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Imagen artística de
un tránsito de un exoplaneta.
(Lynette Cook) |
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Michel Mayor y Didier Queloz (ESA) Entrevista con M. Mayor en el Instituto Astrofísico de Canarias en 1998
Posición de la estrella 51 Peg en la constelación del Pegaso.
Paul Butler y Geoffrey W. Marcy (Universidad de California)
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Carl Sagan en su libro Cosmos (Ed. Planeta, Barcelona, 1982) comentaba que desde los tiempos más remotos los seres humanos nos hemos preguntado por la posible existencia de otros habitantes del universo. En la Vía Láctea debe haber muchos planetas millones de años más viejos que la Tierra, y algunos miles de millones de años más viejos. ¿Es posible que no nos hayan visitado? En todos los miles de millones de años que han pasado desde el origen de la Tierra, ¿no hubo nunca una nave extraterrestre procedente de una civilización distante que estudiara nuestro planeta desde una órbita baja?, ¿nunca se ha posado lentamente sobre la superficie de la Tierra una nave para tomar muestras como hacemos los humanos en Marte?, ¿jamás ha llegado una nave con frágiles insectos iridiscentes, pesados reptiles apáticos, primates chillones u homínidos asombrados? La idea es muy natural. Se le ha ocurrido a cualquiera que se haya planteado, aunque sólo sea de paso, la cuestión de la vida inteligente en el universo. Muchos de nosotros lo hemos imaginado al leer novelas de ciencia ficción o lo hemos vivido en el cine. ¿Pero ha sucedido realmente? El tema crítico es la cualidad de las pruebas aportadas, que hay que escrutar de modo riguroso y escéptico, no lo que suena plausible, no el testimonio sin pruebas de varios autoproclamados testigos. De acuerdo con estas normas no hay casos seguros de visitas extraterrestres, a pesar de todas las afirmaciones sobre ovnis y sobre antiguos astronautas que a veces hacen pensar que nuestro planeta está invadido de seres de otros mundos. Pero hay algo irresistible en el descubrimiento de una simple muestra de vida extraterrestre. Y los astrónomos se han lanzado a la búsqueda de planetas en otras estrellas, semejantes al Sol, que pudieran tener las condiciones necesarias para que se diera vida en ellos. Hace diez años que la respuesta a la pregunta ¿cuántos planetas existen? era nueve: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Pero hoy se han multiplicado por quince, a 10 de mayo del 2007 se conocen 235 planetas fuera de nuestro sistema solar en 212 sistemas planetarios, de los que 24 contienen más de un planeta, y se siguen descubriendo nuevos planetas regularmente desde que Alexander Wolszczan y Dale Frai descubrieran el primer sistema planetario extrasolar en un púlsar (una estrella de neutrones) de la constelación de la Virgen en 1992. A estos nuevos mundos que orbitan otras estrellas los astrónomos los llaman exoplanetas o planetas extrasolares y se preguntan: ¿cómo serán?, ¿de los 100 000 millones de estrellas de nuestra Vía Láctea cuántas los tendrán?, ¿cuántos serán áridos desiertos o frígidas esferas de hidrógeno?, ¿habrá alguno que tenga exuberantes bosques y océanos repletos de vida?... Ninguno de esos mundos será idéntico a la Tierra. Unos cuantos serán acogedores; la mayoría nos parecerán hostiles. Muchos serán maravillosamente bellos. En algunos mundos habrá soles en el cielo diurno, muchas lunas en los cielos de la noche, o tendrán grandes sistemas de anillos de partículas cruzando de horizonte a horizonte. Algunas lunas estarán tan próximas a su planeta que surgirán en lo alto de los cielos cubriendo la mitad del firmamento. Y algunos mundos tendrán como panorámica una vasta nebulosa gaseosa, los restos de una estrella normal que fue y ya no es. Michel Mayor (a la izquierda en la fotografía adjunta) y Didier Queloz (a la derecha), del Observatorio suizo de Ginebra (Suiza), fueron quienes descubrieron el primer exoplaneta en una estrella tipo solar en octubre de 1995 observando la estrella número 51 de la constelación del Pegaso o 51 Peg. Descubrieron un sospechoso balanceo, un corrimiento cíclico de la luz hacia los extremos azul y rojo del espectro. La duración de este corrimiento Doppler les hizo pensar que la estrella se bamboleaba debido a que cerca de ella giraba un planeta. A partir de los cálculos posteriores determinaron que este planeta (denominado ahora 51 Peg b) giraba alrededor de 51 Peg cada 4,2 días a la escalofriante velocidad de 482 000 km/h, a más de cuatro veces la que lleva la Tierra en su deambular en torno al Sol. Su masa es mayor que la mitad de la de Júpiter (Mp > 0,47·MJ) y se halla orbitando a una increible distancia: su semieje mayor, de 0,05 UA, es casi ocho veces menor que el de Mercurio respecto del Sol (0,39 UA). Las circunstancias del nuevo planeta hicieron reflexionar a Geoffrey W. Marcy (a la derecha en la fotografía adjunta) y a R. Paul Butler (a la izquierda) actualmente en la Universidad de California y el Instituto Carnegie de Washington (EUA), que habían trabajado en la búsqueda de planetas extrasolares desde 1987. Un reanálisis de sus datos y nuevas observaciones les permitió identificar la existencia de otros seis planetas en estrellas parecidas al Sol (47 Ursae Maioris, 55 Cancri, t Bootis, u Andromedae, 16 Cygni B y 70 Virginis). Estos descubrimientos animaron a otros investigadores y durante estos últimos 22 años se han sucedido los anuncios de nuevos planetas y sistemas planetarios. |
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