El Signo de Fuego Leo está relacionado con el Sol, es decir la
luminaria mayor, como lo denominaba la astrología medieval. El
elemento Fuego se dedica principalmente al descubrimiento y cumplimiento
de posibilidades futuras. El Sol nos otorga la energía que necesitamos
para llevar a cabo nuestros deberes diarios. Es el centro de la
vida y representa nuestra vitalidad.
Como Leo, sueles ser persona de gran corazón que posee un mundo
interior lleno de dignidad y orgullo. Dispones de amor, agradecimiento
y lustre en abundancia y quieres dar de ello a otras personas.
Vives tus convicciones con plenitud e inviertes en ellas toda
la fuerza de tu personalidad. Como nativo de Leo sientes el simbolismo
del Sol como una invitación a convertirte en un representante
digno de este astro tan luminoso. A pesar que Leo posee muchas
cualidades positivas, debes aprender a encontrar tu propia naturaleza
tu ser real independiente del reconocimiento por parte
de los demás. En otras palabras: el reto del Leo consiste en encontrarte
a ti mismo.
Lo más importante para ti, como Leo, es tu pequeño mundo interior.
Por consiguiente, te resulta difícil saltar sobre tu propia sombra
y aceptar que otras personas sienten o piensan de forma diferente.
Con frecuencia no sabes reconocer las necesidades de tu prójimo,
ya que Leo contrario a Libra, Cáncer o Piscis no es
un signo de relación.
Si hay algo que te fastidia es la rutina, y también te vuelves
impaciente si las cosas no se mueven a tu ritmo y con la rápidez
esperada. No te gusta en absoluto que te critiquen, y te sientes
insultado si alguien lo hace, porque no comprendes cómo alguien
puede ver fallos en ti. Estás convencido de ti mismo y de tus
virtudes, y vives del reconocimiento de tu entorno. No es probable
que alguien te pase por alto, ya que tu resplendor majestuoso
se hace notar. No cabe duda que tienes nobleza. Cuando recibes
la admiración requerida (o merecida), puedes ser muy generoso
y compartir tus riquezas con otros. Entonces, recuerdas a un rey
de cuento, quien puede ser muy bondadoso si no está ocupado en
luchar contra enemigos malvados y preocupado con preservar su
poder.