¿Sabes lo que dicen los budistas? “No te aferres a las cosas, porque todo es impermanente.
El desapego no significa que no dejes que la vivencia penetre en ti. Al contrario: dejas que penetre en ti plenamente. Así es como eres capaz de dejarla.
Toma el caso de cualquier emoción: el amor a una mujer, o el dolor por la pérdida de un ser querido, o el miedo y el dolor de una enfermedad mortal. Si contienes las emociones, si no te permites a ti mismo llevarlas hasta el final, nunca podrás llegar a estar desligado; estarás demasiado ocupado con tu miedo. Tienes miedo al dolor, tienes miedo a la pérdida de un ser querido. Tienes miedo a la vulnerabilidad que trae aparejado el amor.
“Pero si te sumerges en estas emociones, permitiéndote a ti mismo tirarte de cabeza a ellas, hasta el final, por encima de tu cabeza incluso, las vives de una manera plena y completa. Sabes lo que es la pérdida de un ser querido. Y sólo entonces puedes decir “Está bien. He vivido esta emoción. Reconozco esa emoción. Ahora necesito desligarme de esa emoción por un momento.”
Piensa en como nos sentimos solos, a veces hasta el borde de las lágrimas, pero no dejamos salir esas lágrimas porque no “debemos” llorar. O en cómo sentimos un arrebato de amor por, pero no decimos nada porque nos paraliza el miedo a las consecuencias que pudieran tener esas palabras sobre la relación.
El planteamiento es exactamente todo lo contrario. Abre el grifo. Lávate con la emoción. No te hará daño. Sólo puede ayudarte. Si dejas entrar el miedo, si te lo pones como una camisa habitual, entonces podrás decirte a ti mismo: “Bueno no es más que miedo, no tengo que dejar que me controle. Lo veo por lo que es”.
Lo mismo pasa con la soledad: te dejas llevar, dejas salir las lágrimas, la sientes por completo, pero al final eres capaz de decir: “Bueno este ha sido mi momento de soledad. No tengo miedo a sentirme solo, pero ahora voy a dejar de lado la soledad y sé que hay otras emociones en el mundo, y voy a vivirlas también”.