
En las postrimerías del siglo X vino asentándose en el corazón de los hombres del viejo mundo un temor desmesurado. La Doctrina Social Cristiana puso la mecha y encendió la chispa del pánico, que prendió de inmediato en una sociedad analfabeta e inculta, tan dúctil y maleable que la Iglesia usaba de ella como de un teatro de títeres.No eran más que rumores, pero se comentaba que el final del milenio traería consigo desde los infiernos el mismísimo Apocalipsis.
"Un temible Ángel Negro proveniente de los infiernos derrotará al mundo que conocemos y lo sumergirá en la más profunda de las tinieblas. Los mares se convertirán en ciénagas nauseabundas, y de ellas manarán tórridos vapores venenosos; la tierra se hará negra e infértil y de ella no brotarán más que ortigas espinosas y retorcidas; un aire sulfuroso irrespirable lo inundará todo; el cielo estará en perpetuo e ígneo crepúsculo, siempre cubierto por un umbrío manto nebuloso."
Todo ello provocó un irracional fervor religioso, lo cual hizo emerger un masivo movimiento social, con un fin latréutico, eucarístico e impetratorio, dirigido a los lugares santos de la cristiandad. Nacieron las denominadas peregrinaciones a los Santos Lugares (Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela), si bien tal apelativo sólo debe ser aplicado a aquélla dirigida a Compostela, pues son peregrinos quienes allí se dirigen. El término "Romería" debe ser empleado exclusivamente para la procesión hacia la Santa Ciudad de Roma. Y la designación de "Palmería" se utiliza para referirse al peregrinaje a Jerusalén.
Siglos han pasado desde entonces, si bien las peregrinaciones continúan hoy siendo eventos masivos.
Sin embargo no persiste la identidad en las razones que impelían a los peregrinos, en la génesis de estos movimientos populares, a dirigirse a Tierra Santa.
Hoy en día encontramos, por ejemplo en el Camino de Santiago, casi tantas razones como personas lo llevan a cabo. Predominan los simplemente religiosos, pero también encontramos los místicos, deportivos, de ocio, espirituales, de superación, altruistas...
No obstante, lo verdaderamente impactante, lo gratamente sorprendente del Camino es el significado que tiene y la huella indeleble que imprime en quien lo ha realizado. No es fácilmente explicable la sensación que experimenta el peregrino al encontrarse cara a cara con la fachada del Obradoiro que Casas Novoa modeló a mediados del siglo XVIII para la Catedral. Tampoco tiene parangón el grado de compañerismo y la amistad que se forjan durante las eternas horas de caminata. Culturas diferentes se dan cita en arena, piedras y asfalto, en agua y sol, en kilómetros de deseos e ilusiones, de paz interior y continuo afán de superación. Se trata de un esfuerzo mental más que físico, y las ampollas de los pies, las pequeñas o graves lesiones se convierten en taras que pueden mermar la voluntad del peregrino instándole a abandonar su cometido. Pero ver disminuir la distancia en los mojones kilométricos, oler desde lejos una atmósfera tan mágica, que aguarda presta a premiar el esfuerzo de muchos días, renueva el ánimo del caminante y le incita a continuar.
Todo esto lo ha sabido ver el Jurado del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, que ha fallado otorgar dicho premio a una Institución tan magnífica y de la cual formamos parte todos aquéllos que alguna vez recorrimos sus senderos y reposamos en sus albergues.
En nuestro caso fuimos cinco quienes componíamos el grupo que un 18/07/03 inició su peregrinación desde León (311 kilómetros). Para cuatro de nosotros la experiencia era nueva, cada cual tenía sus propias motivaciones, pero todos perseguíamos un fin común.
A través de internet nos hicimos con los diversos itinerarios y etapas, buscamos información sobre los albergues y consejos de quienes ya habían realizado el Camino, y con todo ello iniciamos la elaboración del viaje, que como toda puesta a punto de una marcha dividida en fases, comienza con su Etapa 0: "Los preparativos".
El Camino de Santiago es una web creada por Álvaro Ordóñez. Sevilla, España. 2004.