
Hemos incluido esta sección para contar algunas anécdotas que nos han sucedido en nuestras rutas. Mándanos las que recuerdes pulsando sobre la imagen y poniendo en el asunto "anécdotas del grupo senderista" y las incluimos.

En la ruta de los contrabandistas nos encontramos con una agradable sorpresa. Había que pasar el río Ardila, y cubría, no mucho, pero lo justo para pegarse un buen chapusón. Y la organización puso a nuestra disposición un remolque para cruzar el río. Y la frontera.
(Supongo que los contrabandistas lo harían de otra forma)
La ruta de Monfragüe es, sin lugar a dudas, la que más peripecias nos ha deparado. De tres autobuses, el tercero llegó tarde a recogernos, y quedó en el camino a nuestros amigos de Carmonita. Al llegar a Torrejón el Rubio, el chófer no vio un paso elevado de peatones y volamos. Los otros autobuses casi se engachan por la carretera tan estrecha y tuvieron que hacer maniobras para pasar. Nos llovió a cántaros y nos refugiamos el ciento y la madre en una casa minúscula. Y al salir de vuelta ¡un mozo del pueblo nos enseñó el culo!
...Y con todo, fue una ruta hermosa.
En nuestra ruta, la gente que se había encargado de repartir las migas estaba nerviosa, porque no venían y el grupo cada vez estaba más cerca... Las migas y el grupo llegaron al mismo tiempo, y un segundo caldero hubo que esperarlo un momentino.
Y lo más curioso de todo es que los Migueros ¡se quedaron sin comer migas!
Después de haber hecho nuestra ruta oficial, hemos de dar las gracias a todo el mundo que ha ayudado a que nos saliera (¡y tan bien!): Colaboradores, patrocinadores, y a toda la gente que echó una mano en cualquier momento.
...Y es que este Grupo senderista nuestro ya es más que un club.
Cuando fuimos en diciembre a Cornalvo, hacía un frío que pelaba. Al poco rato de salir vimos una charca, y uno de los niños que venían tiró piedras. Cuál sería su sorpresa cuando las piedras quedaron fijas en la superficie del agua.
¡Qué fría debía estar el agua!

Rafaél Álvarez es, sin duda alguna, el alma mater de nuestro grupo senderista. Sin su desinteresado empeño nunca hubiéramos llegado a ser lo que somos, un grupo de amigos entusiasmados por conocer los senderos de Extremadura.
Ahora que se casa (sí, como lo escucháis, se casa), quiero aprovechar este lugar para darle mi más feliz enhorabuena.
¡Felicidades, Rafa!.
No sé vosotros, pero a mí, en cuanto llega Septiembre,
me entra una cosina de andar, como si los pies se pusieran en marcha
ellos solos deseando ver paisajes nuevos y antiguos. Deseando ver a los
del Grupo Senderista, conocidos o no, y disfrutar con ellos de la
charla, de todo lo que nos tenemos que contar desde donde lo dejamos.
Ofrecer la bota de vino de naranja para el que conmigo va. Es lo que se
llama la alegría del reencuentro. ![]()
Mike, nuestro inglés, se nos va pa su tierra. Persona amable
donde las haya, sufridor paciente de todas nuestras bromas. Le
enseñamos a beber de la bota de vino y le tradujimos los chistes
verdes como pudimos. Mike siempre ha correspondido con su sonrisa y
buen humor. Ahora que te vas, recuerda, que en este grupo senderista
dejas unos cuantos amigos para andar un rato, charlar, echarnos unas
risas. Vuelve cuando quieras: te estaremos esperando.![]()
¡Qué buena estaba la caldereta! ¡Qué buena
la compañía de todos los socios, de la gente de la Nava,
que ven que somos un grupo senderista con ganas de comernos el mundo
con los pies! Gracias a todos por el día de convivencia, gracias.![]()
Para los hombres de Paco, la ruta acaba charlando sobre lo divino y
lo humano, con un buen café y un chupito endulzando el
pico. En Valverde de Leganés, en donde nos paramos a
charlar, nos regalaron una gorra, que lucimos presurosos en el
autobús, y sobre todo se la enseñamos a
Andrés, que se había venido por el otro camino
acompañando a sus amigos de Guadajira. ¡Hola,
Andrés!, le saludábamos gorra en mano. Y mucha gente
tenía envidia, y no por la gorra.![]()
Nada más empezar la ruta de la Sierra de Alor se sumó un mastín, tranquilo y manso como la tierra. Nos acompañó todo el camino, los 24 kilómetros, a nuestro ritmo y nosotros al suyo.
Cuando nos montamos en el autobús, nos miró y se
metió para el pueblo. A mi me pareció que nos
despedía con cara de pena. ![]()
Emilio sí que sabe. Después de una ruta se le ve en
zapatillas de andar por casa. La primera vez sorprende, porque parece
que acaba de salir de la camilla y el brasero. Luego uno piensa:
caramba, con el dolor que dan las botas tras la dura caminata, lo que
conviene es que el pie descanse. A eso se le llama terminar con buen
pie, o sea, con sentido común. ![]()
Debe de ser producto del azar, pero cada vez que Manolo del Viejo
hace la ruta del Otoño Mágico, se encuentra con el
ministro de Trabajo, Jesús Caldera. El año pasado Manolo,
tan solícito, le pidió un día de descanso para
todos los que estaban en ruta. Este año le advirtió:
"¡Eh, ministro, cuidado, que aquí hay muchos sin
papeles!". ![]()
La ruta de Garganta de la Olla nos deparaba una sorpresa. Tras
bañarnos en las Cascadas, regresamos al pueblo y Chencho, el
organizador de la ruta, nos llevó a su parcela llena de cerezos.
"Coged las que queráis", y nos pusimos hasta las botas (de
senderismo, claro). Las cajas las cogimos de donde pudimos.. Gracias,
Chencho, ![]()
Cuando llegamos al refugio en el Puerto de Honduras estaba cerrado.
Hacía tanto frío que hasta el bocadillo estaba congelado
y no podía masticarse. Encima nevaba. Lo más curioso sin
duda fue ver a Jose abrir su paraguas y guarecerse de la nieve con tan
peculiar aspecto senderista. ![]()
Grupo de senderistas agrupados en torno a Paco (naturalmente).
¿Que quién es Paco? Romano, para más señas.
¿Que por qué nos agrupamos en torno a Romano? Por su
amable conversación, pero sobre todo por su bota de vino y su
líquido elemento: néctar de dioses, vino de
autor. (Pa chasco, que diría un montijano, como pa no
arrimarse) ![]()
Y no podíamos empezar por menos con aquella deliciosa mujer con su hija pequeña que tomaron el autobús con nosotros, creo recordar que camino de Gata. A los que íbamos medio despiertos nos sorprendió su indumentaria, sobre todo los tacones. Cuando paramos a tomar café a las afueras de Cáceres, nos preguntó si éste era el autobús que iba al Oceanario de Lisboa.
-"No señora, vamos de senderismo a Gata".
-Ya me parecía a mí que no había niños.
Y ni corta ni perezosa, se bajó del autobús y llamó a su abnegado marido a que la recogiera.