File = 'C:\Webs\Trabajos\Jovenes Aventureros\revista\1\inicio.html'

SUPERVIVENCIA

Guía básica para el buen aventurero
PARTE I

Para cualquier persona amante de la aventura o de los deportes de riesgo, es fundamental poseer algunos conocimientos básicos que en una situación extrema o imprevista, le permitan desenvolverse sin demasiadas dificultades o al menos, sin que su vida corra peligro. Por eso, vamos a tratar de exponer en una serie de artículos, las técnicas o consejos más recomendables en este tipo de situaciones, empezando evidentemente por lo más básico.

Etimológicamente, "supervivencia" no es otra cosa que la acción o el efecto de sobrevivir, aunque en la actualidad este concepto se relaciona con un conjunto de técnicas que nos permiten experimentar situaciones de las que podemos obtener multitud de enseñanzas, útiles incluso en nuestra vida diaria, con el valioso objetivo de conservar un bien tan preciado como es nuestra vida, o la de las personas que nos acompañan.

El ser humano es un buen ejemplo de adaptabilidad al medio que le rodea, pues aprovecha los recursos que éste le ofrece, y vive (no sólo sobrevive) en cualquier circunstancia o clima, por muy adverso que éste sea. Muchas veces, nuestra vida puede depender precisamente de esta capacidad de adaptación al medio que, obviamente, sólo se consigue por medio de un lento proceso evolutivo.

Cuando hablamos de supervivencia, tenemos que tener claro, ante todo, que vivir y sobrevivir no son conceptos sinónimos. Sobrevivir supone conseguir lo necesario para mantenerse con vida, mientras que vivir es adquirir la suficiente adaptación al medio, de manera que los recursos de supervivencia sean una rutina que proporcionan seguridad a largo plazo. No obstante, y aunque no nos demos cuenta, cada día hacemos gala de nuestro instinto de supervivencia y de nuestra capacidad de adaptación, extrayendo del medio los recursos que nos brinda. Pero, ¿qué ocurriría si nos separasen de nuestro entorno y nos sometiesen a un lugar adverso, nuevo y peligroso? Probablemente nos sorprenderíamos de lo que somos capaces de hacer.

Las experiencias de supervivencia pueden dividirse en dos grupos: las que son consecuencia de un accidente, de una catástrofe natural o de una guerra, y aquellas que hemos buscado por nuestra cuenta. Evidentemente para éstas, solemos llevar el equipo necesario para afrontar cualquier imprevisto, pero en el caso de una catástrofe natural por ejemplo, nos afectará de manera tan inesperada que sólo podremos valernos de nuestro espíritu de iniciativa y de nuestro afán de superación, imprescindibles en cualquier situación de riesgo.

Las personas que quieran superar cualquier dificultad que les depare la vida, deberán estar preparadas para afrontar todo tipo de situaciones, y para vencer por ejemplo, ascos psicológicos que, en lo que a dieta se refiere, suponen una traba infranqueable. Comerse un ratón o un gusano, supondrá vencer un sistema educacional y mental preestablecido, pero también puede suponer la diferencia entre sobrevivir, o morir de hambre.

CONOCIMIENTOS NECESARIOS

Algo esencial para conseguir ese propósito es respetar y conocer el medio en el que vamos a desenvolvernos. Fundirse con el entorno, sentirse parte de él, respetarlo y conocerlo serán nuestras armas a la hora de sobrevivir. Lógicamente, una buena forma física contribuirá a superar todo tipo de situaciones, aunque no es tan imprescindible como una inquebrantable voluntad de vivir, una mente fría que sepa analizar cada situación en sus justos términos. Convencer a nuestra mente para que proporcione los estímulos que precisamos en un determinado momento, o para que nos mantenga alerta, es también fundamental, por ejemplo, a la hora de soportar mejor el frío, el hambre, o el cansancio. Convencernos a nosotros mismos de que no hace frío (aunque lo haga) nos ayudará más que compadecernos constantemente: la sugestión negativa es un sentimiento que debemos evitar. Si formamos parte de un grupo en el que uno de sus miembros expresa constantemente su malestar, puede conseguir minar los ánimos de los demás. La mente puede jugar en nuestra contra, y por ello, debemos combatirla en esos momentos difíciles: cada uno de nosotros conoce la mejor forma de estimularse, de animarse; a veces, las cosas más sencillas, un simple recuerdo, nos proporciona la fuerza necesaria para continuar, sin importar cómo. En estos casos, la esperanza no es lo último que se pierde. Encontrar lo positivo de cualquier circunstancia convertirá cualquier medio hostil en amistoso, pues uno de los lugares más decisivos que debemos visitar para sobrevivir es, precisamente, nuestro interior.

Por último, hay que hacer especial mención del instinto, recurso inestimable cuando nuestra vida corre peligro. El detalle más insignificante puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. La información que nos llega a través de los sentidos suele ser fiable y el instinto nos hará actuar de forma instantánea ante el peligro.

Teniendo en cuenta estos factores, y poniendo en práctica una serie de consejos que iremos ofreciendo en los próximos números, cualquier viaje que emprendamos y se nos complique, puede resultar más apasionante y divertido, porque lo que hace a la aventura interesante es precisamente la incertidumbre que la rodea, las situaciones tan imprevisibles a las que nos hace enfrentarnos. Posturas como la solidaridad con el resto de los miembros del grupo, la previsión a la hora de llenar la mochila (introduciendo en ella cosas realmente útiles, y no meras cargas que al final, no nos servirán más que de peso innecesario), son factores importantísimos en una salida al campo, que puede verse complicada por una tormenta, un incendio, o simplemente, porque seamos sorprendidos por la noche.

Todos los conocimientos que podamos adquirir sobre botánica, zoología, biología y medicina preventiva, nos serán muy útiles no ya en las diferentes aventuras que emprendamos, sino a lo largo de nuestra vida. No hay que olvidar que la aventura más intensa es la que libramos cada uno de nosotros día a día, enfrentándonos a multitud de inconvenientes e imprevistos de los que solemos salir airosos.

 

 
Juan Pablo Bellido Muñoz
Presidente de Jóvenes Aventureros