Uno a uno - pensamientos/poesia alimentacion animales

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ELIJA USTED NO ASISTIR A LOS CIRCOS......Ellos NO PUEDEN.
¿algun sueño puede resistir la luz del dia o hay q soñar siempre a oscuras?
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Uno a uno
  
EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Habíamos estado hablando sobre la necesidad de obte­ner reconocimiento y valoración por parte de los demás. Jorge me había explicado la teoría de Maslow sobre las necesidades crecientes.


Todos necesitamos el respeto y la estima de los demás para poder construir nuestra autoestima. En aquella épo­ca, yo me quejaba por no recibir una sincera aceptación por parte de mis padres, por no ser el compañero elegido de mis amigos, por no poder lograr el reconocimiento en mi trabajo.


—Hay una vieja historia —dijo el gordo mientras me pasaba el mate para que yo lo preparara— de un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda. Tu problema me recuerda al suyo.


—Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no ten­go ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo me­jorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?


El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después...». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».


—E... encantado, maestro —titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.


—Bien —continuó el maestro. Se quitó un anillo que lleva­ba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió—: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.


Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algu­nos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.


Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruza­ron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.


Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, pa­ra poder recibir al fin su consejo y ayuda.


Entró en la habitación. « —Maestro —dijo—, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.


—Eso que has dicho es muy importante, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.


El joven volvió a cabalgar.


El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:


—Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.


—¿Cincuenta y ocho monedas? —exclamó el joven.


—Sí —replicó el joyero—. Yo sé que con tiempo podría­mos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente...


El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.


—Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo—. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.
XK DICEN QUE EL AMOR ES CIEGO.....
  

 Hace muchos años.... antes de que existieran las personas... el mundo estaba habitado por sentimientos puros en su totalidad, algunos no muy buenos, pero al fin y al cabo sentimientos.... había un grupo de ellos que se juntaban mucho los cuales eran: el triunfo, la envidia, la pasión, la pereza, la verdad, la mentira, la fe, la locura, la vanidad, la soberbia, la duda, y el amor....


 


Estaban muy aburridos, y entonces la locura propuso un juego.... dijo: os propongo algo.... yo  contare hasta mil.... y vosotros os escondeis.. después yo os buscare (fue la primera vez que se jugo al escondite en la tierra)... todos aceptaron gustosos... menos la envidia...que estaba molesta porque a ella no se le ocurrió primero la idea... así que no  puso mucho interés en esconderse, al fin y al cabo siempre estaría presente.... pues bien...


 


La locura empezó a contar.. y todos corrieron a esconderse.....el triunfo, subió a lo alto de la montaña más grande que haya habitado la tierra, y la envidia se escondió cerca de ella, la verdad no quiso esconderse, pues dijo que aunque se escondiese en el fondo del mar, tarde o temprano la encontrarían, la pereza se escondió a dos pasos de donde estaba la locura, pues no quiso esforzarse, la soberbia no quiso esconderse, dijo que era un juego muy tonto, (porque ella no lo propuso),


 


La pasión, se escondió en el interior de los volcanes, la duda no se decidía a esconderse en ningún lado, la vanidad estaba igual, pues cualquier escondite le arruinaría el aspecto, la fe.. subió al cielo, y ahí se escondió.... solo faltaba el amor... pero como todo estaba ocupado... no sabia donde esconderse, así que miró a su alrededor, y vio unas rosas hermosas, y se escondió entre sus pétalos...


 


Entonces la locura dijo....999....1000.. voy  a buscarlos...a la primera en encontrar fue a la pereza que estaba muy cerca de donde contó, la pasión fue la segunda.... pues hizo salir un gran estruendo de los volcanes, la duda y la vanidad no se habían escondido, así que las encontró muy fácilmente, el triunfo fue fácil de encontrar, por la majestuosidad que resplandecía de la montaña, e inmediatamente , encontraron a la envidia, que salió exaltada ante la majestuosidad del triunfo, la verdad... como había dicho ella misma fue encontrada fácilmente, la fe la encontraron, porque la escucharon discutiendo con dios.., la mentira estaba escondida muy cerca de la verdad....aunque no quería que la descubriesen...y ya solo faltaba el amor....


 


La locura lo busco por todos lados, pero nada.... así que de repente miró hacia las rosas.. y empezó a buscar entre los pétalos.... pero sin querer, con las espinas de las rosas, lastimo los ojos del amor......la locura estaba muy apenada...se disculpo mil veces.... y le dijo ... amor... perdóname... te prometo que desde ahora yo seré tu lazarillo, nunca te dejare solo, lo prometo....


 


desde entonces el amor es ciego... y la locura siempre le acompaña....

De uno en uno
  

En una puesta de sol, un amigo nuestro iba caminando por una desierta playa mexicana. Mientras andaba empezó a ver que, en la distancia, otro hombre se acercaba. A medida que avanzaba, advirtió que era un nativo y que iba inclinándose para recoger algo que luego arrojaba al agua. Una y otra vez arrojaba con fuerza esas cosas al océano.


Al aproximarse más, nuestro amigo observó que el hombre estaba recogiendo estrellas de mar que la marea había dejado en la playa y que, una por una, volvía a arrojar al agua.


 


Intrigado, el paseante se aproximó al hombre para saludarlo:


 


-Buenas tardes, amigo. Venía preguntándome qué es lo que hace.


-Estoy devolviendo estrellas de mar al océano. Ahora la marea está baja y ha dejado sobre la playa todas estas estrellas de mar. Si yo no las devuelvo al mar se morirán por falta de oxígeno.


 


-Ya entiendo -replicó mi amigo-, pero sobre esta playa debe de haber miles de estrellas de mar. Son demasiadas, simplemente. Y lo más probable es que esto esté sucediendo en centenares de playas a lo largo de esta costa. ¿No se da cuenta de que es imposible que lo que usted puede hacer sea de verdad importante?


 


El nativo sonrió, se inclinó a recoger otra estrella de mar y, mientras volvía a arrojarla al mar, contestó:


-¡Para ésta sí que es importante!


 


 


 


 

                                                                           Jack CanfieldyMaik V. Hansen