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Figura 1. Fotografía de Júpiter con las
características más importantes: masa (M), semieje mayor (a), periodo
(P) y excentricidad (e).

Figura 2. Diagrama donde se representan los
periodos respecto a las
excentricidades de los exoplanetas
descubiertos y la clasificación que se hace de ellos.

Figura 3. El sistema
exoplanetario de la estrella 55 Cancri es paradigmático ya que posee un
exoplaneta poco masivo, el e, un exoplaneta excéntrico, el
c, y dos exoplanetas semejantes a Júpiter el b y el d (El diagrama no está a escala).
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Exoplaneta |
Masa
(MJ) |
semieje mayor
(UA) |
Periodo (días) |
Excentricidad |
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55 Cnc e |
0,045 |
0,038 |
2,81 |
0,174 |
|
55 Cnc b |
0,84 |
0,11 |
14,65 |
0,02 |
|
55 Cnc c |
0,21 |
0,24 |
44,28 |
0,34 |
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55 Cnc d |
4,05 |
5,9 |
5 360 |
0,16 |

Figura 4. Órbita
de ε Eridani b, un exoplaneta excéntrico, comparada con la de los planetas
del sistema solar. Obsérvese que en nuestro sistema solar
orbitaría entre las órbitas de Marte y de Júpiter.

Figura 5. Comparación de la posición de
algunos Júpiteres calientes con la posición que ocupan los planetas más
internos de nuestro sistema solar.

Figura 4. Órbita
circular de un Júpiter caliente,
el τ Bootis b, comparada con la
órbita de Mercurio. Obsérvese que su periodo es
de sólo 3,31 días y que se halla extremadamente cercano a su estrella.

Figura 5. Diagrama donde
se representan los periodos respecto a la masa mínima y en el que se
aprecían las características de los pocos exoplanetas poco masivos que
se han descubierto.
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Los planetas extrasolares descubiertos hasta el momento
pueden clasificarse en cuatro grupos:
EXOPLANETAS ANÁLOGOS A JÚPITER
Son exoplanetas gigantes
gaseosos con excentricidades menores que 0,2, periodos superiores a 10 días
y masas minimas semejantes a las de Júpiter. Por ejemplo 47 UMa b
con M·sen i = 2,41·MJ, a = 2,10 UA, T = 1 095 días y ε
= 0,096.
Lo que se sabe sobre los nueve planetas de nuestro propio sistema solar ha servido de base para la teoría corrientemente aceptada de la formación planetaria, según la cual los planetas se forman a partir de un
disco plano de gas y de polvo que se encuentra en rotación y que ocupa el plano ecuatorial de las estrellas. La
materia del disco describiría órbitas circulares en el mismo plano y en la misma dirección en que lo hacen
actualmente nuestros nueve planetas. Este enfoque impide que se formen planetas tanto en las zonas muy
próximas a la estrella como en las muy alejadas, debido a la escasez de materiales para ello, que además se
encuentran a temperaturas inadecuadamente altas o bajas, según sea el caso.
Así, estos exoplanetas, pueden ser explicados con la misma
teoría que explica la formación de nuestro sistema solar.
EXOPLANETAS GIGANTES EXCÉNTRICOS
Son gigantes gaseosos con
una excentricidad superior a 0,2, un periodo superior a 10 días y una masa
mínima de 0,1 veces la masa de Júpiter. Por ejemplo 70 Vir
b que posee una excentricidad de ε = 0,4.
Las órbitas excéntricas han hecho cavilar a los
astrónomos y les han obligado a revisar sus teorías.
No habían pasado dos meses del descubrimiento del
primer exoplaneta cuando ya los teóricos habían
alumbrado nuevas ideas y modificado la teoría clásica de la formación de
planetas. Por ejemplo, los astrónomos Pawel Artymowicz, de la Universidad de Estocolmo, y
Patrick M. Cassen, del Centro de Investigación Ames
de la NASA, recalcularon las fuerzas gravitatorias que intervienen mientras los planetas emergen de
los discos de gas y de polvo que se observan en
turbulento giro alrededor de estrellas jóvenes semejantes al Sol. Tales cálculos indican que
las fuerzas gravitatorias
ejercidas por los protoplanetas (planetas en proceso
de formación) sobre los discos gaseosos y polvorientos
crean "ondas de densidad"
alternantes y en espiral, semejantes a los "brazos"
de las galaxias espirales, que empujan a su vez a los
planetas en formación, alejándolos del movimiento
circular. No sería difícil que los planetas fuesen
pasando de tener órbitas circulares a tenerlas elípticas y excéntricas a lo largo
de millones de años.
Hay otra teoría que también da cuenta de las grandes excentricidades
orbitales. Supóngase, por ejemplo, que Saturno hubiera crecido hasta un
tamaño mucho mayor que el que tiene. No es absurdo
pensar que las esferas de los cuatro planetas gigantes de nuestro sistema
solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno)
hubiesen sido más grandes si el disco protoplanetario original hubiera
tenido más masa o hubiera seguido existiendo durante
más tiempo. El sistema solar contendría entonces cuatro superplanetas, cada uno de los cuales ejercería
fuerzas gravitatorias sobre los otros, con perturbaciones recíprocas de sus
órbitas, que pudieran llegar a entrecruzarse.
Los resultados pudieran ser que algún superplaneta se viese atraído
hacia el interior del sistema planetario, algún otro desplazado hacia su
periferia y hasta puede que algún desgraciado resultase expulsado de
él. Como bolas rebotando en una mesa de billar, los dispersos planetas
gigantes podrían adoptar órbitas extremadamente excéntricas. Es interesante que este
nuevo modelo del billar implique que tendría que ser posible detectar los
grandes exoplanetas responsables de las órbitas excéntricas. Pudieran ser
exoplanetas en órbitas más externas que las de los detectados hasta ahora.
Una variante de este tema consiste en que fuese una estrella acompañante
de la estrella central la encargada de dispersar gravitatoriamente las órbitas planetarias.
JÚPITERES CALIENTES
Són gigantes gaseosos que poseen órbitas muy pequeñas (~ 0,1 UA)
y poco excéntricas, sus periodos son menores de 10 días y su
masa mínima es superior a una décima parte de la masa de Júpiter (M·sen i > 0,1 · MJ). Como por ejemplo 51 Peg b, con a = 0,051
2 UA, T = 4,23 días y ε = 0,013.
Los más extraños de los nuevos planetas son los llamados
Júpiteres calientes, que muestran semiejes mayores inferiores a
0,5 UA.
Estas órbitas son pequeñas, con periodos de varios días,
pese a lo cual los planetas son tan grandes como el mayor de los de nuestro sistema solar e incluso más. Sus
corrimientos Doppler indican que describen órbitas circulares.
Los Júpiteres calientes desafían la teoría corriente de
formación planetaria, según la cual los planetas gigantes como Júpiter, Saturno, Urano y
Neptuno tienen que formarse en
las porciones más externas y frías de los discos protoplanetarios y a una
distancia mínima de cinco veces la que hay entre la Tierra al Sol (5 UA). Entre los teóricos
circula una teoría modificada de la formación planetaria que trata de explicar esas
anomalías. Los astrónomos Douglas N.C. Lin y Peter Bodenheimer, ambos
de la Universidad de California en Santa Cruz, y Derek C. Wilson, de la
Universidad de Washington, amplían el modelo clásico arguyendo que un
joven protoplaneta que se desgajase de un pesado disco protoplanetario
grabaría en él un surco que lo dividiría en una sección interior y otra
exterior. El disco interior disiparía energía a causa de la fricción dinámica,
haciendo que tanto su material como el propio protoplaneta se
acercasen a la estrella siguiendo órbitas espirales y terminasen por precipitarse sobre ella.
La salvación del planeta proviene de la rápida rotación de las estrellas
jóvenes, que giran sobre sí mismas cada cinco o diez días. Al acercarse a
su estrella, un planeta producirá en ella mareas ascendentes, como las
que produce la Luna sobre la Tierra. Con la estrella girando sobre sí misma
más rápidamente de lo que el protoplaneta describe la órbita en su derredor,
la estrella tenderá a desarrollar un abombamiento cuya gravedad
tirará del planeta hacia delante. Este efecto tenderá a lanzarlo hacia una
órbita mayor, deteniendo así su mortífera espiral hacia dentro.
Tal recurso hace que el protoplaneta mantenga precariamente la estabilidad de su órbita, logrando un delicado equilibrio entre el rozamiento del disco
y el tirón hacia adelante de la estrella giratoria. Incluso antes del descubrimiento
de los Júpiteres calientes, Lin había predicho que Júpiter tendría que haber caído
sobre el Sol durante su formación. Si así fuera, ¿cómo sobrevivió? Quizá nuestro
sistema solar contuviera otros "Júpiter" que realmente describieron sus espirales
hasta caer en el Sol, dejando a nuestro Júpiter como único superviviente.
Tal vez Júpiter se formase hacia el final de la vida de
nuestro disco protoplanetario o quizás éste no contuviera gas y polvo
suficientes para ejercer la fuerza de marea necesaria para arrastrarlo.
Puede que los discos protoplanetarios presenten gran variedad de masas,
desde unas pocas hasta varios centenares de veces la de Júpiter, en cuyo
caso la diversidad de los nuevos planetas pudiera corresponder a diferentes
masas o a diferentes períodos de vida de los discos, quizás incluso
a diferentes entornos, incluyendo la presencia y la ausencia de estrellas
próximas emisoras de radiación.
EXOPLANETAS POCO MASIVOS
Son exoplanetas cuya
masa no supera una décima parte de la de Júpiter. Por ejemplo 55 Cancri e
con a = 0,038 UA, T = 2,81
días, ε = 0,17
y M ·sen i= 0,044 7·MJ.
Se conocen pocos exoplanetas de este tipo debido a la
dificultat que aún existe para su detección. Cabe esperar que en los
próximos años su número aumente al entrar en funcionamiento nuevos equipos.
Entre ellos deberan estar los planetas con posibilidad de vida
extraterrestre semejantes a la Tierra.
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