Patria de Fray Luis de León, la Villa
de Belmonte fue donada por Fernando III a su hijo el Infante don Manuel
heredándola después su hijo don Juan Manuel que allí
construyó en 1323 su palacio residencial, hoy en ruinas. En 1371
Pedro I incorporó la villa a la Corona Real independizándola
de Alarcón, pero en 1398, Enrique III, dona la villa a Don Juan
Fernández Pacheco, oriundo de Santarén (Portugal), primer
señor de Belmonte.
Según un documento fechado el 12 de octubre de 1456, Don Juan Pacheco, primer marqués del marquesado de Villena, ordenó construir una fortaleza o castillo en lo alto del cerro de San Cristóbal y una muralla o cerca de cal y canto que rodease la villa hasta el castillo, cuya tercera parte sería costeada por el marqués y el resto por sus vasallos, los vecinos de Belmonte.
En 1467 la villa de Belmonte pasa a pertenecer al heredero del marquesado
de Villena Don Diego López Pacheco, hijo de Don Juan Pacheco y segundo Marqués de Villena quien, al igual que su padre, tomó partido por la Beltraneja a la que pretendían legitimar como reina de Castilla enfrentándose contra los Reyes Católicos quienes, tras la batalla de Toro librada en 1476, le arrebataron todas sus posesiones y le obligaron a jurarles fidelidad e incorporaron nuevamente la villa de Belmonte a la Corona declarándola villa independiente.
A principios del siglo XIX, durante la invasión francesa, Belmonte
tuvo gran relevancia por utilizarse el castillo como cárcel francesa y fue heredado a finales de siglo por Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia por consorte de Napoleón III, al morir el emperador.