Cuando
las cosas van mal
Hay
épocas en la vida de uno que nos recuerdan continuamente que la vida es una
sinrazón y nos hacen ver lo insignificantes que somos en este cosmos cambiante
e inmenso.
Cuando
uno cree que todos los problemas y sinsabores que el destino le había asignado
en este tránsito ya estaban finitos, y uno empieza a levantar cabeza de sus
calamidades, cuando comienza a mirar la vida con renovado optimismo y sonríe
porque es un poco feliz, sólo un poco; acontecimientos inesperados le vuelven a
poner a uno ante la evidencia de que la vida es un "sin vivir"
continuo.
Basta
un pequeño incidente ( esa lavadora estropeada que nos obligará a salirnos del
presupuesto, la comunicación de
Hacienda que nos indica que debemos de pagar más de lo pensado, o cobrar
menos; el gas de la bombona que se acaba cuando estás "cantando bajo la
ducha") la pérdida de alguien o algo muy querido, una discusión banal y
sin importancia, la desolación o desdicha de un buen amigo, incluso la
desgracia ajena de un rostro desconocido atravesado por el dolor, para
recordarte que el sacrificio de vivir es eso; un tremendo sacrificio.
Ya
sé que hay algunas gentes que presumen de vivir sin los problemas que
cotidianamente nos ocupan; ya sé que otros prefieren mirar para otro lado y
pensar que no va con ellos y hasta los hay que, por utilizar una expresión
cotidiana, " se ahogan en un vaso de agua"; pero para el resto de los
mortales un pequeño incidente, un pequeño problema, puede significar la gota
que colma el vaso de todas las desdichas habidas y por haber.
Bien
es cierto que si los problemas se presentan de uno en uno y con paréntesis
suficiente, siempre hay tiempo para sobreponerse y volver a lucir la sonrisa.
Pero cuando se acumulan en una sucesión sin fin, lo único que te apetece es
buscar el rincón más oscuro y apartado de todas las miradas y cobijarte en él.
Eso
me recuerda las palabras de la obra de Calderón de la Barca, La vida es sueño:
¡Ay,
mísero de mí! ¡Ay, infelice!
Apurar,
cielos, pretendo
ya
que me tratáis así,
que
delito cometí
contra
vosotros naciendo;
bastante
causa ha tenido
vuestra
justicia y rigor
pues
el delito mayor
del
hombre es haber nacido…..
¿Y
que hacer cuando las cosas van mal? Pues a mi modesto entender capear el
temporal hasta que vuelva la calma e intentar por todos los medios dejar un
resquicio a la esperanza de que, algún día, en algún lugar, en algún
momento, la dicha vuelva a asomar en nuestros corazones y la sonrisa vuelva a
lucir en nuestros labios. L a mayoría, la inmensa mayoría, procuramos dejar
unos minutos de la pelea diaria para tomarnos un pequeño respiro y buscar
aquellas cosas, pequeñas o grandes cosas, que nos ayuden a olvidarnos por unos
momentos del agobio de vivir. Para unos será la lectura, para otros el cine o
la
música, o los famosos programas del "cotilleo" que tan
apreciados se están haciendo entre la parroquia, para unos cuantos/as esos
ratitos delante de la pantalla del ordenata charlando, bromeando, riendo o
enamorándose, o en el caso del que suscribe escribiendo tonterías como esta
que nos ocupa. Pero estas pequeñas cosas son las que nos ayudan a pasar la página
del diario acontecer y poder llegar sanos y salvos al día siguiente.
Y
en eso estamos mientras escribimos, aunque algo, o alguien, se empeñen en lo
contrario.
Jose
(Nuberu)