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"...con
muchos instrumentos salen los atabores:
allí sale gritando la guitarra
morisca
de las voces aguda, de los puntos arisca;
el corpudo alaút, que tien’ punto a la trisca;
la guitarra ladina con éstos se aprisca;
el rabé gritador, con la su alta nota
"calbí garabí!" ba teniendo la su rota;
el salterio con ellos más alto que la mota;
la vyhuela de péñola con aquesto y sota;
medio caño et harpa, con el rabé
morisco,
entre ellos da alegranza al galopo Francisco;
la rota diz’ con ellos más alto que un risco,
con ella el taborete, sin él no vale un prisco;
la
vyhuela de arco fas
dulces vayladas,
adormiendo a las vezes, muy alta a las vegadas,
vozes dulces, sabrosas, claras e bien puntadas.
a las gentes alegra, todas tyene pagadas;
dulce
caño entero
sal’ con el
panderete;
con sonajas de
asófar, fase dulce sonete;
los órganos que
disen chansones e motete;
la "Hadedur’ albardana" entr´ellos
s’entremete;
dulcera e axabeba, el inchado albogón,
sinfonía e baldosa en esta fiesta son;
el francés odrecillo con estos se conpón;
la neciacha bandurria aquí pone su son;
tronpas e añafiles
salen con atabales;
non fueron tyenpo há plasenterías tales,
tan grandes alegrías, nin atán comunales;
de ioglares van llenas cuestas e eriales".
Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor
En el artículo anterior hablaba de
Gonzalo de Berceo y del amarillo jaramago, de la literatura en
lenguas vernáculas y su complejidad.
La expresión de
Cela… no puedo olvidarla, lo siento, se me quedó grabada de
un programa de televisión. He rescatado un comentario de texto
elaborado por mí hace un par de años ¡y ahí está otra vez! En
expresión recogida por una famosa jerga pandillera que acabó
expandiéndose como el que conquista… que pessee! [Pessee (*e y o): pesado, pelmazo. Org:
Manola]. Manola es una antigua alumna del Ángel de Saavedra,
citada en el Diccionario
como “persona concreta”; uno de los creadores y
difusores de aquella jerga, que figura dentro de “El grupo
de Marta” (hermana de Manola), aparece y desaparece entre
éstas páginas; el redactor y editor del Diccionario también, cómo no, estuvo en el instituto
aunque sólo fuese en la última etapa.
Yo
quería hablar del Libro de
Buen Amor, de los instrumentos musicales de la época, la
convivencia entre culturas, la candidatura de Córdoba como
Capital Europea de la
Cultura del 2016… ¡pero no puedo! Me
acuerdo de Carmen Calvo (ahora Ministra de Cultura y antes
Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía) como la reina
de los periódicos locales de Córdoba en los años de la
universidad; de una foto que tenían mis amigos en el patio de la
facultad donde se le veían los pilis (calcetines-media para
zapatos de señora, para el que no sea de mi pueblo o de mi edad);
de que cualquiera de nosotros soltaríamos un qué peor! [Peor: 1. Algo muy bueno. Ejemplo:
“voy a comerme un trozo de pizza peor”. 2. Algo
malo. Ejemplo: “qué peor eres”. 3. Estatus de
cualquier tribu urbana. Ejemplo: “mira, un peor”.
Org: 1. Grupo de Marta. 2. Grupo Velvet. 3. Samuel], o un Calzado de Mireia! [Mireia:
muy malo. Sólo se
puede aplicar en frases como complemento de un nombre rebuscado.
La mejor forma de entenderlo es mediante los ejemplos:
“Tocado de Mireia” (para un peinado o pelado muy
feo); “El ágape de Mireia” (para un almuerzo o comida
poco apetitosos); “El romance de Mireia” (para los
que no hacen buena pareja); etcétera. Org: Familia de Fran.
Mireia era una amiga muy fea de Pablo, hermano de Fran]. Esta
jerga, bastante extendida o, más bien, dispersada entre
diferentes grupos de jóvenes de Córdoba desde mediados o finales
de la década de los 90, aún perdura no sólo en la memoria de
quienes comenzamos a utilizarla y de nuestros amigos (normalmente
en la calle, pero también en casa). Todavía la empleamos en
cualquier circunstancia, no con tanta frecuencia, en función de
un proceso de selección basado en criterios personales, y en
mayor medida cuando hablamos entre nosotros (en realidad siempre
fue así, yo ni siquiera conozco muchas de las expresiones que
recoge el Diccionario1).
Para comprobarlo viérase rabigusti
y rabiosear; el lector
entendería lo que siento al sacar a relucir el amarillo jaramago
y el mármol del idioma una y otra vez.
Quería
hablar del Libro de Buen
Amor y, por aprovechar lo que ya está escrito, mi comentario
de texto y mi cabeza me llevaron por muchos sitios haciendo que a
veces me encontrara en un mismo punto: al detenerme en las tres
culturas que convivían en Castilla la Nueva en el
siglo XIV (la actual Castilla-La Mancha, excepto parte de
Albacete, y Madrid aproximadamente) enseguida recordé algún
eslogan publicitario y político de nuestra ciudad que me llevó a
la propuesta de candidatura para Capital Cultural Europea en
2016. Y lo que encontré apenas puede descifrarse sin esfuerzo:
N.º 193/01.- PROPOSICIONES
CONJUNTAS.- 5. CONJUNTA DE LOS TRES GRUPOS MUNICIPALES, IU-LV-CA,
PSOE Y PP, SOBRE CAPITALIDAD CULTURAL DE EUROPA 2016, PARA LA CIUDAD DE
CÓRDOBA.-
Dada cuenta de la Proposición
de que se trata cuyo tenor literal es como sigue: […]
La
jerga de la burocracia… donde se recoge prácticamente todo
lo que existe actualmente… lo que nos ahorraríamos en
honorarios de abogados, habilitados, administrativos, o
simplemente en facturas que a veces nos cuelan por ni siquiera
leer lo que está escrito en esta lengua. En fin, algo más
comprensible es lo que sigue:
“Córdoba, ciudad
milenaria y declarada Patrimonio de la Humanidad
en el año 1994, que a lo largo de su historia ha sido un símbolo
de convivencia, tolerancia y diversidad cultural, quiere aportar
a Europa su sentido universal, su patrimonio histórico y monumental
y su apuesta permanente por la convivencia, la tolerancia y el
respeto entre culturas, creencias e ideas”.
Quizá si fuese
profesora en Córdoba mis alumnos sabrían algo sobre la
capitalidad cultural, aunque sólo fuese a través del lenguaje
visual de los logotipos en mecheros y camisetas, incluso en joyas
unisex. En Cádiz no se sabe nada de esto, es un asunto
exclusivamente local: parece ser que Córdoba quiere ofrecerse al
mundo (al primer mundo) después de conseguir un título que da dinero
y tira del pasado para elaborar un proyecto turístico. No está
mal pensado pero es, como poco, curioso que la capitalidad
cultural europea esté enfocada a lograr que los hoteles se llenen
de japoneses (¡que no duerman en Sevilla!), en lugar de promover un
contacto cultural más intelectual y más humano. En cualquier
caso, sólo se habla de esto en Segovia, Cáceres, Tarragona,
Tenerife, Córdoba y Málaga (¡hermana traidora!), por ahora las
únicas aspirantes.
Dejaremos a un lado
las cuestiones de la
lengua vernácula y los ceñidos parámetros de la cuaderna vía por haber
sido tratados con suficiente profundidad en el comentario de la
obra de Berceo, escrita un siglo antes que el Libro de Buen Amor de Juan
Ruiz, el Arcipreste de Hita, otra de las obras esenciales de la
literatura medieval española en los tiempos de formación del
castellano (apareció por primera vez en 1330 y de 1343 data una
edición aumentada). Tampoco nos detendremos demasiado en la vida de Juan Ruiz que,
por otra parte, no está demasiado clara:
-
“Por sus obras los
conoceréis”. Nunca mejor que en este caso se puede aplicar
esta máxima bíblica, porque de Juan Ruiz no sabemos absolutamente
nada más que los datos que él mismo deslizó en su Libro de Buen Amor:
nombre, cargo eclesiástico y fecha de las dos ediciones del
libro.
-
Dos datos suelen aparecer como
destacados en todos los estudios sobre su obra: el buen humor que
se desprende de sus palabras y varias menciones a una estancia en
prisión. ¿Estuvo preso efectivamente el Arcipreste por orden de
la autoridad eclesiástica? Si lo estuvo ¿por qué causa? ¿Escribió
el Libro cuando se
hallaba encarcelado, o antes? Si antes ¿fue el Libro de Buen Amor la
causa del castigo? ¿No se referirá el autor, cuando menciona la
prisión, a la cárcel que supone el cuerpo para el alma?
Lo que conocemos de
Juan Ruiz es, precisamente, la
época en que vivió y el ambiente que lo rodeó y contribuyó a
formar sus ideas y su modo de entender la vida. Vivió en pleno
siglo XIV, en el centro de Castilla la Nueva,
habitada por cristianos, mudéjares y judíos de nivel social y
cultural bastante apreciados. En la intimidad, lecturas de
tratadistas europeos y en la iglesia sincera devoción ante un
Cristo gótico; en la calle, charlas con mudéjares, música
morisca, mercaderes judíos. Juan Ruiz pudo, desde su
arciprestazgo, relacionarse con unos y otros, escuchar, conocer,
sentir… respirando plenamente la atmósfera de su tiempo.
Coexisten en su obra la mística de la Edad Media
europea, el humor de sus juglares, la moralidad de sus
predicadores, la protesta rebelde de los goliardos y, muy
especialmente, la “espiritualidad táctil”, por así
decirlo, de los musulmanes, que no temen al placer carnal como a
uno de los enemigos del alma.
El legado cultural de
Alfonso X seguía vivo en la corte de su hijo Sancho, cuya capilla
musical también estaba formada por músicos cristianos y árabes.
No sólo eso: hacía poco más de un cuarto de siglo que el
“rey sabio” establecía relaciones políticas con el
imperio alemán. Es innegable que España no estaba aislada del
conjunto europeo, pero no es menos cierto que los musulmanes,
enemigos oficiales durante siglos por no cristianos y por
invasores, dejaban en su retirada cada palmo de terreno
impregnado en arabismo. En el flujo y reflujo de las fronteras,
en función de la marcha de la guerra (la reconquista llegaba ya a
su última fase), por mucho que la separación oficial existiese,
el roce y, por tanto, la influencia de todo tipo, llegó mucho más
allá de la implantación de métodos de cultivo, la manera de
ornamentar edificios o la forma de combinar una estrofa; llegó a
ser uno de los elementos psicológicos de lo español, al menos
desde el Duero hasta Tarifa. Y que todavía se respire el odio, el
racismo o la dejadez en las políticas de inmigración… que
en ciudades como Córdoba la Universidad
Islámica Internacional y la Biblioteca
de al-Andalus no las conozca ni dios… nosotros venga baños
árabes caros y catetos, y venga arcos de la mezquita en los
anuncios de las páginas amarillas.
Del fragmento que nos ocupa
se deduce la heterogeneidad cultural de la que venimos
hablando en tan sólo siete estrofas pertenecientes al pasaje Vencida y alejada doña
Cuaresma, triunfan don Carnal y don Amor (estrofas 1210 a 1314), concretamente se trata de los
instrumentos musicales que alegraban el acontecimiento
(estrofas 1228
a 1234), que no es otro que el fin de las
privaciones que manda la tradición cristiana en las vísperas y
durante la
Semana Santa (si no recuerdo mal, en un número
de la revista del instituto aparece la fórmula que explica el
ajuste de la
Semana Santa en nuestro calendario siguiendo el
ciclo lunar).
La mayor parte de la
información que podemos extraer acerca de la música profana medieval
a partir de este texto versa sobre los instrumentos que
configuraban su repertorio tímbrico. Y es que la entrada triunfal de don
Carnal y don Amor bien merece el despliegue musical más
completo que el Arcipreste pudiese describir, por lo que quizá no
sea exagerado considerar (siempre con cierta cautela) que en
estos versos el autor concentrase las tipologías básicas de
instrumentos que conocía directa e indirectamente. Textos como
éste encierran un valor incalculable para el estudio del timbre
en la música medieval, pues los instrumentos conservados son muy
escasos y casi ninguno ha llegado de forma íntegra.
La convivencia
cristiana y musulmana, al menos en el terreno cultural, se
refleja con claridad a lo largo de todo el fragmento con la mención
de instrumentos árabes y latinos, incluso dentro de una misma
estrofa:
-
Estrofa 1228: “allí sale
gritando la guitarra morisca […] la guitarra latina con
éstos se aprisca”. Es imposible saber cuál o cuáles eran
los rasgos de una y otra, pero parece ser que la guitarra morisca
nace en la península como producto del citado contacto cultural
(“mudejarismo organológico” en palabras de
investigadores como Fernández Manzano).
-
Ocurre algo parecido en los
primeros versos de las estrofas 1229 y 1230: “el rabé gritador,
con la su alta nota” y “medio caño et harpa, con el
rabé morisco”. Durante la Edad Media
se tocaban dos modelos distintos, en su forma y sonido, de este
cordófono, pero a pesar de sus diferencias está demostrado que el
rabel europeo es heredero del rabel árabe o rebab en algunas de sus características
organológicas.
-
La estrofa 1229 también contiene un
buen ejemplo del gusto por lo árabe: “el rabé gritador, con
la su alta nota / ‘calbí garabí!’ ba teniendo la su
rota”. Las palabras calbí garabí hacen
referencia a la canción árabe calvi
vi calvi / calvi arabi (“mi corazón vive en otro
corazón, mi corazón es árabe”).
-
Después de esta última apreciación
no es necesario seguir insistiendo en este tema, aunque podríamos
seguir citando instrumentos de origen árabe como el alfañil: una
trompeta recta de uso militar que fue introducida por los
musulmanes a mediados del siglo X.
Por otra parte, no
faltan referencias a instrumentos de procedencia estrictamente
europea como la cinfonia
o zanfoña y el odrecillo francés (el
aerófono que conocemos como gaita, supuestamente introducido por
los pueblos nórdicos), e incluso de origen oriental, como la dulcema (instrumento de
cuerda percutida de origen persa).
Podríamos seguir
analizando la gran diversidad de instrumentos musicales que nos
ofrece el texto, pudiendo extraer información sobre pequeñas
agrupaciones (“dulce
caño entero
sal’ con el
panderete”, lo que recuerda que en el folklore español
todavía tiene plena vigencia la relación indisoluble de ciertos
instrumentos de viento y percusión, como el txistu y el tamboril
vascos); e incluso datos acerca de la tesitura y las
posibilidades de algunos instrumentos (“allí sale
gritando la guitarra
morisca / de las voces aguda, de los puntos arisca”); hasta
puede que encontrásemos contradicciones si comparáramos con otros
textos, o meteduras de pata del propio autor por hablar demasiado
de algo que quizá no conocía muy bien… pero eso habría que
preguntárselo a Antonio, que es el que sabe de verdad.
Podríamos seguir
y seguir… y hablar de géneros (chanson, motete, trisca,
galopo francisco…) o detenernos en la reflexión
sobre la influencia de la música en el alma humana, tema tan
recurrente desde la Antigüedad Clásica, con la que concluye
el Arcipreste su gran cortejo de versos sonoros (que no son los
únicos en el Libro de Buen Amor, especialmente divertidos
son estos otros: “al carnero bien gordo mal cariz se le
pinta, / va gritando: ‘bee cuadro’ en voz y en doble
quinta”; eso bien puede valer como “chiste de
músico”):
“non fueron tyenpo há
plasenterías tales,
tan
grandes alegrías, nin atán comunales;
de
ioglares van llenas cuestas e eriales”
En
esta ocasión me he propuesto no hacer ni un amago de traducción.
Lo siento. ¿Quién me traduce a mí el lenguaje informático?
Ana del Moral,
Antigua Alumna
Profesora de Música
1 Cuando cuento estas cosas bien sabe Dios que
no es por chismorrear, “que es por referir”…
para que no se me pierdan. Porque son importantes para mí, sé que
puedo compartirlas, pero algo me impide “colgarlas”
en Internet. Así que si alguien siente curiosidad por el Diccionario sólo tiene que
pedírmelo, sólo una vez, y yo se lo mandaré por correo electrónico.
Opina:
antoninesdos@wanadoo.es
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