Javier Arries. La Cripta. Vampiro de Marotinu de Sus

Los vampiros de Marotinu de Sus

(1992, 2004)


TOMA PETRICA, EL VAMPIRO

Cementerio de Marotinu de Sus. Foto: Bogdon Croitoru / KRT.

La noticia saltaba a la prensa rumana en los últimos días de febrero de 2004; pero pronto se hicieron eco de la misma muchos periódicos extranjeros e incluso pudimos verla en el documental Is It Real?: Vampires que en 2006 produjo National Geographic.

Según podía leerse en los medios, las autoridades de Craiova, al sudoeste de Rumanía, investigaban desde enero de aquel año a seis personas implicadas en la exhumación y "ejecución" de un cadáver, un familiar fallecido recientemente de nombre Toma Petrică, o Toma Petra en otras fuentes, que según ellos "se había transformado en un vampiro" y que "chupaba sangre durante la noche".

Los hechos tuvieron lugar en un pueblecito de unos 300 habitantes llamado Marotinu de Sus (Marotinul de Sus en las fuentes rumanas), en el distrito de Dolj. Toma Petrică, ex-maestro, de 76 años, había fallecido poco antes, el 26 de diciembre de 2003, víctima de cáncer; y fue enterrado el día de año nuevo. Durante su vida fue un padre de familia ejemplar, aunque según algunos era bebedor y tenía mucho temperamento. Tras el entierro de Petrică sus familiares empezaron a sentirse cansados, débiles, como si no tuvieran "más sangre". Los afectados eran Flora Marinescu, hermana del difunto; su marido Gheorghe Marinescu; el hijo de ambos, Costel Marinescu; y la esposa de este último, Mirela Marinescu.

Poco después alguien afirmó haber visto a Toma Petrică salir de su casa antes del amanecer con una bandada de cuervos volando sobre su cabeza. Mirela Marinescu, sobrina política del fallecido, afirmaba que el difunto se había convertido en strigoi, en un vampiro, un alma en pena que la visitaba de noche y se alimentaba de su corazón: "una noche lo vi en mi cuarto, y por la mañana no podía levantarme de lo débil que estaba". Y aseguró que el difunto "chupaba nuestra vida para poder seguir viviendo él". Al parecer tampoco fue la única en verlo en su familia, pues según aseguró la hermana del difunto "Todos estábamos muriendo, mi marido, mi hijo, y todos nosotros lo vimos en el mismo sueño."

Mircea Mitrică, de profesión pastor, y uno de los implicados en el "ajusticiamiento" del vampiro declaró que "poco después del funeral, una sobrina [política, sin duda se refiere a Mirela Marinescu] del difunto comenzó a mostrar síntomas de estar enferma. Le dolía el pecho y estaba deprimida. Los parientes se enfrentaron a hechos extraños y el miedo les impedía dormir. Los objetos empezaron a moverse de repente por la casa, oían estruendos y voces aterradoras y su salud se deterioraba día a día. Estaba claro que Petrică se había convertido en strigoi y venía a por nosotros". En el pueblo no les dieron mucho crédito hasta que empezaron a verles muy desmejorados.

NO ES FÁCIL MATAR A UN VAMPIRO

Mircea Mitrică
Mircea Mitrică Imagen tomada de un artículo del periódico rumano Indiscret.

De modo que decidieron pasar a la acción poniendo en práctica un rito ancestral. Gheorghe Marinescu, cuñado de la víctima, intentó realizar el ritual pero estaba tan atemorizado que con el fin de encontrar valor bebió tanto que no pudo usar la pala. Era la noche del 7 al 8 de enero.

A la noche siguiente se organizó una expedición de seis hombres, todos ellos parientes del supuesto vampiro. Gheorghe Marinescu dirigía al grupo. A instancias de las mujeres que querían infundirles valor bebieron de nuevo para vencer el miedo y por fin se dirigieron al cementerio cargando con sus herramientas y llegando allí poco antes de la medianoche.

Stelică Popa, hermano de Mirela Marinescu, uno de los que participaron en la expedición, comentó que "necesitamos dos días para encontrar el coraje suificiente para hacerlo. Estábamos armados con herramientas y el suficiente coraje, pero con todo no pudimos hacerlo la primera vez. Estuvimos bebiendo toda la noche para alentarnos. Fue muy difícil llevarlo a cabo".

Buscaron la tumba de Toma Petrică, adornada con una sencilla cruz de madera pintada de rojo con su nombre, y procedieron a exhumar el cadáver. Así relata Gheorghe Marinescu lo que aconteció después: "cuando levantamos la tapa del ataúd vimos que sus brazos no estaban sobre su pecho como los habíamos dejado, sino a los lados... Su cabeza estaba girada hacia un lado, y sus labios estaban manchados de sangre seca". Abrieron el pecho del cadáver con la hoja de una guadaña y extrajeron el corazón. Según Marinescu el corazón "estaba lleno de sangre fresca". Aseguró además que "su cuerpo se relajó y le oímos suspirar". Tras sacar el corazón Gheorghe Marinescu dejó allí ristras de ajo y depositaron de nuevo los restos en la tumba.

Acto seguido dejaron el cementerio llevando el corazón clavado en una horca hasta un cruce de caminos donde esperaban los familiares afectados. Quemaron el corazón en unas brasas y mezclaron las cenizas con agua. Este brebaje fue tomado por el grupo para librarse de la maldición del vampiro y recuperar la salud. Mirela Marinescu declaró que en cuanto se hizo el ritual de exorcismo el vampiro "no volvió más a perseguir" a su familia.

El hijo de Gheorghe Marinescu, Costel, dijo que su curación fue milagrosa. Después de haber estado semanas en cama, consiguió levantarse, su cabeza ya no latía, y ya no le dolían el pecho y el estómago. Según él la acción de su padre "nos salvó a todos. Nos salvaron de un vampiro". Cuando se le preguntó como podía estar seguro de que su enfermedad la había provocado un vampiro contestó: "¿Qué otra explicación puede haber?"

INTERVIENE LA POLICÍA

Pero la hija de Toma Petrică, Cotoran Florea, acudió dos días después a una comisaría y contó lo que habían hecho con el cuerpo de su padre: "Los seis abrieron la tumba, le sacaron del ataúd y llevaron el corazón del muerto en una horca. Tras el funeral fui a Craiova. Escuché que su hermana le había sacado el corazón y las tripas. En el pueblo se oían otras cosas terribles y por eso presenté una denuncia". Se procedió a exhumar el cuerpo y la autopsia reveló que efectivamente se le había extraído el corazón al cadáver. En el interior de la tumba se encontró mucha sangre, los ajos y la hoja de guadaña que se empleó para extraer el corazón al strigoi.

"¿Qué has hecho, madre mía, para verte así?" se lamentó Petra Toma, la viuda al lado del ataúd cuando vio aquel espectáculo dantesco. Ella nunca creyó que su marido fuera un vampiro y sostuvo que en vida fue un buen hombre. Grigorie Cristian, fiscal de la Fiscalía del Tribunal de Dolj manifestó que "las denuncias hechas por la hija del difunto han sido confirmadas. El Instituto de Medicina Forense nos presentará un informe forense. Conoceremos así los detalles del delito de profanación de tumbas. Los autores pueden ser castigados hasta con tres años de prisión".

Para los familiares lo que habían hecho era una necesidad, cuestión de supervivencia, un rito de sus antepasados. Como explicó a la policía el propio Gheorghe Marinescu a él y a su familia sus padres les habían explicado como reconocer a un vampiro y acabar con él, y a ellos a su vez se lo habían explicado sus padres, y así generación tras generación. Pero Constantin Ghindeano, jefe de policía de la región y portavoz de la misma, afirmó que para la policía los vampiros eran criaturas mitológicas y que los implicados habían incurrido en un delito de profanación de tumbas.

Gheorghe Marinescu fue detenido junto a los cinco hombres que colaboraron en la exhumación: Mircea Mitrică, Stelică Popa, Ion Ionescu, Constantin Florea y Oprea Pascu. El propio Gheorghe Marinescu explicó a la policía que Toma Petrică había sido maestro y una persona muy querida por todos, pero que tras su muerte su familia empezó a soñar con él y a sentirse enferma. Se les juzgó en el juzgado de Paz de Craiova por profanación de tumbas y se les sentenció finalmente a seis meses de libertad condicional y a una multa cuyo valor ascendia a 11356000 ROL (unos 300 euros), por daños morales y 10000000 ROL (unos 260 euros) por daños físicos a pagar a Cotoran, la hija del difunto; y otros 10000000 ROL que debían retribuirse a la viuda.

Lejos de pensar que estaban delinquiendo Gheorghe Marinescu creía que estaban haciendo lo correcto:

"Si no hubiéramos hecho nada, mi esposa, mi hijo y mi nuera habrían muerto. Entonces decidí desenterrarlo. He visto antes este tipo de cosas.

Cuando le sacamos de la tumba, tenía sangre alrededor de la boca. Le extrajimos el corazón y suspiró cuando le apuñalamos. Lo quemamos, disolvimos las cenizas en agua y aquellos que habían caído enfermos bebieron aquello. Se sintieron mejor de inmediato. Fue como si alguien se llevara todo su dolor y su enfermedad.

Realizamos un ritual que tiene cientos de años de antigüedad. No teníamos ni idea de que estuviéramos cometiendo un crimen. Por el contrario, creíamos que estábamos haciendo algo bueno ya que el espíritu de Petrică nos estaba dando caza y estuvo cerca de acabar con la vida de algunos de nosotros. Volvió de la muerte y fue a por nosotros."

Marinescu afirmaba que "su propia hermana [la hermana de Toma Petrică, esposa de Marinescu] se quejó de que su nuera había enfermado y que Petrică era el culpable. Ella dijo que se había convertido en un strigoi y que había que hacer algo". Ésta por su parte alegó: "¿Qué fue lo qué hicimos? Si están en lo cierto, él ya estaba muerto. Si no están en lo cierto, matamos a un vampiro y salvamos tres vidas... ¿eso está mal?"

En una entrevista a Mircea Mitrica, el pastor que mencionábamos más arriba y que intervino en la expedición se nos presenta a éste como el líder del grupo. Mircea afirmaba que el hermano de Petre Toma, Gheorghe Marinescu, le pidió ayuda a él y a otros, ya que su nuera estaba muy enferma y Toma la visitaba de noche en forma de ave o de animal para arrastrarla hasta la tumba. Tras beberse media botella de licor y una vez que sus compañeros le desenterraron, Mircea abrió el pecho del finado, cortó cuatro costillas y extrajo el corazón rebosante de sangre, según afirma.

Afirmaba asimismo el pastor que se escondió en los bosques un par de semanas cuando supo que las autoridades le buscaron, y que mientras estuvo oculto además de los periodistas llamaron a la puerta de su casa americanos e italianos para hacer una película sobre el asunto. En ese mismo artículo se afirma que según Stella Celăreanu, el que entonces era alcalde de Marotinu de Sus, el asunto era una especie de venganza contra el difunto, con el que no se habían llevado muy bien ninguno de los participantes en la ceremonia.

LA INVESTIGACIÓN DESTAPA OTROS CASOS

El asunto causó un gran revuelo en la comunidad y los periodistas acudieron a Marotinu de Sus para entrevistar a sus habitantes. Y sorprendentemente se encontraron con vecinos dispuestos no sólo a hablar sino a justificar las acciones de los inculpados. Las antiguas tradiciones seguían muy vivas en aquella región de Rumanía. Por ejemplo, Paula Diaconu, de Marotinu de Sus, afirmaba que los familiares de Petrică habían actuado como debían: "Hicieron bien en extraerle el corazón porque había personas en peligro. Los aldeanos rumanos conocen los rituales que hay que realizar para ahuyentar los malos espíritus de los muertos".

Tudor Stroica, un anciano que tenía entonces ochenta años declaró a los medios que "nadie se molestó por lo que hicieron. Son asuntos de ellos. Este ritual se suele hacer, pero en secreto, dentro de la familia. El problema viene cuando se involucra la policía". El anciano afirma además que los strigoi existían en Rumanía desde hacía siglos y los describía como "algo diabólico, impío, que desea hacer el mal. Llevan consigo enfermedades, hacen ruidos inexplicables y son invisibles."

Y es que la investigación sacó a la luz una sorprendente realidad. Aquello no era un hecho aislado. En los últimos años se habían producido hasta veinte ejecuciones de vampiros en los pueblos de la vecindad. Constantín Ghindeano, el jefe de policía, declaró a los medios: "la investigación está en curso, y esperamos presentar cargos en un futuro... Estamos determinando si se trata de un caso aislado o si existe un patrón generalizado en el pueblo."

De hecho algunos vecinos comentaron a la prensa que Marotinu de Sus no era el único pueblo donde habían tenido lugar hechos semejantes, ya que rara era la familia que no había contado con algún vampiro en algún momento, y que la mayoría habían aprendido como acabar con ellos desde la infancia. Dumitru Moineasa, otro vecino de la aldea, declaró que él también había tomado las cenizas disueltas en agua del corazón de un tío suyo muerto: "Un tío mío murió después de la revolución, en 1992, y a los pocos días de que fuera enterrado empecé a sentirme muy enfermo. El doctor no tenía ni idea de que iba mal conmigo. Un día, una tía mía me trajo un vaso de agua. Me la bebí toda. Me alivié casi de inmediato. Más tarde me enteré de que se trataba de las cenizas de mi tío muerto."

Un amigo de Dumitru, Brâncuşi Domnica, dijo que la extracción de corazones de los difuntos era algo habitual: "Ha habido docenas de muertos que se han convertido en vampiros y nos han acechado. Pero lo habitual era que la familia del muerto que rondaba a algunas personas hiciera un pacto con dichas personas y se comprometían a no decir nada sobre los rituales. Hasta este caso, nunca hubo problemas sobre esto". Dori Morinescu, un pastor que tenía 30 años de edad por aquel entonces, comentó que los vampiros sólo atacan a sus parientes más cercanos: "Todo sería correcto si consiguieras que se fijaran en tus enemigos. Pero sólo matan a los seres queridos. No se porque hacen eso, pero hay que detenerlos."

En palabras de Gheorghe Sandu, comisario de la estación local de policía: "Me gustaría poder decir que lo de este pueblo es único, pero lamentablemente no puedo, porque sé lo arraigada que está aquí la creencia en los vampiros". La propia policía confirmó a la denunciante del hecho, Cotoran Florea, la hija del difunto, que sabían que rituales semejantes se practicaban por toda la región. Un policía de Celaru, localidad que tiene jurisdicción sobre Marotinu de Sus, y que pidió no ser identificado, declaró que respecto del ritual: "sabemos de él desde hace años. Nunca se hizo nada al respecto porque nadie se había quejado nunca."

HABLAN LOS VECINOS

De Celaru es también María Dragomir, una mujer que entonces tenía 76 años y que afirmaba que según lo que le habían contado un niño que nace con los pies por delante, o con restos de la placenta, está marcado durante su vida y se convertirá en vampiro al morir, tradiciones viejas y bien conocidas por los aficionados a la upirología. Para evitarlo, continuaba, deben clavarse agujas de tejer en su corazón y su ombligo cuando muera. Esta mujer construía además ciertas bolsitas que deben colocarse bajo las cabezas de los muertos, conteniendo granos (quizá de amapola), piedrecillas, un peine, un espejo y una manzana.

Otro anciano de Marotinu de Sus, de 64 años, Ion Balasa, explicó a los periodistas que hay dos formas de acabar con un vampiro, pero sólo la que se había practicado contra Toma Petrică era eficaz cuando el vampiro ya se había levantado de la tumba. La otra se aplica como un medio para evitar que un difunto se convierta en uno: "Antes del entierro debes insertar una aguja larga de tejer, justo por su ombligo. Esto evitará que se convierta en vampiro." Pero cuando el muerto ya se ha convertido en vampiro hay que extraerle el corazón y quemarlo, cosa que no es tarea fácil: "El corazón de un vampiro, mientras lo estás quemando, rechina como un ratón y trata de escapar. Es mejor mantenerlo atravesado por una estaca mientras se le pone en la sartén para que no escape."

Pasó el tiempo, pero los vecinos de Marotinu de Sus seguían apoyando a los inculpados. Un año después de los sucesos Anisoara Constantin, un vecino entrevistado en la calle principal del pueblo, veía bien lo que había hecho la familia de Toma Petrică: "Bueno, la enferma recuperó de nuevo la salud, así que algo deben haber hecho bien".

Mihai Fifor, del Centro de Estudios de Sociedades y Culturas Tradicionales de Craiova declaró que "Este ritual particular es único pero hay muchos casos de gente que afirman ser presa de muertos y vampiros. Existe una cantidad de diferentes rituales para este tipo de situaciones en las que la gente cree que necesita matar vampiros." Por su parte Sabina Ispas, etnóloga del Instituto de Etnología y Folklore de Bucarest comentó que "temores y grandes cambios en la vida a veces son asociados por la gente con rituales y supersticiones, un conjunto de reglas forjadas generación tras generación que han sido confirmadas con el tiempo. En la Rumanía rural se ha conservado de un modo extraordinario el sistema de rituales y creencias."

Pero la creencia en vampiros no sólo afecta a la Rumanía rural. Aún en las ciudades encontramos gente que cree en ellos. En Bucarest, María Tedescu, estudiante de derecho de veintiún años al ser preguntada por ello respondió así a los medios: "Todos tenemos nuestras pequeñas supersticiones, como por ejemplo dar tres pasos hacia atrás para que no ocurra nada malo si un gato se cruza en el camino. Pero los vampiros son diferentes. No es algo para tomarse a la ligera. Sé que puede sonar tonto y no me lo puedo explicar completamente, pero creo que existen. Siempre llevo un crucifijo conmigo... por si acaso."

FUENTES

Este caso obtuvo una gran repercusión mediática, y como dijimos más arriba muchos diarios no rumanos se hicieron eco de la misma. Los periodistas acudieron a Marotinu de Sus y alrededores y entrevistaron a muchos aldeanos, algunas de cuyas declaraciones hemos visto en este artículo. Según algunos esta expectación se debe a que Rumanía en aquel año iba a entrar en la Unión Económica Europea. Sea como fuere esta noticia, que confirmaba que la creencia en vampiros estaba más viva de lo que pensaban muchos, llamó la atención de todos los medios de comunicación dentro y fuera de las fronteras rumanas.

Los diarios rumanos se ocuparon del caso en diferentes fechas:

  • 21 de febrero de 2004. Vampirul din Marotinul de Sus, en evz.ro. Ver aquí.
  • 26 de febrero de 2004: "Un strigoi bantuie Europa", firmado por Dorina Rusu. Publicado en Ziua.
  • 29 de enero de 2005: "Vanatorii de Strigoi, condamnati", firmado por Daniela Nedelcu. Publicado en Ziua. Ver aquí.
  • 2005: "Sidonia si Moroiul din Dolj", firmado por Toma Roman JR. Publicado en Jurnalul National.
  • 2005: "Ce buna a fost inima moroiului Toma!", firmado por Cristian Vasilcoiu. Publicado en Jurnalul National.
  • 12 de abril de 2006: "Vampiri in Banat", firmado por Claudia Cristescu. Publicado en Banateanul. Ver aquí.
  • 27 de septiembre de 2007: "Satul care tremura de frica strigoilor", anónimo. Publicado en Timis Onlinem. Ver aquí.
  • 23 de mayo de 2010: "Temuţii strigoi, cu inima înţepată şi arsă", firmado por Andreea Dogar, en evz.ro. Ver aquí.

Entre la prensa extranjera destacan los artículos del 11 de abril de 2004 publicado en el Sunday Times; y el publicado el 6 de febrero de 2005 en el Daily Telegraph. También la prensa española le dedicó algunas páginas, como el artículo "En tierra de vampiros", firmado por Álvaro Colomer, publicado en La Vanguardia el 1 de noviembre de 2006. Algunos portales donde encontrar artículos o reseñas sobre el tema:

  • 28 de marzo de 2004. Romanian villagers decry police investigation into vampire slaying, firmado por Matthew Schofield para Knight Ridder Newspapers. Ver aquí.
  • 11 de abril de 2004. Village vampire slayers in grave trouble, por Justin Sparks para The Sunday Times. Ver aquí.
  • 19 de junio de 2005. A village still in thrall to Dracula, firmado por Daniel McLaughlin para The Observer. Ver aquí.
  • 28 de octubre de 2007. The real vampire slayers, por Timothy Taylor para The Independent on Sunday. Ver aquí.
  • 14 de enero de 2009. The case of Petre Toma en Journal of Vampirologist. Ver aquí.
  • 15 de enero de 2009. Vampiri în Banat, firmado por Claudia Cristescu para Banateanul. Ver aquí.
  • Adevărul despre "Cazul strigoiului Petre Toma”, firmado por Larisa Mititelu, para indiscret.ro. Ver aquí.

OBSERVACIONES

Algo a tener en cuenta a la hora de manejar los nombres de los protagonistas es que en Rumanía la costumbre a la hora de mencionar a alguien es comenzar por el apellido paterno (o el del marido en el caso de las mujeres casadas), y continuar por el nombre de pila. Así Gheorge Marinescu aparecerá en los textos rumanos como Marinescu Gheorge. En este artículo hemos optado por mencionar primero el nombre y luego el apellido.

Los artículos de la prensa extranjera a menudo resultan confusos o contradictorios en cuanto a la relación de parentesco de los implicados con el difunto. Esto se debe probablemente a que en rumano en algunos casos la misma palabra designa diferentes grados de parentesco. Por ejemplo, la palabra nepoată designa tanto a una sobrina como a una nieta. En algunas fuentes se afirma que Gheorge Marinescu era hermano de Toma Petrică; pero si fuera así llevarían el mismo apellido. Sin embargo los diarios rumanos utilizan la palabra cumnatul, cuñado, para designar el grado de parentesco entre estos dos hombres. Por la misma razón a menudo vemos a Minela Marinescu tratada a veces como nieta del difunto, y a veces como sobrina. Sin embargo del contexto se deduce que en realidad era sobrina política del supuesto vampiro.

© 2010. Del texto y traducciones, Javier Arries

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