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Carril-bici y aceras se distinguen, de
una parte, por la superficie lisa del
carril frente al microrelieve de las
baldosas que componen la acera, y, de
otra parte, por la señalética
horizontal. Estas señales son, de una
parte, líneas discontínuas de color
verde pintadas a cada lado del carril a
lo largo de todo el recorrido, y de otra
parte, símbolos gráficos de una
bicicleta, de unos 80 cmts de anchura y
situados cada 300 ó 400 mts.
Este carril-bici ocupa una posición
pseudocentral respecto a la acera,
dejando mayor espacio entre las parcelas
edificadas y el carril que entre el mismo
y el viario destinado al tráfico
motorizado.Los cruces con calles
transversales se efectuan mediante el
rehundido de la acera y del carril-bici
hasta alcanzar desniveles de 5-10 cmts
con respecto a la vía destinada al
tráfico motorizado.
En los citados cruces,
el carril-bici atraviesa el paso de
peatones distinguiéndose ahora por la
presencia de líneas discontínuas de
color blanco sobre las bandas, de mayores
dimensiones, del paso peatonal.
Finalmente, en los
lugares donde no existe cruce viario pero
sí paso de peatones, el carril-bici
interrumpe su señalética horizontal,
quedando la preferencia de circulación
para los peatones.
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Problemas
de diseño
Esta
es la primera actuación de gran
envergadura en materia de carriles-bici
en Málaga y, como es propio de las
primeras experiencias, presenta numerosos
problemas de diseño que anulan en gran
medida sus objetivos funcionales
En
primer lugar, cabe destacar el hecho de
que el carril-bici del Camino de
Antequera no une bien poco. Para que una
vía sea de interés para potenciales
usuarios, el primer requisito a cumplir
es que debe conducir a algún sitio de
interés para el transeunte, sin embargo,
en el caso que nos ocupa se encuentran
escasos hitos necesarios para justificar
la presencia de tal infraestructura
(elementos de cierta relevancia son el
Hospital Carlos Haya, el Colegio Alfonso
X). Esta ausencia es aún más destacable
si se tiene en cuenta el público
objetivo, que no es otro que el ciclista
urbano, cuyo perfil quedó definido en el
capítulo V del
presente estudio. Así pues, un
carril-bici aislado, no integrado en
ninguna red, jerárquica o no, limita sus
posibilidades de uso al simple ocio,
perdiendo así su capacidad como
recepctor de flujos pendulares.
Esta
ausencia de integración en redes de
utilidad no es el único aspecto negativo
a destacar. Así, el propio diseño
viario condena las posibilidades del
carril-bici del Camino de Antequera. Como
espacio no segregado físicamente del
acerado peatonal, este carril-bici se
convierte en factor de riesgo tanto para
los propios ciclistas como para los
viandantes, sobre todo en una sociedad no
preparada, no formada, para tal
situación. Pero incluso en una sociedad
preparada a tal efecto, como por ejemplo
la holandesa, este carril-bici seguiría
siendo factor de alto riesgo, pues si
bien las dimensiones del mismo son
apropiadas para la circulación de una
columna de bicicletas, en múltiples
puntos las dimensiones del acerado no son
aptas para la circulación de peatones (ver gráfico 7.3), más
aún si tenemos en cuenta la densidad del
flujo peatonal en relación al número de
viviendas y de comercios de dicho
trayecto.
Por
otra parte, la resolución de los cruces
con calles transversales no es adecuada
desde el punto de vista de la bicicleta
como vehículo (capítulo
I). El desnivel que el
ciclista ha de salvar cada vez que sube o
baja del carril-bici es en el 80 % de los
casos mayor de 7 cmts, medida más que
suficiente para obligar al vehículo a
frenar casi totalmente para evitar el
deterioro de las llantas así como
perforaciones de los neumáticos. Así
pues, en un vehículo en que la inercia
juega un papel fundamental para lograr la
eficiencia del desplazamiento, estas
paradas son altamente contraproducentes.
Del mismo modo, la pérdida de
preferencia en los pasos de peatones
igualmente se traduce en una menor
efectividad de la bicicleta como medio de
transporte alternativo.
Tampoco
el trazado, no sólo ya por la cuestión
de la integración en redes y la ausencia
de hitos, es el más adecuado. El Camino
de Antequera transcurre sobre un terreno
cuya morfología, desde el punto de vista
de la física de la bicicleta, es
excesivamente abrupto. En este sentido,
la Avenida Herrera Oria, que discurre
casi paralelamente al Camino de
Antequera, presenta unas condiciones
clinométricas mucho más favorables para
la práctica del ciclismo urbano.
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