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| http://www.alonsocano.tk ISSN: 1697-2899 D.L:GR2134/2004 | |||||||||
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RELACIÓN DE JOSÉ MUSSO
VALIENTE CON PINTORES ANDALUCES EN EL BIENIO 1836-1837.
Musso fue un amante y buen conocedor de la pintura (9), como lo demuestra su trabajo De la escuela moderna española de pintura (Liceo Artístico y Literario, 1838) (10) y la actividad entusiasta que sobre esta faceta artística mantuvo en el Liceo (11). Su predilección por el arte le llevó a mantener una estrecha relación con diversos pintores de su entorno, en su mayoría y paradójicamente románticos, como Gutiérrez de la Vega (12), Villamil (13), Federico Madrazo (14), Bejarano (15) Elbo (16) y Esquivel (17). En el Diario correspondiente a 1837, Musso hace algunas anotaciones sobre las actividades del Liceo madrileño, algunas de las cuales, sobre todo las relacionadas con la pintura, damos a conocer como muestra (18): Agosto. Día 17. Liceo. Han tocado en el fortepiano Blanco, Espina y Gallego y cantado Arigotti acompañándose él mismo. Han pintado Gutiérrez un retrato ideal de una joven y Villa Amil una perspectiva semejante al patio del palacio de Duque del Infantado en Guadalajara. Otros se han entretenido en hacer dibujos. Septiembre. Día 3. Exposición del Liceo. Habiéndose fundado el Liceo para que los artistas se entretuviesen en ejercer su arte, trabajando todos ellos con noble emulación, justo era que, al cabo de cierto tiempo, expusiesen al público los frutos de su ingenio, para que en los elogios que éste le tributase recibiesen el premio más grato a las almas que se distinguen del común, el aprecio de sus semejantes. Así se ha abierto hoy y seguirá mañana y pasado mañana la exposición, para que de ella disfruten cuantos obtengan billete para entrar a las horas designadas. Hasta ahora se han reunido 49 cuadros, al frente de los cuales se ve en pequeño una copia del cuadro de las lanzas, como si se reconociese que el príncipe de los pintores españoles, cabeza de la escuela sevillana, por medio de la representación de su más sobresaliente cuadro debía presidir a las obras de sus imitadores y admiradores. Y como si la escuela sevillana reclamase de nosotros el primer lugar aun en la decadencia campea en la exposición Gutiérrez con su Venus, los retratos de Vega y la Lema (19) y otros retratos ideales; Esquivel con otra Venus, Psiquis y Cupido en el acto de huir de ella, el retrato de su mujer y el de F. de la Vega (20) y Bejarano con 4 países. Luce también Villa Amil con sus perspectivas, Ortega con unos pobres, Elbo con una cabeza copiada del natural, Van Halen con países, etc. etc. Hay también 3 dibujos arquitectónicos de Mario Artú con el proyecto del monumento que se acordó erigir en la plaza formada a consecuencia de haberse demolido el convento de capuchinos de la Paciencia, y está también a la vista de todo el álbum con muy buenos dibujos de varios. Día 4. Exposición del Liceo. Se han añadido 2 retratos de Elbo, unos cuadritos y un dibujo de lápiz, primorosamente hecho, copia de un cuadro de Murillo de Dª Petronila Menchaca, y un grupito de yeso de Psiquis y Cupido, copia del antiguo. Día 5. Exposición del Liceo. Se ha aumentado un paisito gracioso de Elbo con unas ninfas bañándose y dos preciosos dibujos a lápiz hechos por una señora, copias el uno de una Santa María Magdalena de Murillo y el otro de la casa de Torcuato Tasso en Sorrento. 1836. Mayo. Día 30. Visita. A Don José Gutiérrez, pintor, Director de la Escuela de Sevilla, que ha tomado empeño en sacar mi retrato. Este digno profesor está casado y tiene siete hijos, uno de los cuales tiene ya regular pincel y el chiquitín hace figurillas procurando imitar los cuadros de su padre y en ellas descubre mucha disposición para ejercer el arte. Cosa clara es que en casa de Gutiérrez no se ha de ver sino cuadros. Allí es de notar una andalucita asomada al balcón y una criada al lado, de cuyo cuadro ha hecho dos repeticiones y una de estas ha comprado María Cristina en 6000 reales, otra maja retrato en el cuerpo y aire no en la casa de la Palomino. Los retratos de D. Juan Gualberto González, de Latorre, de los Romea, de Brimaldi, de Bretón de los Herreros, de Larra, de García [Gutiérrez], el autor de El trovador, etc. Asimismo los de la Concepción Gutiérrez, Matilde Díez y Antera Baus. A mí me ha sacado el dibujo y otro día seguirá la obra. Día 31. El retrato. Heme, pues, en casa de Gutiérrez para que continúe el retrato. Allí he estado dos horas y media mientras pintaba la cabeza y, según dice su hijo, salgo favorecido. Entrará luego la disputa sobre cuál parece más, si este o el de Revilla (21); mas, para eso. De aquí a cien años, como no hayan ido a parar a un desván, rodarán por ese mundo con el nombre de retrato desconocido. Trata de publicar una galería litográfica de personajes célebres y por ello ha reunido todos los que tienen en su casa. Junio. Día 2. Visita. A Gutiérrez […] Me enseñó mi retrato que creo ha salido bastante parecido. Julio. Día 16. Visita. A Gutiérrez, que dice que no quiere ya tocar a mi retrato porque todos le dicen que está muy parecido. Diciembre. Día 4. El retrato. Trajo ya Gutiérrez el retrato y se llevó a casa de mi hermano y ahora está esperando que se le ponga marco. A juicio de todos está muy parecido pero dicen que me ha echado años encima. Mariano Roca prefiere el pincel de Carderera (22) y Madrazo dice que el Gutiérrez vale poco y que echando chafarrinadas se puede hacer una obra en dos días. El cuadro, pues, queda en casa de su hermano Pedro
de Alcántara Musso, mariscal de campo. José Musso Valiente
fallece el 31 de julio de 1838. El cuadro debió ser llevado por
su hermano a la R. A. E. con motivo de las honras fúnebres y
allí quedó, psiblemente donado por su hermano, de igual
manera que regaló a la Academia de la Historia una pequeña
colección de medallas, propiedad de su hermano, como recuerdo. APÉNDICE. Escritos de Musso sobre pintura • DE LA ESCUELA MODERNA ESPAÑOLA DE PINTURA Para dar idea exacta de la escuela española de pintura (23) en los últimos tiempos convendría seguir prolijamente la historia de su restablecimiento desde que afirmado en el solio Felipe V empezaron las extinguidas artes a dar señales de vida. Pero, como no lo permiten la premura del tiempo y los límites del periódico, habremos de contentarnos con muy ligeras indicaciones según vaya la memoria recordando las especies. Rogamos por lo mismo a los artistas, cuyos nombres o por inadvertencia o por atender a la brevedad omitiéremos, que de ningún modo lo atribuyan a desprecio; antes bien, como el que más reconocemos ser muy dignos de elogio cuantos han contribuido con su pincel a mantener en esta noble arte el lustre de nuestra amada patria. Mucho brillo a la verdad había adquirido en los siglos XVI y XVII con las obras de no pocos insignes pintores que, estudiando los modelos de allen¬de, y especialmente los de los florentines, propagaron entre nosotros la afición a las artes liberales, y, acomodando luego los preceptos a su parti¬cu1ar índole, fundaron escuelas dignas de competir con las que en Europa ocupan el primer lugar. Mas el ignominioso reinado del imbécil CARLOS II, consumiendo enteramente las fuerzas de la monarquía, y arrastrando con¬sigo al abismo artes, letras, ciencias y todo, de tal suerte apagó el ingenio, que claramente se mostraba en aquel silencio absoluto del saber humano no ser el imperio español sino un cadáver. Apenas se notaba que hubiese siquiera pintura más que por los cuadros y frescos de JORDÁN, artífice de mucha disposición, pero que por la precipitación con que trabajaba, cayó en lo que los inteligentes llaman manera. Tal cual fue, podemos decir en loor suyo que formaba el eslabón que unía los días gloriosos de VELÁZ¬QUEZ y MURILLO con los primeros de la restauración. A su estilo se ase¬mejó mas adelante GIAQUINTO, inferior a él en habilidad; pero quien principalmente manejaba el pincel en la corte de FELIPE V era VANLOO, pintor de la escuela francesa, pues la total escasez de los discípulos de la nuestra obligaba a buscarlos en región extraña. Fundóse en el reinado si¬guiente, para dar mayor impulso a todas las nobles artes, la Academia de San Fernando, y sirvieron al mismo tiempo de mucho para los adelantamientos que se notaron, los escritos de MENGS y las obras que salieron de su taller, muy alabadas estas de sus contemporáneos, muy apreciados aquellos aun de los que le han sobrevivido. Prevalecían en general las má¬ximas de la escuela francesa, variadas sin embargo por las diversas causas que la modificaban. Comenzaron los españoles de nuevo a dedicarse a la pintura, y en sus esfuerzos acreditaban que todavía podía arder en su mente el fuego que había animado a los antiguos profesores. Entonces se distinguieron D. MARIANO MAELLA, D. ZACARÍAS VELÁZQUEZ, DON JOSÉ CAMARÓN, D. GREGORIO FERRO, y otros, entre los cuales algu¬nos se aplicaron a formar alumnos que después condujesen el arte a su perfección. Varios españoles salieron de esta que llamaremos escuela de la Academia, todos ciertamente muy conocidos y dignos de serio; pero en¬tre todos no debemos pasar en silencio a D. VICENTE LÓPEZ, como a persona que con mucho honor la sostiene, recordando en sus produccio¬nes los principios sobre que se fundó, no obstante su estilo propio y ca¬racterístico por el que se distingue de los demás pintores. Ha puesto el conato esta escuela en sujetar el dibujo a reglas determinadas; conserva del ejemplo de JORDÁN la afición a los escorzos, redondea las formas para darles cierta gracia, estudia las posiciones, los ademanes, los movi¬mientos conforme a las ideas que había infundido la cultura de la socie¬dad. Así que, huye de la bajeza. y grosería, y busca la regularidad y el decoro: el pie, la mano, la cabeza deben estar como se observa entre gente fina; ningún desaliño, ningún descuido: antes bien el cuidado, el esmero propio de personas de buena educación. La expresión de los afec¬tos va al mismo compás: subordinados todos a la templanza, que en los individuos exige la consideración con que mutuamente deben mirarse. El color, sin ser vivo, abunda en tintas fuertes, que realcen las figuras y las presenten con claridad a los ojos del espectador: los accesorios general¬mente muy concluidos, y tocados con delicadeza. Tales son en nuestro juicio los dotes que se advierten en esta escuela. No es sin embargo la única que poseemos, siendo fácil notar otras dos de caracteres diferentes. A una de ellas daríamos el nombre de escuela de David, si como adoptó algunas máximas de este ilustre maestro las hubiera prohijado todas; pero abandonándole en parte respecto de la com¬posición, y mucho más en el color, la calificaremos con el dictado de escuela segunda para distinguirla de la anterior. Debióse al útil pensamien¬to de enviar algunos jóvenes pensionados a país extranjero para que se perfeccionasen después de haber concluido en España su estudio; ejemplo que algunos otros siguieron, viajando y manteniéndose a su costa. Fueron, pues, a Paris, donde la reunión de los monumentos que de todas partes llevaban las victoriosas armas de los franceses, hacía de aquella capital el centro de las artes. Entonces exasperados los ánimos con males anteriores, todo lo habían trastornado; y fundándose un nuevo orden de cosas sobre las ruinas del antiguo, estaban obrando las pasiones con terrible energía. Y como la revolución política hubo de producir otra en la inteligencia y en el gusto, lo que hasta allí se aplaudía carecía de vigor para atraer a generación tan ardiente; por otro lado, la vista de las estatuas y modelos de la antigüedad llamaban la atención de quienes con tan extraor¬dinario movimiento agitaba a la nación entera. Aboliéronse con las leyes de la monarquía las reglas, que hasta aquel punto se miraban entre los artistas como inviolables, y se sustituyeron otras más propias de las opi¬niones, que en todo predominaban. El estilo grandioso, las formas a ve¬ces colosales, la expresión fuerte y enérgica daban claro a entender que nuevos tiempos engendran nuevas ideas. Tomaban las figuras el carácter griego o romano, porque también se tomaban por lo común los pensamientos de Grecia y Roma, nombres en aquella era equivalentes al de libertad, si bien con ellos alternaban los de la historia contemporánea, donde en medio de atrocidades y maldades inauditas se admiraban rasgos comparables con los de aquellas memorables repúblicas. Estudiábase con predilección el antiguo, y se procuraba elevar la naturaleza humana sobre su propia esfera. Abría este desusado camino Mr. DAVID, cuyas leccio¬nes oían con docilidad los alumnos que de aquí se le agregaban, puesto que no las obedecían ciegamente; y no menos se desviaban en la elección de asuntos, prefiriendo juiciosamente los nacionales, y no desatendiendo los religiosos, como quiera que si estos últimos desaparecían de los talle¬res franceses por el frenesí apoderado de los ánimos, no podían borrarse de corazones españoles. Pero, en lo que más se apartaron del célebre pintor de SÓCRATES y BELISARIO fue en el color, no aviniéndose con cierta sequedad que en él advertían; y corregían el suyo examinando y co¬piando allí o en Roma cuadros de la escuela veneciana, y especial¬mente de TIZIANO, que en esto será siempre el mas digno de ser imi¬tado. Así, evitando el uso del negro y del blanco sin mezcla, que hacen duro y desapacible efecto a la vista y prefiriendo colores jugosos y trasparentes, adquirieron un colorido lleno de fuego y energía, que sabían de¬gradar con acierto y cuidaban de matizar con suavidad. Las lacas, el ama¬rillo, el rojo, el ultramar suelen emplearse como color dominante; y para dar en esto a la obra la misma unidad que debe guardar en la composición, observaban el ejemplo de TIZIANO, que si en un lado usaba de cierto co¬lor, no dejaba de repetirlo en el opuesto, y dar toques del mismo en va¬rias partes. La misma unidad se advierte en el claro oscuro, eligiendo una masa general de luz que destaca las principales figuras, subordinando a ella todas las demás luces, y proporcionando los reflejos de modo que no falten ni á la verdad que enseña la naturaleza, ni a la variedad con la que es incompatible la monotonía. Para esto sirven los rompimientos, un paño o un lienzo a propósito; en suma, medios de que sabe aprovecharse el in¬genio bien conducido. Bajo estos términos está en el día dirigiendo con sumo crédito la clase del colorido en la Academia D. JOSE DE MADRAZO, en cuyas obras pueden notarse las prendas que acabamos de apuntar. A esta segunda escuela, pertenecen también el benemérito pintor D. JUAN DE RIBE¬RA y su hijo D. CARLOS; de la misma fue el difunto D. JOSÉ APARICIO; y en la misma creo pondrán todos a D. RAFAEL TEJEO, uno de los ar¬tistas que mas honran a la nación, puesto que no haya estado en París, pero sí pasó a Roma a costa suya deseoso de hacer mayores progresos. Mientras de este modo se sostenía la primera y se fundaba la segunda escuela en Madrid, Sevilla, como sentida de oscurecerse cuando en otro tiempo había sido la Atenas de España, preparaba otra que no quería ser sino continuación de la antigua. Al ingenio de que dotó a sus habitantes naturaleza, se unían los recuerdos de sus pasadas glorias, excitados de continuo por multitud de preciosos frutos del talento de sus artistas, y repeti¬dos en los documentos que para guía de los jóvenes conservaba la tradición. Aplicáronse, pues, los mas alentados a ponerlos en práctica; y por una especie de patriotismo creyeron que no debían apelar a socorro extra¬ño, contentos con aprovecharse de lo propio, y teniéndose por dichosos en acercarse al grande hombre que, admirado de todos, se mira como el ver¬dadero fundador de la escuela sevillana. Por cierto, como lo que a MURI¬LLO ensalzó al templo de la inmortalidad no ha de precipitar a otro en la región del olvido, trataron los sevillanos de estudiarle, y de imitar le, aspirando a que sus cuadro, tuviesen el aspecto de los de aquel. Caminando por la senda que él mismo enseñó, no echaban de menos lo que no halla¬ban en la naturaleza; tenían por excusado inventar nuevas combinaciones de color; la imaginación, dote que tanto realza a los andaluces, se conte¬nía en el respeto debido al fundador. Este método adoptó D. JOSÉ COR¬TÉS, y esto ejecutan los estimados profesores D. JOSÉ GUTIÉRREZ, di¬rector de la academia de Sevilla, y D. ANTONIO MARÍA ESQUIVEL. Sí¬gueles D. JOSÉ ELBO, que en sus cuadritos de costumbres populares, hechos por el natural, hace cada día nuevos adelantamientos; y del mismo estilo participa algún tanto el joven D. CALISTO ORTEGA, quien sin embargo pertenece más bien a la escuela que hemos llamado segunda (*).¬ Al llegar a este punto, no será inoportuno decir que si la segunda hizo sus primeros ensayos en París, los franceses parece nos ayudan a fomentarla, pues años hace dieron un premio al citado APARICIO, y ahora aca¬ban de conceder otro al joven D. FEDERICO DE MADRAZO, en cuyo cuadro del Gran Capitán (24) alaban los redactores del Diario de los Debates (25) las prendas de grandeza, movimiento, alma y colorido enérgico. Aunque cada pintor de los designados tiene su estilo propio, en nues¬tro entender pueden clasificarse de la forma que lo hemos hecho. Pero no ha muchos años falleció otro que estudiando a varios, y entre ellos a VE¬LÁZQUEZ y al GRECO, no era ni VELÁZQUEZ ni el GRECO ni ninguno de ellos; pintor de carácter original, cuyo nombre pasará á la posteridad, no como autor ni discípulo de ninguna escuela, sino como de una especie pro¬pia suya: D. FRANCISCO GOYA. A veces concluía sus cuadros, a veces echaba cuatro borrones, que a distancia competente causan prodigioso efec¬to: sus composiciones y su colorido son mas apreciados que fáciles de explicar, porque mas que al estudio lo debía todo a su genio(*). Todos los que hemos indicado son a un tiempo pintores de composición y retratistas: los hay que más bien se dedican a esto último, y de ellos merecen especial mención D. VALENTÍN CARDERERA, y en la miniatura D. ADRIANO FERRÁN, que los termina con mucha delicadeza. Otros se inclinan al país, como son KUNTZ, VAN-HALEN, BEJARANO, etc. También trabaja con aplauso en la propia clase D. GENARO PEREZ VILLA-AMIL, fecundo en idear paisajes con perspectivas de ruinas góti¬cas, que anima con figuritas. Este artista apenas ha recibido más lecciones que una u otra del inglés ROBERTS: se ha formado a sí mismo y adoptado un colorido propio suyo. En el día enseña a varios, que descu¬bren mucha disposición, y conservarán esta clase de pintura entre nosotros. No debemos omitir que algunas personas de elevada jerarquía mues¬tran también con su ejemplo que el arte de la pintura es acreedora á la mas honorífica distinción. En la academia se miran con gusto obras de S. M. la REINA GOBERNADORA, del Sr. Infante D. FRANCISCO DE PAULA y del Sr. Duque de GOR, actual vice-protector de dicho cuerpo, y emplean igualmente sus ocios con buen éxito en la pintura los Señores Príncipe de ANGLONA y Duque de RIVAS. ¿Y, cómo dejar de hacer el debido obsequio a las damas, que así como son el mejor ornamento de la sociedad, así también lo son del arte de APELES, que no se desdeñan de practicar? Varias han obtenido por sus obras el título de académicas de mérito; algunas se han ocupado solo en el dibujo, que desempeñan con maestría. Valga por todas, a fin de no hacer una prolija enumeración de cuantas lo merecen, la señorita Doña ROSARIO WEYS (26), que da a los suyos una conclusión admirable, y que por su habilidad en el pincel debe considerarse como profesora. Por la reseña que hemos hecho se conocerá que si España no los po¬see en tanto número como otras naciones, tiene motivos para estar ufa¬na con los pintores, que en el día la ennoblecen. La revolución que de algunos años acá experimenta, ha impelido también a los jóvenes que se sienten inspirados por el Genio, a estudiar con ardor este precioso arte. La academia, las casas de los artistas, el LICEO abundan en alumnos, que con afán procuran sobresalir para ocupar en él algún día aventajado pues¬to: de donde, séanos lícito conjeturar, que si acertamos a consolidar nuestras instituciones, con la gloria que adquiera la patria entre las naciones libres, conseguirá otra no inferior á la que en algún tiempo le acarreó el arte de la pintura. José Musso y Valiente. • EL MOLINO DE LA CARTUJA, ¬ En este número ofrecemos al público una bella litografía de D. Alejan¬dro Blanco, que figura la vista interior del molino de la Cartuja en Alcalá de Guadaira, pintada al ó1eo en un cuadrito del tamaño de la estampa, por D. Jenaro Perez Villa-amil, uno y otro individuo de este establecimiento: ambos y el estampador son españoles; circunstancia que advertimos para que el lector se congratule con nosotros de que no faltan artistas de méri¬to en nuestra patria. A la vista están la delicada ejecución del litógrafo; y el esmero en el estampado: el pintor es sin duda uno de los que más con¬tribuirán a demostrar que ni la escuela española se niega a tener paisistas sobresalientes, ni nuestras provincias del norte a producir hombres de sin¬gular ingenio. Empero el edificio donde nos introduce no pertenece al norte, sino al mediodía, allá no lejos del Betis, donde los árabes han dejado preciosos restos de su opulencia y de su civilización; ved, en prueba de ello, la construcción sólida, a par que elegante, esas bóvedas, esos multiplicados arcos en herradura, esos grupos de columnas, todo lo cual os trae a la memoria aquellos almorávides tan ade¬lantados en artes y en ciencias, que de ellos tenían que aprender los cris¬tianos sus conquistadores; encantadora vista que quizá nos despierte la idea de un harem, y con ojos codiciosos... Pero, no señor, que nos halla¬mos dentro de un molino, sitio más accesible y manual que el escondido recinto de las odaliscas. Vuelva usted la cara hacia la izquierda, donde ob¬servará la tolva despidiendo el grano, que en las rapidísimas vueltas de la corredera sobre la solera va convirtiéndose en harina. Note por allí costa¬les, azadones, espuertas, cuerdas o siquier sogas, enjalmas, cosas por cier¬to de que absolutamente hablando necesita más la sociedad que de los perfu¬mes de oriente. A la derecha, en rústica mesa, la alcuza, monumento también morisco, y el jarro, con perdón de Mahoma. Mas, como todo al fin entristece y anubla el corazón donde no hay movimiento y vida, el autor saca a la escena cinco seres animados, formando una especie de junta o comité, puesto que en ningún archivo ni biblioteca he podido hallar las actas de lo que allí trataron. Desgracia es que falten tan preciosos mate¬riales para la historia; no obstante que, por razones de analogía, sospecho que los marramaquices, si no disentían acerca de proponer algún artículo adicional a la contribución extraordinaria de guerra, estarían examinando algún punto relativo a la conversión de rentas en Francia: el mulo aguar¬daba con paciencia su ración de paja y cebada... ¡Oh, se conoce que era macho muy de bien, y ojalá que los que le igualan en el talento le imita¬sen en la cordura! En cuanto a los que se sostienen en dos pies, claro es que pensaban en moler, porque para eso se va y para eso sirve todo molino bien construido. No; pues en esto los siguen muchos, sin más diferencia que la de que mis andaluces de sombrero calañés molían grano, y los otros muelen al prójimo. Pero por más que uno se desoje, no divisa por allí ninguna de ojos negros presenciando la sesión; y es que por no faltar a la propiedad no se atrevió el autor a poner en el molino alguna tribuna reservada. El espectador advertirá el buen efecto de la perspectiva, no menos que el contraste filosófico entre las graciosas columnitas y el rústico destino y toscos muebles de aquella mansión. El dibujo de las figuritas es correcto, y los accesorios están, distribuidos con arte. El colorido que ha adoptado el autor, y que podemos llamar suyo propio, no puede en la estampa producir la agradable impresión que en el original, pero sí la excitan las masas de claro-oscuro y la degradación de las tintas que realzan el mérito de la obrita, digna de darse a luz como muestra de la habilidad con que el pintor sabe desempeñar este género de composiciones. José Musso y Valiente. NOTAS |
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