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EL SOL |
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Imagen del Sol (NASA) |
El sistema solar está presidido por el Sol, una estrella enana amarilla situada en la secuencia principal del diagrama de Hertzsprung-Russell, de tipo espectral G2 V. Ocupa una posición bastante excéntrica en un brazo espiral de la Vía Láctea a 28 000 años-luz del centro galáctico. Se calcula que su edad es de unos 5 000 millones de años. Su radio es aproximadamente 696 000 km y su masa 2,0·1030 kg. La densidad mediana es de 1,4 g/cm3 y en su superficie se alcanzan temperaturas del orden de los 6 000 K.
El Sol pasará la mayor parte de su evolución en la secuencia principal consumiendo hidrógeno en su núcleo y transformándolo, por fusión nuclear, en helio, positrones y neutrinos. Dentro de unos 5 000 millones de años se agotará el hidrógeno y el Sol se convertirá en una estrella gigante roja, desprendiéndose de la mayor parte de su masa por la eyección de su envoltura y aumentando su tamaño hasta alcanzar la órbita de Marte. Finalmente, tras encogerse, terminará sus días como una densa y fría enana blanca.
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LOS PLANETAS |
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![]() Foto de familia de los planetas del sistema solar (NASA) |
Un planeta, según la Unión Astronómica Internacional, es un objeto en órbita alrededor de una estrella lo bastante pequeño para que la fusión del deuterio no pueda desencadenarse (unas 13 veces la masa de Júpiter). Orbitando el Sol podemos encontrar nueve planetas (puede hallarse más información en Nine planets, en la página de la NASA del sistema solar o en Vistas del sistema solar), casi todos, con excepción de Mercurio y Venus, con satélites, así como miles de asteroides, millones de cometas y otros cuerpos. En la siguiente tabla se resumen algunas de sus características más importantes. Los valores se han expresado en unidades que permitirán su comparación con las de los planetas extrasolares ya descubiertos (ver catálogo de planetas extrasolares). Como se observa en los datos que figuran en la tabla nuestro sistema solar se caracteriza por un conjunto de planetas de masas pequeñas, comparadas con la de Júpiter, grandes distancias al Sol (comparadas con la distancia Tierra-Sol, 1 UA), bajas excentricidades (las órbitas son casi circulares, excepto las de Mercurio y Plutón) y periodos orbitales elevados (de años o de muchos días). En cambio, los planetas extrasolares hasta ahora descubiertos son muy grandes, orbitan muy cerca de la estrella con periodos muy cortos y excentricidades mayores.
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Nebulosa de Orión (NASA) |
Hacia 1630 Descartes redactaba su Tratado del Mundo en el que expone la primera génesis científica del sistema solar a partir de su teoría de los torbellinos, que no fue publicada hasta el 1664, catorce años después de la muerte de su autor, por temor a las reacciones de la Iglesia. Desde luego la teoría de Descartes tiene el inconveniente de haber sido concebida algunos decenios antes que la teoría de la gravitación universal de Newton pero, al formular el problema con precisión, Descartes estableció las bases de las cosmologías llamadas evolucionistas. Postuló que el estado presente del mundo conserva las trazas de su origen y de su desarrollo y que por lo tanto se debe poder reconstruir su historia sometiendo su caos original a algunas leyes simples, y haciéndolo evolucionar sin hacer intervenir ningún tipo de catástrofes ni un milagro permanente. Siguiendo a Descartes se elaboró, a partir del siglo XVIII, la teoría estándar de formación del sistema solar que propone la formación de todo el sistema solar a la vez a partir de una nebulosa primitiva propuesta por Kant en 1755 y Laplace en 1796. Según esta teoría, una nube protosolar de gas, en rotación lenta, se contrajo por su propia gravedad mientras progresivamente aceleraba su rotación debido al principio de conservación del momento angular o cinético. A partir de cierto valor de la velocidad de rotación se desacoplaron anillos de materia que producirían planetas (y éstos sus satélites, por un procedimiento similar). Todos los planetas serían rocosos (telúricos, como la Tierra) en principio, formándose por agregación de granos de polvo. De este tipo son Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, además de Plutón que, sin embargo, parece que se originó de otra forma. Más allá de la órbita de Marte, la temperatura era suficientemente baja para que se formasen granos sólidos de agua, metano y amoniaco, por lo que los planetas en formación aumentaron su masa rápidamente. El incipiente Sol, que se estaba formando en el centro de la nebulosa, emitía un potente viento de partículas que empujaban hidrógeno y helio hacia el exterior del sistema solar, siendo captados por los planetas externos cuyo núcleo rocoso había crecido enormemente, por encima de 10 masas terrestres. Así nacieron los planetas gigantes, de atmósfera gaseosa, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. |
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Formación de un sistema planetario. |
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