Casi todos los músicos de casi todas las épocas han
coincidido en considerar a Bach el más grande de los compositores de
todos los tiempos. De todos los retratos conservados se piensa que
éste, realizado poco antes de su muerte (1746) es el único auténtico.
Cuando sus restos fueron exhumados a mediados del siglo pasado para
ser trasladados a la iglesia de Santo Tomás de Leipzig,
el filósofo Emil Cioran
pudo verlos. Y escribió en su obra Ese maldito yo: "Bach
en su tumba. Lo vi, como tantos otros, por una de esas indiscreciones
a las que los enterradores y los periodistas nos tienen
acostumbrados, y desde entonces pienso sin cesar en las órbitas de su
calavera, que no tienen nada de original a no ser que proclaman la
nada que él negó". (Citado en Ramón Andrés, Johann Sebastian Bach. Los días, las ideas y los libros,
p. 73)