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El nacimiento
del montañismo se puede situar en torno al siglo XVIII,
momento en el que se desarrolla el proceso de Revolución
Industrial, fundamentalmente en Inglaterra. ¿Qué es lo
que ocurre en este momento para que surja esta actividad? Los
psicólogos suelen estar de acuerdo en que las primeras
necesidades del hombre, son las que se conocen como "necesidades
primarias" y "de seguridad". Una vez que el hombre
tiene satisfechas dichas necesidades, comienza a plantearse otras cosas.
Existe un
viejo refrán español que describe esta situación
con una gran sencillez y precisión al mismo tiempo: "de
la panza nace la danza". Pues bien, gracias al proceso de la
Revolución Industrial que vivió Europa durante el siglo
XVIII, esta situación de seguridad y de tranquilidad, permite
que el hombre pueda desarrollarse en otros campos de la vida, al
tener cubiertas ya sus necesidades primarias.
Esta
situación ya se había dado en otras civilizaciones y
épocas y, a pesar de ello, a nadie se le planteó la
necesidad de subir a lo alto de las montañas. ¿Qué
es lo que ocurre entonces? Efectivamente, ya se habían vivido
situaciones parecidas a lo largo de la historia en distintas
civilizaciones, pero la fortuna de la historia trajo consigo, en este
contexto de la Europa del siglo XVIII, un ingrediente fundamental
tras la época del oscurantismo predominante: la influencia
directa del Renacimiento, se concretó en una corriente
ideológica conocida como la Ilustración, que propugnaba
el retorno a la naturaleza y afirmaba la necesidad de un mejor
conocimiento de la naturaleza, a fin de llegar a su dominio efectivo.
Si consideramos la importancia de este hecho, y tenemos en cuenta
que, además, en esta misma línea y en esta misma
época, el poeta Albert de Halle emociona profundamente a los
europeos con su obra "Die Alpen" (Los Alpes) comprenderemos
más fácilmente por qué el hombre acude a la
montaña a partir de este momento concreto. Pero también
hay que entender que, al fin y al cabo, la naturaleza y la
montaña han sido, durante miles de años, el ambiente
natural del hombre.
En este nuevo
contexto, los primeros activistas en torno al montañismo
serán los ingleses, entre los que destacó Horacio
Benedicto de Saussure. Él mismo se obsesionó con que el
Mont Blanc podía ser conquistado por el hombre y,
precisamente, en 1786 Balmat y Paccard, dos habitantes de Chamonix,
coronan la emblemática "Montaña Blanca". A
partir de entonces, la conquista de las grandes montañas de
los Alpes se pone en marcha. Había nacido un deporte y,
además, se había afincado y era reconocido por toda una civilización.
Los Alpes se
quedaron pequeños y llega el momento de las expediciones. La
razón se encuentra en que cuando una persona acude a un macizo
montañoso asiduamente, le toma las medidas y desaparecen en
él las sensaciones de intrusismo y desasosiego que puede
experimentar por primera vez. Y entonces llega el momento, por
necesidad, de acudir a otras montañas y enfrentarse a otras
dificultades. Además, tenemos que considerar que el anhelo de
"ver y conocer" es tan viejo como el hombre.
Desde que
comenzaron a ponerse en marcha las expediciones, el hombre ha
aprendido multitud de derroteros por los macizos y cordilleras
más inaccesibles del planeta: Alpes, Andes, Himalaya,
Oceanía, Antártida, Ruwenzori, Atlas, Groenlandia,
etc... Sin duda alguna, el acontecimiento más importante
dentro de la historia de las expediciones es el de la "Conquista
de los Ochomiles", es decir, las 14 montañas más
altas del planeta, de cuyos episodios destaca la ascensión al
Everest, por parte de Edmund Hillary y el sherpa Tenzing, en 1953.
Pero estas
primeras expediciones eran de carácter oficial, pues
solían representar el orgullo nacional. Sin embargo, en la
actualidad, estas expediciones son de carácter
científico o comercial, financiadas por empresas que apuestan
por proyectos de este tipo, con el ánimo de que su publicidad
llegue, junto a éstas, a los medios de comunicación.
En la
actualidad, las cosas han cambiado mucho, existiendo multitud de
intereses alrededor de esta actividad, sobre todo en las zonas donde
existen grandes macizos montañosos: las inversiones de
infraestructuras hoteleras y de tiempo libre; las empresas de
material deportivo; las federaciones pertinentes; las agencias de
viajes; las mismas instituciones y administraciones de ciertos
países, que recaudan grandes sumas por la tramitación
de permisos de ascensión. Con todo, el futuro más
remoto nos presenta una nueva época, en la que el deporte de
aventura, dentro del marco de "tiempo libre y ocio",
ocupará un lugar relativamente importante en la vida del hombre.
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David
Jesús Moscoso Sánchez
Alpinista
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