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OTRA PELI: “PRÁCTICAMENTE MAGIA”
Una familia
de brujas malditas desterradas a una isla, y condenadas más tarde
a ser apartadas de la sociedad, es el principio de
“Prácticamente magia”. Suena dramático, pero,
conforme la película avanza, te das cuenta de que es una comedia.
El sarcasmo y el orgullo con que las brujas se toman el estar
excluidas, el sentido familiar de cuidarse las unas a las otras y
la resignación por la maldición que matará prematuramente a
cualquier hombre que se atreva a amar a una de ellas.
Una de las lecciones
que se aprenden es que la familia es parte del alma de cada uno.
Y que necesitamos alejarnos de ella, deshacernos de las cadenas
que nos atan, para poder volver sabiendo que no puedes huir de la
herencia, y queriendo quedarte porque estás orgullosa de
pertenecer a tu familia. Otra de las moralejas de esta historia
encantada es que el amor de dos hermanas que se han criado juntas
es más fuerte que cualquier reto que se les presente, tanto si es
un novio violento al que acaban convirtiendo en muerto viviente,
como si es la disparidad de personalidades lo que las enfrenta.
Para poder liberar a
una de las hermanas cuando es poseída por el espíritu maligno del
novio al que mató, han de pedir ayuda a las amas de casa del
pueblo, las que durante años las temieron, y, sorprendentemente,
las señoras aceptan emocionadas la invitación y colaboran para
librarla. Y ahí la cuarta lección: a veces hay que pedir ayuda a
quien menos crees que te la prestará; quizás te sorprenda. Y la
última, y que sirve de trasfondo, es que hay que luchar por el
amor, que al fin y al cabo es lo que vale la pena y sobre lo que
se asienta todo lo demás.
“¿Qué harías
tu?”, le pregunta Sally a su
hermana cuando recibe una carta del investigador y hombre de su
vida contándole que las encubrió para que no se conociera su
secreto. “¿Qué no haría por el amor de mi vida?”,
responde ella dejándolo claro. Y es la verdad: si no luchamos por
eso, ¿por qué vamos a luchar?
Belén
Rosales, 2º Bach B
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