La polifonía religiosa del Renacimiento es la que
pone el contrapunto imitativo al servicio de
Dios. Y ahí la vemos en este panel de un retablo de la Iglesia de San
Vicente de Sarriá. La música no sólo sirve para aumentar el esplendor
del culto, sino la propia fe de los fieles. Así lo reconocía, por
ejemplo, nuestro gran polifonista Tomás Luis de Victoria, quien sin embargo no deja de
advertir que la música de su tiempo sirve también a fines depravados
(Quippe ea improbi quidam, ac prauis moribus imbuti homines abutuntur). Y es
que la época del antropocentrismo significa también la eclosión de la
polifonía profana y la primera juventud de la música instrumental,
como veremos en los siguientes capítulos.