EL REINO ARAGONES Y SU EXPANSION TERRITORIAL
          

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El rey Ramiro II "el Monje" encontró una solución para resolver el grave problema de la sucesión dinástica en el reino Aragonés. Entregó a su hija Petronila, de apenas un año de edad, como esposa de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. El 11 de agosto de 1137 se pactaron los esponsales en Barbastro.

La futura esposa aportó "el reino de Aragón en su integridad", pero Ramiro de reservaba el derecho de "ser rey, señor y padre en el citado reino y en todos tus condados (del conde de Barcelona) mientras me plazca". Se estaba gestando el nacimiento de la Corona de Aragón, que desempeño un papel trancendental en el desarrolo de la historia peninsular e internacional. A causa de la edad de Petronila, la ceremonia tuvo lugar trece años más tarde (1150) en la catedral de Lérida.

La unión dinástica con la casa de Barcelona propició la consolidación y continuación de las conquistas territoriales frente al mundo andalusí. Desde los esponsales, Ramón Berenguer IV actuó indistintamente como conde de Barcelona y príncipe de Aragón ( 1137 - 1162 ). Una vez asegurada su situación política en el Reino y fortificada la frontera meridional, prosiguió la expansión territorial, paralizada desde la muerte de "El Batallador" ( 1134 ). Lanzó su ofensiva bélica sobre las tierras del Valle del Ebro : Sariñena, Pina y Velilla de Ebro fueron recuperadas en 1141 ; también Chalamera y Alcolea de Cinca. En 1142 recobró Monzón y, seguramente, Zaidín y Tamarite. Además, y para fortalecer la extremadura aragonesa, se reocupó la ciudad de Daroca, semidesértica y abandonada tras la muerte de Alfonso I, y mediante fuero, se procedió a su repoblación y organización.

 

LOS NUEVOS AVANCES Y CONQUISTAS TERRITORIALES

La expansión territorial prosiguió en 1147 con la ocupación del castillo de Ontiñena, baluarte cuyo dominio garantizaba la expansión por las tierras comprendidas entre los ríos Cinca y Segre. Aprovechando la presencia en Barcelona de una flota genovesa y de un contingente militar occitano (habían acudido conjuntamente a la toma de Almería, año 1147), Ramón Berenguer IV se decidió a ocupar Tortosa, que capituló el 30 de diciembre de 1148 tras varios meses de asedio. Con la ciudad se entregaron todas las poblaciones de su entorno comercial, que conformaban una zona, el Bajo Ebro, de una fuerte personalidad. Esto obligó a organizarla como un territorio independiente: el marquesado de Tortosa, ciudad a la que se dieron fueros y privilegios en 1149.

Aisladas de sus correligionarios (ya en 1147, Ermengol VI de Urgel había ocupado distintos lugares, con lo que facilitaba a Ramón Berenguer IV el camino hacia la capital), las tierras del distrito musulmán de Lérida fueron igualmente conquistadas. Lérida y Fraga capitularon en octubre de 1149 y fueron organizadas en un territorio con jurisdicción propia: el marquesado de Lérida. Los fueros de la ciudad se concedieron en 1150, conjuntamente por Ramon Berenguer IV y por Ermengol de Urgel.

Las últimas conquistas dejaban expedita la vía para la ocupación de las tierras turolenses del Bajo Aragón,y ponían de manifiesto la debilidad militar de los almorávides. Sin apenas lucha armada se fueron tomando lugares como Huesa del Común (1154), Monforte de Moyuela (1157), Híjar, Albalate del Arzobispo y, sobre todo, Alcañiz, que fue repoblada a fuero de Zaragoza. A Alcañiz, que pasó más adelante a poder de la Orden de Calatrava, se le concedieron -como era habitual en las zonas de la extremadura o frontera- unos términos jurisdiccionales muy amplios, que venían a abarcar la práctica totalidad del Bajo Aragón.

En agosto de 1162, en el curso de un viaje a Turín para asistir a una asamblea imperial, la muerte sorprendió a Ramón Berenguer IV. La "Crónica de San Juan de la Peña" dice de él:

"Aquesti Remón Belenguer, compte de Barçalona, regnó XXX e dos aynnos e finó en el barch de Sant Dalmau, cerca de Turini, en Lombardía, en el aynno de MCLXII en los ydus de agosto, do dexó grant ploro al pueblo e gran perigro a la tierra e gozo a los moros e desolation a los pobres e sospiros a los religiosos... E fue enterrado el su cuerpo en el monesterio de Ripol con grant honor"

 

ALFONSO II, PRIMER MONARCA DE LA CORONA

Alfonso II fue el primer titular de la Corona, al heredar el Reino de Aragón de su madre, Petronila, y las tierras patrimoniales de la casa de Barcelona de su padre, Ramón Berenguer IV. Durante la minoría de edad del monarca, además de la tutela de su madre, tuvo que hacerse cargo de los destinos de ambos estados una curia o consejo de regencia en la que intervinieron, indistintamente, nobles aagoneses y catalanes. En 1174 con la infanta castellana Sancha, hermana de Alfonso VIII, que fue la fundadora del monasterio de Sijena.

En tiempos de Alfonso II se completó la conquista y ocupación de la mayor parte de las tierras turolenses. Desde el año 1163 prosigue la ofensiva aragonesa en la margen derecha del Ebro (cuencas de los ríos Martín, Guadalope y Matarraña), y se ganan Caspe, Fayón, Fabara, Maella, Calaceite, La Fresneda, Valderrobles, Rafales, Monroyo, Peñarroya, Calanda, Castellote, Aguaviva, Aliaga y Cantavieja. Paralelamente se fueron ocupando otras poblaciones en la desembocadura del Ebro (Orta, Paúls, Benet, entre otras), a las que se les concedió los fueros de Zaragoza.

En 1169 se tomaron las tierras de Gúdar, Monteagudo del Castillo y Teruel. De esta forma quedó territorialmente perfilado el reino aragonés, cuyas fronteras coincidían con las actuales salvo ligeros retoques e incorporaciones en los reinados de Pedro II (Manzanera, Rubielos de Mora, Ademuz) y de Jaime I (Linares de Mora). La única excepción fue el señorío de Albarracín, en manos de la familia navarra de los Ruiz de Azagra, que no se incorporó al Reino hasta 1284.

Destaca igualmente, la política seguida en el Mediodía francés por Alfonso II. Al morir sin herederos Ramón Berenguer III de Provenza en 1166, Alfonso II incorporó el condado de Provenza a la Corona. Diez años más tarde ocupó Niza. Numerosos señores languedocianos le prestaron y renovaron fidelidad y homenaje. Entre ellos cabe destacar a María, condesa de Bearn ( en 1170 ), el vizconde Céntulo V de Bigorra (en 1175), el de Narbona y los señores Bernat Ato de Nimes y Roger V de Bêziers (en 1178).

Con estos antecedentes no es extraño que Pedro II tuviera que intervenir en los asuntos occitanos, máxime tras su matrimonio en 1204 con María de Montpellier que, como dote, aportó el señorío del que era titular. Además, su hermano Alfonso (1196-1209) gobernaba la Provenza, Gavaldán y Millau, y su hermana Leonor casó en 1204 con el conde Ramón VI de Tolosa, con lo que cambiaba radicalmente el tradicional enfrentamiento entre la dinastía de Barcelona y la de Tolosa.

 

EL REY PEDRO II Y LA CUESTION ALBIGENSE

En occitania se debatían complejos intereses que, inevitablemente, acabaron en un generalizado conflicto bélico. Al secular enfrentamiento del condado tolosino frente al provenzal, que enmascaraba la pugna entre la monarquía de los Capeto y la anglosajona de los Plantagenet por dominar la Francia meridional, se añadía la expansión del catarismo por tierras occitanas, herejía que motivó la intervención del papa Inocencio III y la cruzada antialbigense. Pedro "el Católico" se vio inmerso en esta voragine de acontecimientos y asumió la defensa de los señoresdel Midi que le prestaban vasallaje, e igualmente los intereses en la zona de la propia Corona de Aragón frente a la política anexionista de la Francia del Norte.

Pedro II acudió a tierras tolosanas en enero de 1213 y se aprestó, como señor de Occitania, a defender a sus súbditos y vasallos frente a los caballeros cruzados. El monarca estaba atrapado entre la fidelidad debida al Papa ( cernía sobre su cabeza la amenaza de excomunión) y sus propios intereses políticos.

Pedro II y sus huestes libraron una dura batalla campal frente al ejército de Simón de Monfort en Muret ( al sur de Tolosa) , que se saldó con la muerte del joven monarca y la derrota de sus tropas. Dice de esto la "Crónica de San Juan de la Peña" :

"El dito rey queriendo mas morir con honor que non bivir con desonor, por tal que por ningun tiempo en batalla que fues non giró cara, murió en aquella (...) Et fue soterrado en el monesterio de Sixena, el qual su madre dona Sancha avía hedifficado et stablido convento de mulleres de la orden del Spital de Jherusalem"

Se truncaba de esta forma el viejo y pretendido sueño de la unidad occitana, y la posibilidad de lograr la consolidación de los dominios ultrapirenaicos (desde el Ródano hasta el Ebro) de la Corona de Aragón.

 

"EL CONQUISTADOR" Y LA EXPANSION POR MALLORCA Y LEVANTE

La muerte inesperada de Pedro II dejó en una situación compleja al futuro monarca Jaime -de apenas cinco años de edad-, y al propio Reino aragonés. Mientras Jaime recibía su primera educación en el castillo templario de Monzón, un consejo de regencia se ocupaba de los asuntos públicos del Reino. Era evidente la situación de crisis política y bancarrota económica en Aragón, hasta el punto de que la historia de este periodo (1213-1227) fue una interminable sucesión de intrigas familiares, luchas y banderías entre los distintos grupos nobiliarios que buscaban el control de la regencia.

Además, el joven rey tuvo que enfrentarse muy pronto a problemas de grueso calibre, tanto personales como políticos. A los doce años (1220) participó en sus primeros hechos de armas y, además, contrajo matrimonio (1221) con Leonor de Castilla, cinco años mayor que él. Con ella, aseguran los cronistas, "no podía hacer aquello que los hombres han de hacer con su mujer, porque no tenía la edad". El divorcio llegó en 1229.

Como señor de Montpellier, Jaime I intervino en los asuntos occitanos, pero la realidad y la historia le llevaban hacia otros caminos: El Levante español y la expansión por el Mediterráneo. El apodo de "El Conquistador", con el que ha pasado a la historia, tuvo origen en sus gestas bélicas frente al mundo andalusí, que hicieron que el nombre de Aragón y de su Corona alcanzaran unas cotas insospechadas años atrás. En este apartado destaca la conquista de las Baleares (Mallorca, 1229; Menorca, 1231; Ibiza y Formentera, 1235). Fue una empresa catalana -tuvo pocas repercusiones para el reino de Aragón, a pesar de que en su conquista intervinieron unos cuatrocientos caballeros aragoneses-, que sentaba las bases de la futura expansión de la Corona por el Mediterráneo.

La conquista del reino de Valencia fue concebida como empresa netamente aragonesa, ya que los nobles, las Ordenes Militares y los concejos, veían en la conquista una prolongación natural de sus dominios territoriales. Las primeras acciones bélicas comenzaron en 1232 (ocupación de Arés y Morella), y continuaron con la conquista de Burriana, Peñíscola y Castellón. El proceso culminó con la capitulación de Valencia en 1238, tras un prolongado asedio.

Jaime I decidió crear el reino cristiano de Valencia, dotándolo además de una propia estructura política, jurídica y administrativa. La decisión real fue mal recibida por los nobles aragoneses, que se sintieron "traicionados" por el monarca, ya que pensaban integrar las ricas tierras levantinas en el reino de Aragón. Apesar de que el rey recompensó generosamente a los nobles aragoneses, éstos no dejaron de presionar para que se reconocieran sus derechos sobre las tierras conquistadas y lograron que una cincuentena de localidades valencianas se rigiesen por fueros aragoneses.

 

LAS REVUELTAS NOBILIARIAS Y EL FINAL DEL REINADO

El tratado de Almizra con Castilla (1244) puso fin a la reconquista aragonesa. La falta de tierras por reconquistar y la quiebra subsiguiente de un sistema político y militar que duraba ya dos centurias afectaron de forma notable a las relaciones entre el monarca y los grupos nobiliarios aragoneses, con los que de nuevo mantuvo tensiones políticas de importancia.

En la Asamblea de Ejea de 1265, los nobles lograron imponer alguna de sus exigencias al propio rey (trasmisión hereditaria de honores, competencias del Justicia de Aragón, nuevos repartos de tierras, etc...). Además, otros sucesos de índole privada tuvieron interés para Aragón. Sus amoríos extraconyugales, con Elo Alvarez, Blanca de Antillón, Berenguela Alfonso y Teresa Gil de Vidaurre, entre otras, dieron origen a dinastías nobiliarias (baronías de Híjar, Jérica, Ayerbe, etc...).

También su matrimonio con Violante de Hungría (1235), que le llenó de hijos, complicó los últimos años de su reinado, pues en sus disposiciones testamentearias -llegó a dictar hasta cuatro testamentos distintos- utilizó las tierras que conformaban la Corona con un sentido patrimonial de las mismas. No obstante, la muerte de alguno de sus hijos varone favoreció la sucesión, y de este modo Jaime I dejó en 1162 a su primogénito Pedro el reino de Aragón, el condado de Barcelona y el reino de Valencia. A su otro hijo, Jaime, le concedió el reino de Mallorca y el señorío de Montpellier.

Finalizada le reconquista aragonesa y cerrada la expansión por Occitania, sólo quedaba la proyección mediterránea. El propio monarca, con setenta y un años, preparó una expedición naval a Tierra Santa que fracasó a causa de una tempestad. Aún insistió, pese a su avanzada edad, en llevar la Cruzada a los Santos Lugares, y se ofreció personalmente en el Concilio de Lyon de 1274. Aunque sus propuestas no tuvieron el eco apetecido, pudo exclamar, volviéndose hacia los suyos:

"Barones, ya podemos marcharnos; pues hoy, al menos, hemos dejado en buen lugar el honor de toda España".

El octogenario monarca murió en Valencia en 1276.