EL DULCE SILENCIO DE HILAS (1). La "homosexualidad" en Grecia y Roma.
Carlos Espejo Muriel
Publicado en Orientaciones 2 (2001),
Si mis besos te ofenden, si te disgustan, castígame a tu vez: devuelvémelos.
Ant. Pal. XII.188
Abstract: author tries to show how was, in both ancient civilizations, the way in which men had sex between them. Besides, he consideres the supremacy of Men across the different aspects of the social life including education (pederasty), age relationship and sexual roles.
Preámbulo.
Cuando Javier Ugarte me pidió que colaborara con esta incipiente revista, tras conocer sus objetivos y sus postulados, me pareció tan interesante la labor que no lo dudé y el resultado de ese entusiasmo es lo que tienen aquí en sus manos. Se trata de una reflexión lo más accesible posible que me ha sido posible realizar pero no por ello menos profunda. La verdad, es que es un tema que he trabajado desde hace mucho tiempo y creo que es un buen momento para asentar unas necesarias y básicas conclusiones.
Para empezar, permítanme que explique el concepto: entrecomillo el término "homosexualidad" por dos razones, la primera porque a mi modo de ver el ser humano no tiene porque encasillarse ni clasificarse en ninguna de sus manifestaciones, y aunque el sexo sea una categoría muy importante en nuestras vidas, no por ello debemos sucumbir a la moda de enumerarlo todo. Siempre me han gustado las ambiguedades que desconciertan a los maníaticos de las definiciones, pero en este caso, dado que lo que pretendo es hacerme entender, he entrecomillado el término porque parto de la base de que todos, al menos asi me gusta creerlo, somos personas sexuales, abiertas (dependendiendo de la educación o los prejuicios de cada uno) a las diversas posibilidades que nos presenta la sexualidad humana. En segundo lugar, lo he entrecomillado porque no es un vocablo cómodo para los que trabajamos la Antigüedad. Quiero decir, muchos han sido los ríos de tinta que se han vertido tratando de explicar este objetivo, asi que no me repetiré mucho, pero sí he de insistir en que tal categoria sexual no se adapta para nada a la realidad del mundo antiguo, pues los griegos y romanos no partían del mismo punto de vista que nosotros en cuanto a identificación del objeto sexual, sino más bien, del rol o papel que jugaba cada uno en una determinada relación sexual. Así pues, por comodidad y para hacerme entender lo usaré en este trabajo pero con la advertencia que acabo de realizar.
1. Introducción.-
Si echamos una mirada hacia atrás en los estudiosos que se han aproximado al tema, nos damos cuenta, que aún siendo una realidad tan palpable incluso para los profanos en el asunto, entre los especialistas se produce un enorme vacio, un atronador silencio. De este modo, obras tales como The Cambridge Ancient History sólo le dedica en su volumen IV una sóla página al término "paedophilia"; que la archiconocida enciclopedia Pauly Wissowa sólo ceda dos páginas y media a la entrada"knabenliebe", cuatro a "Päderastic" mientras que "hetaira" (prostituta) logra más de veinte; que l'Histoire Grecque de Glotz en sus cuatro volúmenes, en el segundo referido a la educación no diga nada, o que la Historia de Oxford del Mundo Clásico ni la mencione.
Tal hecho, que no sorprende a quien habla, es digno de mencionarse debido a que va unido a un sentimiento muy extendido entre muchos clasicistas aun vivos, de que los griegos y los romanos, fueron un pueblo que por lo que representan para la historia del pensamiento político, científico, cultural y social del Occidente moderno, no pudo estar formado por "ancianos depravados y jóvenes viciosos". Y ante transgresión tan clara sólo cabe una solución, y ésta es precisamente la del silencio que no sólo anula cualquier ápice de interés por tan controvertido aspecto de la vida de estas civilizaciones antiguas, sino que condena al ostracismo cualquier inteto de reflexión en voz alta sobre el mismo. Menos mal que hoy en dia la situación ha cambiado y empiezan a surgir interesantes estudios sobre género, fundamentalmente entre las universidades norteamericanas, aunque hay que decir, para ser justos, que los estudios iniciales se dieron por primera vez en el ámbito europeo.
Actualmente el panorama bibliográfico sobre la "homosexualidad" en el mundo antiguo es mucho más rico, y todos reconocemos una serie de "padres" que fueron los primeros en atreverse a romper con el silencio antes mencionado. En primer lugar estaria el británico K. Dover, quien através de sus diferentes artículos (2), pero más especialmente en su monográfico sobre el tema (3), ha marcado la pauta de muchas investigaciones posteriores. Se le reconoce la pulcritud y la elegancia con la que estudió la materia, acompañandose de textos y fotografias de vasos cerámicos, aunque yo discrepo de su análisis sobre lo que él denomina "intrecrural sex", osea, la práctica, para él habitual, de la colocación del sexo del adulto entre los muslos del joven para evitar asi la penetración anal. Mención especial merece la obra de Buffière sobre la pederastia en el ámbito griego (4), por ser el primero en estudiarla con una obra monografica voluminosa y sugerente. Italia ha dado lugar a investigaciones muy sugerentes (5) y bien documentadas a partir de estudios minuciosos de textos, pero si he de citar alguno me quedo con la obra de Eva Cantarella, quien de manera más reciente publicó su ensayo sobre la bisexualidad (6), al que considero como referente para todo aquel profano que desee aproximarse al tema sin encontrar trabas o dificultades en los términos y en los textos, además de estar dotado de una hermosa comprensión.
La escuela francesa recoge la rica herencia que poseen de los estudios mitológicos y a partir de ella han realizado trabajos muy meritorios uniendo ambos aspectos con resultados tan interesantes como siempre (7). De igual manera, las diferentes universidades norteamericanas siguen produciendo no menos interesantes estudios de manera mas concreta y sobre autores determinados, aunque también los hacen de manera más genérica, aunque algunos de ellos cometan el error de repetirse hasta la saciedad, pese a que sus editoriales los vendan como autenticas novedades en el panorama científico. Una salvedad la representa el ya desaparecido J. Boswell, quien con su profundidad de análisis (a pesar de los fallos cometidos), sus arriesgadas conclusiones y su capacidad de trabajo inagotable, ha dado lugar a magnificos trabajos (8).
Tendría que mencionar tambien que existe en los EEUU una revista especializada en la materia (9) y que publica regularmente artículos referidos al mundo antiguo en el que tienen cabida pequeñas monografías que poco a poco van configurando todo un marco y que por lo tanto, son tremendamente enriquecedoras. En cuanto a nuestro país, cabe destacar la figura de F. Rodriguez Adrados, que aún no siendo un especialista en estudios de género ha realizado siempre unas publicaciones impecables que nunca dejaron de lado el argumento que nos ocupa, aunque particularmente, yo discrepe de sus conclusiones (10).
Por último, existen una serie de obras concretas que por su interés, por su atrevimiento en los puntos de vista ofrecidos o por su novedad en sí, merecen también ser mencionadas: M. Delcourt, Hermaphrodite. Mythes et rites de la bisexualité dans l'antiquité classique, París 1958 (hay traducción en Seix Barral), M. Foucault, Histoire de la sexualité 3 vols., París 1976 (hay traducción en Siglo XXI), E. Keuls, The Reign of the Phallus, Nueva York 1985, A. Rousselle, Porneia. De la maîtrise du corps à la privation sensorielle, París 1983 (hay traducción en Peninsula), T. Vanggaard, Phallos. A symbol and its history in the Male World, Nueva York 1972; H.I. Marrou, Histoire de l'education dans l'antiquité, París 1948 (hay traducción en español en Akal)…
Una vez dada esta rapida visión historiográfica me gustaria añadir otra breve reflexión antes de empezar, se trata de la particularidad intrínseca a la época a la que nos referimos: la realidad clásica. Esta, como es lógico, fue muy distinta a la nuestra, pues en el mundo griego y romano la orientación sexual no se discriminó ni se adjetivó según se optara por un sexo u otro, ya que no distinguían entre tales categorías (las relaciones son "sexuales" si queremos darle un nombre o entendernos, y no son otra cosa que formas específicas culturales de la vida erótica, y por lo tanto, nada de bloques básicos de identidad sexual). Esta disposición ha hecho que muchos investigadores se confundan y trasladen al universo griego o romano comportamientos actuales (sin ni siquiera preocuparse de explicar conceptos tales como el de identidad o presión social), que sublimen sólo un aspecto determinado (ya fuera el "hetero" o el "homosexual", según los intereses particulares de cada uno), o que intenten definirlo aproximadamente de una forma sincera como han hecho otros, denominándola "pseudo-homosexualidad" o "bisexualidad", ya que los antiguos no veían nada sorprendente en la coexistencia del deseo hacia los muchachos y hacia las chicas en una misma persona.
Todo esta información nos indica que hoy en día no podemos utilizar la palabra "homosexualidad" en los universos griego y romano para referirnos a un comportamiento determinado que todo el mundo tiene en mente (aún a sabiendas de que existieron personas que se sintieron atraidas por otras de su mismo sexo), y no tanto por ser un término excesivamente moderno como por el hecho de no responder a ninguna realidad sexual concreta de entonces.
Para conocer con qué datos contamos he de referir que tenemos la suerte de disponer de un buen número de textos clásicos con ricas referencias al tema, así como abundantes restos arqueológicos (fundamentalmente cerámicas, frescos y mosaicos) y algunos epigráficos (los más interesantes, los grafitos pompeyanos). A partir de aquí, pues, me dispongo a mostrar lo que ocurrió aproximadamente en Grecia y Roma entre seres del mismo sexo que compartieron sexualidad, deseos, amores y desencuentros. Debo entonar antes que nada el mea culpa por dejar de lado en esta pequeña disertación a mis amadas mujeres. No es que la información no sea mucha (es escasa, pero algo hay) pero hoy por hoy mi tema de investigación se ha centrado más en los hombres debido a la riqueza y la facilidad del sujeto de estudio, aunque prometo realizar algun día un digno trabajo de investigación sobre el lesbianismo en el mundo clásico.
Pasemos pues a ver los dos universos que centran este estudio:
2. El Universo griego.-
En Grecia, como en Roma, la mujer vive en un mundo de hombres cuya vida regulan; es por tanto explícito el silencio que sobre ella conservamos y la dificultad que entraña poder atreverse a conjeturar hipótesis de trabajo sobre el comportamiento lésbico en la sociedad griega. No obstante, de todos es sabida la famosa poetisa de Lesbos (Safo) que es una fuente inagotable para el discernimiento y la reflexión de género, a la que deberíamos añadir el comportamiento de las mujeres en los rituales iniciáticos que se conservan en algunas de las antiguas poleis griegas, así como su desarrollo normal en ciertos ámbitos concretos como el de las festividades (las propias de su género fundamentalmente) o el del hogar (no tanto como "ama de casa" sino como matrona de intrincadas tareas domésticas vinculadas al espacio religioso, a los ciclos de la vida, a la magia, etc…).
En este universo griego, contrariamente a lo que podía pensarse, la educación de los más jóvenes no forma parte del cometido de las mujeres dentro del ámbito familiar, sino que recae sobre un pedagogo que lo forjará como futuro ciudadano de la polis. De esta institución (la paideia) nacerá la consabida pederastia (que surge de la unión de las palabras griegas pais –muchacho- y el verbo eran –amar). Entiendo por muchacho, lo que hoy día nosotros llamaríamos adolescente (entre 12 y 20 años), aunque sobre la terminología de las edades hay nucho que decir. En cuanto al verbo griego eran significa amar, tanto en su acepción téorica, afectiva como espiritual; y así la expresión más extendida en Grecia para referirse a los muchachos o al amor de éstos fue ta paidiká. Pero antes que nada, permítanme decir unas breves palabras sobre este interesante tema.
De la pederastia griega se ha dicho que era el terrible "vicio griego", que se originó en Grecia gracias a los dorios que la impusieron en sus poleis como medida para controlar el excesivo crecimiento demográfico que azotó a las diferentes ciudades en el siglo VIII ane, y que debido a su éxito se fue adaptando a las necesidades del resto de las poleis no dorias hasta su total asimilación; que fue causa directa del carácter militar de la sociedad griega, o bien, consecuencia del culto al cuerpo centrado en su pasión por la juventud masculina, además de ser resultado de la división encarnizada de sexos. Bien, siempre me ha llamado la atención que se intente buscar la causa de un comportamiento como el pederástico, y no otros comportamientos que tenemos establecidos como "normales". Que fuera un rasgo más de los dorios no lo voy a discutir (no es el lugar) pero que fuera el resultado de una medida de control demográfico no me parece lo más sensato (entre otras cosas porque nunca he entendido cómo tal medida se pudo extender y contar con el beneplácito de los lugareños, partiendo como lo hizo, según los autores que mantienen esta teoría, por imposición de un legendario legislador).
En cuanto a la belicosidad de los griegos, cierto es que establecieron una dinámica muy especial en sus relaciones entre varones, a modo de camaradería guerrera o kriegkameradschaft con claras connotaciones homoeroticas (recordemos la existencia de "batallones sagrados"). Aún así, creo firmemente que la separación de los sexos fue un elemento decisivo a la hora de comprender la manifestación pederástica del deseo "homosexual" griego, pues si las muchachas se casaban a los quince años y los hombres no lo hacían hasta los treinta (como medida, se insiste, para frenar el crecimiento demográfico), es muy lógico pensar qué podían hacer todos esos muchachos y hombres jóvenes en esos quince años que los separaban, en los cuales el acceso a la mujer decente era impensable (recluída en el gineceo como hemos mencionado) y el andar con hetairas (prostitutas) no era precisamente la mejor compañía de la que podían jactarse. La solución a la que llegaron los griegos fue dedicarse al deporte mejorando su cuerpo con la actividad física y educar su alma para mejor guiar las riendas del estado; pero ¿y el sexo? Debemos recordar que el ámbito de edad del que estamos hablando es el que se corresponde con el climax de actividad sexual (o al menos del deseo), luego es dificilmente imaginable que todos fueran virginales. Por lo tanto, fue el medio social lo que condicionó la existencia de la pederastia en Grecia (aunque ello no quiere decir que todos los griegos fueran "homosexuales", sino que algunos lo fueron, otros reprodujeron este modelo por imperativo social y otros, con clara repugnancia, se negaron a practicarla pese al rechazo social que provocaban.; sino, piensése por un momento cómo podría ser la vida de aquellos que negándose a practicar la pederastia quedaban excluidos de los banquetes, o al menos de sus discusiones, no conocían la camaradería que estrechaba los lazos de amistad o amor durante casi toda la vida, permanecían la margen de los avatares de las mejores familias, y lo que es peor, estarían tremendamente solos en un mundo que se rige por unas coordenadas que ellos decidieron no seguir).
En Grecia, el joven griego que se sometía a una relación pederástica no podía tener menos de 12 años y no debía superar los 17. Entre una edad y otra se suceden varios años en los que estatus jurídico del menor variaba (vid Cantarella, 1988 ó Buffière, 1980), aun así, lo que está claro es que durante ese tiempo el muchacho tenía que ejercer de erómenos (sujeto pasivo) mientras que el adulto desempeñaba el papel activo (erastés). Ni antes ni después de esa edad podía hacerlo, lo que no quiere decir que no se hiciera. Según nos cuentan las fuentes griegas (posteriores al establecimiento de la relación pederástica como tal en las poleis griegas) tal relación pedagógica duraba hasta que al muchacho empezara a despuntarle la barba (alrededor de los 17 años), pues a partir de entonces entraba en la comunidad de ciudadanos de pleno derecho. También nos dicen unas fuentes que entre ambos no hubo nunca coito anal y que el placer sexual se obtenía por medio del frotamiento del pene del adulto entre los muslos del joven; claro está que existen otros tipo de fuentes que nos hablan de la realidad del coito antes negado y de la clara distribución de roles entre ambos varones. Además, se nos dice que la finalidad de esta relación no era la búsqueda del placer, sino la enseñanza del joven desde todos los aspectos de la vida que podía ofrecer un adulto cultivado, y por lo tanto no había nada peor visto que uno u otro perdiera el autocontrol del que todo ciudadano debia hacer ostentación. Sin embargo, contradictoriamente tenemos registradas actitudes contrarias a esta "norma", en la que los jóvenes se muestran encantados e incluso provocan su penetración, asi como, adultos que ensalzan las bondades de los jóvenes y comparan los placeres obtenidos de estos muchachos con los de las mujeres.
Todo esta compleja encrucijada de contradicciones hizo que me decidiera a realizar un trabajo sobre el tema (Espejo Muriel, 1997) y que llegara a estas conclusiones: efectivamente hubo coito anal en la relación pederástica, efectivamente no todos los jóvenes ni los adultos mostraron el tan comentado autocontrol, efectivamente algunas no finalizaron cuando el muchacho entraba en la edad adulta, sin lugar a dudas el deseo formó parte de este tipo de enseñanza, y lo que no debemos menospreciar, no cabe que el móvil fuera la transmisión de la sabiduría del adulto a través de su semen al joven, sino que del mismo formó parte el deseo. Ahora bien, la pederastia no tiene nada que ver con la "homosexualidad" en tanto en cuanto era una institución establecida entre los griegos como norma educativa, al igual que se encuentra entre otros pueblos hoy día. Quiero decir con ello, que ante ella caben muchas respuestas, del tipo antes mencionado: muchachos que incitarían a sus futuros maestros a decantarse por sus encantos, muchachos que sentirían un profundo asco ante esta situación, o muchachos que se sentirían perdidos si no eran elegidos para ser educados como el resto de sus compañeros de edad. De todos modos, y conociendo que la literatura posterior va a recoger con profusión el debate que surgió en la sociedad griega sobre esta institución, creo que la necesidad que trasmiten las fuentes de otorgar a la misma de un candor y una pureza inexistente en la mayoría de los casos, se debe a que la sociedad griega no supo armonizar el hecho de que sus futuros ciudadanos fueran educados en una relación que los sometía y relegaba al mundo de las mujeres; de aquí la constante desarmonización que revelan los textos.
Aparte de la relación pederástica, en Grecia existió tambien la relación sexual entre seres del mismo sexo sin diferencia de edad, en la que siempre se marcaban claramente los roles activo y pasivo de sus participantes (erastés-erómenos, respectívamente). Sólo que la que gozaba de aceptación era la mantenida entre adultos y jóvenes, pero no por ello dejaron de existir jóvenes que se prostituían, o adultos que una vez cruzado el umbral en sus relaciones pederásticas continuaban con ellas con el mismo amante o incluso con otros adultos de su edad. En todos estos casos el escarnio era total. Desde ser llamados "culo ancho, culo roto o culo blanco" (en Grecia, leikós, blanco, como color estaba ligado a la cobardía, al afeminamiento, dado que los hombres "valientes" y "viriles" normalmente estaban asociados a tareas donde la piel adquiría una morenez propia, ya fuese por sus entrenamientos en los gimnasios, ya por trabajar bajo el sol, por acudir a la asamblea al aire libre, etc.. Sin embargo, el tono pálido o blancuzco de piel solía asociarse con la mujer –si no veánse los frescos egipcios o cretenses, entre otros- dado que desempeñaba sus funciones dentro de la casa y no expuesta al sol. Pues bien, esto supuso una nueva dualidad, leikós-mélas –blanco/negro- que llegó incluso a formar la palabra leikóproptos para referirse a los adultos que optaban por el papel pasivo).
La ley pues penalizaba a todos aquellos que abusaban de los jóvenes, los que perpetuaban sus roles una vez despuntada la barba en el púber, los que hacían ostentación de su "afeminamiento/pasividad" en cuanto minaba los fundamentos de la ciudadanía, o los que se prostituían puesto que buscaban ostensiblemente el placer (y normalmente eran jóvenes) con el agravante de existir una transacción económica para algo que se podía lograr gratis con unos fines morales muy diferentes.
3. El universo romano.-
Roma nos ha dejado una rica herencia jurídica que es característica propia e intrinseca, como ninguna otra, de esta civilización. Quiero decir que los romanos fueron unos magnificos legisladores y que como tales, hicieron del derecho una causa común a su quehacer cotidiano. Dentro de este afán legislador hay que saber que la mujer quedaba al margen pues sólo entraba en contacto con él de la mano de un varón, fuera éste su marido, hermano, hijo o padre. De este modo el silencio que encontramos en las fuentes sobre ellas es parecido al que comentamos para el caso griego, aunque quizás en este ámbito mas desolador si cabe en tanto en cuanto la sociedad romana se caracterizó por ser una sociedad tremendamente patriarcal y falócrata.
En Roma, contrariamente a Grecia, la educación perteneció al ámbito doméstico (si bien esto no quiere decir que no existieron escuelas, sino que los primeros años transcurrían dentro del espacio privado de la domus y en relación directa con la madre). ¿Quiere decir ésto que no existió pederastia en Roma? No exactamente. Lo que quiere decir es que la pederastia nunca fue establecida como institución educativa en el mundo romano aunque sí se ejerció. Durante muchos años se consideró una moda griega importada por el grupo de poetas neotéricos, cuando la república romana se abrió a las influencias griegas de mano de un grupo potente de ciudadanos romanos sensibles a las grandezas de su rival. Hoy en dia se sabe que no fue así. Que existen datos que nos hablan de relaciones pederásticas desde tiempos muy remotos y de que tal comportamiento no era para nada extraño entre romanos, pero eso sí, desvinculado por completo de la función educativa. De modo que las relaciones existentes entre un adulto y un joven no fueron una moda importada de Grecia en el siglo I ane sino que era una realidad romana como cualquier otra, siempre y cuando se ejerciera con jóvenes prostitutos o esclavos.
Efectivamente las relaciones "homosexuales" en Roma se establecieron sin ninguna traba entre adultos que actuaran como activos en el coito anal. En el momento que un adulto optara por el papel pasivo en la relación, se perfumara, portara ropajes impropios al decoro masculino, etc… entonces sí que se le marginaba, pues en Roma lo que verdaderamente marcó el universo de las relaciones humanas no eran las categorias modernas de hoy en dia en relación al comportamiento sexual de cada uno, sino la actividad o la pasividad. Para comprender mejor esto tengo que explicar antes unas consideraciones básicas del funcionamiento legal y social romano: en Roma, todo individuo tiene su personalidad jurídica que va ligada a una seria de atributos como son la libertad (que lo opone al esclavo), la ciudadanía (que le otorga todos los derechos) y la familia (pues es la célula base y desde la cual se parte como insitución legal para engendrar los futuros ciudadanos de la res publica). Que un varón romano en su intimidad practicara con su mujer, su esclava, su esclavo o prostitutos el coito anal, nadie se lo impedía, es más, era motivo de vanagloria pues asentaba con su "actividad" el motor fundamental de su virilidad. En cambio, en el momento que decidiera no ya alardear del placer experimentado en la penetración, sino simplemente de haber mantenido una relación en la que hubiera desempeñado el papel pasivo en ella, era motivo de escarnio pues atentaba directamente contra los tres estadíos que hemos comentado anteriormente y que le otorgaban su razon de ser dentro de la sociedad romana: contra la libertad pues deliberadamente elegía el rol que sólo los esclavos y las mujeres podían realizar, contra la ciudadanía porque jamás un varón podía "someterse" voluntariamente a otro hombre, lo que le hacia automáticamente vaciar de contenido los derechos adquiridos por nacimiento; y contra la familia porque voluntariamente decidía no engendrar, optando por la búsqueda del placer por el placer y no por la reproducción.
Sin embargo, es curioso, el afán romano por subrayar la actividad lleva a extremos singulares como es el hecho de la felación. En Roma sólo en la intimidad más recondita o en los burdeles debió practicarse pues suponía la mayor humillación al unir tanto la "pasividad" por excelencia como el contacto con una de las zonas más "inmundas", según la época. Ahora bien, para los romanos aquel que permitía que le realizaran la felación era el sujeto activo de tal encuentro, mientras que quien la ejecutaba era el pasivo por excelencia, el que violentaba con el pene de otro su propia oquedad (no deja de ser curioso que en latín igual que para penetrar, según cual sea el objeto de la penetración, existen distintos verbos morfológica y conceptualmente activos, en cuanto a irrumare o fellare, sólo se encuentra en su forma morfológica activa a pesar de la labor pasiva a la que se aplica).
En Roma, pues, existe un código tradicional de conducta en el que la cualidad propia del hombre era la dignitas, así como la de la mujer era la venustas (belleza), y por ello mismo, el varon como vir, como sujeto que sustenta la virtus, deberá desterrar de su aspecto físico todo aderezo, guardándose de no tener afectación en el gesto o en el movimiento, ni poder llorar. Ahora bien, esta exaltación de la virilidad, de esa dignitas, opuesta al afeminamiento, responde a un elogio de la pudicitia, lo que se consideraba la virtud más íntima y que nada tiene que ver con las nociones de castidad o pureza sino con el ideal masculino de integridad física entendido como "impenetrabilidad" (que llevaba a la joven a permanecer casta, a la mujer casada a preservarse del adulterio y al hombre, a prohibirse las relaciones con otros hombres si éstas eran pasivas).
Con esto quiero decir que sólo se opuso la mentalidad común romana al varón que siéndolo, voluntariamente decidió empadronarse de un modelo que es la antítesis del vir, osea, el afeminado -cinaedus o pathicus- pues comportándose de un modo antimasculino (11) trastocaba los papeles a los que debía ceñirse entrando de lleno en el campo de la "servidumbre" (pues pathicus procede de patere: pasividad, sumisión); pero aún hay más, si además le place esa sumisión, ésta se califica como patientia, y entonces sí que se agrava la situación ya que desde su status libertatis elige la servidumbre a conciencia, asumiendo la impudicitia que lo relaciona no tanto con la sumisión "homosexual" como con todo aquello que representa lo no masculino: los perfumes, el depilarse, los atuendos costosos y llamativos, los gestos amanerados, los rizos, el no controlar sus emociones ni sus deseos –como para los romanos hacían las mujeres-, etc..
4. Conclusiones.-
La antigüedad clásica siempre se ha considerado entre los gays como un lugar paradisíaco, no sé si después de leer este artículo seguirán pensando igual o no; el caso es que lo importante es que no olviden las siguientes conclusiones: en primer lugar no cabe la posibilidad de trasladar nuestra realidad a la de 3000 años atrás, luego las identificaciones caen por su propio peso. En segundo lugar, efectivamente Grecia optó por un modelo que en nuestro mundo parece impensable como fue la relación pederástica como institución pedagógica, pero que le desbordó e hizo que surgieran muchas voces discordantes que la bañaron de una serie de rasgos que casi la desnaturalizan por principio, aún así el esquema básico, adulto-jovencito se mantuvo, aunque sin los condicionantes que a posteriori marcan algunas fuentes. En tercer lugar, este comportamiento pederástico queda lejos de responder a lo que nosotros llamaríamos un deseo homoerótico u "homosexual". En cuarto lugar, en Grecia y Roma las relaciones sexuales entre adultos varones no son tema de discusión salvo que atenten contra el "normal" comportamiento que de ellos se espera que tengan, osea que exista un intercambio de roles en la relación sexual contrario a los que dicta el comportamiento general, que en el caso romano atenta contra los tres pilares básicos que conforman la personalidad jurídica del individuo: el status libertatis, el status civitatis y el status familiae.
Así pues podemos concluir que a los griegos y romanos no les importaba nada que un varón mantuviera relaciones sexuales con otro de su sexo, de hecho no les sorprendía, sólo mostraban interés cuando abiertamente esas relaciones se salían fuera de los límites que tenían establecidos, que lejos de basarse en el objeto de deseo sexual lo hacían en el procedimiento.
Bibliografía final:
Buffière, F: Eros Adolescent. La pédérastie dans la Gréce antique, Paris 1980.
Cantarella, E: Secondo Natura. La bisessualità nel mondo antico, Roma 1988.
Devereux, G: Greek Pseudo-Homosexuality and the Greek Miracle, SO 42 (1968), 69-92.
Dover, K: Greek Homosexuality, Londres 1978.
Espejo Muriel, C: El modelo pederastico griego, en II Reunión de historiadores del mundo griego antiguo. Homenaje al prof. Fernando Gascó, Sevilla 1997, 379-390.
Halperin, D.H: One hundred years of homosexuality and other Essays on Greek Love, New York-Londres 1990.
Percy III, W.A: Pederasty and Pedagogy in Archaic Greece, Urbana & Chicago 1996.
Sergent, B: L´homosexualité dans la mythologie grecque, París 1984.
Vanggaard, T: PHALLOS. A symbol and its history in the Male World, New York 1972.
Williams, C.A: Roman Homosexuality. Ideologies of Masculinity in Classical Antiquity, New York & Oxford 1999.
Notas: