Batalla de Belchite

Batalla de Belchite

El frente de Belch1.jpg (113500 bytes) Aragón había estado tranquilo desde el otoño de 1936, controlado por los anarquistas y el POUM. Se habían formado colectividades agrícolas en esa región bajo la orientación del Consejo de Aragón, dominado por los anarquistas y cuya autoridad había sido reconocida por el gobierno de Largo Caballero. Desde el punto de vista del gobierno, esa región no era de fiar políticamente y no entregaba al ejército republicano lo que le correspondía en productos y soldados.

Pincha en la fotografía de la izquierda la puerta de entrada a Belchite.

El 24 de agosto los republicanos lanzaron una ofensiva en Aragón contra los mal defendidos pueblos de Quinto y Belchite, logrando cierto éxito local pero a un alto precio.

 El ataque, sin preparación artillera previa y contando con la ayuda de unos 105 carros rusos T-26, se inició en ocho puntos del frente: dos entre Belchite y Zaragoza, tres al norte de Zaragoza y tres más al sur de Belchite.

 Inicialmente se  capturaron las localidades de Quinto y Codo. El día 26 fue ocupado el pueblo de Mediana mientras que Belchite resistía, a pesar de que se encontraba ya a 16 kilómetros detrás de las líneas republicanas. Los nacionales empezaron concentrar fuerzas en el lugar, apoyadas por un importante contingente de aviación e intentaron romper el cerco a Belchite, pero ésta acabó capitulando el 6 de septiembre.

Una barricada carlita en Belchite

 En la preparación de esta operación, el gobierno de Negrín disolvió el Consejo de Aragón, situando la región bajo su control directo. A pesar de esto, las colectividades persistieron hasta marzo de 1938, cuando los nacionalistas ocuparon la región.

Belchite quedó en ruinas, pero no fue reconstruida. El nuevo Belchite se construyó a su lado, dejando el viejo como recuerdo de lo que allí pasó, un monumento a la Memoria. 

Allí sigue, para quien quiera visitarlo, con sus muros medio derruidos cubiertos de impactos de obuses y balas. Las iglesias de San Agustín y San Rafael destacan sobre el resto de estructuras, con sus torres de estilo mudéjar agujereadas como un queso de Gruyere. Aun puede verse un proyectil que no explotó impactado en la torre de la iglesia de San Agustín y los lugareños cuentan que había otro más grande en la de San Rafael, pero que fue retirado  ya hace tiempo. 

 Se puede ver paseando por las calles entre las ruinas a algunas personas, ya mayores, sin duda recordando viejos tiempos; siempre están dispuestos a contar, al visitante que está dispuesto a escuchar, anécdotas de lo que allí sucedió durante y después de la batalla e incluso algunos se ofrecen amablemente a guiar a los visitantes por el pueblo viejo contando historias dignas de oír. 

 

belch6.jpg (75679 bytes)En la fotografía de la izquierda, la torre de la iglesia de San Agustín

Algunos cuentan como, de niños, jugaban entre las ruinas del pueblo haciendo explotar la abundante munición allí abandonada, " -Una vez encontramos una caja de municiones entera -nos contó uno de ellos - sacamos la pólvora de las balas y le prendimos fuego para ver como explotaba... éramos unos inconscientes, pero a pesar de ello, nadie sufrió daño.

 

 

 En otra ocasión -continuó contando- encontraron un obús muy grande al lado de un olivo, le echaron leña e hicieron un fuego hasta que explotó.

 Según cuentan, tan solo hay que lamentar la muerte de un hombre, por culpa de un obús sin explotar.

 -Allí fusilaban a la gente -dijo señalando a las ruinas de una de las casas- eso era antes la cárcel, los conducían hasta allí, los ponían delante de ese muro y los fusilaban...  Lo que ocurrió aquí fue terrible, la guerra fue terrible, una guerra civil es lo peor que puede pasar, tanto odio...  Pero peor lo pasamos después de la guerra, aquí aun siguió viviendobelch5.jpg (111106 bytes) gente, en algunas de esas casas -dijo señalando algunas casas cerca del convento de Santa Raquel-, no tenían otro sitio a donde ir. Aquí siguió viviendo gente hasta el año 60, creo, sí, hasta el año 60...  

No había sitio para enterrar a tanto muerto -continuó hablando- y los metieron en un pozo, donde ahora se encuentra un monumento, seguramente ya lo habrán visto -(se puede visitar en Belchite un monumento levantado por los nacionales en honor a sus muertos, al cual se accede subiendo unas escaleras)- y allí los metieron a todos, de uno y otro bando, es un cementerio...-

  El lugareño que nos hizo de guía se quejó amargamente: -Ya no viene tanta gente a visitar el pueblo, los catalanes son los que tienen más marcha...

 Catorce días en esa maldita iglesia -nos siguió contando mientras señalaba hacia la iglesia de San Rafael- estuvimos catorce malditos días sin poder salir de allí mientras las bombas caían encima de nosotros... yo tenía entonces 13 años, estábamos rodeados por los fascistas y no podíamos salir...-  

 

       

 

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