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OBSERVACIÓN DE JÚPITER

La observación de Júpiter siempre es interesante y muy gratificante, ya que en sólo una noche podemos ser testigos de gran número de eventos. En este artículo explicamos todo para que puedas disfrutar de la observación de este gigante gaseoso.

A 700 millones de kilómetro del sol, se encuentra el Gigante Júpiter con 140.000 Km. de diámetro. Con unos simples prismáticos y unos 10 aumentos, serán suficientes para ver el achatamiento del planeta. Si utilizamos un 75 mm y lo dotamos de 50 aumentos, ya podemos ver el disco con dos bandas oscuras que lo dividen en dos, dejando una zona clara entre ellas.

Duplicando los aumentos ya vemos incluso dos bandas más situadas en la parte superior de cada una de 1as anteriores en dirección a los polos, teniendo estos últimos un color oscuro.

¿Qué es una Zona y una Banda? ; una banda son aquellas regiones oscuras y paralelas al planeta, las cuales no son más que corrientes de gas que se sumerge hacia las profundidades. La zona, es entonces, aquella región clara que queda encerrada entre dos bandas.

Como los telescopios invierten la imagen, el sur aparecerá arriba y el Norte abajo. Ya que las bandas y zonas suelen aparecer en pares, la que se vea arriba será la sur, y la norte la de abajo. En este caso tendríamos la Banda Ecuatorial Sur y su homónima Norte. Como los nombres son muy largos, se abrevian por las siglas, además escritos en inglés, por lo que estas estarán al revés que las derivadas del castellano.

En el gráfico siguiente se muestran cada una de las Bandas y Zonas con sus siglas y a la izquierda el desarrollo de las mismas.

Dicha esta pequeña introducción, procederemos a describir la observación del planeta Júpiter.

Con un refractor de 75 mm, se distinguen perfectamente las dos bandas ecuatoriales y también las bandas tropicales o templadas, algo más finas y débiles. Si la atmósfera acompaña, se verá incluso la famosa Mancha Roja o red Spot (RS), que últimamente tiene un color algo más claro. Si disfrutamos de las condiciones descritas y oculares bien limpios, no nos será difícil (aunque tampoco fácil) discernir una especie de satélites oscuros de las Bandas Ecuatoriales, que reciben el nombre de festones.

Subiendo hacia los polos, veremos que estos son algo más oscuros que el resto del planeta, sin tener ningún detalle.

Visto ahora con un 200 mm la cosa cambia bastante como era de suponer. Con este instrumento, son visibles ya todos los detalles: las 8 bandas, las siete zonas descritas en el gráfico anterior más dos zonas entre los Polos. En la zona ecuatorial se podrá ver una fina línea que divide el plantea y esta zona en dos subzonas gemelas. Esta nueva banda recibe el nombre de "Banda Ecuatorial" (EB). Aquí los óvalos, puentes entre estos y las bandas, bahías, roturas y otros detalles, son bien visibles.

Alrededor de la Mancha Roja se observa un reborde blanco denominado Bahía de la Mancha Roja o BSH, teniendo en ocasiones óvalos o perturbaciones en su interior.

Para potenciar los resultados de las observaciones cabe aconsejar la utilización de filtros de color amarillo o verde para resaltar todos los detalles; los violeta destacan las pequeñas manchas y oscurecen los detalles rojizos; el naranja oscurece y aclara los detalles oscuros y claros respectivamente.

Para hacer los dibujos de la superficie de Júpiter es recomendable no centrarse sólo en un periodo muy determinado de tiempo, es mejor hacer 50 dibujos en seis meses que 100 en dos. De este modo apreciaremos mucho mejor las variaciones a largo plazo.

  Dibujo tomado con un Newton de 206 mm. y 198 aumentos.  


Tengamos en cuenta que la rotación del planeta está en casi diez horas, por lo que los detalles pueden variar notablemente dentro de la misma sesión de observación.

OBSERVACIÓN DE LOS SATÉLITES

Todos sabemos que el primer mortal en ver el maravilloso espectáculo de los satélites de Júpiter fue Galileo Galilei, utilizando su primitivo refractor. Se dio cuenta que habían tres estrellitas repartidas a los lados del brillante planeta; a la noche siguiente observó sólo 2; y más tarde hasta cuatro, que son los satélites más importantes y brillantes observables fácilmente incluso con prismáticos.

Este grupo de satélites prono fue bautizado con su número de orden correspondiente a su cercanía al planeta y un nombre mitológico, así pues I era IO; II, EUROPA; El III, GANIMEDES y el IV CALISTO. En 1892, Barnad descubrió V Amaltea y en 1904, VI Himalia lo descubrió Perrime. En la actualidad sobrepasan los 13.

Por el simple hecho de mirar Júpiter con unos simples prismáticos, ya se ven pegados a él sus satélites. Pasando a observar con en refractor de 75mm, son, claro está, mucho más fáciles de ver, ya que el poder separador es mucho mayor. A partir de aquí ya se puede hacer el seguimiento de los satélites dibujando su posición, incluso en la misma noche, con un periodo de por ejemplo una hora.

Utilizando el Newton de 200 mm podemos ver (teóricamente) no sólo los satélites I a IV sino el V Amaltea (con magnitud 13ª), aunque la cercanía al planeta (sólo 38") impide seguirlo con facilidad. Personalmente yo no lo he logrado ver nunca. El VI Himalia está vedado a los telescopios inferiores a los 35 centímetros, por lo que nos olvidaremos de él (tiene magnitud 14).

Si utilizamos entre 400 y 500 aumento, podemos ver discos entre 7 y 12", según satélite, e incluso la distancia a la tierra. Este efecto se nota mucho con Calisto.

FENÓMENOS CLÁSICOS Y MÚTUOS

Los fenómenos clásicos son los pasos de los satélites sobre el disco joviano, el paso de sus sombras, el eclipse por la sombra del planeta o la desaparición tras el gran disco de Júpiter. Estos fenómenos (en contra de los mutuos; eclipses de uno por la sombra del otros, o de este tras el disco de otro) son perfectamente visibles con pequeños refractores, viniendo señalados estos acontecimientos en los anuarios astronómicos o en las efemérides de revistas especializadas.

La órbita de Io cae tan cerca de Júpiter que su sombra se proyecta justamente detrás de él, de modo que puede verse la reaparición del eclipse por su sombra, o la salida de la ocultación por el disco joviano en la cercanía a la oposición en éste y en el caso inverso en aquel; para Europa pueden verse a veces tanto la salida como la entrada en el ocultamiento y en el eclipse, cosa posible siempre para Ganímedes (que dura entre 2 y 3 horas) y para Calisto que dura más de 4.

En ocasiones sucede que, acerándose al planeta, unos de los satélites "transita" sobre él, pudiéndose ver como una pequeña esfera pálida sobre el planeta y delante o detrás de ella (dependiendo de la posición de Júpiter en el espacio) su sombra.

Al acercarse dos satélites, estos pasarán uno debajo del otro o viceversa. Si las condiciones orbitales lo permiten, puede llegarse al caso de ocultarse uno tras el otro, o que la sombra lo eclipse. Estos son los fenómenos "mutuos" de los que antes se hablaba.

Un satélite puede acercarse al disco joviano y, poco a poco, ir "pasando" tras él: esto se le llama ocultación. En este caso la atmósfera del planeta absorbe la luz de modo que el brillo del satélite se debilita y desaparece. Ocurre también que estamos viendo un satélite, y de repente empalidece y termina por desaparecer: acaba de entrar en el cono de sombra de Júpiter. Al cabo de un rato volverá a aparecer de forma inversa.