NOSTALGIAS DE PORTOBELO

Daniel Monja López-Romero, Almería (ESPAÑA)
Expedición Ruta Quetzal 1999


Corrieron y quedaron leyendas y verdades. De Nueva Granada, de Castilla del Oro, de la Nueva Andalucía... De los zipas, guajiros, quimbayas y guaraníes; de señores, adelantados, encomenderos y chapetones; de héroes, de amoríos; de soneros y juglares... ¡Tanto buscar tesoros! ¡Tan ciegos! Y por fin nos dimos cuenta de que El Dorado eran ellos... ¡Nuestros hermanos!

Y dicen que de aquella vigüela, los indios otras sacaron: charangos y bandolas, mejoraneras y cuatros... Y así fueron y vinieron, flautas, quenas, guitarras; marimbas, pipiritañas; guacharacas y timbales; bandurrias, güiros, maracas; laúdes, arpas, tamboras... Que los músicos sólo sabemos de conquistar corazones.

...Y en las noches de insomnio les inspiraban los sones de la selva, el silencio de la luna, la cadencia de la mar océana... El aire. Los cantos de los pájaros guabairos, chocoyos, chicalés y curucúes. Los perjúmenes del yacarandá, de los chagualones, del frondoso bucare. Los silbos de la serpiente, el chillar de los titíes, el sigilo del jaguar o el temible yacaré. Y sonaron las guitarras más fuertemente que cien cañones, al canto de libertad.

De norte a sur y de este a oeste, fantasías, pavanas, folías, y gallardas; zarabandas, chaconas, tientos y madrigales; tamboritos, mejoranas, sones, chacareras; nocturnos, cantares, rumbas, malagueñas; jíbaros, torbellinos, cumbias y vallenatos; congas, habaneras, mambos y milongas; calipsos, fandangos, merengues y boleros; sambas y fados, bossas... ¿Quién conquistó a quién?

Al viento palmerales, cocos, guineos; el correr de los ríos, el remanso de sus aguas, la paz de la laguna. Entre montaña y montaña, por senderos y veredas. O junto a la orilla del mar; y hasta incluso... ¡Más allá de las estrellas!... En el interior de uno mismo (entre recuerdo y quimera)... poemas de libertad. Los músicos nunca hicimos las armas contra ninguno. ¡Inseparables por siempre, hasta el final de los tiempos!

...Y en la fiesta y el bohío, danzas, abrazos. El brillo alegre en los ojos de los indios, de las idas y guayabas (dulces como el chacualote). El frescor de sus risas al mediodía, la locura del tam-tam y la chambra. Verde mar y playas blancas, cielo azul (rosa, carmesí, turquesa); y el arco iris, los colores todos. Como nosotros... infinitos.

Pasión en el pensamiento, mujer morena tu risa, sintiendo un fuego: las raíces de la tierra. Calor de indias, mestizos, sombras de la noche, estrellas de la madrugada, hombres y flores, lunas y soles, atardeceres de oro en el horizonte, murmullos de brisas en la noche silenciosa... y la aurora de la vida. Amor de romero y canela. Sólo el corazón se puede conquistar (se conquista para siempre)... Y el tiempo pasa.

Rendir homenaje quiero a tantas mujeres y hombres, rebeldes de la paz, artesanos del alma y la palabra, poetas del sonido. A todos ellos gracias por enseñarnos a ser más nobles y sabios, libres al fin... Que la música es amor y amistad.