
Dance a las puertas del santuario |
Vivimos en un mundo ciertamente extraño. Somos capaces de recorrer miles de kilómetros para contemplar un paisaje, conocer un modo de vida, saborear tradiciones ancestrales, pero a la vez desconocemos solemnemente riquísimos matices cotidianos de los que apenas nos separa una pequeña distancia.
En el entorno caspolino, que en el fondo es una verdadera comarca si atendemos a los lazos culturales, económicos y de relación que han existido durante siglos entre los pueblos que lo forman, encontramos claros ejemplos.
Fiestas, tradiciones, paisajes, monumentos que si estuvieran al otro lado del océano nos gustaría conocer. Sin embargo están ahí, a una treintena de kilómetros, invitándonos a contemplarlos y a vivirlos.
"Producciones Cuatro Esquinas" es sensible a esta llamada. Por eso comienzo hoy la publicación de una serie de reportajes sobre fiestas y tradiciones de Los Monegros y el Bajo Ebro Aragonés, con centro en Caspe. Y lo hacemos con un pueblo y una fiesta -repetida por cierto, con variantes, a lo largo del año- que podemos calificar sin la menor exageración de "sobresaliente".
Invitamos a nuestros seguidores a viajar con nosotros a La Almolda, y entrar en el brillante acervo cultural de unas jornadas que, como una verdadera amalgama de ritos, ceremonias y contrastes, los almoldanos dedican a los santos Quiteria y Úrbez.
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