En su obra Dom Calmet expone el contenido de una carta que le remitió un informante acerca de ciertos sucesos extraños que le narró personalmente un tal Conde de Cabreras, capitán de granaderos del regimiento de Alandetti en la frontera húngara. Según el testimonio de este oficial, quince años atrás fue comisionado para investigar unos supuestos casos de vampirismo reportados por un soldado de su regimiento.
Como resultado de sus pesquisas el Conde de Cabreras habría mandado exhumar y ejecutar a tres vampiros. Hasta ahora no se conocía la identidad de este personaje, cuyo nombre latino ha hecho suponer a algunos autores que quizá fuera de origen italiano, cosa nada descabellada si pensamos que Austria poseía territorios en Italia y de la proximidad de ésta a los territorios austriacos. Sin embargo, siguiendo una línea de investigación diferente nos complace anunciar que estamos convencidos de haber encontrado al fin la identidad de este escurridizo personaje al que ya podemos poner nombre y nacionalidad. De las investigaciones que hemos realizado, y algunos de cuyos pasos describimos en este artículo, se desprende que el mitico "Conde de Cabreras" mencionado en la obra de Calmet no es otro que D. Juan Gil de Cabrera y Perellós, nombrado Conde de Cabrera en 1719. Y hemos descubierto además que este oficial era español, y valenciano para más señas. Se puede decir entonces, en un tono informal, que hemos descubierto al primer cazavampiros hispano documentado hasta la fecha, un oficial valenciano que sirvió durante el conflicto que enfrentó a principios del siglo XVII a austriacos y veecianos por un lado y a turcos por otro.
Como dijimos más arriba la comisión encargada de investigar los sucesos se originó a partir del testimonio de un soldado del regimiento hospedado en casa de un haiduk (haidamaque en el original). Los haiduks, hajduks, o haiduques como a menudo traducían el término los autores occidentales, eran milicias partisanas que luchaban contra los turcos. Estos soldados, típicos de los Balcanes, vigilaban las fronteras en tiempo de paz, asentados en sus propias tierras; e iban al frente en tiempo de guerra. Había haiduks serbios, croatas, eslovacos, rumanos, búlgaros,... Calmet utiliza en el texto la palabra haidamaque, que parece corresponder al ucraniano haydamaka (гайдамака), o al yiddish haidamak (הײדאמאק). Esto podría sugerir que los protagonistas de los hechos quizá no eran serbios, como los que protagonizaron los casos de Arnold Paole ó de Plogojowitz en las aldeas serbias de Medveđa y Kisilova respectivamente. Pero dejemos que sea el propio Calmet el que relate los hechos. Para ello traducimos a partir dela edición de 1751 de su Dissertation sur les revenants ne corps, les excommunies, les oupirs ou vampires, brucolaques. El capítulo VIII está dedicado al caso que nos ocupa:
Montague Summers, por otra parte, también trata el caso en su The Vampire In Europe. Sin embargo transcribe erróneamente "Conde de Cabreras" como "Count of Cadreras" (Conde de Cadreras), y afirma además que la localidad en la que tuvieron los sucesos iniciales se llamaba Haidam. Sin embargo en la carta dirigida a Calmet no figura alusión a población alguna. El comunicante al que el Conde habría referido los hechos, en 1730 según Summers, habría sido un "oficial responsable de la Universidad de Friburgo", lo cual también parece ser erróneo, pues en misiva no hay nada que nos indique cual era el oficio de dicho informante.
En el siguiente vídeo podemos ver un fragmento del documental Vampire Secrets, de Indigo Films, emitido en 2006 en History Channel, en el que se recrea el relato del soldado hospedado en caso del haidamaque:
Sin embargo, nos planteamos hasta que punto tiene visos esta narración de ser cierta. Desgraciadamente y a diferencia de los casos de Paole o de Plogojovitz no disponemos de documentos oficiales de la época que acrediten la intervención del enigmático Conde de Cabrera como comisario para investigar supuestos casos de vampirismo, y ni siquiera conocemos la localización geográfica exacta de los lugares en los que habría acaecido. Sin embargo el poder ofrecer alguna pista de su existencia y comprobar que efectivamente sirvió como militar en la frontera turca daría mucha más credibilidad al relato que nos ocupa. Y eso es lo que hemos hecho, como vamos a exponer a lo largo de este artículo.
Hace algún tiempo, al no encontrar pistas que nos permitieran confirmar el origen italiano del Conde empezamos a considerar la posibilidad de que nuestro militar fuera en realidad español. Y lo cierto es que sí había contingentes españoles en la zona al servicio de la corona austriaca. Su presencia allí se explicaba por los avatares de la Guerra de Sucesión española. Y así fue como comenzamos pues a investigar en esa dirección.
Resumamos brevemente los acontecimientos que dieron lugar a esta situación. En los últimos años del siglos XVII parecía claro que el monarca de España, Carlos II el Hechizado, no dejaría descendencia directa. El delicado equilibrio de poderes en Europa dependía radicalmente de esta cuestión. Algunas casas reales propusieron sus propios candidatos para acceder a la corona de España. Los aspirantes eran:
Carlos II hizo testamento en un primer momento a favor de José Fernando, el nieto de Leopoldo I. Pero José Fernando murió prematuramente en 1699 cuando aún no había cumplido 7 años, de modo que el rey español hizo un nuevo testamento a favor esta vez de Felipe de Anjou, con la condición de que si aceptaba la corona de España renunciara a sus derechos como sucesor de la corona de Francia. Poco después, en 1700 moría el monarca, Carlos II, el último de los reyes españoles de la casa de Habsburgo. Felipe de Anjou viajó hasta España y fue coronado rey como Felipe V. Pero ese mismo año Luis XIV declaró que Felipe no tenía porque renunciar a la corona francesa, rompiendo así el frágil equilibrio existente hasta el momento. Por otra parte la llegada de una gran cantidad de tropas francesas a los territorios españoles en los Países Bajos motivó que Holanda e Inglaterra, alarmadas, se decantaran por el emperador Leopoldo I. En 1701 se firmó el Tratado de La Haya que reunió en la llamada Gran Alianza a Austria, Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos y Dinamarca, declarano la guerra, al año siguiente a España y a Francia. En 1703 Portugal y Saboya se unieron a la Alianza, mientras que en Viena, el Archiduque Carlos, hijo de Leopoldo I, era proclamado rey de España como Carlos III de España.
Por otra parte en España la corona de Castilla era partidaria del candidato francés, mientras que la corona de Aragón, salvo Vascongadas y Navarra, apoyaba la candidatura austriaca, en parte por miedo a perder sus fueros y libertades como consecuencia de la política centralista característica de los Borbones. El norte de Italia y los territorios fronterizos con Francia se convirtieron en campo de batalla, pero la guerra llegó también a la Península. En 1705 la Corona de Aragón se alzó en favor del Archiduque Carlos, y éste se embarcó con dirección a Lisboa y continuó su viaje por mar hasta llegar a Barcelona, donde es proclamado rey en medio del fervor popular. Tras muchas vicisitudes y pese a las primeras victorias de los austracistas Cataluña acaba quedando como único foco de resistencia en favor del Archiduque. En 1711 muere en Viena el padre del Archiduque, el emperador Leopoldo, y Carlos se ve obligado a abandonar Barcelona para ser coronado emperador en Viena, dejando como regente a su esposa Isabel Cristina de Brunswick.

Por fin el 13 de julio de 1713 se firma el Tratado de Utrecht que reconoce a Felipe como rey de España. Los territorios españoles en Europa (Flandes, Cerdeña, Nápoles y el Milanesado), pasan a la corona austriaca, salvo Sicilia que pasa a la casa de Saboya, aunque poco después la isla sea entregada a Austria a cambio de Cerdeña. No obstante el Archiduque Carlos todavía se niega a reconocer a Felipe de Anjou como rey de España y muchos militares austracistas en el territorio español se decantaron por la guerra a ultranza. Barcelona será la protagonista de una denodada resistencia frente a las tropas borbónicas hasta su capitulación el 12 de septiembre de 1714. Un gran número de catalanes, aragoneses, valencianos y castellanos proaustracstas se ven empujados al exilio. Tal es la cantidad de españoles exilados en territorios italianos y austriacos que en Viena se crea un Consejo Supremo de España para atender sus asuntos y necesidades.
Pero más que la emigración civil, que comienza con la salida del archiduque de Barcelona en septiembre de 1711, nos interesa la deportación de tropas, pues nuestro Conde de Cabreras, capitán de infantería en el regimiento Alandetti, bien podría haber formado parte de los ejércitos que lucharon en la Península a favor de la causa austracista. En este punto es donde comienza nuestra investigación. Lo primero que hicimos es revisar los nombres de oficiales y militares de los diferentes regimientos de infantería españoles que lucharon tomando partido por el Archiduqe. Y así acabams por encontrar a un oficial valenciano, de nombre Juan Gil de Cabrera y Perellós, capitán del regimiento de infantería nº 10, Diputació del Regne de València, antiguo Tercio de Infantería del Reino de Valencia. El apellido de este capitán, y el hecho de que tenga el mismo rango de capitán de infantería que el Conde de Cabreras de la narración de Calmet, nos llamó la atención, de modo que continuamos investigando en esta dirección. El siguiente paso fue seguir los avatares del regimiento en que servía.
El 16 de diciembre de 1705 las tropas del Archiduque toman Valencia, y de inmediato la ciudad crea dos regimientos de infantería listos para unirse a las tropas austracistas el 1 de enero del año siguiente siguiente. Estos regimientos son:
En este último es reclutado Juan de Cabrera como capitán. Tres años más tarde, en 1708, y tras participar en diferentes combates los efectivos de ambos regimientos se habían reducido; de modo que los supervivientes, incluyendo al capitán Juan de Cabrera, fueron integrados en el Regimiento de Infantería nº 12, ó "Ciudad de Alicante", creado con 500 reclutas en Alicante por el General John Richards en octubre de 1706. Nuevos combates y más bajas fueron la causa de que en 1709 los supervivientes de este regimiento fueran integrados a su vez en el Regimiento de Infantería nº 1, el Regimiento de Ahumada (ó Haumada en algunas fuentes austriacas), nombre que como era costumbre tomaba de su coronel, Juan Fernández de Ahumada y Cárdenas, Conde de Ahumada.
Antes de 1705 el Regimiento de Ahumada, compuesto por castellanos en su mayoría, había llevado el nombre de Tercio del Almirante de Castilla ó Tercio de Enríquez de Cabrera y Toledo. Juan Tomás Enriquez de Cabrera y Toledo, el último Almirante de Castilla, y que pese a la coincidencia de apellido no tiene nada que ver con nuestro capitán, se pasó a la causa austracista. Este regimiento compuesto en su mayoría de castellanos recibió en 1709, como ya hemos dicho, los refuerzos de los valencianos supervivientes del regimiento Ciutat d'Alacant. Así pues en el año 1709 encontramos al capitán Joan Gil de Cabrera y Perellós sirviendo como capitán de granaderos en el regimiento de Ahumada. Y como tal participa en años posteriores en batallas decisivas como las de Almenara, Zaragoza o Brihuega-Villaviciosa.
El rango y su pertenencia a una compañía de granaderos suponen que Joan Gil de Cabrera era de elevada estatura. Los granaderos iban a la cabeza del regimiento y su misión era arrojar granadas sobre las líneas enemigas, razón por la cual eran escogidos por sus cualidades físicas, especialmente su altura y fortaleza, pero también se exigía que poseyeran cualidades morales, entre ellas valentía y la lealtad.
Pero en 1713 la situación de las tropas austracistas en la Península era insostenible. Felipe domina prácticamente todo el territorio y sólo Barcelona mantiene un e3nconado foco de resistencia. Preveyendo el resultado final de la contienda el 13 de marzo de ese año se firma el Tratado de Evacuación de las Tropas en virtud del cual los militares que lo deseen serán evacuados y embarcados a los territorios austriaco. El capitán Juan Gil de Cabrera y Perellós acepta el tratado de evacuación y en julio de aquel año, junto a otros 2500 oficiales y soldados españoles y sus respectivas familias, embarca en dirección a los territorios del norte de Italia en poder de la corona austriaca. Tras su llegada a Génova se internan en el Milanesado. En noviembre, en la ciudad de Cologno próxima a Milán, los regimientos de infantería españoles son reorganizados en cinco regimientos de unos 500 hombres cada uno. El contingente se reparte así entre tres regimientos de caballería, y dos de infantería que, siguiendo la costumbre, toman el nombre de sus generales:
Juan Gil de Cabrera y Perellós es destinado a este último como capitán. A estos regimientos se sumará más tarde un regimiento constituido en su mayoría por voluntarios catalanes que participaron en la defensa de Barcelona y comandado por el coronel Manuel Desvalls. Como son tropas experimentadas en combate al año siguiente, 1714, los regimientos españoles son enviados a la conflictiva frontera húngara con los turcos, que representan una peligrosa amenaza para Austria.
En 1715 Turquía lanzó una ofensiva contra territorios venecianos y al año siguiente, en 1716, Austria acudió en ayuda de sus aliados venecianos. Aquel año, las tropas del regimiento de Ahumada, donde sirve Juan Gil de Cabrera, estaban acantonadas en la ciudad de Buda, en la actual Budapest. Y entran en combate. Las tropas imperiales, al mando del príncipe Eugenio de Saboya, derrotan a los turcos en la batalla de Peterwardein, y consiguen un enorme botín.

Desde allí invaden el Banato de Timisoara persiguiendo al ejército turco y el 12 de octubre de ese mismo año conquistan Timisoara, la capital y fortaleza del banato. En estas acciones participan directamente y destacan los regimientos españoles de infantería [4]. Al año siguiente las tropas de Eugenio de Saboya conquistan Belgrado y son los regimientos de caballería los que toman protagonismo.

La guerra con los turcos acabó en 1718 concluyendo con el tratado de Passarowitz, que otorgaba a Austria el control de tres territorios aledaños al sur de la frontera húngara: el norte de Serbia, el Banato de Timisoara y la Pequeña Valaquia. Algunos exilados españoles ocuparon tierras como colonos en estos territorios. A partir de 1718 y 1720 muchos españoles, especialmente valencianos como nuestro protagonista, fueron trasladados del norte al sur de Hungría. La mayoría eran soldados que fueron integrados en diferentes regimientos, como los de Ahumada o el de Galve. Una relación elaborada en 1726 por el Consejo Supremo lista a 331 militares españoles con derecho a percibir un sueldo regular al servicio de Austria, y de los cuales 34 eran valencianos [1]. El 4 de octubre de 1734 se resolvió enviar a los españoles desde Hungría a los territorios del Banato de Timisoara, donde se creó una localidad llamada Nueva Barcelona que incluía tanto colonos españoles como alemanes, servios y rumanos, y arrrasada por una epidemia de peste en 1738.
Sabemos entonces que Juan de Cabrera participó en aquella guerra como capitán de granaderos del regimiento de Ahumada En alguna fecha entre 1721 y 1724 tanto el regimiento de Ahumada como el de Alcaudete son fusionados en uno sólo, el Regimiento Imperial nº 50, o de Alcaudete. Algunas fuentes austriacas que hemos consultado dan la fecha de 1721 [7]. Y ahora, llegados a este punto, uno se pregunta si el regimiento de "Alandetti", al que según el informador de Calmet habría pertenecido el conde de Cabreras, no es una deformación fonética o germanizada de Alcaudete. Y así parece, porque revisando las listas de regimientos austriacos de la época no hemos encontrado ningún regimiento de Alandetti.
¿Tenemos alguna pista más para dirimir la cuestión? Eso parece. Al tratar de investigar el origen del título nobiliario de Juan Gil de Cabrera nos encontramos con otra sorpresa, y es que el Archiduque Carlos, ya como emperador Carlos VI de Austria, otorgó el título de Conde de Cabrera a un tal don Juan Gil de Cabrera y Perellós en 1719, probablemente en virtud de sus acciones durante la tercera guerra turca. Este título incluso ha sido reclamado en el siglo pasado como consta en la obra Relación de títulos nobiliarios vacantes, y principales contiene cada expediente que, de los mismos, se conserva en el archivo del ministerio de Justicia, de María Teresa Fernández-Mota de Cifuentes (Ministerio de Justicia. Archivo, Instituto Luis de Salazar y Castro), y editada por Ediciones Hidalguía. En ella podemos leer literalmente: "CABRERA, Conde de.- Concedido en el año 1719 a don Juan Gil de Cabrera y Perellós por el Archiduque don Carlos de Austria. Se solicita la rehabilitación, febrero de 1941.- Arbol genealógico.- Se desestima la anterior pretensión, noviembre de 1957".
Calmet señala que el relato del Conde de Cabreras recuerda de cerca al de Arnold Paole, en la aldea serbia de Medveđa; hasta el punto de que no parece absurdo pensar que el Conde de Cabreras de esta historia pudiera haber acompañado a la expedición de Glaser, el médico que como expusimos en el artículo que dedicamos a aquel caso, realizó el primer informe sobre los sucesos de aquella pobación, y a la que siguió una segunda comisión militar que dio origen al famoso informe del oficial Flückinger. Pero hay algo que no encaja en esta hipótesis, y es que la expedición de Glaser tuvo lugar a finales de 1731, y según la carta expuesta por Calmet su informador afirmaba haber escuchado la historia en 1730, un año antes, por tanto, de dicha expedición. Puesto que los hechos le habrían sido narrados por el Conde de Cabreras en ese año parece deducirse que tuvieron lugar en algún momento entre 1714, año en el que estalló la tercera guerra turca y que explica la presencia de las tropas en la región.
Si examinamos los métodos empleados por el conde de Cabreras observamos que en cada caso mencionado se empleó un método diferente para ejecutar al vampiro. Esto nos lleva a sospechar que para dejar tranquila a la población, como buen militar, nuestro comisario preguntaria en cada ocasión cual era el método a emplear, y en cada ocasión quizá se encontró con gentes de diferentes culturas que le habría respondido en base a las costumbres de sus pueblos. Así el vampiro ejecutado con un clavo en la frente recuerda al método de ejecución empleado en algunas regiones de Rumanía contra los vrucolaki, aunque también es un método empleado en otras etnias, como por ejemplo los casubios polacos. Por ello quizá no sería descabellado ubicar este episodio en la Pequeña Valaquia, que actualmente es el territorio rumano de Oltenia al suroeste del país.
Así pues, parece bastante plausible presentar al valenciano D. Juan Gil de Cabrera y Perellós, capitán de granaderos de Regimiento Imperial nº 50, Alcaudete, nombrado conde de Cabrera por Carlos VI de Austria, como el oficial que muy probablemente dio órdenes expresas para ejecutar a varios vampiros en la frontera húngara con los turcos antes de 1730. El regimiento participó en la toma de Timisoara, y todo parece indicar que estuvo asentado en la zona, de modo que no parece ilógico pensar que los hechos ocurrieron en el Banato de Timisoara, y no en Serbia. Muy probablemente se trata entonces de un caso diferente, por tanto a los de Paole o Plogojovitz, lo cual nos da una idea de la gran cantidad de epidemias de vampirismo a lo largo de la frontera turca en la que intervenían oficialmente las autoridades militares. Cortar la cabeza también es un método propio de la región, aunque está también muy extendido en otras regiones europeas.
Indicar por último que los resultados de esta investigación fueron publicados en la revista académica L'Upir: Javier Arries. «El comte de Cabrera. Un caçador de vampirs valencià a l’Hongria del segle XVIII». L'Upir 21, vol 3 (juliol - setembre de 2009), p. 41 - 49. Un ejemplar en pdf de dicho número puede ser descargado desde aquí.
© 2010. Del texto y traducciones, Javier Arries
