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Pingüinos
1er año de Pingüinos, enero de 2003, mi primer viaje largo (300km para mi era casi el fin del mundo... que me lo digan ahora!) y mi primera concentración. Llevaba dos semanas esperando el gran día, con expectación ya que la televisión no daba buenas previsiones, es mas daba malísimas – pero todavía quedan dos semanas – me dije, lo malo es que el día antes de salir la cosa seguía de mal en peor.
El día que salimos recuerdo que llovía a chorros y encima yo iba equipada de amateur total, pantalones de cuero prestados (tres tallas mas), botas prestadas (4 números mas), guantes de esquiar y casco NZI mas viejo que ni sé... pero y la ilusión que tenía, que??? Bueno el caso es que cuando fuimos al punto de encuentro (todavía sin salir de Bilbao) yo ya estaba empapada de arriba abajo asi que os podéis hacer una idea de cómo llegué al peaje, parada, fuera guantes y manos directas al motor, creo que el pobre ya ni emitía calor porque estaba tan congelado como yo. Lo único que animaba un montón era ver que no eras la única pringada que se estaba muriendo de frío, los arcenes estaban llenitos de moteros haciendo exactamente lo mismo que nosotros.
La UNICA parada que hicimos, y solo porque yo me pasé casi una hora dando largas sin parar a mi hermano (la verdad es que no sentía el botón asi que no se cuanto tiempo exacto pasó) fue llegando a Valladolid, después de haber cruzado por nieve, niebla y lluvia, mucha lluvia y mucho frío. Esto no lo debería de contar porque Susi y yo hicimos un pacto de silencio, pero como en cada Pingüinos se lo contamos a alguien pues que mas da ya, no? Estábamos tan congeladas que al entrar a la gasolinera a beber algo caliente y ver una estufa nos abalanzamos como dos desesperadas hacia ella en un intento de devolver la sensibilidad a las extremidades. Esa fue la mejor parte del viaje, solo superada por la parte que vino muucho después y en la que el dueño se acercó y nos preguntó si queríamos que encendiera la estufa (el ataque de risa y de vergüenza que vino después fue im-prezionante)
Y por fin, llegó la recompensa, llegamos a Simancas, una duchita rápida para quitar el frío y de cabeza a Boecillo para dar un paseo por la concentración. Al llegar allí yo iba alucinada, primero porque nunca había visto tantas motos juntas y segundo porque había mas colgados por metro cuadrado con sus motos tuneadas en plan casero que en un concierto de Ambar :) Recuerdo que nos comimos el super caldo pingüinero con guantes y casi me muero cuando tuve que quitármelos para lavar los cuenquitos en una fuente de agua congelada. Aquel año me reí como no me había reído nunca contando y oyendo mil batallas alrededor de una hoguera y viendo como comenzaba a nevar sin apenas una nube en el cielo.
A ese año le han seguido tres mas, cada uno mejor y por eso quiero dejar aqui también unos cuantos recuerdos de esa pedazo de reunión que se organiza cada año.
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