La polifonía profana tenía su sitio natural en la
fiesta. Observemos esta escena ya de los finales del Renacimiento. Hay
cuatro cantantes cada uno con su libro. Hay que saber que normalmente
la polifonía se escribía no en partitura (todas las voces agrupadas
en sistemas), sino con las partes por separado; es decir, había un
libro con la parte de soprano (que en este caso quizás está siendo
doblada por el rabel), otro con la parte de bajo (que quizás dobla el
bajón), etc. ¿Y qué hace el laudista que ha
dejado el estuche sobre una corneta curva en el suelo? Presumiblemente,
y aprovechando el carácter homofónico de
estas polifonías profanas, está haciendo acordes resumiendo todas las
voces a partir del bajo. Por eso lee del mismo libro que el bajón. De
esa costumbre irá surgiendo poco a poco la técnica que caracterizará
toda la época siguiente: el bajo continuo.