Historia Eclipse 1900 - El Sol: Nuestra estrella

HISTORIA DEL ECLIPSE TOTAL DE SOL DEL 28 DE MAYO DE 1900 OBSERVADO DESDE SANTA POLA

EL SOL: NUESTRA ESTRELLA

Cuando cae la noche, el cielo se llena de diminutos puntos titilantes a los que conocemos como estrellas. En una noche oscura podemos ver cientos de ellas. Su luz ha viajado durante miles de años hasta llegar a nuestros ojos.

¿Cómo sería estar cerca de una de esas estrellas? Cerca de su intensa luz y ardiente calor. En un lugar donde una gran bola de fuego ilumine el cielo de un fantástico planeta.

Ese mismo día, y sólo unas pocas hora más tarde, podemos asistir a un acontecimiento maravilloso y sobrecogedor: el nacimiento de un nuevo día.

Sobre el horizonte surge majestuosa una magnífica estrella que ciega nuestra vista. Un día más, el Sol proporcionará la luz y el calor suficientes para que la vida surja y se desarrolle en este fantástico planeta.

A una distancia media de 150 millones de kilómetros, el Astro Rey, es una estrella amarilla de un diámetro 220 veces el de la Tierra y en cuyo interior, si lo imaginásemos como un inmenso bolso, cabrían cerca de un millón y medio de planetas como el nuestro.

Semejante bola de gas está compuesta principalmente de Hidrógeno, y básicamente se trata de una enorme bomba atómica cuya temperatura en la superficie es de aproximadamente de 5500º C. En su interior, el Hidrógeno se fusiona en Helio a temperaturas que rondan los 14 millones de grados centígrados.

Con una edad de unos cinco mil millones de años, se podría decir que se encuentra en la flor de la vida, ya que se supone que "vivirá" entre 10 y 15 mil millones de años.

Comparada con otras estrellas de nuestra galaxia, podríamos decir que es un astro mediocre de color amarillo situado a medio camino entre las enormes Gigantes Rojas con tamaños cientos de veces el del propio Sol y las diminutas Enanas Marrones; tan "diminutas" como la misma Tierra.

Observar en su superficie innumerables fenómenos forma parte del repertorio de interesantes elementos que todo aficionado y/o curioso debería contemplar.

Pero quizás el acontecimiento más espectacular que provoca el Sol, son sin duda alguna, los Eclipses Solares. Estos no se dan con mucha frecuencia en el lugar de la Tierra donde nos encontramos, ya que no son visibles desde todos los puntos de nuestro planeta. Así que cuando ocurren, son objeto de admiración y estudio por parte de astrónomos profesionales y aficionados y del resto de mortales que poblamos este planeta.

 

 

ECLIPSE SOLAR

Un eclipse Solar se produce cuando el Sol, la Luna y la Tierra se alinean exactamente. En ese caso, la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra, proyectando una sombra circular sobre la superficie del planeta. Esta sombra recorre la superficie de la Tierra en lo que se denomina franja de totalidad: una estrecha franja donde sólo será posible la observación del eclipse solar. En las zonas adyacentes, y hasta una determinada distancia, el eclipse será parcial, con lo que el observador verá el Sol como si le hubiesen dado un mordisco. La banda de totalidad a la que hacíamos referencia anteriormente es de unos 300 Km. de sección en su zona más ancha.

Fig.: 1: Esquema de un Eclipse de Sol.
1a. y 1c. Parcial. 1b. Total

Cada año, se producen al menos dos eclipses de Sol, si bien no todos serán observables desde el mismo lugar de la Tierra. De ahí la curiosidad que despierta en las personas y el entusiasmo que ponen los científicos en su estudio. Estos científicos y miles de aficionados y curiosos, no dudan en recorrer grandes distancias para poder observar estos escasos y preciosos eventos, que culminan en los pocos minutos que dura la totalidad; dos o tres minutos en los que la noche llega de repente.

Algunas veces, cuando la Luna se encuentra en la zona de la órbita más alejada de la Tierra, se produce otro tipo de eclipses no menos curiosos: son los llamados Eclipses Anulares. En esta ocasión, el Sol no es ocultado completamente por la Luna, sino que al tener esta última un tamaño aparente menor que el del Sol, deja ver el contorno de luz de la estrella, rodeando la silueta de nuestro satélite.

En un eclipse, hasta aproximadamente 15 minutos de la totalidad, cuando el Sol está cubierto en cerca de un 80%, no se aprecia una oscuridad significativa. El ambiente comienza a experimentar un cambio tal, que la luz adopta una tonalidad extraña. Los animales parecen algo confusos y se comportan como cuando en un día normal se acercara la noche.

En los últimos segundos, cuando el Sol es ocultado completamente, la noche es casi perfecta, y en el cielo, la imagen es sobrecogedora. Por entre las montañas que conforman el contorno de la Luna aparecen una especie de gotas brillantes que no es si no el propio Sol que asoma. En ese momento, aparece una luz fantasmal que rodea la Luna. La corona, que es así como se llama, es la parte más exterior del Sol y su forma cambiante indica la actividad solar del instante. Por encima de las montañas lunares aparecen enormes llamaradas denominadas protuberancias solares, las cuales se alejan miles de kilómetros de la superficie solar.

Llegados a este punto, el cielo se ha plagado de estrellas, y durante este breve instante la sensación es extraña, refrescándonos la cara una brisa fresca surgida de repente.

Tras esos escasos dos o tres minutos indescriptibles, el proceso se invierte y el Sol vuelve a aparecer de detrás de la Luna. Un tiempo más tarde, todo habrá concluido y el día seguirá su curso, habiéndonos dejado en la memoria un recuerdo imborrable.

Fig.2: Imagen del Sol eclipsado