FUENTES DE LA VILLA

No se entiende la existencia de un pueblo, grande o pequeño, sin que en su
centro, en sus cercanías, no haya una fuente. Ir a por agua o dar agua
afectaba a las personas y a los animales. Un silbido característico provocaba
la bebida pausada en los animales. En la mañana y camino del diario trabajo y
por las tardes finalizada la faena en el campo....
Aunque en la actualidad únicamente pervive y en pleno rendimiento - aunque
muy abandonada en cuanto a limpieza - la Fuente del Leganar, no legos de la
población y dirección Este. Según nuestros mayores su agua es carbonatada
y muy rica en magnesio, y "otras sustancias térreas", con
propiedades de "alivio" para las enfermedades estomacales.
En los manuscritos del Archivo Parroquial y Municipal aparecen mencionadas
repetidamente, además de la Fuente del Leganar, otras fuentes como la
Fuente de la Lombriz, Fuente de los Caños de Pollo, Fuente de Don
Francisco, Fuente de la Lobera, Fuente de la Canóniga, Fuente de Los
Balcones, Fuente de El Rey, Fuente el Manro, Fuente la Culebra, Fuente
la Golondrina, Fuente la Rana, los manantiales de las Fuentecillas, y muy
especialmente la Fuente del Obispo.
Por diversas razones como la persistente sequía de los últimos años, la
remodelación del terreno después de la Concentración Parcelaria, el
descuido de los nuevos propietarios, el ciénago originado por las
inundaciones esporádicas y en definitiva la falta de interés de velar por
su permanencia, ha conllevado a la desaparición progresiva de todas estas
fuentes, que siglos atrás han servido para saciar la sed a personas y
ganados, tanto a agricultores como a pastores.
AGUAS
Y REGATOS

La carencia de ríos y regatos en Cantalapiedra quedó compensada, por el
autor de la naturaleza con un buen número de fuentes, pozos y labajos, que
desde tiempos remotos han servido para remediar las necesidades del
vecindario y del ganado y para convertir en regadío muchas parcelas de
terreno.
Pozos había en todos los patios y corrales de las casas. Sus manantiales
eran constantes hasta hace veinte años. En la actualidad están todos
secos, sin excepción. La sequía de las últimas décadas, la extracción
de aguas subterráneas para riegos a grandes profundidades para regar
grandes superficies de terreno, parecen ser la causa de la sequía de estos
pozos de no más de 15 metros de profundidad.
Respecto a los Labajos, hemos de decir que en la actualidad son muy pocos
los que permanecen con agua, destacando el Labajo del Pascobar o los Labajos
"Grande y Pequeño" del camino del Cementerio.
Antes de la Concentración Parcelaria, estos eran más abundantes y de
utilidad permanente, destacando "Los Juncales", "Laguna de la
Alameda", "Grande", "Chico", "Vadillo",
"Real", "Prado Palacio", "Narrilla",
"Herrera", "Santa María", "Sagueño",
"De la Nava", "Zapateros", "Las Palomas" y
"Bancarrillo".
Varios de estos Labajos, o charcas solo contenían agua en invierno y
primavera, porque se secaban en verano.