Carta aparecida en Ideal Digital, 14-2-2004
PUERTA REAL
Sociedad laica
EDUARDO CASTRO
La razón de ser del movimiento laicista en Europa no es
acabar con la religión (con ninguna de ellas, por absurdas
que a muchos nos parezcan casi todas), sino sacarla del ámbito
de lo público y ubicarla exclusivamente en el de lo privado.
Al igual que la militancia política, el hábito alimenticio,
la inclinación sexual, el gusto musical, la preferencia
literaria o la afinidad deportiva, la creencia y la práctica
religiosas deben ser siempre una opción libre, individual
y privada, nunca obligatoria, gregaria y pública. Por eso
llama tanto la atención esta especie de cruzada desatada
en nuestro país para imponer al conjunto de la sociedad
civil, a golpe de decretos políticos o chantajes episcopales,
la doctrina de un solo grupo, por muy mayoritario que éste
sea y muchos derechos históricos o tradicionales que a
su favor se esgriman. Porque eso es, precisamente, lo que la nueva
Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza, la controvertida
LOCE, supone respecto a la Religión: una imposición
forzosa en toda regla (legal, pero ilegítima; mayoritaria,
pero inconstitucional) hecha al amparo de una mayoría parlamentaria
que, además de absoluta, se ha mostrado asimismo absolutista
para sacar adelante contra viento y marea la transformación
de una asignatura hasta ahora 'maría' y voluntaria en obligatoria
y trascendental. Juzguen, si no: desde el primer curso de Educación
Primaria hasta la entrada en la Universidad o el pase a la Formación
Profesional, la Religión, tanto en su opción confesional
católica (cuyos profesores seguirán siendo nombrados
por los obispos) como en su supuesta alternativa no confesional
(cuyos contenidos y criterios han sido denunciados por su tendenciosidad),
tendrá un total de 840 horas lectivas, por encima de asignaturas
como Ciencias Naturales, Geografía, Historia o Filosofía,
y bastantes más que las enseñanzas artísticas
o la propia Ética, aparte de contar su evaluación
para posibles repeticiones y la nota media del bachillerato, con
su consecuente repercusión en el futuro universitario del
estudiante. Por si fuera poco el ataque a la inteligencia (y a
un derecho tan elemental como el de la libertad de conciencia)
que esta imposición supone, al quedar reflejada en el expediente
del alumno la opción elegida se vulnera también
algo tan sagrado para los mentores políticos de la polémica
ley como la mismísima Constitución, que en su artículo
16 dice taxativamente que nadie será obligado a declarar
sobre sus creencias religiosas.
No es de extrañar, pues, que la asociación Andalucía Laica, nacida bajo la matriz de Europa Laica y a iniciativa de la pionera Granada Laica, haya acordado realizar una campaña informativa que, bajo el lema 'Por una sociedad laica' y en colaboración con la Confederación de Asociaciones de Padres de Alumnos y distintas organizaciones profesionales, políticas y sindicales, pretende alertar a la sociedad española del grave retroceso civil que la próxima entrada en vigor de la LOCE traerá parejo. Porque resulta ciertamente inadmisible que, en pleno siglo XXI y a respaldo de un Concordato pactado con el Vaticano antes de aprobarse la Carta Magna, se puedan impartir en la escuela pública contravalores como la discriminación de género o la intolerancia hacia opciones religiosas, sexuales o familiares distintas a las del nacional-catolicismo que la Conferencia Episcopal y nuestra ministra-candidata parecen empeñados en devolvernos a nuestro pesar.