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EL ENCUENTRO - 1

V ACAMPADA JOVEN - MONFRAGÜE 2000 -
"EL VIAJE DEL QUETZAL"

Chema León, Delegado en Cáceres de la Asociación Jóvenes Aventureros, se vale en esta ocasión de su imaginación para explicar, a través del vuelo de un quetzal, lo que será la V ACAMPADA JOVEN, que se desarrollará por Extremadura entre el doce y el veinte de agosto. De esta forma, el autor nos muestra el itinerario que seguirá este Encuentro que reunirá a multitud de jóvenes, en torno a un lugar tan fascinante como es el Parque Natural de Monfragüe.

Dicen que el quetzal viajó lejos, muy lejos. Buscaba al señor de la barba blanca que un día llegó a Tikal y acabó con su reino, mientras volaba y serpenteaba los arroyos de fuego que el Rey Sol vomitaba cada atardecer. Y huyendo de las nubes como Atlantes, llegó al dominio de este señor. Para su sorpresa no pudo encontrarle, pero mientras desplegaba su cola por estas tierras, descubrió lugares de gran valor, que le motivaron para buscar la aventura.

El Quetzal encontró un lugar mágico: una sierra que estaba cortada por un gran río, que fluía atajado por las rocas; una montaña coronada por el vuelo de multitud de señores, entre los que encontró a su amor inalcanzable y platónico: el Águila Imperial. El Quetzal voló sobre el dominio del señor Buitre Leonado y conoció a su hermano, el Buitre Negro.

Este reino era conocido entonces como Mons Fragorum, el Monte Fragoso. El Quetzal sintió tanta alegría ante la danza de bienvenida que estos señores le ofrecían, que dejó caer una de las plumas mágicas y coloridas que albergaba su cola extensa. Como un destello, la longeva pluma fue tragada por la madre tierra que, en un arrebato de emoción, vomitó las piedras que construyeron un nuevo centro del universo, con el cielo más lustroso, tal como ya hiciera con Qusco.

Pero la madre tierra ofreció al Quetzal un presente: su nuevo dominio, aún más frondoso; así, le entregó el reino que sería el corazón y el pulmón del viejo continente, un lugar único en Europa, llamado Monfragüe.

COMIENZA LA AVENTURA

El Quetzal de Jóvenes Aventureros comenzará a volar en Cáceres, ciudad encantada que, desde 1986, es una de las siete ciudades españolas que ostenta el título de "Patrimonio de la Humanidad"; Castra Servilia, que ya había estado habitada en el Paleolítico, pasó en tiempos romanos a ser Norba Caesarina. Tras el periodo de la Reconquista entre árabes y cristianos, los almorávides la llamaron Hizn Qazris. Finalmente, el dominio del rey Alfonso IX de León, significó para Cáceres la construcción de palacios y casas señoriales que poblaron la ciudad.

La Plaza Mayor fue el punto de inicio que nuestro Quetzal visita, acompañado de cigüeñas de un blanco inmaculado. En la Plaza se encuentra la Torre de Bujaco, símbolo de la ciudad, y el Arco de la Estrella, que nos deja paso a las Casas de los Toledo-Moctezumas, al Palacio de Godoy, al de Carvajal, al de los Golfines de Abajo y al de Mayorazgo. El Casco Antiguo de Cáceres es uno de los tres mejor conservados de Europa y único en España.

Nuestro Quetzal decide descansar en Malpartida de Cáceres, donde se encuentra un importante Monumento Natural: Los Barruecos. En ese lugar silencioso, emerge uno de los museos de Arte Contemporáneo más aclamados del mundo: el Museo Vostell, en lo que fue una vieja lavandería de la lana que la trashumancia traía por la Ruta de la Plata. El artista hispano-alemán Wolf Volstell, maravillado como este Quetzal, ha sido el padre del movimiento Fluxus, donde una obra nunca es la misma.

Pasando por Galisteo, otro Conjunto Histórico Artístico sin igual por sus murallas árabes, llegará nuestro Quetzal a posarse en el único Arco de Triunfo romano cuadrifronte del mundo, el de Cáparra, para seguir su camino hasta adentrarse en el Valle del Jerte, protegido por las altas cumbres que lo rodean de los rigores invernales, y suavizado en verano por las aguas cristalinas y la abundante vegetación que resguarda la humedad necesaria del suelo. El valle goza durante todo el año de una climatología suave; así, el cerezo es el milagro de la compenetración del hombre y de la tierra, pero es sobre todo el milagro del color, del color de todos los colores: el blanco.

Nos deslumbraremos ante las gargantas de agua que el Jerte posee. Y desde aquí, el Quetzal sitúa un nuevo descanso en Plasencia, centro neurálgico del norte extremeño, sobrevolando la Ruta de Carlos V, en el año en el que se conmemora el quinto centenario de su nacimiento, hasta llegar a Yuste.

 

 

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