Una de las características esenciales
del Barroco es la entrada triunfal del timbre como parámetro de la composición.
Los compositores empiezan a pensar en timbres concretos, en
instrumentos como los que muestra esta naturaleza muerta de Baschenis.
Tres laúdes, un violín y un violonchelo, que en este tipo de pinturas
(muy frecuentes en el XVII) hablan al espectador de la fragilidad de
la vida. Memento mori, se decía: recuerda que has de morir.