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EL HIDRÓGENO, la energía del futuro

La mayor limitación del motor eléctrico está en su autonomía, debido a que hasta tiempos muy recientes sólo se disponía de un medio para alimentarlos: las baterías eléctricas. Sin embargo, con el desarrollo de las celdas de combustible durante los años noventa, se dispone hoy de un medio práctico para crear vehículos de contaminación cero. En los años sesenta, en plena carrera espacial, los ingenieros resolvieron el problema de generar electricidad para las cápsulas espaciales mediante unos exóticos dispositivos denominados celdas de combustible. Las celdas de combustible son equipos sin partes móviles, de estructura similar a la de una batería corriente, usan hidrógeno en una reacción electroquímica con el oxígeno, generando electricidad y agua, esta última a modo de subproducto.

El hidrógeno es un combustible con un alto contenido energético, más del doble que la gasolina o el gas natural, con reservas de materia prima de 1.500 millones de kilómetros cúbicos.

Uno de los más graves problemas a la hora de usar el hidrógeno, es la forma de almacenarlo. Se puede almacenar en contenedores a presión o como hidrógeno líquido, pero ambas formas requieren de equipo voluminoso. Sin embargo, una de las propiedades más notables de este gas es que puede ser almacenado en ciertos compuestos metálicos. Después de que la aleación metálica es cargada con hidrógeno, recibe el nombre de hídrido de aleación metálica. Estas permiten absorber grandes cantidades de hidrógeno por lo que un tanque de almacenamiento que use un hídrido de aleación metálica, puede contener más de cien veces más hidrógeno que un cilindro de gas comprimido convencional. Con esta tecnología lo que viajará en los vehículos serán barras metálicas inertes, mucho más seguras que los depósitos de gasolina. Una de las ventajas de la celda de combustible es que no tiene partes móviles, por lo que se reduce considerablemente las partes mecánicas de un vehículo que las use. Al ser productoras de electricidad, esta se enviará directamente hasta los ejes de las ruedas donde un motor eléctrico las hace girar. Al ser un vehículo eléctrico dispondrá de incrementos continuos de energía por lo que las cajas de cambio estarán obsoletas o, por decirlo de otra manera, será como si el vehículo fuera de cambio automático.

Finalmente, todo el control del vehículo estará dirigido por redes de microcomputadoras que controlarán desde el comportamiento de los amortiguadores hasta la distancia con otros vehículos y la ubicación del auto en la ciudad. En un futuro no muy lejano nos preguntaremos: ¿cómo podíamos vivir con armatostes tan primitivos cómo los vehículos de combustión interna de hoy?

 

 
Francisco Manuel Aranda Sánchez
Socio fundador de la asociación Jóvenes Aventureros