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Padres los que tengáis hijos, hijos que tengáis parientas, parientas que tengáis primos, y primos que tengáis suegras. Mirad que crimen más feo En la provincia de Cuenca cometieron tres ladrones a eso de las doce y media.
Con un hacha, tres pistolas,
Encuentran por fin al amo;
Buscaron a la criada,
Y entonces el más canalla,
Los otros dos asesinos
Y no contentos con esto, |
lo cogen de la cabeza, y al tenérsela en las manos, se la cascan con dos piedras.
Muerto el amo, muerto el mozo
Y a un santo Cristo de barro
¿Quién quiere, por cinco céntimos,
Padres los que tengáis hijos, |
1910.
El día 20 de agosto desaparece José María Grimaldos López. Después de vender unas ovejas de su propiedad, El Cepa, apodado así por su corta estatura y escaso entendimiento, desaparece. Según se supo posteriormente, fue a tomar los baños a La Celadilla, a cuatro kilómetros de El Pedernoso. José María trabajaba de pastor en casa de Francisco Antonio Ruiz, de Osa de la Vega, donde ejercía de mayoral León Sánchez y de guarda Gregorio Valero.
Transcurridas varias semanas desde la desaparición, empezaron a correr rumores entre los vecinos de Tresjuncos sobre la posibilidad de que hubiese sido asesinado para robarle. Los familiares del presunto asesinado denuncian ante el juez de Belmonte su desaparición, acusando a Gregorio y a León de ser los presuntos asesinos.
1911.
En el mes de septiembre es sobreseida la causa. Instruido el sumario, tras el interrogatorio de los detenidos, el juez los pone en libertad por falta de pruebas de culpabilidad.
1913.
En abril se reabre nuevamente el caso. Las nuevas denuncias de la familia del desaparecido coinciden con la llegada del nuevo juez de Belmonte, Emilio Isasa Echenique. Se detiene nuevamente a los mismos sospechosos. Se inicia de esta forma un verdadero calvario para los acusados. Las pesquisas judiciales llevadas a cabo por la fuerza pública con aplicación de torturas y malos tratos se encaminan en dos direcciones: conseguir la confesión de los inculpados como responsables de la muerte del desaparecido y saber lo que hicieron con el cadáver.
El 11 de noviembre de 1913, por orden del juez de Belmonte, el juez municipal de Osa de la Vega levanta acta de defunción, donde consta "... que José María Grimaldos López, natural de Tresjuncos (Cuenca) de 28 años de edad, pastor, falleció a las 8.30 ó 9 de la noche del 21 de agosto de 1910, en el palomar de la "Virgen de la Vega", de este término municipal, a consecuencia de haber sido asesinado por León Sánchez y Gregorio Valero...".
Como anotación marginal al acta se recoge: "No ha podido ser identificado el cadáver por no haber sido hallado".
1918.
Comienza en Cuenca el juicio contra los inculpados. Tras un sumario plagado de declaraciones contradictorias y de diligencias poco esclarecedoras, los acusados son condenados, por sentencia de la Audiencia Provincial de 28 de mayo, a 18 años de cárcel, de los cuales ya habían cumplido más de cuatro años y medio. El Tribunal de Jurados que condenó a los acusados apenas deliberó treinta minutos, y los doce miembros del jurado les consideró culpables de la muerte de El Cepa. La labor de la defensa se limitó a evitar la pena capital. León cumplió su condena en la prisión de Cartagena y Gregorio en el penal de San Miguel de los Reyes (Valencia).
1925.
El día 4 de julio salen de la cárcel. Como consecuencia de dos decretos de indulto recuperan la libertad después de haber cumplido una condena de 12 años y más de dos meses de prisión.
1926.
El 8 de febrero el cura de Tresjuncos recibe una carta del párroco de Mira, solicitándole la partida de bautismo de Grimaldos, con la finalidad de celebrar su matrimonio. La conmoción que se produce en Osa de la Vega y Tresjuncos lleva al juez de Belmonte a intervenir y mandar detener a quien se hace llamar José María Grimaldos. La noticia salta a la prensa y a la opinión pública, alcanzando enorme trascendencia. Tras la identificación indiscutible de Grimaldos, el Ministro de Gracia y Justicia manda revisar la causa y ordena al fiscal del Tribunal Supremo interponer recurso de casación contra la sentencia de la Audiencia de Cuenca. En dicha orden se recoge que "hay fundamentos bastantes para estimar que la confesión de los reos Valero y Sánchez, base esencial de su condena, fue arrancada en el sumario mediante violencias inusitadas".
La sentencia del Tribunal Supremo de fecha 10 de julio declara nula la dictada en Cuenca en 1918 y establece la inocencia de Sánchez y Valero, establece la nulidad en el acta de defunción de Grimaldos, y determina, asimismo, las indemnizaciones civiles que corresponde abonar al Estado.
Ambos acabaron sus días en Madrid donde se les ofreció un trabajo de guardas al servicio del Ayuntamiento de la capital.
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