Quignard - Historia de la Música Bachillerato Selectividad

 

"En el mundo europeo, hasta 1914, el gallo anunciaba el alba, el perro el extranjero, el corno la caza, el carillón de la iglesia marcaba las horas, la trompa la diligencia, el tañido fúnebre la muerte, el guirigay el segundo matrimonio de las viudas, las flautas y el tambor el sacrificio de alguna efigie carnavalesca. Los extraños violines de los músicos ambulantes señalaban la fiesta anual y acompañaban tandas de juegos tan añejos como la prehistoria. Para escuchar música escrita había que esperar la misa solemne del domingo [...] Lo que era una rareza es hoy más que una frecuencia. Lo que era extraordinario ha trocado en un asedio que asalta sin fin la ciudad y el campo [...] La música, no por el incremento de su uso (su uso, por el contrario, se enrareció), sino por el de su reproducción y audiencia, franqueó la frontera que la oponía al ruido [...] Cuando la música era escasa, su convocación era tan perturbadora como vertiginosa su seducción. Cuando la convocación es incesante, la música se torna repulsiva: el silencio atrae y se vuelve solemne".

(Pascal Quignard, El odio a la música)

 

Este texto gira en torno al concepto y función de la música a partir del siglo XX.

          Los medios de reproducción musical han puesto de manifiesto la delicada relación entre música, silencio y ruido: al permitir la difusión masiva en el tiempo y el espacio han desvinculado a la música de la función y contexto a la que estaba unida y que la regulaba. La música se vuelve ruido fútil sin el equilibrio del silencio.

          Encontramos términos clave como: música escrita, música, ruido, silencio, reproducción, audiencia, escucha. El texto intenta principalmente definir las relaciones que se dan entre dichos términos a partir del siglo XX. Junto a estos términos clave aparecen otros secundarios y estrechamente relacionados con los primeros, pues los concretan. Se refieren a funciones de la música (anunciar, marcar, señalar, acompañar, convocar) y cualidades de la música (extraordinaria, seductora, perturbadora, repulsiva, asediante). Por último también encontramos, a modo de ejemplo términos referidos a instrumentos: corno, carillón, trompa, flautas, tambor, violines…

          El texto confronta dos conceptos, no siempre opuestos a lo largo de la historia, de la función de la música:

          -La concepción ética: la música incide en el comportamiento humano. Tiene por tanto una relevancia educativa para el hombre y la sociedad y debe regularse.  La escuela pitagórica (s. VI a. C) y Platón (427-347 a. C) son los primeros en sistematizar esta teoría. Y dando un gran salto nos encontramos en pleno romanticismo con ideas similares: la música es el lenguaje universal, filosofía última, lenguaje de los sentimientos, etc...

          -La concepción hedonista: la música genera un placer sensible cuyo fin se agota en sí mismo; no produce conocimientos, ni transmite información o expresa sentimientos. Teoría defendida por las filosofías epicúreas y escépticas del período helenístico (s. IV- I a. C). El siglo XX comienza en sus felices años 20 afirmando esto mismo (antirromanticismo, neoclasicismo); reaccionaba contra el romanticismo en sus últimas e inacabables versiones y demandaba la recuperación de lo trivial en la música.

          El autor se decanta por la concepción ética de la música: atribuye a la música un gran poder sobre el comportamiento humano. La música puede ser extraordinaria, seductora, perturbadora; pero también  repulsiva y asediante hasta metamorfosearse en ruido. La verdadera música, parece decir el autor, tiene una función concreta en el seno de la sociedad: marcar las horas, señalar la fiesta anual, acompañar los juegos, etc... Aquí, como en Platón, lo bello siempre está unido a lo bueno.

          La música deviene ruido cuando, desvinculada de su función social (de su uso), se difunde masivamente para su reproducción y audición como un objeto de consumo.

          El texto está estructurado en dos partes:

          1ª parte (se corresponde con el primer párrafo):

          La fecha de referencia es 1914, año en que comienza la Primera Guerra Mundial. Así resalta la imagen del siglo XX como el siglo de los adelantos técnicos al servicio de la destrucción; idea que desarrollará en la segunda parte del texto.

          Antes de 1914 el término música hacía referencia sobre todo a la música popular, aquella que ligada a fiestas y ritos se transmitía oralmente y estaba sujeta a la improvisación y participación de todos, sin diferenciación apenas entre compositor-intérprete-público; era la música como participación. La música escrita, era la excepción reservada a los acontecimientos solemnes: la misa del domingo o el concierto (sucedáneo de la misa en muchos aspectos).

          2ª parte (se corresponde con el resto del texto):

          El siglo XX supone un enorme desarrollo de la tecnología y los medios de comunicación. La invención del gramófono (Edison, 1877) y los posteriores medios de reproducción sonora han afectado profundamente a la naturaleza de la música: la democracia de la reproducción sonora convierte a la música en algo ordinario, desvinculado de una función concreta que no sea la de la audición (que no escucha) superficial. 

          La difusión masiva, en el tiempo y el espacio, de la música destruye su naturaleza extraordinaria y la convierte en algo dañino; al igual que la energía nuclear puede convertirse en algo beneficioso o en algo tremendamente nocivo según el uso que se le dé.

          La estructura del texto es clara y las ideas están expresadas de forma concisa. En la primera parte del texto expone con muchos ejemplos una primera idea (la función de la música antes de 1914) que por contraste le sirve para perfilar la segunda (la función de la música desde 1914).

          La segunda parte está articulada por dos grupos de frases paralelas (lo que era una rareza /lo que era extraordinario...cuando la música era escasa /cuando la convocación era incesante) que enmarcan la frase que sintetiza mejor la idea principal del texto:

           “La música, no por el incremento de su uso (su uso, por el contrario, se enrareció), sino por el de su reproducción y audiencia, franqueó la frontera que la oponía al ruido.”

          Aunque por su contenido parece tratarse de un ensayo, el estilo es bastante literario huyendo del uso de términos técnicos.

          El tono es a veces sentencioso, pretende convencer.

          El texto hace una buena (y bonita) síntesis de la trayectoria que ha seguido la música en este último siglo. La música popular de participación colectiva prácticamente ha desaparecido en las sociedades industrializadas. La música de concierto (popular o culta, escrita o no) mantiene su excepcionalidad. Y sobre ellas dos se yergue aplastantemente el dominio de la música enlatada que va con nosotros a todas partes, querámoslo o  no. 

          La única puntualización que haría sería reservar el término ruido para esta última clase de música, y sólo cuando la oímos de forma no voluntaria; que, ahora sí de acuerdo con el autor, es la mayor parte de las veces.

          El autor parte de la idea de que el oído es el menos libre de los sentidos (“los oídos no tienen párpados” dice en otra parte del libro); por ello genera una especie de obediencia (palabra etimológicamente relacionada con “oír”: ob-audire, ob-audientia). Si la música siempre se ha usado para dominar (monarquía absoluta-Barroco, por ejemplo), con la proliferación del altavoz y los usos abusivos de la música grabada los poderes pueden ejercer un dominio ilimitado: Cuarenta Principales, utilización en hipermercados…

           Sin llegar a ser opiniones contrarias, creo necesario recordar a:

          -La música concreta, electroacústica y electrónica: basadas en el uso de medios electrónicos que permiten manipular y crear nuevos sonidos y ruidos. Surgidas todas en pleno siglo XX, en ellas desaparecen casi el contexto del concierto, el intérprete y el público; son los aparatos de reproducción sonora los que comunican al compositor con el oyente.

          -Glenn Gould y Los Beatles: pioneros en el abandono del concierto público a favor del disco grabado en estudio, por la perfección y sobre todo experimentación técnica que permite este último en detrimento de la inmediatez del directo.

           -Los futuristas: Luigi Russolo proponía en El arte de los ruidos “ampliar y enriquecer cada vez más el campo de los sonidos [...] Esta necesidad y esta tendencia no podrán ser satisfechas sino añadiendo y sustituyendo los sonidos por los ruidos”

           -Erik Satie: del cual transcribo casi íntegro un fragmento de su Mobiliario musical por considerar  que dice mucho más del texto que todo lo que yo he ido diciendo:

          “La “Música de mobiliario”  es básicamente industrial. Por costumbre-usualmente-se pone música en ocasiones en que la música no pinta nada. [...]

          Nosotros queremos lanzar una música compuesta para satisfacer las necesidades “útiles”. El arte no entra dentro de esas necesidades. La “Música de mobiliario”  crea vibración; no tiene otra finalidad; desempeña la misma función que la luz, el calor y el confort en todas sus formas.  [...]

           No entre en una casa en que no se utilice la “Música de mobiliario”.

          Quien no haya escuchado todavía la “Música de mobiliario”  no conoce la felicidad.

          No se duerma sin escuchar la “Música de mobiliario”  o dormirá usted mal.”

          Coincido con el autor en reconocer la gran influencia (positiva o negativa por tanto) que ejerce la música sobre el ser humano. Sin embargo, opino que la saturación “musical” que vivimos es parte de un fenómeno más complejo en el que incluyo otros como la contaminación lumínica y visual, la contaminación atmosférica, la contaminación de los medios de comunicación. Las ciudades y campos no sólo están asediados por el ruido sino también por centenares de anuncios y pancartas unos con luces intermitentes, otros de tamaños inverosímiles, que lo tapan y estropean todo; por no hablar de la preocupante contaminación lumínica gracias a la cual para ver las estrellas tienes que coger el coche.  ¿Y qué decir del asedio de los datos e “informaciones”, de los medios de comunicación?

          Sin embargo es necesario subrayar que es más fácil evadirse de los asaltos visuales que de los auditivos puesto que podemos cerrar los ojos pero no los oídos. Desde luego el don de la austeridad escasea en este “primer mundo”. Y el silencio, la paz y la tranquilidad es patrimonio de aquel que pueda pagárselo.

          Todo este bombardeo a los cinco sentidos consigue dejarnos lo suficientemente ocupados como para no ser críticos con respecto a este fenómeno (y muchos otros). Tendremos que esforzarnos para recuperar nuestros sentidos, que no está de más recordar son indispensables para producir sensación, sentimiento, conocimiento...

          Este texto, aún siendo especialmente indicado para la asignatura de música, podría ser incluido también en otras asignaturas, pues su contenido se adapta muy bien a objetivos de las contenidos transversales, como los valores cívicos y éticos, el desarrollo sostenible, o la utilización del tiempo de ocio  y hábitos de consumo y vida saludables.

          Entre los objetivos generales de la ESO encontramos:

          h) Conocer y valorar el desarrollo científico y tecnológico, sus aplicaciones e incidencia en el medio físico, natural y social, y utilizar las tecnologías de la información y la comunicación en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

          En los objetivos generales de Bachillerato aparece:

          c) Analizar y valorar críticamente las realidades del mundo contemporáneo y los antecedentes y factores que influyen en él.

          Los objetivos de la asignatura de música para la ESO que tienen una mayor relación con el texto son:

          4. Utilizar de forma autónoma y creativa diversas fuentes de información musical (partituras, textos, audiovisuales, etc…)

          5. Adquirir el vocabulario que permita explicar de forma oral y escrita los procesos musicales y establecer valoraciones propias.

          8. Conocer las distintas manifestaciones musicales a través de la historia y su significación en el ámbito artístico y sociocultural.

          Los objetivos de Historia de la Música en Bachillerato que se relacionan de una forma más directa con este texto son:

          1. Reflexionar acerca de las múltiples manifestaciones que se producen en la sociedad y valorar sus aportaciones

          4. Percibir la música como una manifestación artística inmersa en la historia, considerando la influencia de factores de tipo cultural, económicos y políticos en el proceso creativo.

          5. Comprender el proceso de creación y difusión de las obras musicales a través de los diversos medios y cauces de comunicación.

          6. Utilizar los medios audiovisuales y las tecnologías de la información y la comunicación de forma creativa, valorando sus posibilidades y su papel como fuente de información y conocimiento.

          7. Adquirir un léxico que permita expresar de forma oral y escrita los procesos musicales y su relación con el entorno cultural.

          9. Conocer y utilizar críticamente los principales recursos musicales del entorno como medio para el estudio.

          En 3º de E.S.O hay un núcleo de contenidos en torno la música popular y los medios de comunicación y otro sobre la música en el tiempo. Se podría utilizar  este texto bien como introducción o como colofón al tema de la música en el tiempo. Es decir, o partir de la naturaleza de la música en el siglo XX y su estrecha relación con los medios de comunicación y entonces hacer una historia de la música desde un punto de vista sociológico (funciones de la música a lo largo de la historia, protagonistas, medios de difusión...); o bien,  no olvidar lo sociológico  pero tampoco priorizarlo, y realizar una historia de la música más centrada en el repertorio hasta llegar al siglo XX donde lo sociológico ocupará un papel protagonista.

         En mi opinión la primera opción sería más estimulante para los alumnos. Utilizaría el texto emparejado con el de Satie que he reseñado más arriba, para comentarlos ambos en conjunto, como introducción a una serie de actividades. Un grupo de alumnos podrían salir a la calle con una cámara de vídeo o una grabadora para grabar el ruido ambiental en zonas céntricas, y luego tras la audición  y análisis en clase, realizar todos un debate. Otro grupo podría buscar información sobre los niveles de ruido permitidos en zonas urbanas y toda la problemática en torno al ruido consultando con asociaciones de afectados por el ruido, o buscando en hemerotecas y en internet.  Otro aspecto interesante sería el ruido como material artístico. En Córdoba hay un festival de creación anual, Sensxperiment, que en su vertiente sonora suele dedicar un espacio a la música electroacústica, concreta, acusmática, etc...

          En la asignatura de Historia de la Música que se imparte en Bachillerato hay un bloque de contenidos referidos a la Música y Sociedad en el siglo XX, dentro del cual se contemplan temas como la música y las nuevas tecnologías de información y comunicación; el sonido grabado y su evolución; la incidencia de los medios de difusión en la música “ligera”; o la música de consumo hasta nuestros días.

          El comentario de este texto sería una buena introducción para una unidad didáctica que tratara sobre los usos y funciones de la música en el siglo XX y el papel de los medios de comunicación en dichos usos.

          Se podría realizar una clasificación de las funciones de la música a lo largo de la historia recurriendo a bibliografía especializada. Partiendo de esta clasificación nos centraríamos en las funciones que se le dan a la música en el siglo XX y cómo los medios de reproducción sonora han contribuido a estandarizar los usos que se le da a la música.

          Se podría  analizar el uso de la música en la publicidad (anuncios, hilo musical en centros comerciales).

          Por último sería interesante investigar sobre la contaminación sonora: partiendo del análisis del concepto de percepción musical y la indefensión auditiva, se podría contextualizar el tema en la ciudad de Córdoba e investigar la situación de las ZAS (Zonas Acústicamente Saturadas) y si existen o no diseños acústicos de recintos y paisajes urbanos

          El autor del texto es el escritor y musicólogo Pascal Quginard (Verneuil-sur-Avre, 1948). El texto pertenece al ensayo El odio a la música, obra donde según el autor “Interrogo los lazos que mantiene la música con el sufrimiento sonoro."

          La musicología en la segunda mitad del siglo XX ha primado una historia de la música no centrada únicamente en el repertorio y la obra musical como un objeto autónomo (modernismo), sino desde un punto de vista sociológico, teniendo en cuenta aspectos humanos y sociales relativos a los procesos musicales y entendiendo la música como una actividad social (posmodernismo).

         Este breve texto dice mucho con pocas palabras. Conecta con temas  de gran interés para el desarrollo de contenidos conceptuales, procedimentales y especialmente actitudinales en ESO y en Bachillerato: la evolución de los medios de transmisión y difusión musical a lo largo de la historia, y cómo afectan dichos medios a la propia naturaleza de la música alterando sus contextos de escucha y sus funciones; el papel en el siglo XX  de los medios de reproducción sonora que han traído consigo  no sólo ventajas sino también inconvenientes: la contaminación sonora y el detrimento de la escucha en favor de la audición superficial y mecánica.

 

Clara Cantador Hornero

Profesora de Música

 

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