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Estudio de Viabilidad sobre la Bicicleta como
Medio Alternativo de Transporte en la Ciudad de Málaga

VII.- Análisis de la actuación en el "Camino de Antequera"

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Descripción básica de la actuación

En 1999 el Ayuntamiento de la ciudad de Málaga finaliza las obras de reacondicionamiento del trayecto conocido como "Camino de Antequera", que se extiende por parte de la Calle Martínez Maldonado y de la Avenida de Carlos Haya, dentro del sector noroeste de la ciudad.
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Las obras comprenden el trazado de una doble vía para ciclistas, sumando ambos carriles una distancia aproximada de 4.500 metros. Por su envergadura es pues la actuación en materia de infraestructuras para transporte, no motorizado, de mayor entidad que la administración municipal lleva a cabo en el área urbana de Málaga. pulse para ver una ampliación de la imagen

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La principal característica de esta vía para ciclistas es que se encuentra integrada en el acerado peatonal, respetando su nivel y quedando así elevada unos 15-20 cmts frente al viario destinado al tráfico motorizado.

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Carril-bici y aceras se distinguen, de una parte, por la superficie lisa del carril frente al microrelieve de las baldosas que componen la acera, y, de otra parte, por la señalética horizontal. Estas señales son, de una parte, líneas discontínuas de color verde pintadas a cada lado del carril a lo largo de todo el recorrido, y de otra parte, símbolos gráficos de una bicicleta, de unos 80 cmts de anchura y situados cada 300 ó 400 mts.
Este carril-bici ocupa una posición pseudocentral respecto a la acera, dejando mayor espacio entre las parcelas edificadas y el carril que entre el mismo y el viario destinado al tráfico motorizado.

Los cruces con calles transversales se efectuan mediante el rehundido de la acera y del carril-bici hasta alcanzar desniveles de 5-10 cmts con respecto a la vía destinada al tráfico motorizado.

En los citados cruces, el carril-bici atraviesa el paso de peatones distinguiéndose ahora por la presencia de líneas discontínuas de color blanco sobre las bandas, de mayores dimensiones, del paso peatonal.

Finalmente, en los lugares donde no existe cruce viario pero sí paso de peatones, el carril-bici interrumpe su señalética horizontal, quedando la preferencia de circulación para los peatones.

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Problemas de diseño

Esta es la primera actuación de gran envergadura en materia de carriles-bici en Málaga y, como es propio de las primeras experiencias, presenta numerosos problemas de diseño que anulan en gran medida sus objetivos funcionales

En primer lugar, cabe destacar el hecho de que el carril-bici del Camino de Antequera no une bien poco. Para que una vía sea de interés para potenciales usuarios, el primer requisito a cumplir es que debe conducir a algún sitio de interés para el transeunte, sin embargo, en el caso que nos ocupa se encuentran escasos hitos necesarios para justificar la presencia de tal infraestructura (elementos de cierta relevancia son el Hospital Carlos Haya, el Colegio Alfonso X). Esta ausencia es aún más destacable si se tiene en cuenta el público objetivo, que no es otro que el ciclista urbano, cuyo perfil quedó definido en el capítulo V del presente estudio. Así pues, un carril-bici aislado, no integrado en ninguna red, jerárquica o no, limita sus posibilidades de uso al simple ocio, perdiendo así su capacidad como recepctor de flujos pendulares.

Esta ausencia de integración en redes de utilidad no es el único aspecto negativo a destacar. Así, el propio diseño viario condena las posibilidades del carril-bici del Camino de Antequera. Como espacio no segregado físicamente del acerado peatonal, este carril-bici se convierte en factor de riesgo tanto para los propios ciclistas como para los viandantes, sobre todo en una sociedad no preparada, no formada, para tal situación. Pero incluso en una sociedad preparada a tal efecto, como por ejemplo la holandesa, este carril-bici seguiría siendo factor de alto riesgo, pues si bien las dimensiones del mismo son apropiadas para la circulación de una columna de bicicletas, en múltiples puntos las dimensiones del acerado no son aptas para la circulación de peatones (ver gráfico 7.3), más aún si tenemos en cuenta la densidad del flujo peatonal en relación al número de viviendas y de comercios de dicho trayecto.

Por otra parte, la resolución de los cruces con calles transversales no es adecuada desde el punto de vista de la bicicleta como vehículo (capítulo I). El desnivel que el ciclista ha de salvar cada vez que sube o baja del carril-bici es en el 80 % de los casos mayor de 7 cmts, medida más que suficiente para obligar al vehículo a frenar casi totalmente para evitar el deterioro de las llantas así como perforaciones de los neumáticos. Así pues, en un vehículo en que la inercia juega un papel fundamental para lograr la eficiencia del desplazamiento, estas paradas son altamente contraproducentes. Del mismo modo, la pérdida de preferencia en los pasos de peatones igualmente se traduce en una menor efectividad de la bicicleta como medio de transporte alternativo.

Tampoco el trazado, no sólo ya por la cuestión de la integración en redes y la ausencia de hitos, es el más adecuado. El Camino de Antequera transcurre sobre un terreno cuya morfología, desde el punto de vista de la física de la bicicleta, es excesivamente abrupto. En este sentido, la Avenida Herrera Oria, que discurre casi paralelamente al Camino de Antequera, presenta unas condiciones clinométricas mucho más favorables para la práctica del ciclismo urbano.