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Sevilla es la ciudad jardinera donde subsisten los más característicos tipos de jardinería nacional y aun otros, cuyo estilo se ha trasplantado de los mejores ejemplares europeos. Ante todo destacan los del Alcázar, donde pueden contemplarse jardines árabes, renacentistas y modernos. Entre los primeros se incluyen los de la Galería y el del Naranjal, que se remonta a la época de Don Pedro el Cruel, aunque fue adaptado para las bodas del Emperador Carlos V. Por último, han de mencionarse los jardines nuevos, aderezados, en lo que fue huerta del Retiro, con exquisito arte.
Por el exterior del Alcázar, rodeando la muralla y enclavándose en el barrio de Santa Cruz, se extienden los jardines de Catalina de Ribera. Creados en 1898 a partir de la donación de una ancha franja de la Huerta del Retiro. En estos jardines se encuentra el monumento a Catalina de Ribera, obra de Juan Talavera y Heredia (1921), y el dedicado a Cristóbal Colón realizado por suscripción popular por El paseo de Catalina de Ribera y los Jardines de Murillo han sido recientemente declarados, en marzo de 2002, Bien de Interés Cultural, con la categoría de Jardín Histórico. Sin embargo, los jardines que mas fama han dado a la ciudad del Betis son los del parques de Maria Luisa.
En 1893, la infanta María Luisa Fernanda, duquesa viuda de Montpensier, cedió al pueblo de Sevilla la mitad de los jardines de su palacio de San Telmo, en los que Alfonso XII y Mercedes disfrutaron de su idilio. Hacia 1929, con motivo de la Exposición Iberoamericana y gracias al trabajo del diseñador francés Nicolás Forestier, se creó todo un museo de especies vegetales entre hermosos paseos y glorietas; el parque de Sevilla por excelencia, un jardín con reminiscencias románticas donde se deja sentir el regionalismo andaluz. El eje central del Parque de María Luisa está integrado por el Monte Gurugú, un resto naturalista y pintoresco del jardín de Lecolant que recibe su nombre del macizo que domina la ciudad de Melilla; la Fuente de los Leones, de marcadas reminiscencias renacentistas y arábigo-andaluzas; la Isleta de los Patos, un estanque bordeado de piedra rústica con una isla central y un exótico pabellón donde, según la leyenda, el rey Alfonso XII declaró su amor a María de las Mercedes. Uno de los puntos más emblemáticos del Parque es la glorieta dedicada al poeta Gustavo Adolfo Bécquer, en la que, junto al busto del poeta, se desarrolla el tema del amor y sus momentos. La obra se debe a una iniciativa de los hermanos Álvarez Quintero y fue llevada a cabo por el escultor L. Coullaut Valera. El monumento es abrazado por un notable ciprés calvo plantado en 1850. El conjunto del Parque de María Luisa, se completa con las plazas de España y América, obras del arquitecto regionalista Aníbal González. El mismo estilo, mas en consonancia con el temperamento sevillano son los jardines de Las Delicias, que cubren toda la banda cercana al muelle del Guadalquivir fue uno de los primeros parques públicos diseñados en la ciudad a comienzos del siglo XIX y jugó un importante papel en el proceso de expansión urbana hacia el sur. Área de transición entre el Parque de María Luisa y la margen del Guadalquivir donde se encontraban los muelles portuarios, cuenta con un notable repertorio de esculturas y fuentes decorativas.
La Exposición Iberoamericana de 1929 supuso un considerable enriquecimiento patrimonial, gracias a la construcción de edificios de arquitectura historicista de tradición colonial como los pabellones de Guatemala, Argentina, Colombia y Marruecos. Los Jardines de las Delicias tienen además una estrecha relación medioambiental y paisajística con el vecino Parque de María Luisa, con el que comparte numerosas especies botánicas americanas para cuyo cultivo sirvió de recinto y muestrario. De mas reciente creación es el Parque de los Principes , creado en 1.973, es una muestra más de la riqueza natural que alberga la ciudad de Sevilla. En su paisaje destacan las amplias praderas y los ejemplares de árboles bien desarrollados, algunos de los cuales han alcanzado un porte considerable. A la vera de los caminos crecen los naranjos que alcanzan su máximo esplendor con la primavera .El Parque de los Príncipes, ejecutado con un diseño que responde esencialmente a una concepción funcional del jardín, presenta en sus 100.000 m2 un trazado paisajista en el que predominan las praderas amplias y abiertas, con caminos sinuosos y asfaltados. La ría atravesada por un puente, poblada de patos, y la isleta central, constituyen elementos centrales y muy populares del parque. Desde el punto de vista del diseño jardinero es, sin embargo, el original trazado de la antigua rosaleda, el que presenta mayor interés. El resultado es un parque luminoso y alegre en el que, no obstante, hay paseos flanqueados por naranjos, jacarandas, ciruelos de Japón o tipuanas
El parque Amate, con una extensión de 316.800 m2, está estructurado en torno a un gran eje central a lo largo del cual se disponen una plaza semicircular, un enorme estanque para riego de los jardines y una fuente. De esta gran avenida central parten numerosos caminos que, formando una sencilla red, atraviesan las casi 32 hectáreas de albero y césped del parque. Las dobles alineaciones de árboles dispuestas en la avenida principal a modo de bóveda y las amplias praderas del parque permiten realizar un agradable paseo por el mismo. El Parque Amate, el segundo gran parque que tuvo la ciudad tras el Parque de Los Príncipes, se ha convertido con el paso de los años en un agradable espacio para la estancia y el paseo de todos los vecinos del área de Sevilla Este, iniciativa de José Laguillo. Es obra también de Juan Talavera, salvo el león que une a las dos columnas en su parte superior, obra del escultor Coullaut Valera. En estos jardines está situado el Paseo de Catalina de Ribera, colindante con las murallas del Alcanza y, más arriba los denominados jardines de Murillo. Los jardines de Murillo, como evoca Romero Murube, están dentro del "canon sevillano, es decir, del jardín pequeño o del jardín grande formado por la suma de nuestros pequeños jardines". con fuentes y asientos de ladrillo y azulejo, con sus pequeñas glorietas entrelazadas, representa un ejemplo purísimo de jardín andaluz, guardando el recogimiento y misterio de los rincones musulmanes andaluces, y poseyendo ese carácter recoleto de muchas plazas sevillanas. |
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