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EL SILENCIO
El
silencio, la disminución máxima de los estímulos auditivos que
nos llegan, no es, contra lo que suele afirmarse, algo demasiado
deseable. El silencio en la naturaleza está casi siempre asociado
al miedo y a la muerte. Nos desasosiega. Lo que sí parece que
anhelamos es poder
disfrutar de un entorno sonoro agradable.
En su Epístola LVI a Lucilio, Séneca se quejaba de la desazón
que le producen diversos ruidos. Como suele ocurrir con los
clásicos, el texto está lleno de modernidades; por ejemplo, la de
concebir el ruido más como un fastidio que como un valor mensurable. No se trata
de volumen objetivo, sino de subjetiva molestia. A Séneca, que
vivía encima de unos baños públicos, le agobiaba enormemente el
jadeo de los atletas y hasta el frotar de la mano en el cuerpo al
aplicarse los ungüentos. No puede evitar, a la vez que denuesta
el ruido, la crítica de las actitudes que lo provocan y la
ridiculización de sus protagonistas. El mismísimo Adagio de Samuel Barber puede ser ruido si lo tenemos que
escuchar no por decisión propia, sino por voluntad de un vecino.
Y el ruido de la moto con escape libre es gloria para el macarra
que la conduce. Hay otras cosas interesantes en el texto de
Séneca. Habla del desagrado de la voz humana inoportuna, que
suele ser mayor que el de otros rumores. Dice que la voz requiere
la atención del espíritu, mientras que el ruido de los carros,
por ejemplo, sólo llena los oídos. También opina que los ruidos
intermitentes o discontinuos le perturban en mucho mayor grado
que los continuos. Los “orgasmos” de los gatos a
mitad de la noche no sólo nos despiertan, sino que a veces me
alteran hasta la taquicardia.
Así pues,
partimos de que el silencio ni existe, ni es deseable; y de que
sería más acertado hablar de entorno
sonoro agradable y de su contraria: la contaminación acústica. Frente a lo que suele
creerse, el entorno sonoro puede diseñarse. Antiguamente, la
gente era muy consciente del diseño de determinados entornos; en la Edad Media,
los reyes y la
Iglesia, por ejemplo. Los sonidos más fuertes
que se escuchaban estaban normalmente asociados a la Iglesia: el
sonido de las campanas o del órgano, que podría ser la máquina
sonora más potente de la era preindustrial.
Es
un poco paradójico que hoy día exista una preocupación grande por
el ruido entre la población de las ciudades y que a la vez los
arquitectos sigan diseñando espacios públicos hechos casi
exclusivamente con materiales duros. Esas plazas como gigantescas
tortas de hormigón. Un jardín, aunque sea pequeño, con tierra en
el suelo, árboles, pájaros, fuentes, como el de Colón, parece
estar pasado de moda. Que muchos arquitectos carecen de la
modestia mínima necesaria para considerar que un árbol de más de
diez años vale más que su idea (aparentemente, de no más de diez
minutos) es cosa bien sabida; pero ¿nadie puede controlarlos?
Lo mismo
pasa en las escuelas: las clases no tienen alfombras, ni
cortinas, ni nada absorbente en las paredes ni en el techo. La
reverberación es agobiante. Esta despreocupación por aspectos
elementales debe ser la causa de que España esté a la cabeza
(tras Japón) de países ruidosos. En España se calcula que al menos 9 millones de
personas soportan niveles medios de 65 decibélios
(db).
Las
principales fuentes de contaminación acústica en la sociedad
actual provienen de los vehículos de motor, que se calculan en
casi un 80%; el 10% corresponde a las industrias; el 6% a
ferrocarriles y el 4% a bares, locales públicos, pubs, talleres industriales, etcétera. Desde
hace pocos años el fenómeno conocido como "movida"
juvenil provoca, en diversas zonas de las grandes ciudades,
graves problemas entre los habitantes de esos espacios
residenciales, que han de soportar contaminación acústica
procedente de vehículos, aparatos de música y las emisiones
sonoras de los participantes en la "movida".
Los efectos
sobre la salud parecen ser similares a los asociados al miedo y
la tensión, con un aumento de pulsaciones, modificación del ritmo
respiratorio, tensión muscular, presión arterial, resistencia de
la piel, agudeza de visión y vasoconstricción periférica. Estos
efectos no son permanentes, desparecen al cesar el ruido, aunque
pueden presentar estados de nerviosismo asociados y no hay
constancia de que puedan afectar a la salud mental. La pérdida de
audición inducida por el ruido es irreversible por la incapacidad
de regeneración de las células ciliares
de la audición. La sordera podría aparecer en casos de soportar
niveles superiores a 90 db y de forma
continuada. Además, el ruido puede causar efectos sobre el
sistema cardiovascular, con alteraciones del ritmo cardíaco,
riesgo coronario, hipertensión arterial y excitabilidad vascular
por efectos de carácter neurovegetativo. Sobre las glándulas
endocrinas, con alteraciones hipofisiarias
y aumento de la secreción de adrenalina. En el aparato digestivo
puede generar un incremento de la enfermedad gastroduodenal
por dificultar el descanso. En general puede ser negativo para
otras afecciones, por incremento inductor de estrés, aumento de
alteraciones mentales, tendencia a actitudes agresivas,
dificultades de observación, concentración, rendimiento y facilita
los accidentes.
Los expertos indican que la
mejor solución contra este modo de contaminación sería incorporar
un estudio de niveles acústicos a la planificación urbanística,
con el fin de crear "islas sonoras" o insonorizar los
edificios próximos a los "puntos negros" de ruido, pero
ello conlleva un coste elevadísimo. Es más eficaz adoptar medidas
preventivas, ya que, económica y socialmente, son más rentables.
Hay que potenciar campañas de educación medio ambiental, para que
todos contribuyan y exijan la disminución de los niveles de
ruido.
En
cuanto a los niveles racionales, las cifras medias de las
legislaciones europeas, marcan como límite aceptable 65 db durante el día y 55 db
durante la noche, ya que la capacidad auditiva se deteriora en la
banda comprendida entre 75 db y 125 db y pasa a un nivel doloroso, cuando se
superan los 125 db, El umbral de dolor
llega a los 140 db.
Cuando
llega la
Primavera uno puede reflexionar, dejando pasar
el tiempo sentado en el banco de un jardín, sobre los sonidos que
le gusta escuchar y los que no. Y exigirlos a la autoridad competente.
Antonio Torralba
Opinión de Jesús Nieto
Opinión de Ana del Moral
Opinión de Fran Martínez
Opina tú
también: antoninesdos@wanadoo.es
ALGUNOS RUIDOS Y SUS NIVELES
- Pájaros trinando: 10 db
- Claxon automóvil: 90 db
- Rumor de hojas de árboles: 20 db
- Claxon autobús: 100 db
- Zonas residenciales 40 db
- Interior discotecas: 110 db
- Conversación normal: 50 db
- Motocicletas sin silenciador: 115 db
- Ambiente oficina: 70 db
- Taladradores: 120 db
- Interior fábrica: 80 db
- Avión sobre la ciudad: 130 db
- Tráfico rodado: 85 db
- Umbral de dolor: 140 db
MÁXIMO PERMITIDO DE RUIDOS EN EDIFICIOS
PUBLICOS
- Hospitales: 25 db
- Bibliotecas y Museos: 30 db
- Cines, teatros y Salas de conferencias: 40 db
- Centros docentes y Hoteles: 40 db
- Oficinas y despachos públicos: 45 db
- Grandes almacenes, restaurantes y bares: 55 db
Más información
http://www.ruidos.org
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