REFLEXIONES SOBRE EL MODELO
PEDERASTICO GRIEGO (1)
Carlos Espejo Muriel,
Universidad de Granada
Publicado en Homenaje al Prof. F. Gascó, Sevilla, 1997, 379-390.
Me encontraba este verano en Vigo, asistiendo al I curso que sobre los estudios gais y lesbianos organizaba una uiúversidad española; y allí discutiendo con un colega empezamos a replantearnos y a cuestionarnos toda una serie de datos que siempre se han asumido como auténticos, en gran parte debido a la talla de los investigadores que los habían propuesto y en gran parte a que las cosas estaban mucho mejor si se dejaban como estaban, que remover demasiado el tema. Nos estamos refiriendo al siempre polémico pero atrayente tema de la "homosexualidad" griega.
Verán, lo primero que llama la atención es el silencio. Sí, un silencio tan atroz que hace, entre otras cosas, por ejemplo, que obras tales como The Cambridge Ancient History le dedique en su volumen IV una sola página al término "paedophilia", o que la archiconocida Pauly Wissowa sólo ceda dos páginas y media a la entrada "knabenliebe", cuatro a "Päderastic" mientras que "hetaira" logra más de 20; que I'Histoire Grecque de Glotz en sus cuatro volúmenes, en el segundo referido a la educación no diga nada, o que la Historia de Oxford del Mundo Clásico ni la mencione.
Tal hecho que no sorprende a quien habla es digno de mencionarse debido a que va unido a un sentimiento muy extendido entre muchos clasicistas aún vivos, de que los griegos eran un pueblo que por lo que representan para la historia del pensamiento político, científico, cultural y social del Occidente moderno, no pudo estar fomado por "ancianos depravados" y "jóvenes viciosos". Y ante transgresión tan clara sólo cabe una solución, y ésta es precisamente la del silencio que no sólo anula cualquier ápice de interés por tan controvertido aspecto de la vida griega, sino que condena al ostracismo cualquier intento de reflexión en voz alta sobre el mismo. No obstante, hoy nos encontramos aquí con el objetivo de intentar poner sobre la mesa la realidad o la falsedad de muchos de los argumentos establecidos. Nos hubiera gustado presentarles algo definitivo pero dada la naturaleza resbaladiza del tema, lo único que podemos presentarles son las conclusiones de esas largas horas que les hemos dedicado a nuestras reflexiones, extraidas, como el resto de los investigadores, del análisis de los textos y de la decoración de los vasos; éstas son las siguientes: la pederastia no tiene nada que ver con la homosexualidad. Esta últmia no existió en Grecia aunque sí hubo gays. Las causas no hay que buscarlas en el militarismo de la sociedad griega ni en su pasión por la juventud. La relación pederástica como modelo de relación adulto-jovencito no excluyó el coito anal ni el placer sexual del amado, ni finalizaba con el despuntar de la barba, y por último, que sí hubo otros modelos de relación entre varones de diferente o igual edad.
1. La Negación de la homosexualidad en Grecia.
A finales del siglo pasado (2) se utilizó por prmiera vez el témnno "lioniosexualidad" a partir del latín "horno " (igual) que no "lionio" (hombre). El vocablo nacía de manos de la psiquiatría que era la única ciencia que por entonces mostraba interés en el tema, siempre estudiándola como una perversión, no en tanto que concepto moralizante sino como conducta desviada, y por lo tanto en su acepción más amplia. Junto a esta explicación del comportamiento homosexual apareció también el concepto mismo de "deseo homosexual", entendido como un fenómeno sexual autónomo. De este modo "inversión sexual" no es igual a "homosexualidad", pues la primera hace referencia a una amplia gama de comportamientos sexuales desviados, de los cuales, el deseo homosexual es sólo un aspecto lógico, pero indiferenciado, en tanto que la expresión "homosexualidad" se centra en el aspecto más concreto, de la elección del objeto sexual. Y así comprobamos que las primeras explicaciones biológicas de la desviación sexual formaban parte integrante de ese discurso científico del siglo pasado, que pretendía convalidar el orden social existente afirmando su inevitabilidad biológica (3).
A partir de entonces fueron varios los estudios que profundizaron en este campo con incluso interesantes repercusiones en las sociedades contemporáneas (léase el análisis de Kinsey y la revolución que provocó en los EE.UU.) y otros con menos repercusión en el medio social que no en el mundo académico. Nos estamos refiriendo, por ejemplo, a la obra de Devereux (4), para quien la homosexualidad era una capacidad que formaba parte del repertorio potencial que tiene toda la humanidad, y teniendo en cuenta los tres grados que conforman, en sentido psiquiátrico, la perversión (estabilidad, compulsión y amortiguación) señaló que la homosexualidad griega no cumplía ninguno de estos tres requisitos imprescindibles, por lo que nunca fue una perversión genuina en el sentido estricto del psicoanálisis.
Continuando siempre con esta ciencia tenemos que recordar que al seguir en su estudio y teniendo en cuenta los avances que por entonces se realizaban en otra ciencia hermana como es la Etnografía Comparada, se planteó el problema siguiente: al observar las conductas homosexuales que tenían ciertos pueblos "primitivos" de Africa, Melanesia, etc. ¿Podría pensarse que ese comportamiento humano ha sido el mismo desde la evolución del hombre, o por el contrario, las manifestaciones africanas o melanesias, no son comparables a las realidades que se analizan en el mundo "civilizado"? De semejante cuestión se escindieron dos ramas que son las que afrontaron el debate. Por un lado nacieron los realistas que estaban de acuerdo en que los seres humanos nos diferenciamos desde el punto de vista sexual, puesto que tal dicotomía (homosexual/heterosexual) existe en el lenguaje y en el pensamiento ya que existe en la realidad; o sea, que no ha sido inventada, sino observada por los taxonomistas sexuales; mientras que por el otro surgieron los nominalistas, quienes sostenían que solamente las sociedades industriales de la época moderna y contemporánea habían creado la "homosexualidad", y que por lo tanto, tratar de aplicar conceptos modernos a situaciones anteriores era un verdadero disparate (5).
Un escéptico que escapa a ambas escuelas sería Chauncey, quien considera erróneo suponer que los médicos crearan y definieran a finales de siglo las categorías de "invertidos" y de "homosexuales", o que la gente interiorizara de forma acrítica los nuevos modelos médicos, o ni siquiera que la homosexualidad apareciera como una categoría plenamente definida en la literatura médica hacia 1870; pues tal presunción atribuiría excesivo poder a la ideología como fuerza social autónoma, simplificando excesivamente la compleja dialéctica existente entre las circunstancias sociales, la ideología y la conciencia que dio origen a las identidades gays (6).
A todo esto hay que añadir el inconveniente de la realidad griega, que ésta sí que era distinta, no sólo de la de finales de siglo, sino de la nuestra (7), pues en el mundo griego la orientación sexual no se discrimina ni se adjetiva según se opte por un sexo u otro, pues no se distingue tal categoría (las relaciones son "sexuales" si queremos darle un nombre o entendemos, y no son otra cosa que formas específicas culturales de la vida erótica, y por lo tanto, nada de bloques básicos de identidad sexual). Esta disposición ha hecho que muchos investigadores se confundan y trasladen al universo griego comportamientos actuales (sin ni siquiera preocuparse de explicar conceptos tales como el de identidad o presión social), que sublimen solo un aspecto determinado (ya fuera el "hetero" como el "homosexual", según los intereses particulares de cada uno), o que intentan definirlo aproximadamente de una forma sincera como hizo Dover, denominándola "pseudo-homosexualidad" puesto que los griegos no veían nada sorprendente en la coexistencia del deseo hacia los muchachos y el deseo hacia las chicas en una misma persona (8).
Toda esta información indica que hoy en día no podemos utilizar la palabra "homosexualidad" en el universo griego, para referirnos a un comportamiento determinado que todo el mundo tiene en mente; aún a sabiendas de que existieran personas que se sintieron atraidas por otras de su mismo sexo, y no tanto por ser un término excesivamente moderno (9) como por el hecho de no responder a ninguna realidad sexual concreta de entonces. Lo cual no quiere decir que no seamos conscientes de que fueron otras las realidades "sexuales" de la época, ni que estas personas (que nosotros preferimos denominar "gays") (10) se sintieran distintas o presionadas por el entorno circundante, ni que tuvieran conciencia de que como grupo formaban un ente diferenciado. Todo esto pertenece al lenguaje asociativo reivindicativo de la comunidad gay actual, lo cual es perfectamente legal y válido en el presente, pero nada tiene que ver con lo que ocurría en el mundo griego.
2.- La Negación de las causas.
Hay unanimidad, y eso que es difícil encontrarla en un tema tan espinoso y tan resbaladizo como éste, en cuanto al origen del "vicio griego" sería el carácter militar de la sociedad dórica (desde donde pasaría al resto de Grecia), el culto al cuerpo, su pasión por la juventud (reflejada en todas las artes, incluso en el fiel reflejo del ideal de belleza), y la división casi encarnizada de sexos. Todas ellas resultan válidas, pues no presentan ninguna de ellas elementos que de por sí puedan excluirse en este razonamiento, sin embargo, resulta paradójico que siempre se haya insistido en el origen de la homosexualidad griega (que no en la heterosexualidad, y repito, en el caso que nos ocupa, tanto una opción como la otra, son ambas tan ajenas a la realidad, que las dos deberían ser explicadas por igual), pues al fin y al cabo, parece esconder una oscura razón que pueda limpiar las conciencias de los clasicistas, visto que el mal griego era insuperable e imborrable (una vez descubierto el asunto no se podía mantener por más tiempo en silencio). Esta es, al menos en mi opinión, la intención que se deja entrever de todos los que han estudiado el tema.
Y digo que si nos aproximamos al mismo de forma sincera ¿no sería mucho más sencillo partir de unas premisas como las que ya he mencionado en el punto primero, y a partir de ahí ir tratando de reconstruir esta "pseudo-homosexualidad"? Creo firmemente que así es, y trataré de demostrarlo: que la pederastia penetrara en Grecia con los dorios es algo que no discutiré (me faltan datos y me sobran argumentos), pero que siempre que en un contexto heterosexual se intente comprender la homosexualidad, se recurra a causas ajenas me parece si no ridículo si un poco infantil. No obstante, considerarnos esta actitud como verdadera devoción investigadora en pro del saber: los griegos formaron una serie de pueblos guerreros, con una dinámica muy especial en sus relaciones entre varones, la camaradería guerrera o "Kriegskameradschaft", que siempre se ha dicho que goza de claras connotaciones homoeróticas (11); y si sabemos que los hombres pasaban más tiempo entre sus congéneres del mismo sexo que entre las del opuesto, pues entonces podemos saber de qué puntos partimos para una hipótesis.
Creo firmemente que la separación de los sexos fue un elemento decisivo a la hora de comprender la manifestación pederástica del deseo homosexual griego, pues si las muchachas se casaban a los quince años y los hombres no lo hacían hasta los treinta, es muy lógico pensar qué podían hacer todos los muchachos y hombres jóvenes en esos quince afios que los separaban, en los cuales el acceso a la mujer decente era impensable (recluida en el gineceo como estaba) y el andar con hetairas no era precisamente la mejor compañía de la que podían jactarse. La solución pues es la que optaron por tomar los griegos: dedicarse al deporte, mejorando su cuerpo con la actividad física y educar su alma para mejor guiar las riendas del Estado. Pero, ¿y el sexo? Recordemos que el ámbito de edad del que estamos hablando es el que se corresponde con el clímax de actividad sexual (12) (o al menos del deseo), luego es dificilmente imaginable que todos fueran virginales. Por lo tanto, fue el medio social lo que condicionó la existencia de la pederastia en Grecia (aunque ello no quiere decir que todos los griegos fueran gays, sino que algunos lo fueron, otros reprodujeron este modelo por imperativo social y otros, con clara repugnancia, se negaron a practicarla pese al rechazo social que provocaban. Piénsese por un momento cómo podría ser la vida de aquellos que negándose a practicar la pederastia, quedaban excluidos de los banquetes, o al menos de sus discusiones, no conocían la camaradería que estrechaba lazos de amistad o amor durante casi toda la vida, permanecían al margen de los avatares de las mejores familias, y lo que es peor, estarían tremendamente solos en un mundo que se rige por unas coordenadas que ellos decidieron no seguir).
3.- Una nueva interpretación de las relaciones pederásticas.
La palabra "pederastia" está compuesta por <pais> (muchacho) y el verbo <eran> (amar). Entendiendo por muchacho en el mundo antiguo, como dice Kaltsas (13), lo que hoy en día nosotros llamaríamos adolescente (entre 12 y 20 años, aunque como veremos a continuación, la terminología de las edades no es rigurosa) (14). En cuanto al verbo <eran> significa amar tanto en su acepción teórica, afectiva como espiritual. Y así, la expresión más extendida en Grecia para referirse a los muchachos o al amor de éstos fue "ta paidiká".
Empecemos por el tema de la edad; tradicionalmente se había mantenido que las relaciones pederásticas correspondían a un joven y a un adulto, cosa que está fuera de dudas. Sin embargo, ¿qué edad tenía este jovencito? ¿es verdad que tenía que dejar la relación cuando le despuntara la barba? ¿no hubo entonces relaciones pederásticas en Grecia que no se ajustasen a ese modelo? ¿es cierto que fue una relación pura sin el menor deseo sexual? ¿y si no fue así, realmente el joven no podía disfrutar y el coito tampoco podía ser anal? Son muchos los mterrogantes que deseamos aclarar.
El joven griego que se sometía a una relación pederástica no podía tener menos de 12 años, como ya hemos indicado, y no debiera superar los 17, que es cuando su cuerpo ha logrado desarrollarse por completo. Entre una edad y otra se suceden varios años en los que el estatuto jurídido del niño variaba según Cantarella: en primer lugar estarían los menores de 12 años, con los que se consideraba infame mantener cualquier tipo de relación; el segundo lugar (de 12 a 14 años) lo formaban los "paides" con los que se permitía tener relaciones pero solo dentro de una unión afectiva no momentánea y que estuviese encaminada a enseñar al "pais" amado las virtudes del futuro ciudadano; mientras que el tercero quedaba constituido por los neaniskoi de 14/15 a 18, considerados ya con una madurez que les hacía capaces de elegir con conciencia a sus propios amantes, pero de los que todavía se preocupaba la ley ya que rozando la madurez, aún podían sentirse tentados de asumir prematuramente un rol viril (15).
Mientras tanto Buffiére propone otro esquema interpretativo más acorde creemos con la realidad: en primer lugar subraya que la terminología de las edades no es rigurosa, aún así si queremos tener unas ideas claras diremos que pais engloba tanto la infancia como la adolescencia; cuando se trate de un erómenos, un efebo de 19-20 años todavía puede ser un pais, por lo tanto es pais todo aquel que no es un adulto con barba. Meirax, meirakion,, meirakiskos corresponden a joven, muchacho, adolescente; tienen el mismo valor que néos (jóven), también éste muy vago. Néanias y sobre todo néniskos representan un estadio superior: más de 21 años y por lo tanto superada la barrera para dejarse amar (16).
¿Que quiere decir pues, todo esto? pues que un muchacho tenía que ejercer de erómenos en una relación pederástica desde los 12 hasta los 18. Ni antes ni después podía hacerlo, lo que no quiere decir que no se hiciera (17). Sin embargo, cabe preguntarse si el modelo pederástico incluyó además la relación erótico-afectiva entre los dos miembros que la componían. Ya desde la Antigüedad se discutió mucho el tema pero no creemos que con suficiente voluntad, pues realmente el único que se creyó a pies juntillas la pureza de estas relaciones fue Jenofonte en su República de los Lacedemonios, y si tenemos en cuenta su conocido filospartismo, si se nos permite el término, además de que el ideal de castidad homosexual por él prescrito pudo deberse, como dice Cartledge a la propaganda oficial del reaccionario Agesilaos; entonces tendremos un panorama totalmente distinto, en el que Jenofonte y su consideración del amor de los muchachos como algo moralmente honroso si éste nace de un vínculo definitivo y socialmente preciado como es el de la philia queda como algo aislado.
Tras él vendrán Platón, Aristóteles, Plutarco y Pseudo-Luciano (18) pero ya no se refieren a un mismo fenómeno, pues igual que no podíamos trasladar al pasado conceptos del presente, tampoco se puede hacer con el fenómeno pederástico. En este acaso, además con más razón, pues se desvirtúa su objeto al analizarse si el móvil es la belleza o la personificación culmen de la misma en la figura del muchacho. Foucault lo describió de la siguiente manera: "el texto de Plutarco da fe de la constitución de una erótica que, en ciertos puntos esenciales, es diferente de la que la civilización griega había conocido y desarrollado. No enteramente diferente, pues, como lo muestra el gran pasaje central dedicado al elogio de Eros, siguen siendo siempre las nociones tradicionales las que desempeñan un papel esencial. Pero esta erótica platonizante es utilizada por Plutarco para producir efectos diferentes de aquellos a los que iba asociada habitualmente. Durante mucho tiempo había servido para marcar la existencia de dos amores distintos y opuestos (uno bajo, vulgar, orientado hacia la <aphrodisia>, el otro elevado,, espiritual, orientado hacia la inquietud de las almas), pero también para restablecer entre ellos una especie de unidad, puesto que solo el segundo se consideraba como verdadero, mientras que el otro no era mas que su sombra terrestre y su simulacro. Plutarco hace jugar estas mismas nociones platónicas en una erótica que apunta a constituir un solo Eros susceptible de dar cuenta de los amores femeninos y muchacheros, y a integrar las <aphrodisia> ; pero en nombre de tal unidad, esta erótica excluye finalmente el amor de los muchachos, por falta de <charis>. A partir de la erótica dualista atravesada por la cuestión de lo verdadero y del simulacro, y destinada a fundar esencialmente el amor de los muchachos, pero al precio de la elisión de las <aphrodisia>, se ve constituirse en Plutarco una estilística nueva del amor: es monista, en cuanto que incluye las <aphrodisia>, pero hace de esa inclusión un criterio que le permite no retener sino el amor conyugal y excluir las relaciones con los muchachos a causa del defecto que las marca: no pueden tener ya lugar en esa gran cadena única e integrativa donde el amor se vivifica con la reciprocidad del placer" (19).
O sea, que las líneas divisorias griegas no excluían al amor por el propio o por distinto sexo; lo que era mucho más importante, desde el punto de vista moral, era saber contenerse o, por el contrario, dedicarse a los placeres. Es más, si se habla de la necesidad de buscar la belleza del amor ideal y de despreciar la física, nos está diciendo que ambos tipos existieron.
Veamos ahora si la relación sexual que se establecía incluía el coito "intercrural" que denominó Dover (20), o simples "tocamientos" mutuos o un coito anal completo; pero antes de entrar en detalle en este campo permítanme aclarar una serie de conceptos que nos van a facilitar la explicación de estas cuestiones: en primer lugar hay que decir que la pederastia no implica un deseo homosexual extendido sino una completa estructura de sumisión, admiración y formación, lo que no quiere decir que no hubiera entre esos muchachos y esos adultos, gays que dentro de ese modelo de relación se sintieran muy cómodos, ni que todos ellos serían gays (entre los Mohave -tribu india de California- se hizo un estudio y se comprobó que a pesar de mantener estructuras pederásticas, y ser un pueblo guerrero, sólo un 0'5 % era homosexual) (21). En segundo lugar que el modelo pederástico pudo institucionalizar la admiración del joven por el adulto por medio de los órganos genitales. Vanggaard dice que lo que atraía a los niños hacia una relación sexual con un adulto era precisamente la curiosidad y el deseo de tocar y observar los genitales de su compañero mayor, que luego se traduciría en un deseo de mímesis, o lo que es lo mismo, cuando madurara intentaría asemejarse al adulto o jóvenes que admiraba (pues el falo es el símbolo de la areté) (22) . En tercer lugar debemos saber que si fue el resultado de un proceso iniciático, a este joven se le sometía sexualmente, pues no estaba todavía formiado para ser un auténtico guerrero, un ciudadano, sino que como las mujeres y los esclavos, eran objetos de placer, a los que se estaba instruyendo (recordemos que si algo destaca su edad de iniciado es precisamente el estatuto ambiguo del que goza, a medias entre la feminidad y la masculinidad), pero objetos de placer que no podían demostrar ni su placer ni buscarlo (23) (pues ello los aproximaba a los prostitutos-as que son los que escandalosamente no hacen uso de la.sophrosyne y se dejan llevar por la fuerza de los placeres -tal y como se entiende el placer en el código de una sociedad militar) (24), por lo que haciendo uso de las reglas del cortejo se aproximaron al amante que les interese (si previamente éste ha buscado el acercamiento) y siguiendo este mismo cortejo sólo dificultará uno de sus objetivos, que es precisamente el del acoplamiento.
Los argumentos que propuso Dover para mantener su coito tan especial creemos que no se mantienen y que están en consonancia con los prejuicios que comentábamos al principio; pues la idea más aproximada creemos que estaría en los amplios recursos que ofrece el terreno erótico; queremos decir que el coito anal era una opción más que tenían los griegos (y que buen testimonio nos dan las representaciones de los vasos, tanto con hombres como con mujeres). Que hubiera acoplamientos de la forma que cree Dover no lo dudamos, pero no tenían por qué ser la regla en las relaciones pederásticas. Además, después de las reflexiones que le ha dedicado Cantarella (25), no vale la pena seguir insistiendo. En cuanto a si solo hubo "tocamientos", pues estarnos en las mismas circunstancias, y por lo tanto, tuvo que haberlos no sólo como respuesta a ese deseo o admiración del "erómenos" respecto de su "erastés" sitio como nos lo demuestran los vasos áticos. Y por último, que el muchacho no disfrutaba fue una invención de los propios griegos para tranquilizar su conciencia, pues como este tipo de relación presuponía la violencia contra un futuro ciudadano, el hecho de que este muchacho posterionnente fuera un ciudadano activo en el terreno sexual, pero con un pasado pasivo que lo había arrojado a la escavitud y la femineidad, hizo que en vez de establecer un modelo pederástico asexuado, o al menos de igual a igual con la contradicción que en sí misma llevara al tratarse de un iniciado frente a su maestro, se elaborara un modelo en el que se respetaban los pasos del ritual iniciático a pesar de que ello provocase graves daños al mismo sustento ideológico. Sustento ideológico que va a ser al que los filósofos helenistas su sumen en sus diatribas y especulaciones para salvar la gran laguna que detenta.
De aquí precisamente que la prostitución se penalice, pues hace que se desvirtúe este mismo esquema en dos sentidos: se busca ostensiblemente el placer, y además es normalmente ejecutada por jóvenes; con el agravante de que existe una transacción económica de por medio cuando es algo que se podía conseguir prefectamente gratis si se ajustaba a los patrones dominantes.
En cuanto a la forma de asimilacion del modelo pederástico por la sociedad griega tenemos que decir que una profunda visión del problema nos hace observar que produjo mayor tensión que placer entre un amplio sector de la población puesto que además de cantarlo y ensalzarlo en los poemas, hubo que teorizar e incluso que empujar a los ciudadanos a que no concluyeran sus relaciones pederastas, por lo que suponía de violación para un futuro ciudadano. En este terreno debiéramos incluir incluso el tan traído tema del "cortejo", pues si este realmente existió en los términos que lo explica Dover, no refleja sino precisamente un grado más en la reglamentación que estamos comentando. Lo mismo ocurre con las leyes. Los ejemplos que nos ofrece Esquines no hacen sino subrayar esta idea de protección del muchacho, no en cuanto que la pederastia sea abominable, sino en cuanto que no se sabe cómo articularla posteriormente con el desarrollo " normal " de ese muchacho. No obstante estas leyes serían redactadas ante el mal comportamiento de los adultos y de los jovencitos, que con el tiempo, suponemos, alteraron profundamente quizás, las raíces del modelo pederástico. Así tenemos que la ley fijaba exactamente la hora a la cual los niños de condición libre tenían que ir a la escuela, el número de condiscípulos con los que tenían que ir, y la hora a la que tenían que salir; del mismo modo que prohibía a los maestros de escuela, así como a los maestros de los gimnasios, abrir las escuelas o los gimnasios antes del amanecer, y de cerrarlos antes del anochecer. La ley también se ocupaba de las funciones del esclavo encargado de acompafiar a los niños, de la fiesta de las Musas en la escuela, de la de Hermes en el gimnasio, en fin, de la partipación de los niños en los coros cíclicos (como también prescribía que el corego que guiaba la representación debía tener más de cuarenta años) (26).
También fijaba la ley que durante las horas en las que los niños estaban en la escuela, se prohibía, bajo pena de muerte, entrar a los adultos (27), con la excepción de los hijos del maestro, de su hermano o de su yerno. El gimnasiarca no debía admitir bajo ningún concepto que los adultos (neoí o neaniskoi) tomasen parte de las fiestas de Hermes, y si los aceptaba y no los expulsaba del gimnasio, éste recibía el castigo que la ley estipulaba para los corruptores de menores (28). Todo esto, por supuesto, viene a redundar en la protección a la infancia (y no sólo a la de condición libre, como sabemos) (29), que no a atacar a la pederastia como institución (30).
Un último punto en relación con este apartado es el final de la pederastia, que no su finalidad. Las fuentes y los autores modernos nos han hablado de que cuando comenzaba a despuntar la barba finalizaba la fase pederástica pasiva para el joven quien al convertirse en adulto pasaba a ocupar normalmente el rol de "erastés". Pero tal y como dice Cantarella, tal proceso no se produciría de la noche a la mañana, sino que era un proceso que duraría un cierto número de años (ella lo concreta entre los 15 y los 25, nosotros lo subiríamos a 18-20/25). En consecuencia los griegos consideraban que estaban atravesando este período (neaniskoí) como personas con un estatus incierto y ambivalente, que al mismo tiempo eran paides y neoí, y por lo tanto, locuaces y razonables, activos y pasivos (31). Al final del cual incluso no se veía un fin y podían mantenerse los lazos iniciados en la adolescencia durante la juventud y madurez, modificando incluso los papeles dentro de esa relación, o no (aunque no era la norma ni el comportamiento más aceptado).
De aquí se obtiene nuestra siguiente conclusión: en Grecia hubo otros modelos de relación entre varones de diferente o igual edad. O sea, que fuera de la norma pederástica encontrarnos a gays que disfrutan con una relación homosexual, en la que o bien intercambian sus roles o bien perpetuaban los que adoptaron en su pasado pederástico, en la que tienen cabida no sólo las parejas pederastas de antaño sino nuevas parejas que por supuesto sí serían la mofa general si se llegaran a conocer dado que la sociedad griega sólo aceptó la pederastia y no la homosexualidad (32). Aunque una mofa particular pues quedaría relegada a uno solo de los dos, pues era sólo uno el que violaba formalmente las reglas, y la sociedad griega respondía ante este hecho aplicando los típicos criterios de una "doble moral". Sólo uno de los dos era el vicioso, el indigno, el que había que ridiculizar y al que se le llamaba katapygon (33). Pues la femineidad del hombre se percibe precisamente en la transgresión efectiva o virtual de su función sexual, incluso en el hecho de que no domine suficientemente sus placeres (sea cual fuera la elección hecha del objeto). (34)
Conclusiones:
Puesto que la relación adulto-jovencito representa cuestiones dudosas en cuanto al reparto de poderes, Grecia establece la idea de que el joven no disfruta en esa relación sexual, elucubrándose sobre la pederastia por ser un momento transcendental en el desarrollo del futuro ciudadano. La prostitución, se penaliza como un delito más por desvirtuar también el misnio esquema, puesto (que busca ostensiblemente el placer (y normalmente son los jóvenes- los que se prostituyen), además de porque hay una transacción económica con algo que se podía lograr gratis con unos fines morales muy diferentes.
Si se cantaba el amor por los jóvenes no quiere decir que exista contradicción alguna con la futura madurez del pais y su actual pasividad, pues la sociedad griega no deseó reconocer la normalidad del deseo homosexual.
La pederastia es un fenómeno antiguo que nada tiene que ver con la homosexualidad, no en cambio esta última que responde a un concepto moderno, que tantas veces se ha utilizado para negar precisamente el deseo homosexual en la antigüedad, deseo que por otro lado queda expuesto al comprobarse la realidad de los gays en Grecia.
Salvo Jenofonte y Plutarco, nadie se creyó en la Antigüedad que la relación pederástica fuera pura y cándida, así pues es inútil que sigamos teorizando si lo fue o no. Simplemente no lo fue, aunque Grecia siempre sintió la necesidad de explicar las buenas intenciones de este modelo, ya que había algo en ella que la alejaba de la "areté" (y no era otra cosa que el estatus ambiguo del pais que se desprendía de esa relación sexual).
Por último, hubo jóvenes adultos que continuaron con su papel de eromenoí al terminar la edad que suponía el fin de las relaciones pederastas, otros que los invirtieron, y otros que antes de despuntarles la barba, ya actuaban como erastáí.
NOTAS: