REFLEXIONES SOBRE LA PROBLEMA TICA HOMERICA

REFLEXIONES SOBRE LA PROBLEMATICA HOMERICA

 

 

CARLOS ESPEJO MURIEL

Universidad de Granada

Publicado en In Memoriam J. Cabrera Moreno, Granada 1992, 89-102.

 

Hace ya varios años tuve el honor de ser alumno de la Dra. Juliana Cabrera en esta Universidad, y es difícil borrar de mi memoria aquellas primeras clases que no se dejaban fácilmente impregnar en un papel, pues tal era su nervio y gracia. Hace ya menos años tuvimos de nuevo la ocasión de compartir otro momento importante de nuestra vida académica como fue la lectura y defensa de nuestra Tesis Doctoral (1), en la que participó como miembro del tribunal. Entonces hablábamos sobre Grecia homérica, sobre ritos y sobre fiestas; por eso, hoy y aquí, recreando un nuevo recuerdo en su memoria, nos aproximamos a este mágico universo para tratar modestamente de exponer unas simples reflexiones sobre una época tan complicada como maravillosa.

Son diversos los elementos que constituyen la base de esta problemática, y de naturaleza muy distinta entre sí, abarcando por ello desde la Lingüística a la Literatura, desde la Historia a la Arqueología, etc.... No pretendemos por ello, dar la última opinión al respecto, o zanjar para siempre tan debatido y a veces, reiterativo argumento, sino exponer nuestras siguientes reflexiones y esclarecer el complejo panorama homérico.

  1. LA TRADICIÓN ÉPICA.

Creemos que existen ya suficientes argumentos como para afirmar que existió tal tradición y que la consideramos necesaria para lograr comprender a nuestro Poeta (2).

Conocemos que en la lengua de Homero aparecían vestigios de otros dialectos, que en su estilo se podían descubrir figuras literarias muy parecidas a aquellas que se encuentran presentes en las epopeyas, o en general, en el ambiente literario de civilizaciones como la Egipcia o la Mesopotámica (3), sabemos también el posible origen de estos cantos, desde su aparición con el baile y su principal motor rítmico: su lenguaje, lenguaje que se separa progresivamente de la expresión corporal para constituir la poesía y ser entonada melodiosamente, creando una atmósfera tal que la palabra por sí llega a conectar con lo mágico (4), -a lo que pudo estar relacionado en sus orígenes envolviendo al auditorio en un halo de misterio y frenesí, coincidiendo con el tratamiento de terapia que hasta hoy día tenemos (recordemos, a modo de ejemplo, el cuento nocturno para facilitar un sueño relajado y sin miedos, a los niños). Pues bien, lo que tratamos de exponer es que aunque los críticos se hayan peleado mil y una vez para discutir la existencia o no de esta tradición -aunque hoy día parece ser que la mayoría se decanta por la posición que nosotros también vamos a defender-, creemos que sí existió, no sólo por todo lo que ya sabemos sobre estilo, lengua, técnica, etc... (5), sino por una cuestión esencial que a nosotros nos parece muy clara, y es el puro hecho de que unos poemas como los que trabajamos no pueden aparecer de la noche a la mañana. Para conseguir el grado de genialidad que se aprecia en estos dos poemas, Homero debió conocer otros cantos épicos, otros cantos puramente gencalógicos, letanías, plegarias, versos obscenos, etc... porque toda civilización engendra por sí misma la necesidad del ritmo, ya sea con sus propios utensilios y adrede, como elementos extraños que les sorprendieran, pero sí conociéndolo, y desde entonces lo trabajaron, improvisando o creando, asociándolo a unas fuerzas naturales, a unos ritos o a unos personajes concretos del grupo (antecesores de nuestros aedos); que cada vez más lo complicarían, dividiéndose y desgajándose de ese tronco común, para dar paso a diversas manifestaciones artísticas, y desde ellas, desde su propio origen, desde la hilazón que se produce entre canto-cantor, hasta la que se transmite al auditorio.

Nosotros creemos comprender el alto valor que le otorgarían a la palabra debido sobre todo a las reacciones tan insospechadas que era capaz de provocar en el auditorio, de donde arrancarla su propio estatus, cuanto más si tenemos en cuenta el lugar de la reunión, su significado, el hecho en sí de ese asociacionismo, hasta la increíble figura del aedo, y su interpretación; pues si recordamos hoy en día cuántas veces hemos vibrado al escuchar una canción o un poema bien interpretado o bien recitado, hasta conseguir ponernos el vello de punta, pensemos entonces qué no sucedería con estos conjuntos de población, con otros miedos y otras necesidades, cuando se sentasen al lado de un fuego, o en el suelo de una plaza a la luz de la luna, escuchando a una anciano contar historias tales y tan fascinantes (realmente, como dice Simon (6), su efecto es palpablemente 'terapéutico').

Kirk (7) piensa que en los momentos de "crisis" es cuando precisamente aparecen las obras más espectaculares de la historia de la humanidad. Bien, a nosotros nos parece impropio el término "crisis" por la categoría que conlleva comparativa, al igual que el excelso grado a la que la eleva; no obstante, sí congeniamos en la idea que subyace en la reflexión; pues realmente, cuando las situaciones no parecen del todo favorables, cuando el entorno se tercia hostil o simplemente distinto a como siempre se ha mostrado, el hombre o el grupo social busca –quizá por la propia ley de la jungla de nuestro amigo Darwin- nuevas soluciones para superar la adversidad; dentro de las cuales, perplejamente, podemos encontrar obras dignísimas que parecen impensables en estos momentos. Algo de esto pudo ocurrir en esta indefinida "época oscura" en la que nos movemos, y quizá nuestro poeta –porque es el único nombre que nos ha llegado- debe ser visto dentro de este cauce, imponiéndose a las dificultades y creando para un público que siempre deseó escucharlo –aunque haya autores que se empeñen en pensar que no tendrían ni tiempo ni ganas para ello.

2. ORALIDAD DE LOS POEMAS.

También es éste un punto polémico. Miles de rios de tinta han bañado hojas y cuartillas de medio mundo para enfrentarse opinando si nunca fueron escritos o todo lo contrario, que siempre lo estuvieron. Nosotros pensamos, como creemos que también lo hace la mayoría de los investigadores del tema hoy, que nunca en su origen estuvieron escritos, más tarde sí, por supuesto; pero Homero nunca los redactó.

Vamos a basar nuestra "defensa" en los puntos fundamentales que han sido objeto de ataque, estos son: la presencia de fórmulas, en cuanto al estilo; la presencia de contradicciones, en cuanto al argumento; y la necesidad de su existencia.

Comencemos por el primero, "las fórmulas". Nosotros pensamos -quizá se lo debamos fundamentalmente a M. Parry (8)- que difícilmente este argumento se ha podido alguna vez esgrimir en contra de la problemática oral, pues a nuestro parecer es quizá una de las características más relevantes de toda poesía oral. Entendámonos, si un poeta se sirve de fórmulas para poder colocarlas a su antojo en los espacios que le quedan libres en el verso, para ello no necesita ir tablilla en mano y anotando palitos, sino todo lo contrario, mientras recita y se obnubila en su interpretación, cuando el ritmo se le va a alterar porque no encuentra la palabra que quiere decir, pues se sirve de esa larga tradición que le ofrece además un rico repertorio de epítetos, y los coloca, salvando su recitado y sin la menor molestia del público, que ni depara en tales cosas, pues no se ve modificado ni el ritmo ni el tono de la composición, y precisamente por el uso repetitivo de ellas, va marcando el aedo una sinfonía estremecedora, donde son las fórmulas las que llevan el compás. Como se ve, forman parte del abanico de posibilidades que se le abre al compositor, y éste las va utilizando como buenamente puede o sabe (en este caso concreto, magistralmente, aunque haya veces que no se pueda entender qué pinta una determinada fórmula en un verso cualquiera), y la solución es la misma, se debe a esta posibilidad y a la maestría del poeta para colocarla justamente cuando se refiera a ella.

Vayamos ahora por el segundo punto: las contradicciones, como por ejemplo la que acabamos de mencionar -el colgar un epíteto a un personaje que no está caracterizado por él-, así como todas las que se han buscado en la Ilíada y en la Odisea, que han servido para dividir mil veces la autoría de¡ poeta, viéndose hasta cuantas manos habían podido participar en la composición. Esta es la prueba más clara para hablar de poemas orales, dado que a veces se olvida que estamos hablando de un aedo, una persona, y como tal -por mucha preparación y técnica que tuviera- se equivocaba; además, en todo acto creativo no se pueden poner barreras ni delimitar como se hace en un análisis del tipo que sea, fundamentalmente porque es la pura creatividad la que mueve el contenido, y esa creatividad en sí misma puede olvidar o confundir acontecimientos que ella misma ha hecho aparecer anteriormente, por ello pensamos que es perfectamente lógico encontrar contradicciones en Homero ya que no estamos hablando ni de un historiador ni de un copista, sino de un creador; y que éstas son las pruebas más claras del proceso de formación de las obras en su dinámica ágrafa.(9)

Y respecto del tercer punto que es el más amplio, vamos a barajar distintas alternativas: por ejemplo, los autores Kirk y Notopoulos (10) opinan, muy acertadamente, -al igual que Parry con sus estudios de la épica yugoslava- que está demostrado que en el momento que hace aparición la escritura, no sólo se confecciona la técnica de otra manera (más "rigurosa", más "pulida', más 'hilazada', etc..) sino que la propia figura del aedo se pierde, pues no reflejaría ni lo que él mismo es, ni lo que pide su momento histórico. Cuando existe el aedo es porque se necesita su función y porque existen los medios necesarios para que pueda desarrollarla; desde el momento que se acepta la presencia de la escritura todo cambia, pues ya no se recoge la técnica aprendida sino que ésta se olvida, pues no hace falta, al igual que tampoco se reune un auditorio pues no tendría sentido, ya que de alguna forma podrían leerla o conocerla, a la vez que tampoco tiene porque ser el creador quien la recite, pudiendo ser perfectamente otro individuo que sepa leer, y por lo tanto, el vínculo casi sagrado de la palabra y el auditorio muere. Por esto, conociendo las características que definen el canto, el auditorio y el aedo de esta época, la escritura no se utilizaría porque es totalmente contraria a la base que mantiene a estos tres elementos.

Por otro lado, se ha discutido muchísimo sobre el problema de la extensión de la obra y de la incapacidad humana para memorizaría, por lo que los poemas tuvieron que haber sido escritos. De nuevo encontramos el error, la equivocación de todos aquellos que se aproximan a estudiar la Historia desde su sillón voltaire o desde los postulados que le dan vida, y no se detienen a pensar que el paso del tiempo hace cambiar algunas cosas, y que estas sociedades primitivas y "torpes" pueden -en la mayoría de los casos lo hacen- sorprendernos con sus logros tan palpables. Pues esto creemos que es lo que ocurrió aquí. Los aedos, una de las características más renombradas que tuvieron fue precisamente esa prodigiosa memoria de la que gozaron -y a la que hereditariamente se dedicaron a forjarse- y ante esto no hay escritura necesaria. Así pues, el aedo pudo recitar de memoria tan elevado número de versos, pudo cansar -físicamente, claro- a su auditorio sentado más o menos cómodamente durante las horas y horas que duraba el recitado, y lo hizo porque estuvo ejercitado para ello, como un deber más de todo buen profesional de la palabra.

Y finalmente, otro autor, Bowra (11), daba a conocer unas tesis muy interesantes que radican en esta idea: la cultura micénica conoció la escritura, pero hoy se acepta que tras la destrucción del mundo micénico, hasta el 750 a.C., la escritura, por medio del alfabeto fenicio, no vuelve a Grecia; entonces bien, ¿Qué necesidad hubo de componer por escrito unos poemas en una sociedad que no conocía la escritura? Ha habido autores que han considerado la necesidad de perduración, pero volviendo a Bowra, es increíble pensar que estos hombres maquillasen tales pensamientos, pues estaban convencidos que perdurarían, como habían perdurado todos los otros cantos que conocían desde la antigüedad. También se ha propuesto que la utilizarían para fijar los poemas en la forma exacta que los compuso, lo cual sigue siendo ¡lógico pues no sabrían nada de fijar textos e iría totalmente en dirección opuesta a sus enseñanzas. Incluso se pensó que la utilizarían como ayuda a su memoria, pero está claro que tendrían miles de formas para adquirirla, y que ninguna sería la escritura como tal.

3. HISTORICIDAD DE LOS POEMAS.

La primera dificultad con la que tropezamos es que trabajamos con relatos épicos, cuyo fin no es precisamente "ilustrarnos sobre instituciones sociales de cualquier tipo, sino hablar de unas hazañas que interesan a un auditorio, que no somos nosotros, por lo que existe una falta de conexión en los detalles y muchos puntos aparecen apenas abocetados, como alusiones solapadas o referencias inconexas y problemáticas (12). Además, estos poemas se deben a Homero, pero son a su vez producto de una larga tradición épica y oral cuyos orígenes apuntan todos a la época micénica, por lo que los datos que recibimos no pertenecen todos a un mismo período y estadio cultural.

Así el problema se complica, y esto no hace que desistamos en nuestro empeño por desmadejar los hilos que enturbian una clara visión de los poemas. Vamos a ver cómo hay vestigios micénicos en los poemas, y cómo por ello se ha hablado de que Homero describe esta época. Vamos a ver a la vez, cómo tal presencia no está tan ampliamente desarrollada, y por lo tanto que carece de base la conclusión anteriormente citada. También vamos a estudiar elementos que no son micénicos y que deben ser homéricos, luego describe su propia época -razonamiento que parece perfectamente lógico-, así como desechar algunas opiniones que observan nítidamente la presencia de rasgos definitorios de la época siguiente -la arcaica- a la vez que deseamos mantener el planteamiento que no podemos olvidar el deseo mismo arcaizante del poeta, lo cual soluciona y embrolla muchas conclusiones. No obstante, advertido queda el lector de que la tarea que a continuación emprendemos no es cosa fácil sino harto compleja, aunque intentaremos de todas las formas humanamente posibles aclarar este maremagnum de posibilidades y esbozos. Damos paso pues a todo el cuestionamiento sobre cuál fue la época que describen los poemas:

Los historiadores que se han aproximado a esta problemática han ido marcando unos surcos en su proceso de investigación, tales, que hoy es muy fácil separarlos, y así poder trabajar de una forma más cómoda y clara; fundamentalmente serían cuatro:

- la especialización,

- los ritos funerarios,

- el armamento,

- la realeza;

aunque también el metal y la religión han sido facetas profusamente estudiadas.Comencemos por la primera: generalmente hoy se acepta que el panorama micénico de organización interna y de estructuración está completamente ausente en la sociedad que describen los poemas -y que para ser más breves, además de que los autores crean su historicidad, la seguiremos llamando 'homérica'- o sea, que el grado de especialización al que habían llegado las comunidades micénicas, tan patentes tanto en sus contabilidades en las tablillas como en su propia organización o división del trabajo así como en los vestigios arqueológicos encontrados; no se refleja para nada en Honiero, por lo que este primer factor entra en contradicción con aquellos que consideran que se describe la sociedad micénica. (13)

Respecto del segundo, ésta ha sido, por decirlo de una manera rápida y clara, el único terna a tratar en relación con Honiero y Micenas. Todos los lectores que estén un poco versados en la materia sabrán la cantidad de obras que existen publicadas discutiendo si la cremación estuvo en Micenas o no, si es una invención del poeta o no, si la traen los irreconocibles dorios o no, etc... el caso es que realmente el problema se concentra en este aspecto sólo: la cremación. Generalmente al no encontrarse en las excavaciones de las necrópolis micénicas restos de incineración, y al leer en los poemas que si conocían un rito funerario, éste era precisamente el que no se localizaba en el territorio micénico, la conclusión queda clara: la época micénica no es la homérica; sin embargo, esto es cierto sólo en parte, pues actualmente se conocen vestigios de incineración en territorio micénico -bien datados, además-, lo que lleva a replantear todo el proceso para hacerlo entrar en unas vías más lógicas. Al conocer tan diminuta existencia, pero existencia al fin y al cabo, de la incineración en tiempos micénicos, la tesis de que los dorios son los que introdujeron tal rito en la Hélade cae, lo cual viene a sustentar las tesis de los que son partidarios de no ver la Historia a saltos sino como un desarrollo paulatino, lo cual invalida no sólo la hipótesis doria sino la inexistencia en Micenas del mismo; sobre todo cuando se considera la idea de que la población pre-micénica tomó este rito que perdería adeptos durante el apogeo de Micenas, pero que retornaría a su lugar, una vez caído este gran foco. (14)

El problema pues, aunque es difícil de resolver, se puede entender como un rito originario de los pueblos pre-griegos de la península que continuaron realizándolo aún con el peso de las nuevas corrientes implantadas por la cultura micénica, si bien en mucha menor medida; que esta misma cultura llegó incluso a tomarla pero en escasísimo número, y por último, que tras su desaparición, regresó de nuevo con gran pujanza (empujada quizá, además de por su existencia en Troya, por el contingente humano que regresó). Luego la sociedad homérica no es la micénica en cuanto a ritos funerarios, ni en cuanto a especialización.

Veamos ahora si existen semejanzas en cuanto a la realeza y al armamento. Todos sabemos que en la época micénica quien detentaba la realeza era llamado wanar y éste estaba acompañado de un lawagetas, pues lo que encontramos en época homérica es basileus , y si bien se han visto miles de semejanzas entre ambos, lo que sí está claro es que este anax, en la época en que se compusieron los poemas, lo más probable es que hubiera perdido su lugar y que sólo se conservara en el lenguaje de la poesía; por lo que, lo único que sería era un vago recuerdo que habría perdido toda su relación con la compleja estructura que apreciamos en el Lineal B (15). Respecto del armamento, ocurre igual, puesto que aparecen elementos como cascos y el uso del carro, que están íntimamente ligados a Micenas, aunque volvemos a la misma idea, pues sugieren más un recuerdo que una supervivencia en época homérica. Para finalizar, se suelen incluir otros aspectos como la lengua o la religión, pero para no cansar en exceso, diremos que sí hay una continuidad respecto de Micenas, perfectamente comprensible por lo que hemos discutido de tradición, oralidad, etc... (16). Y en cuanto a la religión, debemos conocer que existe una docena escasa de nombres de divinidades griegas en las tablillas, como Zeus, Hera, Poseidán, etc.. que están acompañadas, en las tablillas, de otros muchos nombres divinos que no figuran en la religión post-homérica, en la que por el contrario figuran muchas decenas de nombre divinos que todavía no se han encontrado en los textos micénicos. De todas formas, pese al panorama tan oscuro, no debemos olvidar la advertencia que hacía Brelich al respecto: "pese a la presencia de divinidades idénticas, las religiones pueden ser profundamente diferentes". (17)

Se nos plantea entonces cúal fue la época que describen los poemas, y ante esto anotamos que estos, retienen una cierta medida de "cosas" micénicas -algunos lugares, algunos objetos bélicos,...- pero poco de las instituciones o de la cultura; y no sólo de la cultura micénica, sino de otros periodos como los de su propio tiempo y los famosos "siglos oscuros", por lo que los poemas forman . una compleja amalgama de elementos derivados de distintas épocas, y unidos en un todo homogéneo artificialmente por el arte de la canción que cada cantor hereda de sus predecesores". (18)

Todo lo cual nos conduce a concluir que la época que se describe, ante todo es posmicénica -luego no nos sirve para nada como guía de esta cultura anterior- que se desarrollaría tras la caída de Micenas y el siglo VIII a.C., o sea, los siglos XI,X y IX a.C.; si bien debemos mencionar dos cuestiones para dar por cerrado este caso: la primera se debe al profesor Snodgrass, quien no cree en el postulado que mantenemos, sino que considera que como los poemas hacen un calla de diversos periodos históricos, no pudo existir una poca histórica propiamente homérica, y además, de esto deriva que no considere a Homero como una fuente fiable para estos momentos de la Historia de Grecia; aparte de que acuña el término de época oscura, que tradicionalmente viene siendo otorgado para los siglos XI al IX a.C., al siglo VIII a.C. (19).

Y la segunda cuestión a tratar, es que no debemos olvidar que lo que tenemos en nuestras manos es una obra del género épico, y con un deseo expreso de arcaizar que le permitió auscultar al Poeta, en distintas pocas históricas sin ser consciente de ello, y sin el ánimo de desvirtuar la Historia. Es por esto que en vez de lanzar quejas y más quejas sobre este aspecto debemos recordarlo y reconocerlo, y así se solucionarían muchísimas dudas y complicaciones que no dejan de parecer absurdas, pues como dice Finley, "puede ocurrir que algunos de los pasajes sueltos de los poemas, que se explican frecuentemente como anacronismos -reminiscencias micénicas- sean, por el contrario reflejo de las diferencias dentro del mundo griego (... ). Y puede ser que algunos reflejen diferencias dentro de las comunidades individuales, pues eran sociedades de gran complejidad, en las que no hubo necesariamente una sóla norma de organización que todos siguiesen con regularidad infalible." (20)

 

4. LOS DORIOS Y LA EPOCA OSCURA.

Para intentar hacer frente a la posibilidad de una invasión, como generalmente se ha venido aceptando, vamos a rastrear los momentos cronológicamente anteriores, para intentar comprender mejor qué sucedió realmente. Respecto de la caída de la cultura micénica se han barajado varias posibilidades, que a continuación enumeraremos como causantes de la misma; la primera sería la rivalidad existente entre Micenas y Argos. Cuando Micenas era el centro hegemónico, Argos estaba en relación de subordinación, pero al decaer en el siglo XII, Argos ascendió y conoció un momento de florecimiento o esplendor.

La segunda arranca de la consideración de que la civilización de los palacios era un elemento extraño a la cultura micénica, ya que derivaba de Creta y se basaba en el poder de una "aristocracia gentilicia". A fines de¡ siglo XIII a.C., dicha aristocracia fue desmontada por la revuelta del estrato más antiguo de la población, explicándose así el resurgir de antiguas costumbres, concepciones y tradiciones adormecidas. (21)

La tercera y más plausible, por los propios movimientos internos dentro de la cultura micénica; la cuarta, y más comentada, por una presión gral]ual de una nueva oleada de gente que hablaba griego (que introduciría un nuevo tipo de armas y fíbulas de 'arco de violín' a principios del periodo IIIC (1200-1 100 a.C.), aunque parte de ese material se encuentra en Grecia en el IIIB (1300-1200 a.C.); así como es patente la ausencia de nuevos elementos culturales) (22). Y la quinta, se debió probablemente a la estancación económica que condujo a guerras internas. Estancación producida por las costosas guerras y las disputas internas. (23)

Dado que somos partidarios del tercer postulado y no nos convencen demasiado las tesis que resuelven los problemas haciendo llegar un pueblo extraño en el momento preciso de la historia de una población, detengámonos a analizar la tan discutida invasión doria. Finley nos hace llegar una opinión sobre el estado actual de la cuestión, si bien nosotros no compartimos de todo tal opinión. Según él, cada vez parece más probable que el desmoronamiento del Imperio Hitita (1200-1190 a.C.) se pueda relacionar con las considerables incursiones en el Egeo Oriental, llevadas a cabo por una coalición libre de pueblos mencionados por dos veces en las fuentes egipcias, que se han mal llamado 'pueblos del mar'; y que además, piensa que debemos creer en un movimiento de pueblos a gran escala, ya que "existe entre los expertos la creciente convicción, basada en la arqueología y en las conclusiones sacadas de la ulterior expansión de las lenguas indocuropeas, que el centro de tales disturbios fue la región de los Cárpatos y el Danubio, en Europa. Por supuesto, sin estar organizado este movimiento, ni concertado, como ocurre con una coalición propiamente dicha. (24)

A la vez existe una serie de apartados nítimamente ligados a la cuestión de la invasión como son: el panorama posterior y los movimientos de población, y la perduración o no de asentamientos en territorio griego. Veamos uno por uno estos elementos: normalmente se ha venido hablando de efectos catastróficos, porque el uso de la escritura desapareció al quedar saqueados los palacios, la burocracia del rey se dispersó, los artistas y arquitectos perdieron su mecenazgo así como su propia seguridad, o sea una total dispersión de población con derrumbamiento de la estructura social piramidal y de su sistema económico. Así, hacia el 1000 a.C. la vida en Grecia se reduce a una supervivencia. Los grupos de población de Grecia que huyeron a las islas y de allí a Asia menor, a través de la imitación de las costumbres de los otros habitantes del Egeo, a través de los matrimonios mixtos y a través de la conquista de las regiones más importantes de la cuenca del Egeo, llegaron poco a poco, a poseer un tipo de civilización fundamentalmente uniforme. Es digno de anotar que las áreas más remotas recibieron una oleada de refugiados mayor, por lo que Acaya vió crecer su número de asentamientos, así como en el Este, Creta, Quíos y Chipre. El núcleo de estas migraciones hacia Jonia estaba compuesto por las poblaciones del Peloponeso, Tesalia y Bcocia, y hay que señalar que los establecimientos jónicos considerados tradicionalmente como los más antiguos (Efeso, Priene, Colofón, Teos, Lébedos, Míos, Mileto, Samos, Quíos y Esmirna) estuvieron ya bien establecidos alrededor del siglo X a.C., por lo que, primero, los grupos griegos que emigraron entre 1125 y 800 a.C., de las treinta tribus conocidas en la edad del Bronce, quince tomaron parte: los Abantes, Athaman¡os, Ainianos, Acolis, Actolios, Arcadios, Aqueos, Boiotios, Dorios, Thessalios, Jonios, Lapithas, Maquetes, Minyanos y Molossianos. Segundo, la mayoría de estas tribus no emigraron en su totalidad, y tampoco fueron de una localidad a otra -la excepción son los Aetolios-. Los Dorios que estaban divididos en cuatro grupos, se asentaron en el noroeste del Peloponeso, así como en Megara, Creta, Sureste Egeo, Egina y Halicarnasos. Los Jonios de Aigialeia se asentaron en las proximidades del itsmo, Atica, Eubea, Cíciadas y este del Egeo; los Lapitas, Minyanos y otras tribus que hablaban eólico, junto con los Aqueos, se asentaron al este del Egeo, entre Tenedos y Mileto, en Creta y Chipre. Todas estas migraciones son divisibles en tres categorías básicas (25): la primera incluiría las incursiones de las tribus griegas en los lugares donde la civilización micénica había florecido. Las tribus que tomaron parte en estas migraciones habían vivido en áreas montañosas con limitados recursos. La segunda categoría estuvo formada por la corriente de refugiados, la mayoría a causa de las invasiones de las áreas montañosas del grupo primero; y la tercera categoría está más en consonancia con las colonizaciones tardías, por ejemplo, las fundadas por los dorios de Argos en el resto de la Argálida, o los dorios en Megara, Creta, Melos, Thera y sureste Egeo.

Para terminar, la mayoría de estas migraciones tuvieron lugar en dos oleadas: la primera entre los años 1130 y 1120 a.C. y la segunda entre 1050 y 975 a.C. (entre 1120 y 1050 a.C., los movimientos fueron generalmente raros y de poca importancia).

Ahora bien, si retomamos el hilo aún nos falta por considerar una tercera característica de este momento, como es el hecho de que genera mente se justificó la oleada por la inexistencia posterior de una vida autóctono en territorio griego (a excepción de Atenas, que como todos sabemos fue la única que escapó a la destrucción o al abandono, sobreviviendo a los ataques, uno de los cuales coincidió con el incendio de Micenas, hacia fines del siglo XII a.C., cuando fueron abandonadas las casas ubicadas en las laderas de la Acrópolis, aunque la ciudadela resistió), lo cual llevaba a la consideración de una devastación de los dorios perfectamente clara. No obstante, el panorama ha cambiado desde que todas las bases han empezado a tambalearse gracias a las nuevas explicaciones, pues al conocido caso de Atenas que sobrevive a unos ataques (que no necesariamente implican una invasión) tenemos también, la existencia de nuevos vestigios que nos proporcionan otros cantos que perduraron tras la caída de Micenas, los cuales nos señalan la vivencia de momentos de auténtico esplendor (26), como sería el caso de Salamis y Perati. En estos lugares la estructura política y administrativa del reino micénico fue sustituida casi automáticamente por la antiquísima organización de la comunidad en régimen patriarcal, o incluso, también pudo darse de un modo más radical.

De todo esto podemos deducir que se destruyeron grandes e importantes centros micénicos, pero no todos, pues algunos perduraron, y en ellos puede estar la respuesta a las dudas que la época oscura ofrece, como por ejemplo, todos los cambios que acarrea el paso del bronce al hierro, que se han explicado como reflejos micénicos o arcaicos, cuando pueden ser perfectamente originarios de estas poblaciones griegas, sometidas en un principio al yugo micénico, y tras la caída de Micenas por sus propias contradicciones, de nuevo tomaron auge, si bien incluso en época micénica no estarían del todo olvidados. Por lo tanto, el estilo geométrico, la cremación de cadáveres, el uso del hierro en las armas, entre otras tantas cosas -habían sido siempre objeto para sustentar la presencia de invasores- hoy, a la luz de los nuevos descubrimientos, no nos ayudan a hablar de pueblos invasores; pues, por ejemplo, el paso de unas formas de tumbas a otras no se debe a la introducción de tumbas de cistas ni a la desaparición de los tholoi y tumbas de cámara, sino a factores políticos, sociales y étnicos. Tampoco el protogeométrico puede ser adscrito a los 'invasores' mientras sus variaciones más antiguas se localizan bajo el submicénico; por lo que ninguno de los cambios observados en las artes, oficios y costumbres funerarias dentro del área afectada por la civilización micénica durante el periodo 1200-principios del siglo IX, fueron introducidos con la penetración de los nuevos grupos étnicos. (27)

De esta manera, la época oscura que nace tras la caída de Micenas y las convulsiones que azotan al territorio griego -no necesariamente debido a la presencia de un pueblo extraño- supone pues, muy posiblemente una continuidad con un estrato pre-micénico en el que se desarrollan (por sus contactos con el Próximo Oriente, con Chipre o por sí mismos) toda una serie de aspectos propios que van a configurarla. No obstante, aunque no gozan de la consideración general estos aspectos de que representan claramente un momento de esplendor de la Historia griega, sino todo lo contrario, creemos que es justo recuperar esta época como la era griega en la que se van a establecer las líneas básicas de su historia política, religiosa, artística e intelectual Y pese a que el calificativo lo continuemos utilizando porque creamos que nos faltan aún datos para esclarecerla, pensamos que no tiene ningún otro valor por si mismo, salvo para aquellos que piensen que Grecia es una civilización de portentos y gestas gloriosas, y por lo tanto, estos siglos nunca deben ser considerados "griegos' sino característicamente 'bárbaros' (invasión doria) u "oscuros".

Notas:

  1. Rituales y Festividades en Grecia Priinitiva (Siglos XII-VIII a.C.), Granada 1987 (ISBN. 84-338-0673-4).
  2. ALSINA, J., en su "Pequeña introducción a Homero", ECISV (1959-60), 61 y 74, expone: "la gran creación épica con que se inicia aparentemente la historia de la literatura griega no es el comienzo de un periodo cultural: es, más bien, el broche de oro con que se cierra toda una etapa anterior, riquísima en creaciones mitológicas y sin duda también literarias."
  3. Paralelos con la Odisea los encontramos en el poema de Gilgamesh, y más concretamente en la visita al mundo subterráneo; o en el cuento hitita del rey Gurpanzab, que recuperó a su esposa hiriendo a muchos príncipes en el banquete con su arco mágico; o incluso, con el poema ugarítico de Baal. AUBRETON, R., Introduçao a Homero, Sao Paulo 1968, 90-91, piensa incluso que se pueden rastrear orígenes de la épica griega en Creta, y WEBSTER, T., From Mycenae to Homer (A Study in early Greck literature and Art), London 1977, 69-70, encuentra paralelos además entre Thetis, Athena y Odiseo con Gilgamesh, Nissun y Keret; Thetis y Zeus con Ninsun y Shamash; Diomede y Afrodita, u Odiseo y Kalypso con Aghat y Anat o Gilgamesh e Isthar, así como Helios y Zeus con Isthar y Anu o Anal y El.
  4. MIRALLES, C., "De los siglos oscuros al VIII", en BIEH III-2 (1969), 39-55; dice que esta tradición debe dividirse en dos materias a su vez subdivisibles: la historia sagrada y el folklore.
  5. BLANCO, A-, "La guerra de Troya", H]6 IX-101 (1984), p. 90; llega a decir que el nombre de Aquiles y Héctor aparece en los archivos micénicos, pero como esclavos, como si ya en el segundo milenio la poesía épica los hubiese popularizado tanto, que hasta los esclavos se los apropiaban. Por su parte, KIRG, G.S., Los poemas de Homero, Buenos Aires 1968, p.103 propone cuatro estadios distintos en el ciclo vital de una tradición oral: un estadio originativo, que encuentra expresión en canciones narrativas breves, simples y técnicamente ingenuas (en Grecia, probablemente durante el periodo micénico), un estadio creativo, en el que se extiende el ámbito de las canciones narrativas y se va refinando de generación en generación la técnica que permite memorizar e improvisar; un estadio reproductivo donde las técnicas orales establecidas son utilizadas todavía por bardos iletrados para la memorización y para facilitar la trasposición, a menudo aunque no siempre involuntario, de expresiones o episodios menores de una canción adquirida, a otra. Sin embargo, el repertorio tiene escasa extensión real, e incluye pocas o ninguna nuevas. Y por último, un estadio degenerado donde la difusión de la letra escrita constituye un factor especialmente poderoso. El poeta reproductivo comienza ahora a perder control de sus técnicas orales heredadas (siglo VII en Grecia).
  6. SIMON, B., Razón y locura en la antigua Grecia, Barcelona 1984.
  7. KIRK, G.S., Homer and the Epic, Cambridge 1965, si bien la tesis procede, parece ser de LUCKAS, G., Teoría de la novela, Paris 1963, citado por Mirailes, C., op.cit., p. 49.
  8. S. PARRY, M., The Making of Homeric verse, Oxford 1971, aunque de la misma manera piensa KRARUP, P., "Homer and the Axt of Writing", Eratios LIV (1956), p. 29.
  9. Es lo que dice BOWRA, C., en su Historia de la Literatura Griega, México 1973, p.21: "como Homero componía para la recitación, no hay que pedirle siempre aquella cohesión de las narraciones escritas para ser cuidadosamente leídas. Se ve obligado a acentuar los puntos importantes, y a prescindir de los demás. Por eso la historia parece mal zurcida". Por su parte, Delebecque con su "ley de sucesión" explica la obligatoriedad de las contradicciones, porque los aedos al crear esta ,ley", tenían prohibido narrar dos acciones separadas de manera simultánea (citado por AUBRETON, R., op.cit.); y como dice FINSLER, G., La poesía homérica, Barcelona 1930, por el propio deseo arcaizante.
  10. Kirk, G.S., op.cit., (1965) y NOTOPOULOS, J., "I'he llomeric Hymns as oral poetry, a study of the Post-Homerie oral tradition", AJPH LXXXIII,4 (1962), 337-368.
  11. BOWRA, C.,'The Homeric Poems and their authorship: Metre, style and composition", en A companion to Homer (directed by WACE, A. & STUBBINGS, F.), London 1962,19-74.
  12. GONZALEZ ESCUDERO, S. y RABANAL, M., "El sistema de propiedad en las tablillas micénicas, Homero y Hesiodo", HABIS 2 (197 l), p. 5 1.
  13. MELE, A., "El mundo homérico", en Historia y Civ,ilizacióti de los Griegos I dirigida por R. Bianchi Bandincili, Barcelona 1982, p. 50, dice: "la sociedad homérica ha perdido el complejo abanico de especializaciones micénicas ". Y VIDAL-NAQUET, P., en "Homére et le monde mycénian. A propos d'un livre recent et d'une polémique ancienne, Annzales ESC II (1963), p. 714, dice que el palacio homérico es la residencia de un jefe, no el centro de un sistema. 0 por ejemplo, LUCE, V., Homero y la edad heroica, Barcelona 1984, p. 55, dice "que ni la Grecia posmicénica ni la Grecia de Homero conocieron palacios de la complejidad y refinamiento de los descritos por Homero", si bien este autor se encuentra en otra corriente, dado que halla palacios en los poemas homéricos.
  14. Ver las obras de MYLONAS, G., "Homeric and Mycenaean Burial Customs", AJA Lll (1948), 56-81; DESBOROUGH, V., "The end of Mycenaean civilization and the Dark Age", The Cambridge Ancient History II-2, cap. XXXIV (a), Cambridge 1975, 658-677; y SNODGRASS, A., The DarkAge of Greece. An archacological survey of the elevetith to the cighíh cetituries B. C., Edinburgh 1971.
  15. Ver THOMAS, C.,'Ibe roots of Homer-ic Kingship", Hisioria XV (1966),387-407, y FINLEY, M.I., "Homer and Mycenae: property and Tenure", Hisioria VI (1957), 133-59 (hay traducción en español en La Grecia Antigua: Economía y Sociedad, Barcelona 1984, 225-278).
  16. Ver Vidal-Naquet, P., op.cit., p.711.
  17. BRELICH, A-,"Religión micénica: observaciones metodológicas", en La sociedad micénica dirigida por M. Marazzi, Madrid 1982, p.209.
  18. Luce, V., op.cit., p.49.
  19. SNODGRASS, A.M., "An Historical Homeric Society?", JHS 94 (1974), 114-125.
  20. Finley, M.I., op.cit., p.261.
  21. D'AGOSTINO, B., "Del submicénico a la cultura geométrico: problemática y centros de desarrollo", Historia y Civilización de los Griegos, op.cit., 158-190.
  22. Luce, V., op.cit., p.38 y SCHNAPP, A., "Les <siécies obscurs> de la Gréce"AnnalesESC 29,6 (1974),1465-1474.
  23. Kirk, G.S., opcit.
  24. FINLEY, M.I., La Grecia Primitiva: edad del Bronce y era arcaica, Barcelona 1983, pp.73-74.
  25. Nos basamos en SAKELLARIOU, M.B., "National and polítical Reorganization (1125-700 B.C.)", History of the Hellenic World The Archaic period, Athens 1975, 34-36.
  26. D'Agostino, B., op.cit., o Kirk, G.S., op.cit., (1968).
  27. Sakeilariou, M.B., op.cit, pp.24-25. Luce,V., op.cit., p.38. MOSSE, C., La Gréce archaique d'Homére á Eschyle, VIII-Vl siécles av,.JC., Paris 1984, p.26 y finalmente como cita D'Agostino, B., op.cit., p.168: "si se verifica la invasión doria fue más bien la consecuencia de un vacío de poder creado por el hundimiento de la civilización de los palacios."