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Por John Wilkens 
Escritor del San Diego Unión Tribune 
24 de junio de 1999   

Hay posibilidades de que usted nunca haya oído hablar de Gloria Lenhoff, pero en su mundo ella es una estrella. 
Su mundo es el Síndrome de Williams, una rara enfermedad donde las personas nacen con tristes discapacidades y asombrosos dones, en un lugar donde existen picos y valles que fascinan a los  científicos por lo que dice sobre el cerebro y el espíritu humano. 
La discapacidad de Gloria Lenhoff es mental. Ella tiene un CI de 65. A sus 44 años de edad, ella no puede sumar 5 más 6, no puede dar cambio de un dólar, no puede calcular bien las distancias antes de cruzar la calle.   
Ella no puede leer una nota de música, pero sin embargo la música es su regalo. Ella tiene un diapasón perfecto, una voz alta de soprano y una memoria similar a la de los ordenadores que le permite cantar 2.000 canciones en 25 idiomas.
Gloria Lenhoff estará en el programa El Cajón, el domingo 27/6 realizando un beneficio para el Centro de St. Madeleine Sophie, una organización no lucrativa que se encarga de estimular dones de otros adultos deficientes. 
Esta previsto que aparezca con una orquesta de 65 músicos, cantando Arias de "La Bohème" y "Don Giovanni" y una melodía de "Carrusel"; aquellos que le han oído dicen que podrían haber lágrimas en el público cuando ella haya finalizado. 
"La mayoría de las personas espera un acto novedoso, algo agudo," dijo su padre, Howard Lenhoff. "Ella realmente es algo más que todo eso." 
"Más que suficiente" para ser ofrecido en televisión y en documentales galardonados. Ella ha actuado con conocidos cantantes de ópera nacionales y ha estado en la facultad en simposiums de música. 
Mandy Patinkin y el cantante y premiado actor Tony, la oyeron y dijeron esto: "sólo escúchela cantar  y se podrá cuestionar la misma naturaleza de la inteligencia."
Poco después de que su hija naciera, Howard y Sylvia Lenhoff supieron que algo andaba mal. Pasarían años antes de que ellos comprendieran que también había algo bueno. 
Gloria no empezó a andar cuando debería haberlo hecho. Ni habló tampoco en su momento. Los doctores la diagnosticaron como "retrasada mentalmente." En la escuela la pusieron en clases de educación especial. 
Cuando ella tenía 12 años, sus padres le regalaron un acordeón pequeño. Ella siempre había amado la música, amaba cantar, y los Lenhoff pensaron que ella podía ser feliz también con su acordeón.
Así ocurrió. Había algo instintivo en la forma en que ella tocaba los botones y el teclado.
Sus padres intentaron conseguir lecciones de música para ella, pero la mayoría de los profesores querían que ella leyera música. Los Lenhoff encontraron a una profesora algo más flexible. Ella había enseñado a cantar a los presos en la prisión. Ella aceptó a Gloria.
Durante una celebración en una ceremonia judía fue cuando se dio a conocer por primera vez. Ella sorprendió a las personas asistentes cantando toda la obra entera en hebreo, la "Canción de Canciones", dijeron los Lenhoff. Ella tocó el "Vals Aniversario" con su  acordeón.
La familia estaba viviendo entonces en Florida. Se trasladaron a Israel durante un año, y posteriormente a Irvine, donde Howard Lenhoff, biólogo, encontró un trabajo en el Campus de la Universidad de California. En todo momento ellos alimentaron la pasión de su hija por la música. Contrataron a  estudiantes de Irvine como profesores de voz y acordeón. Sus habilidades crecieron.
Como ocurre con todos los padres de niños con deficiencias, lo que los Lenhoff querían era que Gloria se acercase lo más que pudiera a la normalidad. Ellos le introdujeron en clases de auto estima y confianza en sí misma. Ella aprendió a subir al autobús por sí misma y trabajó como ayudante de un maestro en una escuela de preescolar.
Durante todo este tiempo, la familia no supo la naturaleza exacta de la discapacidad de Gloria. El síndrome de Williams no fue identificado hasta 1961, seis años después de que ella naciera, cuando un médico cardiólogo de Nueva Zelanda, el cardiólogo pediátrico, J.C.P. Williams, halló similitudes específicas en un grupo de  sus pacientes.
Esas similitudes incluyen fallos en el corazón, personalidad abierta y rasgos faciales de duende: narices pequeñas y algo respingonas, ojos hinchados, orejas grandes y bocas con labios anchos.
No fue hasta 1988 que los Lenhoff escucharon las palabras "Síndrome de Williams". Ése era el año en que Gloria y su música eran destacadas en un documental PBS, "¡Bravo! Gloria," hecho por Arlene Alda.
El programa fue aireado a nivel nacional, y los Lenhoff empezaron a recibir cartas y llamadas. "Mi hijo tiene Síndrome de Williams," decía toda la correspondencia.

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