Como tantas otras cosas, descubrí la existencia de Ana de Mendoza y de la Cerda en la casa que los pintores Juan Carrero y Enrique Naya, "Costus" compartían en la calle La Palma y que a principios de los ochenta fue un pequeño santuario de creatividad. Allí nos refugiábamos cada día un montón de amigos con ganas de hacer las cosas de otra manera, sin importar la edad, la procedencia o que los intereses se diversificaran en la música, la pintura, el cine, la moda, o la television. Incluso todo a la vez. A Enrique le encantaba divagar sobre las tensas relaciones entre la Éboli y Santa Teresa de Jesús y se imaginaba a la aristócrata instalada con toda su corte, enanos incluidos, en el convento de la santa. En un cumpleaños me regaló un libro delicioso de Ramon J. Sender que recogía el fantástico encuentro, "Tres novelas teresianas". Y yo me hice un vestido de Princesa de Éboli afterpunk para actuar en la Escuela de Caminos, el cuerpo de plástico negro, como el parche, y la gala de tul morado nazareno. Precisamente con ese vestido me pintó Enrique en la primera Piedad que realizaron, antes de la mexicana y de la definitiva que forma parte de la exposición "El Valle de Los Caídos". Qué extraño que nunca hicieran un retrato de la Éboli como sacada de las paginas del "Hola"... ¡les pegaba tanto! Con los años he seguido buceando en la vida de esta magnética mujer, ahora desde la perspectiva que dan los estudios universitarios de Historia. Par eso es especialmente interesante para mi esta exposición alrededor de un personaje mal conocido. Por eso y porque en ella intervienen personas que me son muy queridas, como McNamara, partícipe también de aquel maravilloso momento de eclosión de Casa Costus. Antonio Villatoro es el culpable de haberme involucrado en este viaje al pasado. ¡Gracias! Para el resto de artistas, también mi respeto y admiración. Para el comisario Emilio Morales mi agradecimiento por su dedicación. Para las entidades que han hecho posible este sueño, mi gesto simbólico de quitarme el sombrero. y para la duquesa de Pastrana mi eterna veneración. Si ser mujer no es fácil, haberlo sido en la España de Felipe II es llevar el asunto hasta el extremo. Les invito a descubrir una nueva vision sobre un antigua personaje. Sánchez Coello estaría encantado.
ALASKA