara es que en casa de Gutiérrez no se ha de ver sino cuadros. Allí es de notar una andalucita asomada al balcón y una criada al lado, de cuyo cuadro ha hecho dos repeticiones y una de estas ha comprado María Cristina en 6000 reales, otra maja retrato en el cuerpo y aire no en la casa de la Palomino. Los retratos de D. Juan Gualberto González, de Latorre, de los Romea, de Brimaldi, de Bretón de los Herreros, de Larra, de García [Gutiérrez], el autor de El trovador, etc. Asimismo los de la Concepción Gutiérrez, Matilde Díez y Antera Baus. A mí me ha sacado el dibujo y otro día seguirá la obra.

Día 31. El retrato. Heme, pues, en casa de Gutiérrez para que continúe el retrato. Allí he estado dos horas y media mientras pintaba la cabeza y, según dice su hijo, salgo favorecido. Entrará luego la disputa sobre cuál parece más, si este o el de Revilla (21); mas, para eso. De aquí a cien años, como no hayan ido a parar a un desván, rodarán por ese mundo con el nombre de retrato desconocido. Trata de publicar una galería litográfica de personajes célebres y por ello ha reunido todos los que tienen en su casa.

Junio. Día 2. Visita. A Gutiérrez […] Me enseñó mi retrato que creo ha salido bastante parecido.

Julio. Día 16. Visita. A Gutiérrez, que dice que no quiere ya tocar a mi retrato porque todos le dicen que está muy parecido.

Diciembre. Día 4. El retrato. Trajo ya Gutiérrez el retrato y se llevó a casa de mi hermano y ahora está esperando que se le ponga marco. A juicio de todos está muy parecido pero dicen que me ha echado años encima. Mariano Roca prefiere el pincel de Carderera (22) y Madrazo dice que el Gutiérrez vale poco y que echando chafarrinadas se puede hacer una obra en dos días.

El cuadro, pues, queda en casa de su hermano Pedro de Alcántara Musso, mariscal de campo. José Musso Valiente fallece el 31 de julio de 1838. El cuadro debió ser llevado por su hermano a la R. A. E. con motivo de las honras fúnebres y allí quedó, psiblemente donado por su hermano, de igual manera que regaló a la Academia de la Historia una pequeña colección de medallas, propiedad de su hermano, como recuerdo.
En un despacho permanece a la espera de que los expertos determinen la autoría del mismo. La obra intelectual de Musso se está recobrando poco a poco.

APÉNDICE. Escritos de Musso sobre pintura

• DE LA ESCUELA MODERNA ESPAÑOLA DE PINTURA

Para dar idea exacta de la escuela española de pintura (23) en los últimos tiempos convendría seguir prolijamente la historia de su restablecimiento desde que afirmado en el solio Felipe V empezaron las extinguidas artes a dar señales de vida. Pero, como no lo permiten la premura del tiempo y los límites del periódico, habremos de contentarnos con muy ligeras indicaciones según vaya la memoria recordando las especies. Rogamos por lo mismo a los artistas, cuyos nombres o por inadvertencia o por atender a la brevedad omitiéremos, que de ningún modo lo atribuyan a desprecio; antes bien, como el que más reconocemos ser muy dignos de elogio cuantos han contribuido con su pincel a mantener en esta noble arte el lustre de nuestra amada patria.

Mucho brillo a la verdad había adquirido en los siglos XVI y XVII con las obras de no pocos insignes pintores que, estudiando los modelos de allen¬de, y especialmente los de los florentines, propagaron entre nosotros la afición a las artes liberales, y, acomodando luego los preceptos a su parti¬cu1ar índole, fundaron escuelas dignas de competir con las que en Europa ocupan el primer lugar. Mas el ignominioso reinado del imbécil CARLOS II, consumiendo enteramente las fuerzas de la monarquía, y arrastrando con¬sigo al abismo artes, letras, ciencias y todo, de tal suerte apagó el ingenio, que claramente se mostraba en aquel silencio absoluto del saber humano no ser el imperio español sino un cadáver. Apenas se notaba que hubiese siquiera pintura más que por los cuadros y frescos de JORDÁN, artífice de mucha disposición, pero que por la precipitación con que trabajaba, cayó en lo que los inteligentes llaman manera. Tal cual fue, podemos decir en loor suyo que formaba el eslabón que unía los días gloriosos de VELÁZ¬QUEZ y MURILLO con los primeros de la restauración. A su estilo se ase¬mejó mas adelante GIAQUINTO, inferior a él en habilidad; pero quien principalmente manejaba el pincel en la corte de FELIPE V era VANLOO, pintor de la escuela francesa, pues la total escasez de los discípulos de la nuestra obligaba a buscarlos en región extraña. Fundóse en el reinado si¬guiente, para dar mayor impulso a todas las nobles artes, la Academia de San Fernando, y sirvieron al mismo tiempo de mucho para los adelantamientos que se notaron, los escritos de MENGS y las obras que salieron de su taller, muy alabadas estas de sus contemporáneos, muy apreciados aquellos aun de los que le han sobrevivido. Prevalecían en general las má¬ximas de la escuela francesa, variadas sin embargo por las diversas causas que la modificaban. Comenzaron los españoles de nuevo a dedicarse a la pintura, y en sus esfuerzos acreditaban que todavía podía arder en su mente el fuego que había animado a los antiguos profesores. Entonces se distinguieron D. MARIANO MAELLA, D. ZACARÍAS VELÁZQUEZ, DON JOSÉ CAMARÓN, D. GREGORIO FERRO, y otros, entre los cuales algu¬nos se aplicaron a formar alumnos que después condujesen el arte a su perfección. Varios españoles salieron de esta que llamaremos escuela de la Academia, todos ciertamente muy conocidos y dignos de serio; pero en¬tre todos no debemos pasar en silencio a D. VICENTE LÓPEZ, como a persona que con mucho honor la sostiene, recordando en sus produccio¬nes los principios sobre que se fundó, no obstante su estilo propio y ca¬racterístico por el que se distingue de los demás pintores. Ha puesto el conato esta escuela en sujetar el dibujo a reglas determinadas; conserva del ejemplo de JORDÁN la afición a los escorzos, redondea las formas para darles cierta gracia, estudia las posiciones, los ademanes, los movi¬mientos conforme a las ideas que había infundido la cultura de la socie¬dad. Así que, huye de la bajeza. y grosería, y busca la regularidad y el decoro: el pie, la mano, la cabeza deben estar como se observa entre gente fina; ningún desaliño, ningún descuido: antes bien el cuidado, el esmero propio de personas de buena educación. La expresión de los afec¬tos va al mismo compás: subordinados todos a la templanza, que en los individuos exige la consideración con que mutuamente deben mirarse. El color, sin ser vivo, abunda en tintas fuertes, que realcen las figuras y las presenten con claridad a los ojos del espectador: los accesorios general¬mente muy concluidos, y tocados con delicadeza. Tales son en nuestro juicio los dotes que se advierten en esta escuela.

No es sin embargo la única que poseemos, siendo fácil notar otras dos de caracteres diferentes. A una de ellas daríamos el nombre de escuela de David, si como adoptó algunas máximas de este ilustre maestro las hubiera prohijado todas; pero abandonándole en parte respecto de la com¬posición, y mucho más en el color, la calificaremos con el dictado de escuela segunda para distinguirla de la anterior. Debióse al útil pensamien¬to de enviar algunos jóvenes pensionados a país extranjero para que se perfeccionasen después de haber concluido en España su estudio; ejemplo que algunos otros siguieron, viajando y manteniéndose a su costa. Fueron, pues, a Paris, donde la reunión de los monumentos que de todas partes llevaban las victoriosas armas de los franceses, hacía de aquella capital el centro de las artes. Entonces exasperados los ánimos con males anteriores, todo lo habían trastornado; y fundándose un nuevo orden de cosas sobre las ruinas del antiguo, estaban obrando las pasiones con terrible energía. Y como la revolución política hubo de producir otra en la inteligencia y en el gusto, lo que hasta allí se aplaudía carecía de vigor para atraer a generación tan ardiente; por otro lado, la vista de las estatuas y modelos de la antigüedad llamaban la atención de quienes con tan extraor¬dinario movimiento agitaba a la nación entera. Aboliéronse con las leyes de la monarquía las reglas, que hasta aquel punto se miraban entre los artistas como inviolables, y se sustituyeron otras más propias de las opi¬niones, que en todo predominaban. El estilo grandioso, las formas a ve¬ces colosales, la expresión fuerte y enérgica daban claro a entender que nuevos tiempos engendran nuevas ideas. Tomaban las figuras el carácter griego o romano, porque también se tomaban por lo común los pensamientos de Grecia y Roma, nombres en aquella era equivalentes al de libertad, si bien con ellos alternaban los de la historia contemporánea, donde en medio de atrocidades y maldades inauditas se admiraban rasgos comparables con los de aquellas memorables repúblicas. Estudiábase con predilección el antiguo, y se procuraba elevar la naturaleza humana sobre su propia esfera. Abría este desusado camino Mr. DAVID, cuyas leccio¬nes oían con docilidad los alumnos que de aquí se le agregaban, puesto que no las obedecían ciegamente; y no menos se desviaban en la elección de asuntos, prefiriendo juiciosamente los nacionales, y no desatendiendo los religiosos, como quiera que si estos últimos desaparecían de los talle¬res franceses por el frenesí apoderado de los ánimos, no podían borrarse de corazones españoles. Pero, en lo que más se apartaron del célebre pintor de SÓCRATES y BELISARIO fue en el color, no aviniéndose con cierta sequedad que en él advertían; y corregían el suyo examinando y co¬piando allí o en Roma cuadros de la escuela veneciana, y especial¬mente de TIZIANO, que en esto será siempre el mas digno de ser imi¬tado. Así, evitando el uso del negro y del blanco sin mezcla, que hacen duro y desapacible efecto a la vista y prefiriendo colores jugosos y trasparentes, adquirieron un colorido lleno de fuego y energía, que sabían de¬gradar con acierto y cuidaban de matizar con suavidad. Las lacas, el ama¬rillo, el rojo, el ultramar suelen emplearse como color dominante; y para dar en esto a la obra la misma unidad que debe guardar en la composición, observaban el ejemplo de TIZIANO, que si en un lado usaba de cierto co¬lor, no dejaba de repetirlo en el opuesto, y dar toques del mismo en va¬rias partes. La misma unidad se advierte en el claro oscuro, eligiendo una masa general de luz que destaca las principales figuras, subordinando a ella todas las demás luces, y proporcionando los reflejos de modo que no falten ni á la verdad que enseña la naturaleza, ni a la variedad con la que es incompatible la monotonía. Para esto sirven los rompimientos, un paño o un lienzo a propósito; en suma, medios de que sabe aprovecharse el in¬genio bien conducido. Bajo estos términos está en el día dirigiendo con sumo crédito la clase del colorido en la Academia D. JOSE DE MADRAZO, en cuyas obras pueden notarse las prendas que acabamos de apuntar. A esta segunda escuela, pertenecen también el benemérito pintor D. JUAN DE RIBE¬RA y su hijo D. CARLOS; de la misma fue el difunto D. JOSÉ APARICIO; y en la misma creo pondrán todos a D. RAFAEL TEJEO, uno de los ar¬tistas que mas honran a la nación, puesto que no haya estado en París, pero sí pasó a Roma a costa suya deseoso de hacer mayores progresos.

Mientras de este modo se sostenía la primera y se fundaba la segunda escuela en Madrid, Sevilla, como sentida de oscurecerse cuando en otro tiempo había sido la Atenas de España, preparaba otra que no quería ser sino continuación de la antigua. Al ingenio de que dotó a sus habitantes naturaleza, se unían los recuerdos de sus pasadas glorias, excitados de continuo por multitud de preciosos frutos del talento de sus artistas, y repeti¬dos en los documentos que para guía de los jóvenes conservaba la tradición. Aplicáronse, pues, los mas alentados a ponerlos en práctica; y por una especie de patriotismo creyeron que no debían apelar a socorro extra¬ño, contentos con aprovecharse de lo propio, y teniéndose por dichosos en acercarse al grande hombre que, admirado de todos, se mira como el ver¬dadero fundador de la escuela sevillana. Por cierto, como lo que a MURI¬LLO ensalzó al templo de la inmortalidad no ha de precipitar a otro en la región del olvido, trataron los sevillanos de estudiarle, y de imitar le, aspirando a que sus cuadro, tuviesen el aspecto de los de aquel. Caminando por la senda que él mismo enseñó, no echaban de menos lo que no halla¬ban en la naturaleza; tenían por excusado inventar nuevas combinaciones de color; la imaginación, dote que tanto realza a los andaluces, se conte¬nía en el respeto debido al fundador. Este método adoptó D. JOSÉ COR¬TÉS, y esto ejecutan los estimados profesores D. JOSÉ GUTIÉRREZ, di¬rector de la academia de Sevilla, y D. ANTONIO MARÍA ESQUIVEL. Sí¬gueles D. JOSÉ ELBO, que en sus cuadritos de costumbres populares, hechos por el natural, hace cada día nuevos adelantamientos; y del mismo estilo participa algún tanto el joven D. CALISTO ORTEGA, quien sin embargo pertenece más bien a la escuela que hemos llamado segunda (*).¬

Al llegar a este punto, no será inoportuno decir que si la segunda hizo sus primeros ensayos en París, los franceses parece nos ayudan a fomentarla, pues años hace dieron un premio al citado APARICIO, y ahora aca¬ban de conceder otro al joven D. FEDERICO DE MADRAZO, en cuyo cuadro del Gran Capitán (24) alaban los redactores del Diario de los Debates (25) las prendas de grandeza, movimiento, alma y colorido enérgico.

Aunque cada pintor de los designados tiene su estilo propio, en nues¬tro entender pueden clasificarse de la forma que lo hemos hecho. Pero no ha muchos años falleció otro que estudiando a varios, y entre ellos a VE¬LÁZQUEZ y al GRECO, no era ni VELÁZQUEZ ni el GRECO ni ninguno de ellos; pintor de carácter original, cuyo nombre pasará á la posteridad, no como autor ni discípulo de ninguna escuela, sino como de una especie pro¬pia suya: D. FRANCISCO GOYA. A veces concluía sus cuadros, a veces echaba cuatro borrones, que a distancia competente causan prodigioso efec¬to: sus composiciones y su colorido son mas apreciados que fáciles de explicar, porque mas que al estudio lo debía todo a su genio(*).

Todos los que hemos indicado son a un tiempo pintores de composición y retratistas: los hay que más bien se dedican a esto último, y de ellos merecen especial mención D. VALENTÍN CARDERERA, y en la miniatura D. ADRIANO FERRÁN, que los termina con mucha delicadeza. Otros se inclinan al país, como son KUNTZ, VAN-HALEN, BEJARANO, etc. También trabaja con aplauso en la propia clase D. GENARO PEREZ VILLA-AMIL, fecundo en idear paisajes con perspectivas de ruinas góti¬cas, que anima con figuritas. Este artista apenas ha recibido más lecciones que una u otra del inglés ROBERTS: se ha formado a sí mismo y adoptado un colorido propio suyo. En el día enseña a varios, que descu¬bren mucha disposición, y conservarán esta clase de pintura entre nosotros.

No debemos omitir que algunas personas de elevada jerarquía mues¬tran también con su ejemplo que el arte de la pintura es acreedora á la mas honorífica distinción. En la academia se miran con gusto obras de S. M. la REINA GOBERNADORA, del Sr. Infante D. FRANCISCO DE PAULA y del Sr. Duque de GOR, actual vice-protector de dicho cuerpo, y emplean igualmente sus ocios con buen éxito en la pintura los Señores Príncipe de ANGLONA y Duque de RIVAS.

¿Y, cómo dejar de hacer el debido obsequio a las damas, que así como son el mejor ornamento de la sociedad, así también lo son del arte de APELES, que no se desdeñan de practicar? Varias han obtenido por sus obras el título de académicas de mérito; algunas se han ocupado solo en el dibujo, que desempeñan con maestría. Valga por todas, a fin de no hacer una prolija enumeración de cuantas lo merecen, la señorita Doña ROSARIO WEYS (26), que da a los suyos una conclusión admirable, y que por su habilidad en el pincel debe considerarse como profesora.

Por la reseña que hemos hecho se conocerá que si España no los po¬see en tanto número como otras naciones, tiene motivos para estar ufa¬na con los pintores, que en el día la ennoblecen. La revolución que de algunos años acá experimenta, ha impelido también a los jóvenes que se sienten inspirados por el Genio, a estudiar con ardor este precioso arte. La academia, las casas de los artistas, el LICEO abundan en alumnos, que con afán procuran sobresalir para ocupar en él algún día aventajado pues¬to: de donde, séanos lícito conjeturar, que si acertamos a consolidar nuestras instituciones, con la gloria que adquiera la patria entre las naciones libres, conseguirá otra no inferior á la que en algún tiempo le acarreó el arte de la pintura. José Musso y Valiente.

• EL MOLINO DE LA CARTUJA,
cuadro de D. Jenaro Pérez Villa-amil, litografiado por D. Alejandro Blanco (27).

¬ En este número ofrecemos al público una bella litografía de D. Alejan¬dro Blanco, que figura la vista interior del molino de la Cartuja en Alcalá de Guadaira, pintada al ó1eo en un cuadrito del tamaño de la estampa, por D. Jenaro Perez Villa-amil, uno y otro individuo de este establecimiento: ambos y el estampador son españoles; circunstancia que advertimos para que el lector se congratule con nosotros de que no faltan artistas de méri¬to en nuestra patria. A la vista están la delicada ejecución del litógrafo; y el esmero en el estampado: el pintor es sin duda uno de los que más con¬tribuirán a demostrar que ni la escuela española se niega a tener paisistas sobresalientes, ni nuestras provincias del norte a producir hombres de sin¬gular ingenio. Empero el edificio donde nos introduce no pertenece al norte, sino al mediodía, allá no lejos del Betis, donde los árabes han dejado preciosos restos de su opulencia y de su civilización; ved, en prueba de ello, la construcción sólida, a par que elegante, esas bóvedas, esos multiplicados arcos en herradura, esos grupos de columnas, todo lo cual os trae a la memoria aquellos almorávides tan ade¬lantados en artes y en ciencias, que de ellos tenían que aprender los cris¬tianos sus conquistadores; encantadora vista que quizá nos despierte la idea de un harem, y con ojos codiciosos... Pero, no señor, que nos halla¬mos dentro de un molino, sitio más accesible y manual que el escondido recinto de las odaliscas. Vuelva usted la cara hacia la izquierda, donde ob¬servará la tolva despidiendo el grano, que en las rapidísimas vueltas de la corredera sobre la solera va convirtiéndose en harina. Note por allí costa¬les, azadones, espuertas, cuerdas o siquier sogas, enjalmas, cosas por cier¬to de que absolutamente hablando necesita más la sociedad que de los perfu¬mes de oriente. A la derecha, en rústica mesa, la alcuza, monumento también morisco, y el jarro, con perdón de Mahoma. Mas, como todo al fin entristece y anubla el corazón donde no hay movimiento y vida, el autor saca a la escena cinco seres animados, formando una especie de junta o comité, puesto que en ningún archivo ni biblioteca he podido hallar las actas de lo que allí trataron. Desgracia es que falten tan preciosos mate¬riales para la historia; no obstante que, por razones de analogía, sospecho que los marramaquices, si no disentían acerca de proponer algún artículo adicional a la contribución extraordinaria de guerra, estarían examinando algún punto relativo a la conversión de rentas en Francia: el mulo aguar¬daba con paciencia su ración de paja y cebada... ¡Oh, se conoce que era macho muy de bien, y ojalá que los que le igualan en el talento le imita¬sen en la cordura! En cuanto a los que se sostienen en dos pies, claro es que pensaban en moler, porque para eso se va y para eso sirve todo molino bien construido. No; pues en esto los siguen muchos, sin más diferencia que la de que mis andaluces de sombrero calañés molían grano, y los otros muelen al prójimo. Pero por más que uno se desoje, no divisa por allí ninguna de ojos negros presenciando la sesión; y es que por no faltar a la propiedad no se atrevió el autor a poner en el molino alguna tribuna reservada. El espectador advertirá el buen efecto de la perspectiva, no menos que el contraste filosófico entre las graciosas columnitas y el rústico destino y toscos muebles de aquella mansión. El dibujo de las figuritas es correcto, y los accesorios están, distribuidos con arte. El colorido que ha adoptado el autor, y que podemos llamar suyo propio, no puede en la estampa producir la agradable impresión que en el original, pero sí la excitan las masas de claro-oscuro y la degradación de las tintas que realzan el mérito de la obrita, digna de darse a luz como muestra de la habilidad con que el pintor sabe desempeñar este género de composiciones. José Musso y Valiente.


NOTAS

(1) José María Musso y Pérez Valiente nace en Lorca (Murcia) el día 26 de diciembre de 1785 y se bautiza en la parroquia de San Mateo. Su padre, José María Musso Alburquerque (1761-1815), procedía de una familia propietaria de grandes posesiones en el campo de Lorca originaria de Caravaca que se asienta en Lorca en el siglo XVII. Su madre, Joaquina Pérez-Valiente y Brost (1756-1833), era hija de los condes de Casa-Valiente, familia procedente de Granada afincada en Madrid. Celebraron su enlace matrimonial en la iglesia de San Ginés de la capital en 1776, donde ella había sido bautizada. Tras recibir la enseñanza de las primeras letras y latinidad de su preceptor francés el abate Antoine Chevalier, pasa, junto con su hermano Pedro de Alcántara, militar que llegó a ser Mariscal de Campo, a Madrid, en 1795, para cursar estudios de Humanidades en el Seminario de Escuelas Pías de San Fernando de Avapiés durante dos años. Tras su primer aprendizaje, asiste a clases de retórica, poética, lógica, filosofía moral, física experimental y matemáticas, estudios que concluye en 1801.Vuelto a Lorca e iniciada la guerra de la Independencia, en 1809 fue Capitán de la Milicia Honrada de Lorca y diputado por dicha ciudad en la Junta Provincial de Defensa. Contrae matrimonio con María de la Concepción Fontes y Fernández de la Reguera, nacida el 14 de enero de 1792, en San Javier, Murcia, el 21 de julio de 1810. Tienen ocho hijos de los que sobreviven seis: Encarnación (1811-1883), José (1812-1886), Manuel (1816-1906), Ana (1819-1837), Joaquín (1825-1860) y Juan (1828-1851) Este mismo año es Jefe de dicha Junta y en 1812 Comandante General de la Provincia por la Junta Superior de Defensa. En 1816 es presidente de la Junta de Sanidad y el 13 de febrero de 1820 se le nombra Presidente de la Junta Constitucional. En 1821 es comisionado en Lorca de la Junta Nacional de Crédito Público. Sin perder su carácter liberal, se afilia al partido moderado siendo primer Alcalde constitucional de Lorca. Por problemas surgidos con la facción liberal exaltada y con motivo de una asonada popular, en la que se asalta la casa del juez Eraso, se ve obligado a salir de su ciudad mientras asaltan su casa de campo y matan a su labrador. Refugiado en Madrid, tras los sucesos de julio de 1822, se marcha a Gibraltar donde permanece hasta octubre de 1823. Vuelto de su autoexilio, vive en Madrid ocupado en estudiar Ciencias Naturales, traducir y componer otros escritos, hasta junio de 1830, año en que regresa a Lorca a causa del mal estado de su economía. Muerto Fernando VII y siendo ministro Francisco Javier de Burgos, es nombrado Musso Subdelegado Principal de Fomento de Murcia (diciembre 1833-abril 1835), en cuyo desempeño tuvo que sufrir la epidemia de cólera morbo y la riada de 1834, y más tarde Gobernador civil de Sevilla (abril-octubre de 1835) en donde se enfrenta con las juntas locales. Retirado a Madrid y entregado a su trabajo intelectual, fallece el día 31 de julio de 1838. Perteneció a las Academias de la Historia (1825), Española (1827), Latina Matritense (1829), de San Fernando (1830), de Ciencias Naturales (1837), a la Sociedad de Amigos del País de Murcia, Valencia y Jerez de la Frontera, y participó activamente en el Ateneo y en el Liceo de Madrid.
(2) Colección litográfica de cuadros del Rey de España el Sr. D. Fernando VII, que se conservan en sus reales palacios, museos y Academia de San Fernando, con inclusión de los del Real Monasterio de El Escorial. Obra dedicada a S. M. y litografiada por hábiles artistas bajo la dirección de D. José de Madrazo, pintor de Cámara de S. M., Director de la Real Academia de San Fernando y académico de mérito de la Insigne de San Lucas de Roma. Con el texto por D. Juan Agustín Ceán-Bermúdez, consiliario de la dicha Real Academia de San Fernando, censor de la de la Historia e individuo de otras Academias, Madrid, 1826.
(3) MARTÍNEZ MULA, Ángela. “Visitas de José Musso en el bienio 1836-1837 al Museo que ayudó a catalogar”, en Actas del Congreso Internacional José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al romanticismo. Murcia: 2005 (en prensa).
(4) Pedro de Madrazo ya publicó en 1834 un Catálogo de pintores. Escuela flamenca. Se trata del Catálogo de los cuadros del Museo del Prado. He localizado una edición de Madrid, J. Lacoste, 1910, 10ª edición, y otra de 1920, Madrid, Editorial Tipografía Artística Cervantes, 11ª edición corregida y aumentada.
(5) MUSSO VALIENTE, José. Diario. Anotación del día 9 de agosto de 1830: “Real Academia de San Fernando. Noticias domésticas. Con fecha 29 de julio me oficia [Martín Fernández de] Navarrete que la Academia de San Fernando me ha nombrado académico de honor. Hoy contesto dando gracias”.
(6) MUSSO VALIENTE, José. Diario. Anotación del día 15 de diciembre de 1833: “Real Academia de San Fernando. Esta tarde ha sido la primera vez que he asistido a Junta. Se celebra de toda ceremonia. Se ha acordado entre otras cosas establecer premios mensuales en las escuelas, y dar gracias a uno por ciertos vaciados que regala”.
(7) MUSSO VALIENTE, José. Diario. Anotación del día 9 de julio de 1833: “Academia de San Fernando. En la sesión de esta noche se han despachado varios expedientes particulares y, entre ellos, de ha admitido por académico de mérito al Sr. Rivas y Solá, en la clase de arquitecto, profesión que no ejerce, pues sólo por afición se ha dedicado a ella. En el despacho de los negocios que han ocurrido, se ha notado la penuria de la Academia que no puede costear las escuelas, ni pagar a los pensionados, ni costear los gastos necesarios para trasladar y restaurar los restos de las preciosidades de los conventos suprimidos, que han podido salvarse de la devastación general”. Félix Ribas y Solá era un arquitecto catalán que en el año 1836 remitió un proyecto para un Liceo de ciencias y artes a la Real Academia de San Fernando (vid., RÀFOLS, J. F. Diccionario biográfico de artistas de Cataluña. Barcelona: Millá; 1951).
(8) Inédito, se encuentra en el Archivo Municipal de Calasparra (Murcia).
(9) En el Archivo Municipal de Lorca se conservan los siguientes inéditos relacionados con la pintura: a) Notas sobre las obras de grabadores españoles y extranjeros del XVI al XIX. b) Vidas de pintores germánicos italianos y franceses traducidas y extractadas por D. J. M. y V. c) Apuntaciones sobre el colorido y mérito artístico de los cuadros del Rey tomados en compañía y bajo la dirección de [José] Madrazo (1832). Y en la Biblioteca de Menéndez Pelayo (Santander): 14 paquetes de fichas de pintores; asuntos bíblicos; notas bibliográficas de libros y estampas; frases de diferentes autores griegos.
(10) Artículo aparecido en Liceo Artístico y Literario (1838). Para este tema, vid., SANZ, María Jesús. “José Musso y los criterios artísticos de su época”, en Actas del Congreso Internacional José Musso Valiente y su época (1785-1838). La transición del neoclasicismo al romanticismo. Murcia: 2005 (en prensa).
(11) Sobre el Liceo y sus actividades artísticas, vid., PÉREZ SÁNCHEZ, Aránzazu. El Liceo Artístico y Literario de Madrid (1837-1851). Madrid: Fundación Universitaria Española; 2005.
(12) José Gutiérrez de la Vega (1791-1865). Vid., ARIAS DE COSSÍO, Ana María. José Gutiérrez de la Vega, pintor romántico sevillano. Madrid: Fundaciones Vega Inclán; 1978.
(13) Jenaro Pérez Villamil (1807-1854), pintor considerado el mayor representante del paisaje romántico español, autor de España artística y monumental, aparecido en París entre 1842 y 1844, con textos de Patricio de la Escosura. Elegido, en 1835, como académico de la de Bellas Artes de San Fernando, fue profesor de la misma y su director en 1845. Vid., ARIAS ANGLÉS, Enrique. El paisajista romántico Jenaro Pérez Villamil. Madrid: CSIC; 1986.
(14) Federico Madrazo (1815-1894), pintor, fundador y colaborador de la revista romántica El Artista.
(15) Antonio Cabral Bejarano (1788-1861), miembro fundador del Liceo, uno de los impulsores del Museo de Bellas Artes de Sevilla, académico de la de San Fernando de Madrid. Vid., REINA PALAZÓN, A., “Antonio Cabral Bejarano”, en La pintura costumbrista en Sevilla (1830-1870). Sevilla: Universidad de Sevilla; 1979, pp. 149-155.
(16) José Elbo Peñuelas (1804-1845). Esquivel escribe una monografía sobre él. Vid., además, RUIZ GUERRERO, Antonio. El pintor romántico José Elbo. Jaén: El Olivo; 1998, y MORENO MENDOZA, Arsenio. José Elbo y la pintura romántica. Madrid: Electa; 1998
(17) Antonio María Esquivel (1806-1857), pintor famoso por, entre otros, sus retratos de colectivos: Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor y Una lectura de Ventura de la Vega ante los actores de su época. Vid., GUERRERO LOVILLO, José. Antonio María Esquivel. Madrid: CSIC; 1967.
(18). Para una mejor comprensión de este tema, vid., GUIRAO GARCÍA, Juan. José Musso y las Bellas Artes, en MOLINA MARTÍNEZ, José Luis (ed.), José Musso Valiente (1785-838). Vida y Obra. Nuevas aportaciones. Lorca: Ayuntamiento; 2000. Vid., además, MARTÍNEZ ARNALDOS, Manuel-MOLINA MARTÍNEZ, José Luis. La transición socio-literaria del Neoclasicismo al Romanticismo en el Diario (1827-1838) de José Musso Valiente. Madrid: Nostrum; 2002, pp. 221-227.
(19) Se trata del matrimonio formado por Ventura de la Vega, autor teatral, y María Manuela Oreiro Lema, cantante de ópera. Para este asunto, vid. MOLINA MARTÍNEZ, José Luis-MOLINA JIMÉNEZ, Belén. María Manuela Oreiro Lema (1818-1854) en el Diario de José Musso Valiente (La ópera en Madrid en el bienio 1836-1837). Murcia: Universidad de Murcia-Ayuntamiento de Lorca; 2003.
(20) Se trata de José Fernández de la Vega, fundador del Liceo.
(21) José de la Revilla (1800-1859), amigo personal de Musso, profesor de dibujo de sus hijos José y Encarnación, pintor, autor de un ensayo comparativo entre el Tartufo de Moliére y El sí de las niñas de Moratín, y más tarde técnico de educación: Breve reseña del estado presente de la Instrucción pública en España con especial atención a los estudios de filosofía; 1854; José de la Revilla (1800-1859), pintor, académico y amigo personal de Musso, profesor de dibujo de sus hijos Encarnación y José. Hizo un retrato de Musso que escribe de él en su Diario (24 de abril de 1831): “José de la Revilla, poeta y pintor. Natural de Burgos, huérfano desde sus primeros años, discípulo de la Real Academia de San Fernando y discípulo de don José de Madrazo en el arte de la pintura, y en el día profesor de ella. Se mantiene dando lecciones a varios discípulos varones y hembras y con los productos de su arte. Ha hecho mi retrato y está haciendo los de doña Carmen Argúndez y de la Reina”.
(22) Valentín Carderera (1796-1889), pintor y crítico de arte. Escribe Estudios sobre Goya (1835-1838), (edición moderna de la Institución “Fernando el Católico” de Zaragoza, en 1996), primera biografía del pintor aragonés, la biografía de D. José de Madrazo (1835), Iconología española (1855-1864), Catálogo y descripción sumaria de retratos antiguos de personajes ilustres españoles ye xtranjeros de ambos sexos coleccionados por D. V. Carderera. Madrid, 1877.
(23) Las notas de este artículo pertenecen a Musso y las distinguimos con un asterisco (*).
(*) Este se ha dedicado también al grabado en madera, que ejecuta con mucha habilidad. Sería de desear que enviase a esta corte alguna muestra de su ingenio el sevillano D. JOSÉ BECQUER, muy alabado en su país por cuadritos de costumbres, que tan bien ejecuta, y por los que goza de reputación entre los extranjeros. [Se refiere Musso a José Domínguez Bécquer (1805-1841), padre de Gustavo Adolfo y Valeriano (Bécquer) Domínguez Bastida].
(24) Se refiere Musso al cuadro La presentación del cadáver del duque de Nemour al Gran Capitán después de la batalla de Ceriñola, cuadro en el que pintó, entre numerosos personajes, retratos de amigos suyos que son personajes representativos de la época, como Espronceda, así como un autorretrato. También titulan este cuadro como El Gran Capitán en el campo de batalla de Ceriñola. Federico de Madrazo pintó este cuadro en 1835. Otros lo denominan El Gran Capitán en la Batalla de Ceriñola y lo dan como de 1838.
(25) El Diario de los Debates es citado por Larra en el artículo En este país.
(*) Grababa también al agua fuerte, y de este género es la colección de caprichos que publicó y que es muy estimada.
(*) También cultiva a lo menos el dibujo el Sr. marqués de SANTA CRUZ.
(26) Rosario Weis Zorrilla (1814-1843), pintora, posiblemente hija de Juan Antonio Cuervo, quien la dejó al cuidado de Goya cuando se exilió en 1824, profesora de dibujo de Isabel II en 1842. Miñano, el 25 de julio de 1833, escribe una carta a Musso en la que le cuenta que le enviaba las entregas del Viaje a Egipto, 21, 22 y 23, “con unas señoras antiguas amigas mías la una y discípula la otra [Rosario Weis] de mi estimable amigo Goya” pero que, en llegando a la aduana de Miranda “las registraron todo su equipaje y sin embargo de que ellas confesaron todo lo que llevaban las han detenido no sólo las tres entregas sino, lo más sensible para ella, todos los dibujitos hechos por la chica, muchos trabajos ejecutados por Goya y, en una palabra, el fruto de 4 años de trabajos”, sólo por el hecho de estar dibujados en papel francés. Y después, añade: “La adjunta carta de la pobre señora [no se conserva] instruirá a Vm. más por menos. Es caso es, y esto es lo doloroso, que estas pobres mujeres que han vivido casi de limosna desde que murió Goya (1828) por hacerse una buena pintora van a Madrid sin otra esperanza que la de obtener una pensioncita en premio de un bello retrato que ha hecho de la reina, para lo cual las he recomendado yo a Grijalba, López y Navarrete” (Vid. MOLINA MARTÍNEZ, J. L., “Contestaciones de Sebastián de Miñano y Bedoya a cartas de José Musso y Valiente (1929-1835)”, en Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo. Santander: 1999, pp. 188-189).
(27) El Liceo Artístico y Literario, año 1838.

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