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Se afirma que fue alrededor del año
403, a la edad de 16 años, que cayó prisionero de piratas
junto con otros jóvenes para ser vendido como esclavo a un
pagano del norte de Irlanda llamado Milcho. Lo sirvió cuidando
ovejas. Trató de huir varias veces sin éxito.
La Divina Providencia aprovechó este
tiempo de esclavitud, de rudo trabajo y sufrimiento, para
espiritualizarlo, preparándolo para el futuro, ya que el mismo
dijo que hasta entonces "aún no conocía al verdadero Dios",
queriendo decir que había vivido indiferente a los consejos y
advertencias de la Iglesia.
Se cree que el lugar de su cautiverio
fue en las costas de Mayo, al borde del bosque de Fochlad (o
Foclut). De ser así, el monte de Crochan Aigli, que fue
escenario del famoso ayuno de San Patricio, también fue el
lugar donde vivió los tristes años de su juventud.
Lo mas importante es que para entonces,
como el lo dice: "oraba de continuo durante las horas del día
y fue así como el amor de Dios y el temor ante su grandeza,
crecieron mas dentro de mí, al tiempo que se afirmaba mi fe y
mi espíritu se conmovía y se inquietaba, de suerte que me
sentía impulsado a hacer hasta cien oraciones en el día y, por
la noche otras tantas. Con este fin, permanecía solo en los
bosques y en las montañas. Y si acaso me quedaba dormido,
desde antes de que despuntara el alba me despertaba para orar,
en tiempos de neviscas y de heladas, de niebla y de lluvias.
Por entonces estaba contento, porque lejos de sentir en mi la
tibieza que ahora suele embargarme, el espíritu hervía en mi
interior".
Después de seis años en tierra de
Irlanda y de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara
sobre su futuro, una noche soñó que una voz le mandaba salir
huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a
recibir. Huyendo, caminó mas de 300 kilómetros para llegar a
la costa. Encontró el barco, pero el capitán se negaba
rotundamente a transportarlo. Sus reiteradas peticiones para
que le dejasen viajar gratis fueron siempre rechazadas, hasta
que al fin, después de mucho orar con fervor, el capitán
accedió a llevarlo hasta Francia. La travesía fue aventurada y
peligrosa. Después de tres días de tormenta en el mar, tocaron
tierra en un lugar deshabitado de la costa, caminaron un mes
sin encontrar a nadie y hasta las provisiones se agotaron.
Patricio narra esa aventura diciendo: "llegó el día en que
el capitán de la nave, angustiado por nuestra situación, me
instaba a pedir el auxilio del cielo. '¿Cómo es que nos sucede
esto, cristiano? Dijiste que tu Dios era grande y
todopoderoso, ¿por qué entonces no le diriges una plegaria por
nosotros, que estamos amenazados de morir por hambre? Tal vez
no volvamos a ver a un ser humano…' A aquellas súplicas yo
respondí francamente: 'Poned toda vuestra confianza y volved
vuestros corazones al Señor mi Dios, para quien nada es
imposible, a fin de que en este día os envíe vuestro alimento
en abundancia y también para los siguientes del viaje, hasta
que estéis satisfechos puesto que El tiene de sobra en todas
partes'. Fue entonces cuando vimos cruzar por el camino una
piara de cerdos; mis compañeros los persiguieron y mataron a
muchos. Ahí nos quedamos dos noches y, cuando todos estuvieron
bien satisfechos y hasta los perros que aún sobrevivían,
quedaron hartos, reanudamos la caminata. Después de aquella
comilona todos mostraban su agradecimiento a Dios y yo me
convertí en un ser muy honorable a sus ojos. Desde aquel día
tuvimos alimento en abundancia."
Finalmente llegaron a lugar habitado y
así Patricio quedó a salvo a la edad de veintidós o veintitrés
años y volvió a su casa. Con el tiempo, durante las vigilias
de Patricio en los campos, se reanudaron las visiones y, a
menudo, oía "las voces de los que moran mas allá del bosque
Foclut, mas allá del mar del oeste y así gritaban todas al
mismo tiempo, como si salieran de una sola boca, estas
palabras: 'Clamamos a ti, oh joven lleno de virtudes, para que
vengas entre nosotros nuevamente' ". "Eternas
gracias deben dársele a Dios, agrega, porque al cabo de
algunos años el Señor les concedió aquello por lo que
clamaban".
No hay ninguna certeza respecto al
orden de los acontecimientos que se produjeron desde
entonces.
Los primeros biógrafos del santo dicen
que Patricio pasó varios años en Francia antes de realizar su
trabajo de evangelización en Irlanda. Existen pruebas firmes
de que pasó unos tres años en la isla de Lérins, frente a
Canes, y después se radicó en Auxerre durante quince años mas.
También hay sólidas evidencias de que tenía buenas relaciones
personales con el obispo San Germán de Auxerre. Durante este
tiempo le ordenaron sacerdote.
Algunos historiadores sostienen, que en
esa época hizo un viaje a Roma y que, el Papa Celestino I fue
quien le envió a Irlanda con una misión especial, ya que su
primer enviado Paladio nunca logró cumplir porque a los doce
meses de haber partido murió en el norte de Britania. Para
realizar esa misión encomendada por el Pontífice, San Germán
de Auxerre consagró obispo a Patricio.
Puesto que dependemos de datos
confusos, legendarios y muchas veces contradictorios, de sus
primeros biógrafos, es materialmente imposible obtener
detalles del heroico trabajo en las tierras donde había estado
cautivo. La tradición afirma que trabajó en el norte, en la
región de Slemish, que dicen fue la misma donde Patricio
cuidaba el ganado y oraba a Dios cuando era un joven esclavo.
Una anécdota que antiguamente la tenían por auténtica en
Irlanda relata que cuando el amo se enteró del regreso de
Patricio convertido en venerado predicador, se puso tan
furioso que prendió fuego a su propia casa, pereciendo en
medio de las llamas.
Se afirma que, a su arribo a tierras
irlandesas, San Patricio permaneció una temporada en Ulster,
donde fundó el monasterio de Saúl y que con la energía que lo
caracterizaba se propuso la tarea de conquistar el favor del
"Gran Rey" Laoghaire, que vivía con su corte en Tara, de la
región de Meath.
Utilizaba un lenguaje sencillo al
evangelizar. Por ejemplo, para explicarles acerca de la
Santísima Trinidad, les presentaba la hoja del trébol,
diciéndoles que así como esas tres hojitas forman una sola
verdadera hoja, así las tres personas divinas, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero. Todos lo
escuchaban con gusto, porque el pueblo lo que deseaba era
entender.
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San Patricio y sus
enemigos
Sus acérrimos opositores fueron los
druidas, representantes de los dioses paganos. También sufrió
mucho a manos de los herejes pelagianos, que para arruinar su
obra recurrieron inclusive a la calumnia. Para defenderse,
Patricio escribió su Confessio. Por fortuna poseemos una
colección bastante nutrida de esos escritos, que nos muestra
algo de el mismo, como sentía y actuaba.
Circulaba entre los paganos un extraño
vaticinio, una profecía, respecto al santo, que Muirchu, su
historiador nos transmite textualmente así: "Cabeza de azuela
(referencia a la forma aplanada de la cabeza tonsurada) vendrá
con sus seguidores de cabezas chatas, y su casa (casulla o
casuela, es decir casa pequeña) tendrá un agujero para que
saque su cabeza. Desde su mesa clamará contra la impiedad
hacia el oriente de su casa. Y todos sus familiares
responderán, Amén, Amén". Los augurios agregaban esto todavía:
"Por lo tanto, cuando sucedan todas estas cosas, nuestro
reino, que es un reinado de idolatría, se derrumbará".
En la evangelización, San Patricio puso
mucha atención en la conversión de los jefes, aunque parece
ser que el mismo rey Laoghaire no se convirtió al
cristianismo, pero si, varios miembros de su familia.
Consiguió el amparo de muchos jefes poderosos, en medio de
muchas dificultades y constantes peligros, incluso el riesgo
de perder la vida (mas de cinco veces) en su trato con
aquellos bárbaros. Pero se notaba que había una intervención
milagrosa de Dios que lo libraba de la muerte todas las veces
que los enemigos de la religión trataban de matarlo. En un
incidente que ocurrió en misión, su cochero Odhran, quizás por
algún presentimiento, insistió en reemplazar al santo en el
manejo de los caballos que tiraban del coche, por consiguiente
fue Odhram quien recibió el golpe mortal de una lanza que
estaba destinada a quitarle la vida a San Patricio.
No obstante los contratiempos, el
trabajo de la evangelización de Irlanda, siguió firme. En
varios sitios de Irlanda, construyó abadías, que después
llegaron a ser famosas y alrededor de ellas nacieron las
futuras ciudades. En Leitrim, al norte de Tara, derribó al
ídolo de Crom Cruach y fue uno de los lugares donde edificó
una de las iglesias cristianas. En la región de Connaught,
realizó cosas notables. En la población de Tirechan se
conservó para la posteridad la historia de la conversión de
Ethne y Fedelm, hijas del rey Laoghaire. También existen las
narraciones de las heroicas predicaciones de San Patricio en
Ulster, en Leinster y en Munster.
Por su santidad, manifiesta en su
carácter su lenguaje sencillo al evangelizar y por el don de
hacer milagros, San Patricio logró muchas victorias sobre sus
oponentes paganos y hechiceros. Ese triunfo le sirvió para que
los pobladores de Irlanda se abrieran a la predicación del
cristianismo. De hecho hacen referencias en los textos del
Senchus Mor (el antiguo código de las leyes irlandesas) a
cierto acuerdo concertado en Tara entre los paganos y el santo
y su discípulo San Benigno (Benen). Dicen esos libros que
"Patricio convocó a los hombres del Erin para que se reunieran
todos en un sitio a fin de conferenciar con él. Cuando
estuvieron reunidos, se les predicó el Evangelio de Cristo
para que todos lo escucharan. Y sucedió que, en cuanto los
hombres del Erin escucharon el Evangelio y conocieron como
este daba frutos en el gran poder de Patricio demostrado desde
su arribo y al ver al rey Laoghaire y a sus druidas asombrados
por las grandes maravillas y los milagros que obraba, todos se
inclinaron para mostrar su obediencia a la voluntad de Dios y
a Patricio".
Hay muchas fantasías sobre las
confrontaciones de San Patricio con los magos druidas pero
también hay relatos que tienen un trasfondo sin duda
histórico. Dicen que un Sábado Santo, cuando nuestro santo
encendió el fuego pascual, se lanzaron con toda su furia a
apagarlo, pero por más que trataron no lo lograron. Entonces
uno de ellos exclamó: "El fuego de la religión que Patricio ha
encendido, se extenderá por toda la isla". Y se alejaron. La
frase del mago se ha cumplido; la religión católica se
extendió de tal manera por toda Irlanda, que hoy sigue siendo
un país católico, iluminado por la luz de la religión de
Cristo, y que a su vez a dado muchos misioneros a la
Iglesia.
●
El Sínodo
Hay muchas y buenas razones para creer
que San Patricio convocó a un sínodo, seguramente en Armagh,
no se mencionó el sitio. Muchos de los decretos emitidos en
aquella asamblea, han llegado hasta nosotros tal como fueron
redactados, aunque no cabe dudas que a varios de ellos se le
hicieron añadiduras y enmiendas. En esa época San Patricio era
ya un anciano con la salud quebrantada por el desgaste físico
de sus austeridades y de sus treinta años de viajes de
evangelización. Probablemente el sínodo haya tenido lugar
cuando los días del santo ya estaban contados
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Vida de Santidad
Solo llegaremos a comprender el hondo
sentimiento humano que tenía el santo y el profundo amor a
Dios que lo animaba, si estudiamos detenidamente sus escritos
contenidos en las "Confesiones", la Lorica y la carta a
Coroticus de San Patricio. Conoceremos el secreto de la
extraordinaria impresión que causaba a los que lo conocían
personalmente. Patricio era un hombre muy sencillo, con un
gran espíritu de humildad. Decía que su trabajo misionero era
la simple actuación de un mandamiento divino y que su aversión
contra los pelagianos se debía al absoluto valor teológico que
él atribuía a la gracia. Era profundamente afectuoso, por lo
que vemos en sus escritos referirse tantas veces al inmenso
dolor que le produjo separarse de su familia de sangre y de su
casa, a la que le unía un gran cariño. Era muy sensible, le
hacía sufrir mucho que digan que trabajaba en la misión que
había emprendido para buscar provecho propio, por eso insistía
tanto en el desinterés que lo animaban a seguir
trabajando.
De sus Confesiones:
"Incontables dones me fueron concedidos con el llanto y con
las lágrimas. Contrarié a mis gentes y también, contra mi
voluntad, a no pocos de mis mayores; pero como Dios era mi
guía, yo no consentí en ceder ante ellos de ninguna manera. No
fue por mérito propio, sino porque Dios me había conquistado y
reinaba en mí. Fue El quien se resistió a los ruegos de los
que me amaban, de suerte que me aparté de ellos para morar
entre los paganos de Irlanda, a fin de predicarles el
Evangelio y soportar una cantidad grande de insultos por parte
de los incrédulos, que me hacían continuos reproches y que aun
desataban persecuciones contra mí, en tanto que yo sacrificaba
mi libertad en su provecho. Pero si acaso se me considera
digno, estoy pronto a dar hasta mi vida en nombre de Dios, sin
vacilaciones y con gozo. Es mi vida la que me propongo pasar
aquí hasta que se extinga, si el Señor me concede esa
gracia".
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La santidad da frutos
El buen éxito de la misión de San
Patricio se debe ante todo a su fe por la que se disponía a
cualquier sacrificio y a la inteligente organización que supo
crear en esa isla, carente de ciudades y dividida en muchas
tribus o clanes, dirigidos por un jefe independiente cada una.
El supo adaptarse a las condiciones sociales del lugar,
formando un clero local, consagró obispos y sacerdotes y fundo
monasterios y pequeñas comunidades cristianas dentro del mismo
clan, sin rechazar usos ni costumbres tradicionales. Tuvo la
feliz idea de que el obispo de cada región fuera al mismo
tiempo el Abad o superior del monasterio más importante del
lugar, así cada obispo era un fervoroso religioso y tenía la
ayuda de sus monjes para enseñar la religión al pueblo. Las
vocaciones que consiguió para el sacerdocio y la vida
religiosa fueron muchísimas.
La obra de evangelización pudo
progresar rápidamente gracias también a que San Patricio
atrajo muchos discípulos fieles, como Benigno quién estaba
destinado a sucederle. Siempre fue muy fiel a la Iglesia y, a
pesar de la distancia, el santo se mantenía en contacto con
Roma. En el año 444 se fundó la iglesia catedral de Armagh
(hoy Armoc), la sede principal de Irlanda, dato que está
asentado en los "Anales de Ulster". Es probable que no haya
pasado mucho tiempo antes que Armagh se convirtiera en un gran
centro de educación y administración.
San Patricio, en el transcurso de 30
años de apostolado, convirtió al cristianismo a "toda
Irlanda". El propio santo alude, mas de una vez, a las
"multitudes", a los "muchos miles" que bautizó y confirmó.
"Ahí", dice San Patricio, "donde jamás se había tenido
conocimiento de Dios; allá, en Irlanda, donde se adoraba a los
ídolos y se cometían toda suerte de abominaciones, ¿cómo ha
sido posible formar un pueblo del Señor, donde las gentes
puedan llamarse hijos de Dios? Ahí se ha visto que hijos e
hijas de los reyezuelos escoceses, se transformen en monjes y
en vírgenes de Cristo". Sin embargo, como es lógico pensar, el
paganismo y el vicio no habían desaparecido por completo. En
las "Confesiones", que fueron escritas hacia el fin de su
vida, dice el santo: "A diario estoy a la espera de una muerte
violenta, de ser robado, de que me secuestren para servir como
esclavo, o de cualquier otra calamidad semejante". Pero más
adelante agrega: "Me he puesto en manos del Dios de
misericordia, del Todopoderoso Señor que gobierna toda cosa y,
como dijo el profeta: 'Deja tus cuidados con el Señor y El
proveerá la manera de aliviarlos". En esta confianza estaba,
sin duda su incansable valor y la firme decisión de San
Patricio a lo largo de su heroica carrera. Su fortaleza de no
permitir a los enemigos del catolicismo que propagaran por
allí sus herejías, fue una de las razones para que Irlanda se
haya conservado tan católica.
La obra del incansable misionero dio
muchos frutos con el tiempo: Lo vemos en el maravilloso
florecimiento de santos irlandeses. Logró reformar las leyes
civiles de Irlanda, consiguió que la legislación fuera hecha
de acuerdo con los principios católicos, lo cual ha
contribuido a que esa nación se haya conservado firme en la fe
por mas de 15 siglos, a pesar de todas las persecuciones.
Según un cronista de Britania, Nennius,
San Patricio subió a una montaña a rezar y hacer ayuno y
"desde aquella colina, Patricio bendijo al pueblo de Irlanda
y, el objeto que perseguía al subir a la cima, era el de orar
por todos y el de ver el fruto de sus trabajos…Después, en
edad bien avanzada, fue a recoger su recompensa y a gozar de
ella eternamente. Amén". Patricio murió y fue sepultado en el
año 461, en Saúl, región de Stragford Lough, donde había
edificado su primera iglesia.
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