Pedro Melló se reúne cada miércoles con sus amigos en una cena, en la cual se disputan el honor de ser el que lleve al invitado más idiota. En esta ocasión, Melló no ha encontrado aún a un incauto al que llevar, por lo que se deja aconsejar por un amigo, que le recomienda llevar a Francisco Piñon, un funcionario de Hacienda obsesionado con fabricar esculturas de cerillas. Como aún no lo conoce, Melló decide invitarlo a su casa, lo que se convierte en una de las peores decisiones que jamás haya tomado.
Piñon, pese a actuar siempre de buena fe, demuestra ser un gafe y no hace más que causarle problemas a Melló. La situación es cada vez más divertida, ya que el idiota, no contento con causarle una lumbalgia, consigue que su mujer le deje, hace venir a una loca obsesionada con Melló, lo reúne con su peor enemigo, hace un inspector de hacienda le investigue, etc.