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"No
hemos de tolerar que no se nos deje saber
aquello que podemos y debemos saber"
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sino que también es educativo y te enseña a aprovechar el placer sexual al
máximo con tu pareja mediante estas posturas....
POSTURAS SEXUALES AL
100%
CARA
A CARA
Postura clásica y universal, pero no por eso aburrida, el cara a cara
permite una infinidad de variantes para hacerla más atractiva y excitante.
La movilidad de las manos, la cercanía de los rostros y la comodidad de
los cuerpos son las ventajas que la hicieron famosa. No hay que temer
probar nuevos tipos de contacto durante el coito: que ella toque los
glúteos y el ano de su compañero, que él frote el clítoris de la mujer o
que ella misma lo haga, que las piernas de ambos estén más cerradas para
sentir cierta dificultad en la penetración.... Es una posición que muchos
identifican con el amor y el romance, los comienzos
de una pareja, la adolescencia... pero vale la pena experimentarla en
todas las etapas de la vida sexual y sacarle el jugo a sus ventajas.
EL ARCO
Variante del "Cara a cara", el arco es una
posición que, a través de una pequeña variante, modifica las sensaciones
al extremo. La mujer permanece acostada boca arriba con las piernas
abiertas y flexionadas, apoyando sus brazos detrás de los hombros. Cuando
su compañero esté listo para penetrarla, eleva sus caderas y se posa sobre
las piernas flexionadas del compañero. El placer que ella recibe se centra
en la penetración profunda y en la particularidad de sentir toda la zona
vaginal y abdominal envuelta de la piel del hombre. El cansancio que se
experimenta al mantener la posición se ve recompensado con la potencia del
orgasmo que puede provocar.
Clásica Mujer
dominante
Esta postura clásica también se realiza con la
mujer en la posición dominante, lo que resulta muy excitante para muchos
ya que modifica sustancialmente lo tradicional en la "Cara a cara" que es
el hombre sobre la mujer. De esta forma ella puede frotar su clítoris en
el vientre de su compañero con más facilidad y según su antojo. Es ideal
para las mujeres a las que les cuesta llegar al orgasmo y necesitan una
estimulación muy directa del clítoris y los labios vaginales. Además el
hombre puede tocar impunemente los glúteos de su compañera, meter sus
dedos en el ano de ella y atraerla hacia su cuerpo con fuerza tomándola de
las nalgas.
Profundidad
Esta es una posición de penetración total, de allí su
nombre. Con las piernas elevadas y abiertas, ella aguarda a que su
compañero introduzca el pene en su vagina para calzar sus piernas en los
hombros de él, que apoyará sus manos para regular el movimiento. A muchas
mujeres puede parecerles complicada, incómoda o dolorosa la visualización
de esta postura, pero vale la pena probarla porque ofrece la penetración
absoluta y un contacto genital único: los testículos se posan suavemente
entre los glúteos y el clítoris se encuentra presionado por la abertura de
las piernas. La dificultad para besarse y la distancia de los rostros
pueden ser ampliamente excitantes para ambos.
DELEITE
Ella se arrima al borde de la cama o de
una silla. El se arrodilla para dejar su pene a la misma altura que la
vagina de ella, que se abre de piernas para recibir el sexo de su
compañero y echar su cuerpo para atrás en una sutil relajación. Al mismo
tiempo, el cuerpo de él es envuelto por las piernas de ella mientras se
ocupa de marcar el ritmo de la penetración.
El abrazo
La pareja está de pie, desnuda y enfrentada.
Ella trepa a su compañero por los hombros y abraza su cuerpo con las
piernas. El toma a la mujer de los glúteos y la atrae a su cuerpo para
penetrarla. El abrazo total es parte de un sexo pasional y creativo, donde
el contacto corporal es muy completo. El ritmo del coito puede ser de dos
maneras: de arriba hacia abajo o de atrás para adelante, dependiendo de la
intensidad de placer que ambos experimenten con cada opción.
La butaca
Recostado sobre una almohada o almohadón
confortable, el hombre se sienta con las piernas flexionadas y un poco
abiertas. Esta posición permite la postura que consiste en que ella se
siente cómodamente en el espacio que él forma con su cuerpo. Con la ayuda
de sus manos, el hombre acomoda a su compañera en su erección, controlando
ambos el ritmo y la intensidad de la penetración. Las piernas de ella se
apoyan suavemente en los hombros del hombre, quien tiene su cabeza
atrapada y envuelta en los muslos de su compañera. El hombre puede tocar
el clítoris de ella al tiempo que la sostiene de la cintura con fuerza. La
dificultad que reside en acercar los rostros y lo osado de la propuesta,
convierten a "La butaca" en una postura diferente y extremadamente
sensual.
Sorpresa
Esta postura es ideal para los amantes del sexo más salvaje
y primitivo. El hombre, de pie, toma a la mujer por detrás y la penetra
tomándola de la cintura. Ella, relaja todo su cuerpo conforme la gravedad
hasta apoyar sus manos en el piso. El hombre "sorprende" a la mujer por
detrás y marca la cadencia del coito. Para ella, el placer se concentra en
el ángulo de abertura de la vagina que, al ser limitado, provoca una
sensación de estrechez muy placentera para muchas mujeres. Para él, la
sensación más poderosa se expande desde el glande, que entra y sale de la
abertura vaginal a su antojo y acaricia el clítoris en las salidas más
audaces. Además, el campo visual del hombre abarca el ano, los glúteos y
la espalda, zonas altamente erógenas para muchos. La dominación que él
ejerce y la relajación total de ella pueden favorecer el jugueteo del
hombre con el ano de ella: introducir un dedo durante el
coito puede ser enormemente excitante.
La carretilla
Al borde de la cama y con los antebrazos
apoyados, la mujer se dispone a ser "levantada" de las piernas por el
hombre, quien de pie detrás de ella, la penetra sosteniéndola de los
muslos. El estímulo y el placer se concentran en los genitales de ambos,
pero es el hombre quien lleva el ritmo atrayendo el cuerpo de ella hacia
el suyo. La variedad de movimientos y sensaciones que permite la postura
es asombrosa: circulares, ascendentes y descendentes, con las piernas de
ella más cerradas o bien abiertas...
El trapecio
El hombre se sienta con las piernas abiertas y su compañera
(ya penetrada) arriba de él. Tomándola de las muñecas, ella se va
relajando hacia atrás hasta caer por completo: debe estar súper relajada y
entregada a la fuerza de su compañero que la atrae a su cuerpo con sus
brazos provocando la embestida necesaria para el coito. Es una postura
complicada ya que requiere la liviandad de la mujer, bastante equilibrio
de ambos y la fuerza y habilidad del hombre. Ideal para cambiar la rutina
y probar nuevas emociones...
El tornillo
Nada más recomendable para una mujer con dificultades
para llegar al orgasmo que las posturas que presionan el clítoris mientras
la vagina es penetrada. En "El tornillo" esto se cumple a rajatabla. Ella
se acuesta en el borde de la cama y tiende sus piernas flexionadas a un
costado de su cuerpo (cada mujer sabrá cuál cuál de los dos lados le
resulta más confortable). Esto permite mantener el clítoris atrapado entre
sus mejores aliados para llegar al preciado orgasmo: los labios vaginales.
La mujer puede contraer y relajar toda la zona, mientras él la penetra
arrodillado frente a ella y tocando sus pechos. Un manjar.
La fusión
Para esta postura, el hombre se sienta echando su cuerpo levemente
hacia atrás y apoyando sus manos al costado del cuerpo. Las piernas pueden
estirarse o flexionarse según la comodidad que se disponga y la cabeza
puede estar relajada. La mujer, asumiendo el rol activo de la ocasión,
pasa sus piernas por encima de su compañero y apoya sus brazos atrás del
cuerpo. La estimulación previa debe ser intensa, ya que durante la
penetración esta postura impide el acercamiento manual y el contacto de
las bocas. La mujer marca el ritmo o se pacta un encuentro pene-vagina con
un movimiento de ambos hacia el centro. De cualquiera de las dos formas,
es esencial que el clítoris aproveche los impactos con el cuerpo de él. La
mirada tiene un componente fundamental y la palabra puede ser un increíble
arma para gozar la fusión por completo.
La fusión 2
Si el hombre se relaja y apoya todo su cuerpo y la mujer se incorpora
levemente, la fusión adquiere una variante donde la penetración es más
profunda. El ritmo lo sigue llevando ella y el movimiento que sale con más
facilidad es el arriba-abajo que la mujer debe realizar sobre su
compañero. Las manos de ella pueden tocar el pecho de él o tomar su pene
como si lo masturbara para aumentar el placer de ambos.
La somnolienta
La mujer se tiende de costado y el hombre se ubica en su espalda para
penetrarla. Ella estira una pierna hacia atrás y la enrosca en la cintura
de él. Ideal para hombres dotados y mujeres flexibles, "la somnolienta"
cumple varios anhelos de las mentes fantasiosas: en primer lugar, que ella
esté de espaldas a él, y al mismo tiempo acceda a su rostro y cuello.
Además, que él tenga cómodo acceso al clítoris y los pechos de su
compañera. La apertura de la pierna posterior de ella para recibir al pene
y el abrazo de esa misma pierna alrededor del compañero es quizás lo más
sexy de esta postura. Anímate!
La hamaca
El hombre está sentado (preferentemente en una superficie
dura, no la cama), con las piernas flexionadas y se toma la parte
posterior de sus rodillas. De esta manera, recibe a la mujer que se hace
penetrar acomodándose en el espacio que queda entre las piernas de él y su
tronco. El presiona con las rodillas el cuerpo de su compañera, la atrae
hacia el suyo provocando el vaivén de ambos mientras, por ejemplo, le besa
los pechos que están a la altura de su rostro. Una sensación única que
recuerda el tierno ir y venir de las hamacas de la infancia.
El espejo
Ella se acuesta de espaldas, boca arriba. Levanta sus
piernas y deja que él las sostenga arrodillado al final de su cuerpo y
apoyando el otro brazo en el piso. El hombre penetra, domina y posee el
control. La postura permite variar el sentido de la penetración y la
apertura de las piernas. Los rostros no pueden acercarse y las manos poco
pueden hacer en esta posición, lo cual genera una ansiedad sumamente
excitante: ambos cuerpos corren juntos la carrera para llegar al orgasmo y
reflejan en el otro los más variados gestos de placer y lujuria.
El molde
Con las piernas juntas y recogidas (para que
presionen bien al pene), la mujer se tiende de costado y relaja su cabeza
hacia atrás mientras él la penetra, ya sea por la vagina o por el ano
(excelente posición para sexo anal) Los movimientos deben ser suaves y
coordinados y la penetración lenta y profunda: ambos cuerpos se amoldan
como dos piezas perfectas de un rompecabezas... "El molde" es ideal para
mujeres que tienen problemas en alcanzar el orgasmo y/o gustan de causar
la fricción del clítoris durante el coito: las piernas juntas logran este
efecto tan placentero: aprovéchalo.
La amazona
En este caso, es el hombre quien se relaja y se acuesta boca arriba, con
las piernas levemente abiertas y flexionadas hacia su pecho. La erección
la espera a ella, que se acomoda en cuclillas amoldándose a la postura
adoptada por él. La mujer se "sienta" literalmente en el pene de su
compañero. Debe hacerlo lentamente. Sus muslos impulsarán todo el
movimiento que necesita esta postura, donde la penetración se da en
sentido arriba-abajo. Sólo apta para espíritus arriesgados y mentes
abiertas, "La amazona" es la mujer que cabalga a su hombre de la manera
más salvaje y primitiva.
La libélula
Ambos tendidos de costado, en un lugar cómodo y flexible, como
la cama. Ella de espaldas a él, los cuerpos amoldados... En un alarde de
destreza, la mujer pasa su pierna externa flexionada abriendo la puerta al
placer: el hombre la penetra haciendo palanca con la pierna de ella, que
se apoya en la cadera de él. Los secretos que el hombre puede propiciarle
a su compañera por la cercanía de su oreja son el condimento perfecto para
alcanzar el máximo de placer. La penetración llega hasta la mitad del
camino, por lo que el goce viene de la mano del deseo de que se haga
profunda y estalle en el orgasmo más excitante...
El sometido
El hombre se acuesta cómodamente entregando su placer a la voluntad de su
compañera. Aprovechar este juego de sometimiento masculino puede ser un
estimulante total para ambos: el encuentro puede empezar con caricias y
besos de ella a él, que permanece siempre en la misma posición, para
terminar en la penetración profunda que permite la posición, donde ella se
coloca de espaldas y controla los movimientos ayudándose de los brazos.
Muy erótico para el hombre resulta que ella asome su rostro por sobre su
hombro. Además, el hombre tiene un fácil acceso al ano y los glúteos de su
compañera, quien puede disminuir la velocidad de los movimientos para
disfrutar del estímulo anal o de que su pareja toque sus pechos.
El
sometido 2
Otra forma de probar esta postura es que la mujer extienda su cuerpo hacia
atrás, apoye sus brazos en los de su compañero y extienda sus piernas
hacia adelante. De esta manera, el hombre podrá llegar a sus pechos con
facilidad y la mujer podrá apoyar sus glúteos en el vientre de su
compañero y realizar movimientos circulares. El pene no puede penetrar
tanto en la vagina, lo cual puede ser sumamente
excitante para ambos.
La catapulta
Elevar las caderas,
en el caso de las mujeres, es una valiosa fuente de placer, ya que pone en
contacto con el cuerpo del hombre áreas de su cuerpo que, en posiciones
más tradicionales, no se tocan. En este caso, el hombre se arrodilla y
recibe la vagina de su
compañera dejando que ella apoye los glúteos en sus muslos. La mujer puede
extender sus piernas en el torso del varón o flexionarlas apoyando las
plantas de los pies en su pecho. El hombre tiene fácil llegada al
clítoris, por lo que puede estimular la zona con las manos y mirar la
vagina en primer plano. El ritmo lo marcan juntos, acorde al deseo de
ambos y a la flexibilidad de la mujer.
La doma
El hombre cómodamente sentado recibe a su
compañera que se encaja a su cuerpo sentándose también sobre la erección
de él. La mujer puede hacerse desear tomando el pene con la mano y
posándolo sobre su vagina haciendo movimientos suaves sobre ella, pero sin
introducirlo. El hombre puede imponer su voluntad presionando a la mujer
hacia su miembro lentamente, mirándola a los ojos. La pasión del abrazo,
los juegos de lengua y las espaldas de ambos al alcance de la mano para
causar escalofríos en el otro son algunas de sus bondades. La doma puede
ser un camino hacia un orgasmo intenso e inolvidable.
La doma 2
La mujer también puede "domar" a su
potro colocándose de espaldas a él y marcando el ritmo apoyando sus pies
en el piso. El, a su vez, puede tocar sus pechos, besar su cuello y tirar
del cabello de su compañera mientras ella se mueve. El ángulo de visión
que ofrece esta variante es uno de los más excitantes para el hombre, ya
que permite ver en primer plano cada embestida que realiza su compañera.
Variante de La medusa
Si el hombre está dotado de flexibilidad y resistencia, esta posición
tiene una variante muy atractiva para los amantes del balanceo durante el
coito. En cuclillas, el hombre recibe a la mujer preparado para quedar
realmente extasiado: sus movimientos pueden imitar los de una hamaca,
yendo de atrás para adelante con los pies bien apoyados en el piso. De
otra manera, él puede quedarse inmóvil y dejar que ella se mueva hasta el
final.
La
posesión
Las piernas se entrelazan
en esta postura sensual y placentera, donde la mujer permanece acostada y
con las piernas abiertas esperando que su compañero la penetre sentado y
tomándola de los hombros para regular el movimiento. El pene entra y sale
desviando su movimiento hacia abajo, ya que la altura del vientre de la
mujer queda levemente más arriba que la del hombre.
La
acrobática
No apta para cuerpos entumecidos, esta
posición puede parecer incómoda, pero si la flexibilidad lo permite puede
resultar muy excitante. El se acuesta relajado y erecto. Ella se coloca de
espaldas a él, se hace penetrar, flexiona sus rodillas y se inclina hacia
atrás, lentamente para que el pene no se salga de la vagina.
Para activar el movimiento necesario para el coito, ella debe levantar su
vientre y relajarlo sobre el de su compañero. El tiene fácil acceso al
clítoris y los pechos de su compañera. Ella no puede estar más cargada de
ocupaciones, con lo cual no tiene más que relajar el resto del cuerpo
hasta acabar más cansada que nunca, lo que hace más excitante el orgasmo.
Según el Kama Sutra muchas de estas posiciones están tomadas del hatha
yoga, por lo cual pueden resultar difíciles para los no iniciados.
Furor
salvaje
También conocida como "perrito",
esta posición es apasionada y salvaje. Ambos en cuatro patas, concentra
una cantidad de ventajas que pocas posturas tienen: la comodidad del
hombre para tocar el clítoris o el ano de su compañera, la variedad de
movimientos que permite, la posibilidad de que la mujer tome con una mano
los testículos del hombre y la facilidad para intercalar sexo anal y
vaginal. Además, la posición permite al pene "atraparse" entre los
glúteos, lo cual suele ser muy excitante para el hombre. En pocas
palabras, el encuentro sexual que incluye esta postura suele ser salvaje y
hacer furor entre sus protagonistas. Dice el Kama-Sutra: "En el ardor de
la cópula, una pareja de amantes enceguece de pasión y prosigue con gran
impetuosidad, sin prestar la menor atención a los excesos".
El molino Boca arriba,
la mujer se tiende con las
piernas abiertas a recibir a su compañero que, en esta posición, la
penetra de frente a las piernas de ella. La diferencia de sensaciones es
notable en este tipo de penetración: el clítoris y los labios vaginales
están en pleno contacto con la pelvis y los alrededores del pene del
compañero y la penetración más accesible es a través de movimientos
circulares. El hecho de no poder verse cara a cara le da un encanto
especial a la postura. La novedad de las caricias sorprende gratamente: la
mujer puede acariciar las nalgas de su compañero, clavar suavemente sus
uñas en la parte posterior a las rodillas, asir los testículos de su
compañero. El hombre; chupar los pies de ella, morder sus dedos, acercar
su mano a los genitales de ambos que se están fundiendo y tomar su pene
para penetrarla mejor.
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