Uno se imagina más o menos lo que
San Francisco le está contando a los pájaros: catequesis (¿habría
otros recibiendo alternativa
o cultura religiosa?). Pero
¿qué responden ellos? Los pájaros cantan. Y Gonzalo de Berceo
(algunas décadas antes de que se pintara este fresco genial) nos dice
muy claramente cómo cantaban por entonces las aves:
Yaçiendo a la sombra perdi
todos cuidados,
Odi sonos de
aves dulçes e modulados:
Nunca udieron
omnes organos mas
temprados,
Nin que formar pudiessen
sones mas acordados.
Unas tenien
la quinta, e las otras doblaban,
Otras tenien
el punto, errar non las dexaban,
Al posar, al mover todas se esperaban,
Aves torpes nin
roncas hi non se acostaban.
Las aves “que tenían el
punto” no es que hubieran picoteado hierbas raras. Quiere
decirnos el poeta que ésas cantaban la voz principal (normalmente,
una melodía gregoriana), ya que “punto” significa
“nota” (de ahí, la palabra “contrapunto”). Y
luego había dos voces más: una a la quinta y otra a la octava. Y eran
paralelas, porque “al posar, al mover todas se
esperaban”. ¡Eso es un organum!
Un comentario sobre el texto de Berceo