Como pasa con tantas cosas
humanas, unos siglos después de inventada, la polifonía se apasiona,
se desarrolla hasta niveles de complejidad inauditos. También se ha
dicho: hasta la decadencia. Cinco cantores de polifonía ars subtilior,
la tendencia polifónica de finales de la Edad Media,
necesitan coordinar la difícil rítmica de cada voz mediante gestos de
las manos. Y expresan ese esfuerzo, esa pasión con todo el cuerpo. Estamos,
sin embargo, a un paso del Renacimiento, estilo que intentará poner
todos esos hallazgos técnicos del canto a varias voces al servicio de
la expresión otra vez sencilla del texto.