CÓMO DARLE UNA MALA NOTICIA A LOS PADRES


Segovia, 23 de febrero de 1997

Queridos papá y mamá,

Desde que me fui al Colegio como interna, me he demorado demasiado en contestar vuestra carta; en fin, lamento mi desconsideración por no haberlo hecho antes. Ahora os pondré al corriente de todo lo que concierne a mi vida, pero antes sentaos: no leáis nada más, a menos que estéis sentados ¿de acuerdo?

Bueno, la verdad es que ahora me encuentro muy bien. La fractura de cráneo y la conmoción cerebral que sufrí al saltar desde la ventana de mi dormitorio cuando éste se incendió, se ha curado perfectamente. Pasé sólo quince meses en coma, ingresada en el Hospital y ahora veo casi con normalidad; tan sólo hubo un pequeño problema cuando se infectaron los puntos de sutura que me unían el occipital con el parietal, pero en la actualidad sólo sufro espasmos y dolores de cabeza esporádicamente.

Por fortuna, el incendio en el dormitorio y mi espectacular salto por la ventana, fueron presenciados por un empleado de la gasolinera de al lado, que avisó a los bomberos y a la ambulancia. Después me vino a visitar al Hospital todos los días, y como yo no tenía sitio donde vivir a causa del incendio, él fue tan amable que me invitó a compartir su vivienda. Bueno, realmente se trata de un sótano, pero es supermono.

Él es un muchacho excelente y, bueno, nos enamoramos como locos, por lo que pensamos casarnos. Aún no sabemos la fecha exacta, pero creo que debería de ser antes de que se note mi embarazo ¿vosotros que opináis? Sí, estoy embarazada. Me consta lo mucho que os complacerá ser abuelos y estoy segura de que recibiréis bien a los bebés - voy a tener quintillizos -, dándoles el mismo cariño, afecto y cuidados que tuvisteis conmigo, cuando era pequeña.

La causa del retraso en nuestra boda se debe, más que nada, a una ligera infección que padece mi novio, la cual nos ha impedido pasar las pruebas dermatológicas prematrimoniales. Fijaros qué tonta puedo llegar a ser: por un descuido me he contagiado yo también, pero vamos, la urticaria apenas si se me nota.

Estoy segura de que lo recibiréis en nuestra familia con los brazos abiertos. Él es muy cariñoso, y aunque no es muy educado, tiene ambición. Aún no ha obtenido el permiso de residencia en España, pero sé que vuestra tolerancia, frecuentemente expresada, no os permitirá enfadaros por esto, y lo ayudaréis a ocultarse de la Guardia Civil.

Ahora que ya estáis al corriente de todo, quiero deciros que no se incendió mi dormitorio, que no tuve fractura ni conmoción de cráneo, ni fui al Hospital; no estoy embarazada, no tengo novio, no sufro ninguna infección y no hay ningún muchacho en mi vida. Sin embargo, he sacado un suspenso en Historia, y quiero que veáis estas notas en su perspectiva adecuada.

Vuestra hija que os quiere,

María Eugenia