Por Navidad - Historia de la Música Bachillerato la

 

NESCIO

 

Una vez más me dirijo a vosotros, a los que os interesa lo que escribo, o simplemente para aquellos que me leen por primera vez. Para expresaros nuevos pensamientos, algunos que me han rondado la cabeza últimamente y otros ya reflexionados anteriormente y que simplemente tienen relación con lo que voy a escribir.

    La historia comienza con la proximidad de aquellas fiestas en las que Jack se da cuenta de lo que realmente es, y finaliza con una interesante pregunta que alguien me hizo un día especial: ¿la ignorancia y la estupidez se contagian? Parece una historia bastante corta, ¿no? Pero si ya alguno de los que estáis leyendo este escrito ha comprendido de qué estoy hablando, sabrá que es algo de reflexión profunda, temible por sus posibles consecuencias, mas siempre positiva ante este mundo que nos rodea.

    El ser humano es un espécimen muy ambiguo. Por un lado es un ser sociable, pero a la vez egoísta por naturaleza; y de igual modo pasa en su interior. Me explico. Toda persona busca respuestas, las necesita, pero nos asusta en muchas ocasiones lo que podamos descubrir. Miedo que con el tiempo se descubre absurdo, porque todo lo malo con tesón acaba por convertirse en bueno y todo lo bueno puede llegar a ser mejor de lo que era. En realidad, el pensamiento y la inteligencia humana son contrarios a la naturaleza de las cosas, ya que, si nos fijamos en el medio, la evolución crea un pensamiento e inteligencia ordenados entre el resto de especies, excepto la humana, que no se ordena con ninguna, porque no quiere, pero ya llegaran las consecuencias.

    El mayor misterio de la humanidad es el de conocerse a uno mismo. Es tarea ardua, imposible la llaman algunos… No sé, espero descubrirlo. Pero no deja de asombrarme la vanidad de nuestros actos, producido todo ello por nuestra despreocupación y temor acerca de lo que cada uno es y siente.

    Por lo menos ya acabó la Navidad, un claro ejemplo de la degradación social de hoy en día. A todos aquellos que crean en el nacimiento de Jesús así como en su mensaje más sincero, nada tengo que reprocharles. Pero en cambio puedo mostrar mi ─ llamémoslo por no decirlo de otra forma ─ desacuerdo con las personas que se sirven de estos días que han pasado, que deberían ser los más solidarios y profundos del año, para convertirlos en los más egoístas; que los aprovechan para intentar dar una explicación banal y material a nuestra existencia dentro de este mundo carroñero del que por gracia/desgracia somos partícipes sin saberlo algunos. Y de igual modo que estas actitudes suelen nacer en estas fechas, sólo las negativas permanecen, en su minoría ─ demos gracias a que no son más ─, desbancando una vez más  las ilusiones y proyectos de gente solidaria.

    Y a la pregunta con la que termina el relato, mi respuesta queda invariable. Desgraciadamente si, la ignorancia y la estupidez se contagian como tantas otras cosas, mas el simple hecho de descubrir esta situación es marca suficiente de inmunidad ante ella. Gracias a que esta circunstancia de intentar plantear seriamente esta pregunta, denota ese punto de valentía ante el mundo, necesario para plantarle cara a él como a uno mismo y de una vez por todas SER FELIZ.

     Creo que no me queda nada más que decir. Si habéis sido capaces de aguantar hasta aquí, espero que os haya merecido la pena la lectura. En cualquier caso sólo espero que estas palabras ─ quizá con sentido sólo para mí ─ provoquen en vosotros un mínimo sentimiento de inquietud para preguntaros a vosotros mismos si sois ignorantes o no. No en el saber, sino en la actitud.

 

Jesús Nieto, 2º A

 

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